La construcción colectiva del conocimiento científico y su divulgación

A mediados de marzo envié un artículo al blog “Revista 15-15-15” con un texto que continuaba la interesante discusión iniciada por Emilio Santiago Muiño en el mismo foro. Debido a los problemas de salud de uno de los editores, la publicación del artículo empezó a demorarse, por lo que opté por publicarlo en el blog de Autonomía y Bienvivir, donde salió a mediados de abril. Una semana después de la aparición de este artículo apareció en el blog “Revista 15-15-15” una réplica de Pedro Prieto y otra de Carlos de Castro, publicadas una detrás de otra en un mismo post en dicho foro. Me sorprendió la rapidez de la publicación de esta respuesta a mi artículo, en comparación con la lentitud (comprensible) del proceso de publicación de mi artículo original. Entendí algo mejor esta falta de imparcialidad editora al observar que los autores de la réplica son miembros del consejo de redacción de la “revista” y, además, los principales contribuidores a dicha “revista” con 13 y 11 artículos publicados en la misma, respectivamente.

En la mayoría de revistas científicas o profesionales los miembros del consejo de redacción hacen funciones de asesoría editorial, orientación de la línea editorial de la revista, promoción de la misma, revisión de artículos externos, planificación y gestión. Hay algunas que permiten publicar en la revista a los miembros del consejo de redacción, pero suelen exigir en esos casos que se respete un sistema de doble anonimato, para que los otros miembros del consejo de redacción o los revisores puedan evaluar la calidad del artículo sin conocer que el autor es un colega de la misma redacción; y suelen limitar el número de artículos escritos por miembros del consejo de redacción a un porcentaje del orden del 20% del total de artículos de la revista.

Cuando no se respetan esas políticas editoriales de calidad e imparcialidad ante los artículos recibidos, el foro no se suele llamar “revista”; hay otras calificaciones más apropiadas como “blog”, “foro de discusión”, “revista de la asociación X”, “grupo de presión” o “lobby” X, etc. Por eso he empezado denominando “blog” a la llamada “Revista 15-15-15”. No tengo nada contra los blogs, todo lo contrario, pero creo que no hay que confundir a la gente. Un foro digital donde los editores no sólo filtran los contenidos y la rapidez con la que aparecen, sino que ellos mismos publican sus propios artículos cuando quieren no es una revista; es un blog.

Pero volviendo al tema que nos trae, la respuesta de Pedro Prieto me parece mesurada, respetuosa y defendible. Él adopta en algunos casos perspectivas diferentes a las que yo adopto, y ambas posturas pueden ser defendidas y beneficiar al lector; por ello, no voy a añadir nada a sus comentarios. Por el contrario, la respuesta de Carlos de Castro me parece que no tiene prácticamente ninguna relación con lo que yo estoy argumentando o, si la tiene, denota una comprensión nula de cómo se producen los consensos científicos.

Como muchas personas, incluidas algunos científicos, no entienden cómo se generan los consensos colectivos que llamamos “verdades científicas”, creo que puede ser útil resumir aquí el libro Ciencia en acción, del prestigioso sociólogo de la ciencia Bruno Latour. En ese libro, Latour analiza empíricamente cómo se generan tales acuerdos colectivos. El lector interesado puede encontrar también información útil en el resumen de la sociología del conocimiento, y de la sociología del conocimiento científico contemporáneo que publicamos en otro lugar.

La diferencia entre ciencia en construcción versus ciencia establecida

Latour nota que hay en realidad dos ciencias, o fases cualitativamente diferentes del proceso científico, y que se dicen cosas diferentes en cada fase. Las dos fases son: la ciencia ya sistematizada y la ciencia que crea nuevos constructos teóricos. La distinción procede de Reichenbach, quien denominó a las dos fases contexto de justificación y contexto de descubrimiento, respectivamente.

Dos caras de la ciencia

Mientras que la Filosofía clásica de las ciencias se dedicó tradicionalmente a preguntarse qué rasgos de la ciencia, una vez sistematizada, la hacen tan diferente (y poderosa), Latour y otros sociólogos de la ciencia creen que es más fructífero preguntarse cómo construye la ciencia su conocimiento y su poder, y cómo una controversia científica se convierte en una verdad científica.

Para ello, analiza con perspectiva de antropólogo un caso concreto de producción de hechos científicos: la historia de las controversias que condujeron al “descubrimiento” de la hormona estimulante de la hormona del crecimiento.

En los comienzos de una controversia científica, los científicos contendientes describen el comportamiento de los hechos observados por ellos en una forma que sea ensamblable dentro de afirmaciones con una modalidad positiva; y tienden a describir los hechos observados por sus contendientes insertándolas en proposiciones con modalidad negativa.

Modalidades positivas: son enunciados que apartan a una afirmación de sus condiciones de producción, haciéndola suficientemente cerrada para inducir otras afirmaciones seguras. Modalidades negativas: son enunciados que llevan una afirmación en la dirección opuesta, hacia sus condiciones de producción y a explicar en detalle por qué es sólida o débil.

 

En las primeras fases de la controversia, Latour detecta afirmaciones de modalidad positiva procedentes del Dr. Schally y de su grupo, tales como las siguientes:

 

  1. “La estructura primaria de la hormona estimulante de la hormona del crecimiento (GHRH) es Valina-Histidina-Leucina-Serina-Alanina-ÁcidoGlutámico-ÁcidoGlutámico-Lisina-AcidoGlutámico-Alanina”.
  2. “Ahora que el Dr. Schally ha descubierto [la estructura primaria de la GHRH], es posible comenzar los estudios clínicos en hospital, para tratar ciertos casos de enanismo, dado que la GHRH activaría la hormona del crecimiento de la que carecen”.

Pero, tras su publicación en revistas científicas, aparecen afirmaciones de modalidad negativa procedentes de un grupo de trabajo diferente:

“El Dr. Schally ha afirmado durante años, en su laboratorio de Nueva Orleáns, que [la estructura primaria de la GHRH era Val-His-Leu-Ser-Ala-Glu-Glu-Lys-Glu-Ala]. Sin embargo, por alguna extraña coincidencia, esta estructura es la misma que la de la hemoglobina, un componente corriente de la sangre y un contaminante frecuente del extracto purificado de cerebro, si es manipulado por investigadores incompetentes”.

La forma de insertar el hecho en la proposición ya está sugiriendo a otros investigadores cómo deben valorar y utilizar la información del Dr. Schally: como un artefacto derivado de una manipulación incompetente, que debe ser ignorado.

La siguiente generación de artículos se vuelve entonces crítica, pues desequilibrará la controversia hacia un lado u otro, según los distintos autores encuentren que las afirmaciones así construidas por ambos grupos son o no útiles para reforzar las afirmaciones derivadas de su propio trabajo de hacer hablar a los hechos. Así, en un workshop sobre el tema, un tercer grupo de investigadores hace pública la siguiente interpretación:

“Si hay una “extraña coincidencia”, reside en el hecho de que la crítica al descubrimiento de la GHRH por el Dr. Schally ha sido realizada de nuevo por su viejo enemigo, el Dr. Guillemin… Respecto a la homonimia de estructura entre la hemoglobina y la GHRH, es algo factible que nada prueba en contra del descubrimiento”.

Sin embargo, un cuarto grupo responde:

“No es posible que la sangre transporte dos mensajes homónimos sin perturbar (el metabolismo). Se trata de una equivocación evidente de Schally; Guillemin siempre ha sido más fiable que él”.

A medida que la controversia se encarniza, entran en la discusión cuestiones de fisiología, personalidades de los agentes, métodos de trabajo y detalles del procedimiento de laboratorio de ambos. Schally defiende sus afirmaciones con una red de referencias a sus métodos, que a su vez referencian a otros trabajos: 35 artículos y 16 libros entre 1971 y 1978. O aceptas su afirmación, o te lees los artículos y los desmontas uno por uno.

Latour observa que en la producción científica de conocimiento hay una retórica, al igual que en las discusiones comunes, pero lo que hace la discusión científica es hablar en nombre de los procesos reales (construir hechos en forma linguística) y apoyar sus afirmaciones introduciendo muchos más recursos que la retórica común. Por ejemlo, apelaciones al comportamiento habitual de ciertos artefactos de observación y cómo ese comportamiento apoya la interpretación que estoy proponiendo.

En paralelo con la controversia científica, se va generando en los años siguientes una red de apoyos a ambas afirmaciones, por parte de profesionales (y stakeholders: partes interesadas) que están interesados en el posible uso de los nuevos hechos. Así, se produce la siguiente conversación en un hospital:

Médico-1 (como si resumiera un antiguo debate): “Teniendo en cuenta que existe una nueva cura del enanismo, ¿cómo puede usted decir eso?”

– Médico-2: “¿Una nueva cura? ¿Cómo lo sabe? Eso se lo ha inventado usted.”

“Lo he leído en una revista”.

“Habrá sido en un suplemento en color…”

“No, fue en The Times y el que lo escribía no era un periodista sino alguien con un doctorado”.

“¿Y eso qué importa? Probablemente era un físico en paro que no sabe diferenciar el RNA del DNA”.

“Pero referenciaba un artículo publicado en Nature por el premio Nobel Andrew Schally y seis colegas, un estudio financiado por el Nacional Institute of Health y la National Science Foundation, en el que se exponía cual era la secuencia de la hormona que estimula la hormona del crecimiento. ¿Eso no significa nada?”

– “¡Vaya! Debería haber empezado por ahí… Sí, me temo que algo tiene que significar”.

 

La fuerza de la razón o la disputa por encajarse en la red de afirmaciones y objetos científicos

 

Obsérvese que la situación retórica de la conversación anterior se invirtió cuando uno apoyó su afirmación en un Nature, un Nóbel, seis coautores y dos instituciones importantes.

Lo que Latour observa es que, una vez cerrada una controversia, la ciencia se suele desmarcar de la retórica y opone su “razón” a los argumentos de autoridad. Sin embargo, mientras la controversia no está cerrada, los científicos buscan todos los recursos prácticos posibles para construir una retórica suficientemente poderosa, de modo que un grupo de investigación pueda enrolar las prácticas y afirmaciones de otros grupos, y de las autoridades, dentro de sus propias afirmaciones.

Para triunfar, las afirmaciones que son coherentes con las propias prácticas deben ser vistas por los demás investigadores como ensamblables con sus propias afirmaciones. Esto genera una red no-subjetiva de prácticas de conocimiento que Lakoff caracteriza como un sistema de metáforas especialmente coherentes y consistentes entre sí, pero que incluye también afirmaciones sobre el comportamiento de objetos de observación y artefactos técnicos, que supuestamente se comportan como afirma nuestro discurso y no como afirman otros discursos.

La “fuerza de la razón” consiste en la estabilidad de la asociación de esa red de actantes (investigadores, artefactos y agentes interesados).

Si un investigador ve que una afirmación no encaja en la propia red de apoyos y por tanto la amenaza, trata de minar los apoyos de la afirmación. Un modo de hacerlo es relativizando las referencias o reinterpretándolas o cambiando el sentido de sus implicaciones. Ejemplo en una publicación de Guillemin:

“El concepto, hoy bien establecido, de control neurohumoral de las secrecciones adenohipofisiarias, indica la existencia de un factor hipotalámico estimulante de la hormona del crecimiento (GRF) (ref. 1) que tiene como contrapartida inhibitoria a la somatostatina (ref. 2). Hasta ahora el GRF hipotalámico no ha sido caracterizado de forma inequívoca, a pesar de algunas afirmaciones prematuras de lo contrario (ref. a Schally)”

“Se ha propuesto una estructura para el GRF (ref. a Schally); sin embargo, recientemente se ha mostrado (ref. a Veber et al.) que no se trataba de GHRH sino de un contaminante secundario, probablemente un fragmento de hemoglobina.”

Schally, sin embargo, responde en otra publicación suya: “D. F. Veber et al. han señalado la similitud entre la estructura de nuestro decapéptido y el radical amino de la cadena beta de la hemoglobina porcina (ref. 32). Queda aún por establecer en qué medida esta observación es significativa”.

Como puede observarse, la referencia de Veber no decía exactamente ni lo que ahora le hace decir Guillemin ni lo que le hace decir Schally. El propio Veber, al leer ambos artículos, debe de tener dudas sobre cuáles son las implicaciones reales de su observación.

Cuando la controversia es suficientemente aguda, los recursos anteriores pueden no ser suficientes para desanimar al grupo contrincante y casi cada palabra del artículo debe ser defendida mediante recursos externos.

Ejemplo de un artículo en que Guillemin argumenta estar haciéndolo mejor en su laboratorio que Schally:

“En la intervención quirúrgica se encontraron en el páncreas dos tumores separados (ref. 6); los tejidos tumorales fueron troceados e introducidos en nitrógeno líquido a los 2 o 5 minutos de la resección, con la intención de extraer de ellos GRF … El extracto de ambos tumores presentaba actividad estimulante de la hormona del crecimiento, con un volumen de elusión igual al del GRF hipotalámico (Kav = 0.43, donde Kav es la elusión constante) (ref. 8). El volumen de actividad del GRF (ref. 9) era insignificante en uno de los tumores (0.06 unidades de GRF por miligramo (peso neto)), pero extremadamente alto en el otro (1500 unidades de GRF por miligramo (peso neto)), 5000 veces más que en el hipotálamo de las ratas (ref. 8)”.

Aquí cada palabra está tan pensada como en una jugada de ajedrez. El párrafo se entiende mejor como respuesta anticipada a posibles objeciones de competidores escépticos:

¿Cómo podría estar usted haciéndolo mejor que Schally con cantidades tan ínfimas de su sustancia en el hipotálamo?

Encontramos tumores que producían grandes cantidades de la sustancia, lo cual permitía que su aislamiento fuera mucho más fácil de lo que lo era para Schally.

¿Está usted bromeando? Estos son tumores pancreáticos, y usted está buscando una sustancia hipotalámica ¡que se supone proviene del cerebro!

Muchas de las referencias indican que, a menudo, se encuentran sustancias del hipotálamo también en el páncreas, pero de todas maneras tienen el mismo volumen de elusión; esto no es decisivo, pero es una prueba bastante buena, suficiente en cualquier caso, para aceptar el tumor tal cual, con una actividad 5000 veces mayor que la hipotalámica. No se puede negar que es un regalo caído del cielo.

¡Un momento! ¿Cómo puede estar usted seguro de ese 5000?, ¿no puede sencillamente estar inventándose las cifras? ¿Se trata de peso en seco o peso húmedo? ¿De donde proviene el criterio?

Bien. En primer lugar se trata de peso en seco. Segundo, una unidad de GRF es la cantidad de una preparación purificada de GRF proveniente del hipotálamo de las ratas que produce una estimulación medio-máxima de la hormona del crecimiento en el bioensayo de monoestrato de células pituitarias. ¿Está usted satisfecho?

Tal vez, pero ¿cómo podemos estar seguros de que estos tumores no se han deteriorado después de la intervención quirúrgica?

Fueron troceados e introducidos en nitrógeno líquido entre 2 y 5 minutos después. ¿Dónde podría encontrarse mejor protección?

Schally utiliza argumentos igual de detallados en sus artículos, pero usando sólo informaciones que encajen con su red de afirmaciones, y no con la de Guillemin.

El desenlace de la controversia la produjo la siguiente generación de artículos, que mostraron al grupo de Schally, al de Guillemin y al de Veblen de qué forma encajaban sus afirmaciones con las del resto de investigadores y usuarios.

Latour analizó las publicaciones de todos los autores que citaron posteriormente a Veblen, y observó lo siguiente: todos toman el trabajo de Veblen como un hecho bien establecido, dicen que la hemoglobina y la GRHR tienen la misma estructura y usan este hecho para minar la pretensión de Schally de haber descubierto la GHRH, que ahora escriben entre comillas. 

Esto fue catastrófico para las afirmaciones de Schally, que se encontraron sin poder seguir ensamblándose con el resto de la literatura y con las prácticas médicas interesadas en la hormona.

A partir de ese momento, la línea de trabajo de Guillemin quedó libre para desarrollarse sin competidores importantes. Pero ¿Y si esto no es suficiente para creer a Guillemin? La ciencia no es sólo una retórica que busca ensamblarse con muchos apoyos. Tiene una segunda característica: Se incluye en los artículos y documentos al propio referente del que se habla, para no depender sólo de asociaciones humanas. El investigador se convierte en portavoz de la hormona.

Ejemplo en otra publicación de Guillemin: “La purificación final de este material mediante HPLC analítico de fase inversa produjo tres péptidos altamente purificados con actividad GRF (véase fig. 1)”.

Sigue una figura en la que se aprecia una curva con tres grandes picos y un pie de figura con un texto que explica cómo leer la figura:

“Purificación final del GRF mediante el HPLC de fase inversa. La columna (Ultraesfera C18), 25 por 0.4 cm, tamaño de partícula 5-(pu)m, fue eluida con un gradiente de acetonitrilo (—-) en ácido heptafluorobutírico al 0.5% (en volumen) a una velocidad de flujo de 0.6 mL/min. Se recogieron fracciones (2.4 mL) tal como se indica en la abcisa, y se usaron algunas porciones para bioensayos (ref. 7). Las barras verticales representan la cantidad de hormona del crecimiento segregada en el ensayo por cada fracción del efluente, expresada como porcentaje de la cantidad de hormona del crecimiento segregada por las células pituitarias que no recibieron tratamiento. AUFS, escala completa de unidades de absorción.”

La leyenda nos dice que los picos no son una mera retórica visual, sino el producto de un cromatógrafo líquido de alta presión, y se dan los parámetros de su funcionamiento. Estas inscripciones representan al referente objetivo o “parte más objetiva del referente”. Los detalles de funcionamiento y calibración del cromatógrafo son apoyados en referencias técnicas anteriores, que se ramifican hacia el pasado hasta alcanzar la física básica fundacional del campo técnico.

Si el disidente quiere seguir dudando, debe construir un laboratorio competidor o inspeccionar el laboratorio donde se generan tales inscripciones experimentales.

El disidente ve inscripciones sobre un papel o una pantalla, no la hormona misma. Y, superpuesto con estas inscripciones visuales, escucha unos comentarios verbales proferidos por el investigador, que actúa como portavoz o presentador de lo que está escrito en el visor del instrumento.

Para Latour un Portavoz es la persona que habla por otros, personas o cosas, que no hablan. Por ejemplo, un delegado sindical es un portavoz, porque representa a personas que pueden hablar pero que, en la práctica, no pueden hablar al mismo tiempo. El investigador representa a moléculas que no pueden hablar, en principio, pero a las que se les hace expresar su voluntad y hablar gracias a aparatos intermediarios.

Enfrentarse a un portavoz no es enfrentarse a una persona aislada, sino con él mas las muchas cosas o personas en cuyo nombre está hablando. Sin embargo, el crítico siempre puede sospechar que lo que el portavoz está diciendo es sólo su propio deseo y no lo que las cosas (o personas) mismas dirían. ¿Es el cambio de pendiente que observamos realmente la misma que la que provoca la morfina? Podría suceder que todas las sustancias químicas provocaran el mismo cambio de pendiente. O posiblemente, el investigador, que tanto deseaba que dicha sustancia reaccionara igual que la morfina, confundió dos jeringas sin darse cuenta e inyectó dos veces morfina, produciendo formas idénticas.

El éxito o fracaso de la portavocía depende de la solidez de esa asociación
del portavoz con las acciones de las cosas en cuyo nombre habla:

Un escéptico aún podría intentar algo antes de abandonar su escepticismo: modificar algunos de los elementos de los que depende la generación de la inscripción, para observar la robustez del resultado.

Un ejemplo de esto lo proporciona el caso Blondot, un físico de Nantes, que realizó el descubrimiento de unos rayos distintos a los rayos X y, en honor de su ciudad, los denominó “rayos N”. Durante unos pocos años los rayos N tuvieron todo tipo de desarrollos teóricos y muchas aplicaciones prácticas, curando enfermedades y situando a Nantes en el mapa de la ciencia internacional. Un disidente estadounidense, Robert W. Wood, no creyó en los artículos de Blondot, pese a estar publicados en revistas prestigiosas y decidió visitar su laboratorio. Durante un tiempo Wood se enfrentó allí a evidencias incontrovertibles. Blondot se apartó y dejó que los rayos N se inscribieran en una pantalla colocada frente a Wood. Pero el obstinado Wood se quedó en el laboratorio manipulando el detector de rayos N. En determinado momento, quitó subrepticiamente el prisma de aluminio que estaba enfocando los rayos N. Pero Blondot, en el otro lado de la habitación tenuemente iluminada, continuaba obteniendo el mismo resultado sobre la pantalla, incluso en ausencia del supuesto foco. Por lo tanto, la inscripción sobre la pantalla provenía de otra cosa.

El portavoz se transforma de alguien que habla en nombre de otros, en alguien que sólo se representa a sí mismo, a sus deseos y fantasías. En función de sus pruebas de resistencia, los portavoces se convierten en individuos subjetivos o en representantes objetivos.

¿Es legítimo pasar de lo que se ve en tres hámsters a lo que ocurre dentro de los mamíferos en general? ¿De un tumor al GRF? ¿De unos pocos retazos de evidencia a una ley universal? El éxito o fracaso de este mecanismo de la inducción, tan frecuente en la teorización científica, no parece obedecer a ninguna regla lógica. Si hay un número suficiente de investigadores a los cuales esta inducción concreta les sea útil para sus propias afirmaciones e inducciones, la utilizarán como una regla que darán por válida con generalidad, mientras que si no les encaja a un número suficiente de investigadores la generalización no triunfará y será olvidada.

Cuando ocurre lo 1º, la controversia empieza a estar cerrada, y empiezan a aparecer afirmaciones que parecen referirse a “cajas negras” que nadie puede tratar de reabrir, por tratarse de “hechos”. En nuestro caso, esto ocurrió a finales de los sesenta y principios de los setenta. La controversia se dio por cerrada y empezaron a utilizarse afirmaciones del tipo siguiente:

“Existe una sustancia que regula el crecimiento corporal; esta sustancia está regulada por otra, llamada GRF; se compone de una cadena de 44 aminoácidos (los aminoácidos son los bloques con los que están construidas todas las proteínas); dicha cadena ha sido descubierta por el premio Nobel de Fisiología y Medicina de1977, Roger Guillemin.”

Guillemin-Schally-Yalow

Hay que decir, en favor de la Academia Nobel, que ésta reconoció no sólo el éxito final de Roger Guillemin, sino también la importante labor que tuvieron Andrew V. Schally y la física experimental Rosalyn Yalow (inventora del espectrógrafo de fluidos) en el “descubrimiento” (producción colectiva del concepto) de la hormona GRF, y otorgó el Premio Nobel de Fisiología y Medicina a estos tres investigadores conjuntamente.

 

Conclusiones filosóficas

Este análisis de Latour tiene corolarios filosóficos que me parecen importantes, más allá de las controversias de pueblo como las que nos traen a Carlos de Castro y a un servidor.

Primero, la “realidad” como conjunto de “hechos” es un conjunto de constructos retóricos y cajas negras técnicas que han resistido hasta el momento todos los intentos sociales de reconstruirlos o modificarlos.

Cuanto más técnica y especializada es la literatura científico-técnica, más “social” se vuelve, pues aumenta el número de asociaciones necesarias para domesticar a los lectores y forzarlos a aceptar como un hecho una afirmación.

Los “hechos” no están “ahí fuera” sino que se van estabilizando o inestabilizando a medida que el investigador trata de asociar sus afirmaciones con las existentes en su campo. Son construidos colectivamente.

Cosas como el “polonio”, la hormona GRF, o el “potencial eléctrico de las renovables” están constituidas por pruebas superadas o “actuaciones” que las delimitan de otras cosas conocidas. El “algo” de la cosa se va configurando progresivamente. Las competencias principales serán usadas luego para definir la cosa, como se hacía entre los pieles rojas: “anaerobio”: “superviviente en ausencia de aire”.

Esta genealogía es luego borrada como para sacralizar el resultado, el objeto constituido, y usarlo en la lucha modernista contra la superchería y las “afirmaciones de autoridad”.

Alguno dirá: “todo esto está muy bien, pero es irrelevante, puesto que lo que realmente importa para triunfar en una controversia es tener a la Naturaleza de nuestro lado”.

Si tomáramos en serio esto, bastaría con observar cual de las dos partes, Schally o Guillemin, hablan en nombre de la naturaleza, y controversia resuelta. Sería tan sencillo como en las luchas de la Iliada: esperar a que la diosa incline la balanza.

Pues bien, ¿qué dice la naturaleza?: Latour encuentra que tanto los partidarios de Schally como los de Guillemin dicen tener la naturaleza a su lado y lo argumentan con pruebas. La naturaleza no queda fuera del campo de batalla, sino que es un argumento retórico de la discusión. Se recurre a ella como a Dios en guerras no tan antiguas.

Latour imagina otra crítica posible: “Lo que queremos decir es que cuando tiene lugar una controversia, la naturaleza es el aliado final que la clausura, y no las herramientas y estratagemas retóricas ni los recursos del laboratorio”.

Pues bien, los científicos afirman simultáneamente estas dos versiones contradictorias: Por un lado, proclaman a la naturaleza como el último árbitro de las controversias, pero por otro lado, reclutan innumerables aliados mientras esperan que la naturaleza se pronuncie. Esta contradicción no es tal sino una mera dualidad, pues no son defendidas al mismo tiempo. Mientras abundan las controversias, la naturaleza nunca se utiliza como árbitro final ya que nadie sabe completamente lo que es y dice. Pero una vez la controversia se cierra, se sostiene que la naturaleza es el árbitro decisivo. La afirmación “Tiene a la naturaleza de su lado” sería equivalente en esos momentos de institucionalización a aquella otra de “tiene a Dios de su lado” de las cosmovisiones pre-modernas.

Una hipótesis sugerente es que cuando un constructo es muy social (y por tanto frágil) y a la vez es muy importante para la vida social, se le reifica. Se trataría de un proceso análogo al que llevó a la sacralización de las vacas cebús en la India, para evitar que fueran sacrificadas en épocas de grandes sequías, y permitieran el renacimiento de la agricultura (Marvin Harris).

 

La crítica de Carlos de Castro

Carlos DeCastro considera que las distribuciones de valores que da la literatura científica sobre la CSP, la FV y la eólica no son realistas y carecen de validez para cuantificar la incertidumbre, debido a su sesgo tecno-optimista. Y fundamenta esta afirmación en que en un artículo suyo obtiene valores para la TRE “real” de la  solar de concentración (CSP) inferiores a casi todas las estimaciones de la literatura. También cita un artículo suyo en que obtiene valores inferiores al resto de la literatura sobre el potencial eólico, y otro artículo suyo en que obtiene valores para el potencial solar de nuevo inferiores al resto de la literatura.

El razonamiento es: en los tres artículos utilizo hipótesis realistas, mientras que los demás científicos usan hipótesis tecno-optimistas, como he demostrado para el caso de la CSP. Por consiguiente, todos los artículos de la literatura científica que dan valores más optimistas que los míos están equivocados, y los míos no.

La demostración no es lógicamente rigurosa; para que lo fuese debería haber demostrado que las estimaciones de la literatura para el potencial FV y eólico (que son las fuentes principales renovables) son todas tecno-optimistas, y no sólo la CSP. Además, debería demostrar por qué el que la TRE de la CSP sea inferior a la esperada (en la forma en que entra en servicio en la actual gestión de la red eléctrica) la convierte en una fuente inútil para una futura economía 100% renovable. Y por qué el que la CSP tenga una TRE más baja de lo que muchos esperaban, hace imposible una economía 100% renovable. Porque es esto último lo que estamos discutiendo, sobre ello hay una abierta controversia científica, y mi artículo del post defendía la conveniencia de ajustar las afirmaciones activistas a dicho consenso científico, con el fin de no perder legitimidad.

Pero además, la verdad científica es una construcción colectiva. La mayoría de las publicaciones que discuten la transición renovable consideran que el ambiente cálido y seco de los desiertos no supone ningún límite a la utilización de fracciones del orden del 5% de los mismos, pese a la mayor dificultad de mantener infraestructuras allí (basta pensar en los 78 millones de personas que viven en la Península Arábiga, con ciudades e infraestructuras construidas en desiertos o su inmediata cercanía). La mayoría de las publicaciones consideran que el TRE de las principales fuentes renovables (eólica, FV e hidro) son más que suficientes como para suministrar energía muy por encima de lo que demanda su construcción, incluso tomando valores del rango bajo. Yo (junto con Ballabrera, Jordi Solé y Antonio Turiel) defendíamos hace 7 años la posibilidad de un mix 100% renovable basado en materiales no escasos, de ahí que incluíamos una fracción grande de CSP en dicho mix. Con los años, la mayoría de los investigadores en renovables han visto que la FV bajaba de precio a enorme velocidad y que la CSP no podía competir con la posibilidad de usar FV masivamente con el apoyo de sistemas de almacenamiento eléctrico; Breyer ha cuantificado bastante bien esto. Yo mismo he ido explorando otros mix diferentes, con distintas fracciones de eólica y FV, y concluyo que parece haber distintas maneras de construir un mix 100% renovable de unos 12 TWa/a, no una única. Como otros autores apoyan esta conclusión, esa clase de publicaciones se apoyan unas a las otras, y tiene que haber evidencias mucho más relevantes que la baja TRE de la CSP para que la mayoría abandone esa conclusión general de que un mix 100% renovable es factible.

No sé si la TRE que DeCastro estima en su reciente artículo para la CSP será aceptada por la comunidad científica. Para que un artículo publicado aislado demuestre algo habrá que esperar a que sea leído por otros científicos y ver cómo responden estos a las dudas que el artículo suscita. Los autores citados en el artículo, por ejemplo los que dan estimaciones de la TRE de la CSP, tendrán que ser convencidos de que los argumentos de DeCastro y Capellán bastan para que la estimación de Corona de TRE=14-17.5 tenga que bajar a 1.5-3.4; Ehtiwesh y su grupo tendrán que convencerse de que su cálculo de TRE=20.2 estaba mal y debe ser bajado a 7.7; Heath y su grupo, de TRE=30 a un valor de 7; Lechón y su grupo, de TRE=25 a un valor de 1.9; Weissbach y su grupo, tendrán que aceptar de buena gana que su TRE=21 es en realidad TRE=1; y Viebahn aceptar que su TRE=11-68 es en realidad TRE=5. Como las TRE estimadas por deCastro y Capellán son de 3 a 20 veces menores que las que calcularon los autores originales, a muchos de ellos les extrañará que la nueva información justifique unas variaciones tan grandes de sus predicciones, y tendrán que hacer sus propias comprobaciones antes de aceptar el nuevo artículo tal como está planteado. Además, a los ingenieros les llamará la atención el que el factor de capacidad (CF) que el artículo da para algunas CSP con almacenamiento sea igual al que tienen las centrales sin almacenamiento. Entonces, querrán aclarar cómo es eso posible, pues el almacenamiento se construye precisamente para subir el CF. Querrán aclarar si el nulo efecto de la acumulación en Arabia se debe únicamente a las tormentas de arena o hay algo más; si la causa de esa aparente incongruencia es que algunas centrales no están funcionando todo los días del año debido a que el precio de la electricidad está demasiado bajo, o por qué motivo no están funcionando. Luego querrán estimar si esa bajada de la CF se puede evitar en un sistema de gestión eléctrico diferente al actual o es una limitación intrínseca a la tecnología CSP, luego contrastarán con lo que dicen otros autores sobre la evolución reciente de las CSP y estimarán si la supuesta baja TRE inutiliza a este sistema tecnológico en general, no lo hace, o lo hace en unos lugares geográficos y no en otros, porque la TRE varía con la latitud, etc.

Todo ese proceso de aclaraciones va conduciendo a que otros ingenieros y científicos saquen conclusiones sobre la capacidad que tiene la información que leen para modificar y mejorar su propio trabajo profesional, y si tales afirmaciones merecen ser incorporadas a nuevos estudios o merecen ser ignoradas. Vimos en el resumen anterior del libro de Latour que así es como se produce el consenso científico y acaban cerrándose las controversias para convertirse en hechos científicos. El artículo en cuestión me parece interesante, pero debe ser ensamblado en las redes existentes de discusión que buscan soluciones renovables para el futuro, antes de que sus afirmaciones puedan acabar siendo parte de hechos aceptados. Si es así, contribuirá a las líneas de evidencia (discusión) que en los últimos 7 años han ido considerando a la CSP como una tecnología de valor cada vez más discutible dentro de un mix renovable.

Sin embargo, las discusiones de los últimos diez años no han modificado el consenso mayoritario más general: la literatura no considera que haya aparecido ninguna traba seria que hagan inviable un mix 100% renovable, que se ha propuesto con una u otra combinación de fuentes y sistemas de almacenamiento, dependiendo de la región geográfica (pero principalmente basado en eólica, FV, hidro y geotérmica, con fuentes de acumulación variadas). Por el contrario, el IPCC, que recoge el consenso científico sobre cambio climático y las políticas factibles para encararlo, recomienda una transición lo más rápida posible hacia una economía 100% renovable como opción viable y recomendable para evitar un colapso del clima planetario.

DeCastro podrá considerar que todas las publicaciones menos las suyas son tecno-optimistas, pero cuando Raugei, Sgouridis, Fthenakis, Breyer, Hugo Bardi, Carbajales-Dale, Csala y otros obtuvieron una TRE=9-10 para la FV en Suiza (Raugei et al. 2017) no consideraban que sus hipótesis fueran tecno-optimistas, sino que las hipótesis de los artículos que dan TREs bajas no son creíbles. ¿Por qué debemos creer a un autor particular o al otro si la controversia no está cerrada? Para que las afirmaciones de un autor concreto, como DeCastro, se conviertan en “estado del arte” del campo de investigación deben convencer a todos esos colegas de que sus hipótesis son artefactos y las de DeCastro son hechos no discutibles; y ya vimos antes toda la complejidad del proceso colectivo que ello entraña. Mientras todas las controversias que rodean a las renovables no se cierren, lo que guiará a la mayoría de la comunidad, de los políticos y de los movimientos sociales será el estado del arte del conocimiento científico y técnico, en este caso resumido por el IPCC con todas sus incertidumbres asociadas, no lo que diga DeCastro y sus colaboradores.

Este estado del arte incluye amplias bandas de incertidumbre y escenarios plausibles que hay que respetar, sin que ello quite ninguna fuerza al hecho de que debemos actuar en la dirección de evitar las gravísimas consecuencias que se derivarían de que el escenario más pesimista se realizara. Pero esta recomendación, que está de acuerdo con la estrategia de la Ciencia Posnormal de Funtowicz y Ravetz, no lleva a ocultar las incertidumbres (o a engañar a la gente “por su propio bien”), sino todo lo contrario, lleva a ponerlas sobre la mesa para poder discutir públicamente todas las opciones posibles con los grupos sociales que pueden sufrir las consecuencias.

¿Cómo es que el artículo aislado escrito por de DeCastro et al. (2018) “desmonta la mayor parte de lo que ha escrito Antonio García-Olivares”? Si lo desmontara porque cierra las controversias y da un escenario evidente para todo el mundo que pudiéramos tomar como referencia para actuar, pues qué alegría tan grande: por fin podríamos ir acotando las incertidumbres, ir poniéndonos de acuerdo todos los científicos sobre “la verdad” del sistema social que las renovables permiten, y podríamos empezar a discutir con la gente los detalles de la “única manera posible de utilizar las renovable” en una futura sociedad. Pero desgraciadamente las cosas no son tan simples.

Yo ya estoy en el tercio final de mi vida, de modo que mi prioridad es ir preparándome para la muerte. A estas edades no nos tomamos ya unos vulgares artículos científicos que no lee casi nadie, ni las críticas a los mismos, como algo importantísimo; ni como algo a defender como si nos fuera la vida en ello; ni tampoco disfrutamos ya de juegos infantiles como el “yo soy más listo que tú”; y el que alguien esté en desacuerdo o de acuerdo con los propios artículos es algo que vemos más bien con aburrimiento, y como una parte normal del trabajo de cualquier investigador. Sólo trato de ayudar a encontrar si puedo, en los pocos años que me queden, una solución energética colectiva que sea sostenible, viable y que no arrase si es posible con el 80% de la población mundial. Me alegraré mucho (por ti, Carlos) si consigues convencer a la comunidad científica de que las incertidumbres que comento en mi post son inexistentes, dado que te afecta tantísimo el tener o no tener razón en tus predicciones. Ese colapsista insuficientemente radical llamado García-Olivares no está de acuerdo con afirmaciones demasiado tajantes y deterministas, pero no lo hace por joder a nadie, sino porque cree que a un científico le pagan para que sea riguroso, y no un cantamañanas, que de estos ya hay demasiados. Creo que para movilizar a la gente desde una base segura hay que contarles rigurosamente el estado del arte de la discusión científica, sin tratar de manipular ni a la gente ni a la información. Por el momento, no veo que ese artículo que acabáis de publicar refute nada de lo que decía el post de Autonomía y Bienvivir. Veamos las afirmaciones concretas de ese artículo:

-“El que el peak-oil nos pueda llevar o no al colapso dependerá del momento y la velocidad a la que se empiece a sustituir el petróleo por otras fuentes energéticas en los principales sectores económicos, y esto puede ser ampliamente alterado por decisiones políticas gubernamentales.

Dado que el tema tiene bastante incertidumbre, sería más positivo lanzar mensajes del tipo siguiente: “el cénit del petróleo (peak-oil) puede afectar muy negativamente a nuestra economía, dada su fuerte dependencia de este combustible, sobre todo en el transporte; es necesario reducir consumos, y electrificar todo lo posible los procesos económicos que hoy dependen del petróleo, y nada de esto lo está haciendo actualmente el mercado”. El artículo de DeCastro no demuestra nada sobre la certidumbre o grado de incertidumbre del colapso, ni demuestra que la sustitución del petróleo por otras fuentes sea imposible.

-“la afirmación de que el declive de los combustibles fósiles provocará “el fin de la civilización industrial” es algo tan probable como improbable y podría evitarse si se produjera una sustitución relativamente rápida de procesos económicos por otros basados en electricidad, biogás y carbón vegetal renovable (…) Es posible una industria sofisticada no basada en el progreso, el crecimiento y la acumulación de capital (…) Dada la controversia vigente, sería más coherente y positivo limitarse a mensajes de este tipo: “el cénit de los combustibles fósiles no se puede posponer eternamente; es probable que tenga lugar en pocas décadas, y provocará una importante crisis energética si para esa fecha no se han instalado fuentes renovables suficientes para compensar el declive, y no se ha reducido la demanda energética (…) Deberíamos aprovechar el fin de la era fósil para construir una forma de vivir sostenible, ecológica y de calidad, para todos; Las energías renovables y la disminución del consumo de recursos son la única solución a largo plazo al cénit de los combustibles fósiles y a la degradación ecológica; La energía renovable tiene un enorme potencial para democratizar el acceso a la energía y aumentar así la prosperidad y la autonomía de las capas más desfavorecidas; Los gobiernos deben apostar por las renovables,  por el decrecimiento del consumo, y por las cooperativas energéticas renovables; Los grandes sistemas de generación renovables y las redes eléctricas deben ser controladas públicamente y debe ser de propiedad nacional o municipal; El crecimiento debe estar supeditado a la sostenibilidad y al bien vivir.” No veo en qué sitio del artículo de DeCastro se refutan estas afirmaciones.

-“La destrucción que está provocando [el capitalismo] sobre los ecosistemas, la diversidad, los suelos, el clima y las sociedades, [son] problemas globales para los cuales no hay soluciones claras en la literatura científica que parezcan compatibles con la dinámica del crecimiento exponencial. Por ello, creo que el riesgo de colapso por la compulsión a depredar (la biosfera y la sociedad) que tiene el capitalismo es un problema muy superior al que tendrá el reto de la sustitución a renovables. Pero, de nuevo, predecir los tiempos concretos en que la fertilidad de los suelos, el suministro de agua, las abejas, o las cosechas, van a colapsar es muy aventurado; y la posibilidad de que se tomen medidas (o no) para evitar algunas de estas crisis, es algo completamente incierto”. No veo en qué lugar del artículo de DeCastro se refuta esta afirmación y se resuelven estas incertidumbres.

-“   Algunos paneles fotovoltaicos (FV) utilizan metales escasos como el indio, el arsénico, o la plata. Pero el 90% del mercado FV está dominado por paneles de silicio que no usan ningún material escaso salvo en sus metalizaciones, que en algunos casos son de plata, en otros de aluminio, y en otros de cobre y níquel. Dado que la plata no es imprescindible en las metalizaciones, si nos limitamos a usar paneles de ese tipo, no parece que la FV vaya a estar limitada por ningún material escaso.

Algo similar ocurre con la generación eólica. Los molinos que usan imanes permanentes con neodimio son hoy en día el 20% del mercado, con el 80% usando electroimanes en lugar de imanes permanentes. Un molino con electroimanes produce energía igual que uno con imanes de neodimio, sólo que es algo más voluminoso y tiene una caja de engranajes para aumentar la velocidad de rotación que llega al electroimán, eso es todo. Así que cuando el neodimio empiece a encarecerse, la industria tendrá que usar auto-inducción en lugar de imanes, y debería ser obligada a hacerlo por ley antes de que ello ocurra.

El mensaje correcto que en mi opinión habría que propagar es: “las tecnologías renovables más deseables desde el punto de vista de la sostenibilidad son las de baja tecnología, no las de alta tecnología”. DeCastro sólo subraya que las renovables usan, además de los metales comentados, otros metales en menores proporciones, pero no demuestra por qué eso inutiliza a tales tecnologías. A la escala a la que yo he hecho cálculos (unos 12 TWa/a) yo no he encontrado cuellos de botellas en minerales que no sean Li, Ni, Ag, Pt-Pd, y tampoco he encontrado artículos que digan que cualquier economía renovable es imposible debido a las reservas limitadas de metales. Sí que he visto estudios que alertan sobre una serie de metales que podrían encarecerse bastante y llegar a convertirse en cuellos de botella si continuamos con el ritmo de crecimiento exponencial habitual. Pero obviamente, si buscamos una economía renovable diez, veinte o cien veces mayor que la actual entonces chocaremos sin remedio con las reservas de esos y otros metales. Esto creo que pocos autores podrán negarlo con argumentos creíbles.

-Las TREs de las renovables son muy inciertas, y la controversia sobre sus valores más exactos no está cerrada. No veo que el artículo de DeCastro cierre esta discusión.

-Hacer afirmaciones tajantes como que “las renovables nunca proporcionarán ni el 30% de la energía que nos proporcionan los combustibles fósiles” no está de acuerdo con la controversia existente en el mundo científico sobre el potencial tecnológico de las principales fuentes renovables (solar, eólica, hidroeléctrica, geotérmica). No veo en qué modo el artículo de DeCastro es capaz de deshacer esta incertidumbre.

-La afirmación de que una flota de coches eléctricos del tamaño de la actual es imposible “puede ser tan probablemente cierta como falsa y es muy imprudente cargar las tintas sobre ella. Más prudente sería afirmar que: “la necesaria reestructuración del transporte debería apostar por un transporte de calidad, principalmente público, basado en trenes, y complementado en las ciudades por autobuses eléctricos, bicicletas eléctricas, y un número limitado de vehículos eléctricos compartidos”. No veo en qué modo el artículo de DeCastro refuta esta afirmación.

En resumen, que un artículo como el de DeCastro y Capellán-Pérez (2018) es interesante de leer, proporciona información nueva sobre el comportamiento observado en condiciones reales de las centrales CSP, pero es un artículo técnico sobre centrales CSP, no sobre las incertidumbres de la futura economía post-fósil. Un artículo aislado como ese no tiene ni el contenido ni la capacidad de poner punto final a la amplia red de controversias actualmente en curso en torno a un futuro mix 100% renovable, ni de deshacer las incertidumbres asociadas a las estimaciones que surgen de esas controversias. Mientras esas controversias se resuelven, lo mejor que podemos hacer es tener en cuenta por dónde van los consensos mayoritarios (resumidos por ejemplo por el IPCC) y respetar las incertidumbres asociadas a las actuales discusiones.

 

Referencias

-De Castro C., Capellán-Pérez I. (2018). Concentrated Solar Power: Actual Performance and Foreseeable Future in High Penetration Scenarios of Renewable Energies. BioPhysical Economics and Resource Quality 3:14. https://doi.org/10.1007/s41247-018-0043-6

-Raugei Marco, Sgouris Sgouridis, David Murphy, Vasilis Fthenakis, Rolf Frischknechtf, Christian Breyer, Ugo Bardi, Charles Barnhart, Alastair Buckley, Michael Carbajales-Dale, Denes Csala, Mariska de Wild-Scholten, Garvin Heath, Arnulf Jæger-Waldau, Christopher Jones, Arthur Keller, Enrica Leccisi, Pierluigi Mancarella, Nicola Pearsall, Adam Siegel, Wim Sinke, Philippe Stolz (2017). Energy Return on Energy Invested (ERoEI) for photovoltaic solar systems in regions of moderate insolation: A comprehensive response. Energy Policy 102, 377-384.

 

 

El activismo ante las incertidumbres de los grandes riesgos del futuro

Las tendencias de la época que nos ha tocado vivir apuntan hacia escenarios futuros que tienen grandes incertidumbres pero que, de realizarse, muchos de ellos entrañarían enormes riesgos para la vida de las generaciones futuras. Esta clase de escenarios “posnormales” requieren tener en cuenta todas las clases de incertidumbre presentes, y las diferentes escalas de valores de los sujetos a los que afectan los riesgos (Funtowicz y Ravetz, 2000). Sería interesante discutir esto en detalle en algún otro lugar. Aquí me gustaría ahondar un poco más en el debate lúcidamente abierto por Emilio Santiago Muiño (2019) en esta revista, sobre los errores cometidos por los grupos relacionados con la divulgación del Peak Oil o cénit del petróleo en la interpretación y comunicación del problema, y en el tratamiento de sus incertidumbres.

Los sistemas sociales son sistemas muy complejos. El paradigma científico contemporáneo de los sistemas complejos los considera como sistemas jerárquicos que se automantienen. Koestler llama “holones” a esta clase de sistemas jerárquicos porque tienen la peculiaridad de ser a la vez un “todo” (un sistema en sí mismo) y una “parte” de un sistema de mayor escala (que es la biosfera). Además, el sistema social está constituido por partes que son entidades biológicas (humanos) y tecnológicas (los actantes de Latour, objetos técnicos en interacción con los humanos). Estos constituyentes biológicos son sistemas autoorganizativos autopoiéticos (que crean continuamente su propia existencia material y organización) y que se comportan como agentes de comportamiento en parte impredecible. Y lo que es peor, el entorno o ambiente en el que las sociedades se re-producen, la biosfera, es también un sistema auto-organizativo que se automantiene y que se adapta a su propio entorno geológico.

Los holones sólo son parcialmente predecibles (en algunas de sus propiedades emergentes) en situación de (meta)estabilidad; en momentos de inestabilidad de los flujos de energía, materiales e información entre sus componentes (o hiperciclos) son muy sensibles a las perturbaciones. En nuestro caso, una sociedad en crisis se vuelve muy sensible a las movilizaciones colectivas de sus componentes humanos. En situaciones de crisis de sus formas habituales de re-producción, los sistemas sociales son muy impredecibles  pues distintas movilizaciones de sus agentes-actantes componentes puede modificar su auto-organización habitual, y desequilibrarlo hacia nuevas formas económico-políticas que se institucionalizarán con el tiempo sustituyendo a las anteriores.

En funcionamiento estable, los sistemas complejos no son deterministas, puesto que lo mejor que se consigue observándolos es identificar distribuciones de probabilidad en la evolución de sus propiedades emergentes; pero en situaciones de crisis ecológica, económica y/o política, los sistemas complejos jerárquicos se vuelven especialmente poco deterministas, puesto que ni siquiera es posible definir una probabilidad para su comportamiento futuro.

¿Qué es lo mejor que podemos hacer en nuestra situación, con dinámicas en el sistema económico-social que pueden conducirlo a un colapso en las próximas décadas? Trataremos de responder a esta pregunta en los apartados siguientes.

Observemos fríamente antes de hacer proyecciones

En primer lugar, parece recomendable observar de cerca al sistema complejo usando el mínimo posible de teorización, pues en situación de inestabilidad las antiguas “leyes” que describían aproximadamente el comportamiento estable del sistema dejarán paso a nuevas leyes emergentes. Estas nuevas leyes deberán ser compatibles, por supuesto, con las leyes de la termodinámica, pero éstas nos dicen poco sobre las nuevas formas de organización que se pueden ensayar entre los grupos humanos y las tecnologías disponibles.

“Mucha observación y el mínimo de teoría conducen a la verdad”. Este principio fue formulado por primera vez por Al-Hazen (965-1039) de Basora, considerado el físico más importante del medievo. Si en lugar de atenernos fielmente a la observación preferimos usar teorías preexistentes, la mayoría de las veces nos equivocaremos. Hay un texto de tiempos de las cruzadas que ilustra de forma muy interesante las consecuencias prácticas que pueden derivarse del uso de grandes abstracciones filosófico-religiosas en sustitución de un vulgar empirismo. Se trata de un incidente recogido por Usama Ibn Múrxid, emir, caballero, poeta y hombre de letras (1095-1188) en su manuscrito autobiográfico “Kitab al-Itibar” («Libro de las Reflexiones»), descubierto en la Biblioteca Árabe de El Escorial por el arabista Hartwig Derenbourg, y publicado en francés en 1889, y que también recoge Amin Maalouf en su libro “Las cruzadas vistas por los árabes”. Esto es lo que escribe Usama:

Un día, el gobernador franco de Muneitra, en el monte Líbano, escribió al Sultan, emir de Shayzar [aliado de los cruzados], para rogarle que le enviara un médico para tratar algunos casos urgentes. Mi tío escogió a un médico cristiano de nuestra tierra, llamado Thabet. Éste solo se ausentó unos días y luego regresó entre nosotros. Todos sentíamos gran curiosidad por saber cómo había podido conseguir tan pronto la curación de los enfermos y lo acosamos a preguntas. Thabet contestó: “Han traído a mi presencia a un caballero que tenía un absceso en la pierna y a una mujer que padecía de consunción [gastritis o úlcera]. Le puse un emplasto al caballero; el tumor se abrió y mejoró. A la mujer le prescribí una dieta para refrescarle el temperamento. Pero llegó entonces un médico frany [franco] y dijo: ‘¡Este hombre no sabe tratarlos!’ Y, dirigiéndose al caballero, le preguntó: ‘¿Qué prefieres, vivir con una sola pierna o morir con las dos?’ Como el paciente contestó que prefería vivir con una sola pierna, el médico ordenó: ‘Traedme un caballero fuerte con un hacha bien afilada.’ Pronto, vi llegar al caballero con el hacha. El médico franco colocó la pierna en un tajo de madera, diciéndole al que acababa de llegar: ‘¡Dale un buen hachazo para cortársela de un tajo!’ Ante mi vista, el hombre le asestó a la pierna un primer hachazo y, luego, como la pierna seguía unida, le dio un segundo tajo. La médula de la pierna salió fuera y el herido murió en el acto.

En cuanto a la mujer, el médico franco la examinó, y dijo: ‘Tiene un demonio en la cabeza que está enamorado de ella. ¡Cortadle el pelo!’ Se lo cortaron. La mujer volvió entonces a empezar a tomar las comidas de los francos, con ajo y mostaza, lo que le agravó la consunción. ‘Eso quiere decir, que se le ha metido el demonio en la cabeza’, afirmó el médico. Y, tomando una navaja barbera, le hizo una incisión en forma de cruz, dejó al descubierto el hueso de la cabeza y lo frotó con cal. La mujer murió en el acto. Entonces, yo pregunté: ‘¿Ya no me necesitáis?’ Me dijeron que no, y regresé, tras haber aprendido muchas cosas que ignoraba sobre la medicina de los franÿ”»

Es evidente el empirismo aristotélico del médico de cultura árabe, habitual en el mundo musulmán de la época, mucho más avanzado científicamente; en contraste, el médico franco utiliza una mezcla de pseudo-platonismo y judeo-cristianismo para explicar los síntomas que observa, mediante constructos abstractos como los demonios y su relación con los humanos.

Unos siglos después, el empirista Francis Bacon (1561 – 1622), subrayaba que la falta de observación empírica conduce a generalizaciones abstractas apresuradas que, la mayoría de las veces, son dirigidas por cuatro clases de “ídolos”: los “ídolos de la tribu”, los de “la caverna”, los “del foro”, y los “del teatro”.  Los ídolos de la tribu derivan de las pulsiones de nuestra naturaleza humana. Podríamos pensar no sólo en lo que hoy llamamos “instintos biológicos”, sino también en la predisposición de nuestro sistema cognitivo a organizar todas las percepciones en secuencias temporales, en distribuciones espaciales, y en cadenas de causa-efecto.

Los ídolos de la caverna proceden de la presión de una subjetividad que deriva del pasado particular de cada sujeto. Aquí podríamos incluir los hábitos que ha adquirido esa especie de héroe romántico con el que muchos occidentales nos identificamos y que denominamos “nuestro yo”. Esos hábitos nos proporcionan una efímera sensación de consistencia y nos hacen actuar mecánicamente en lugar de libremente.

Las dos primeras clases de ídolos están en la base, podríamos decir, de la compulsión biográfica que tiene el individualismo romántico occidental. Nos encantan las historias noveladas, las biografías y los cuentos moralizantes (“humano, demasiado humano” que diría Nietzsche con su habitual sospecha), y por ello simplificamos con frecuencia el comportamiento de la complejidad geo-bio-social reduciéndolo a historietas moralizantes.

Los ídolos del foro derivan del uso acrítico de las “palabras” según Bacon. Hoy diríamos del uso acrítico de los “marcos metafóricos” dominantes (Lakoff: véase: https://entenderelmundo.com/2018/04/25/las-metaforas-y-la-construccion-imaginaria-de-la-realidad/).

Los ídolos del teatro derivan de las ideologías dominantes en las tradiciones de nuestra cultura y en nuestros grupos de referencia. Podríamos decir que nuestra pulsión inconsciente hacia la sociabilidad y la fidelidad a nuestras familias intelectuales y morales está por encima de nuestras observaciones e interpretaciones personales.

Las dos últimas clases de ídolo nos tienden a llevar a un fuerte conservadurismo social a la hora de abordar o conceptualizar un tema, como si esa forma fuera la única forma de llegar a “la verdad”. Sin embargo, el pragmatismo y el constructivismo nos han enseñado que la “verdad” es esencialmente una construcción social; y que esa construcción es muy dependiente de la perspectiva que tomemos grupalmente para describir el objeto. De modo que ser fiel a una perspectiva social durante largo tiempo y en una misma dirección, nos lleva fácilmente a perdernos perspectivas que pueden ser más útiles, para nuestra propia libertad y hasta para nuestro grupo de referencia.

Los taoístas, esos anarquistas de la China Clásica, son quizás quienes mejor han subrayado la necesidad de romper con las conceptualizaciones habituales de la propia cultura, y con la conceptualización en general como algo inamovible. Chuang-Tzu en sus Escritos proporciona una de las imágenes más poderosas que se han creado de lo que hacen los adoradores de conceptos y metáforas dominantes en sus “salones sociales”. La escena es una supuesta entrevista entre Confucio y Lao Tse:

Confucio fue a ver a Lao Tan (Lao tse) y le habló del jen, amor al prójimo, y de la i, equidad. Lao Tan le contestó: Si al cerner el salvado se le ha metido a alguien su polvo en el ojo, verá el mundo trastocado. Si un mosquito o un jején le ha picado en la piel, no puede conciliar el sueño toda la noche. De la misma manera nos escuecen y turban el corazón ese amor y esa equidad. Nos causan una confusión inmensa. Su merced procure que el mundo no pierda su autenticidad natural. Déjese mecer por el viento y yérgase con la virtud (del Tao). ¿Para qué tantos esfuerzos? Los cisnes no necesitan bañarse cada día para conservar su nívea blancura, ni el cuervo pintar sus plumas para conservarse negro. A lo blanco y negro, si son auténticos, nada puede cambiarlos de color. La admiración y los elogios de otros no agrandan nuestra fama. Secado el río, los peces se apiñan en el fango seco, y con la humedad de su aliento se mojan mutuamente la cara. Mejor les iba antes en sus ríos y en sus profundos lagos olvidados unos de otros. Confucio, vuelto de su entrevista con Lao Tan, guardó silencio tres días enteros. A sus discípulos, que le preguntaron qué consejos, para regular su vida, había dado a Lao Tan, les respondió: “Hoy he visto al dragón enroscarse sobre sí y, desplegándose, ostentar su magnificencia, montarse sobre las nubes y nutrirse de los dos elementos Yin y Yang. Me he quedado con la boca abierta y no la puedo cerrar. ¿Qué consejos o reglas de vida podía yo dar a Lao Tan?“. Chuang tzu añade que lo que hace la escuela confuciana, con su complicada red de reglamentaciones de la vida, es como vestir a un mono con las vestiduras del duque Chou (s. XI a.C.). “Este, al verse vestido de ellas, con sus dientes y sus garras las rasgaría de inmediato“.

Más allá de la ironía expresivista de Chuang-Tzu, un poco cruel para con el bonachón de Confucio, la imagen de los peces arrejuntados en el fango del fondo y mojándose mutuamente la cara con su aliento es tan certera que sigue siendo actual, 2.300 años después de su invención, para describir la adoración del hombre cortesano, y del conservador en general, hacia las convenciones sociales. Pero también para todas las dinámicas de auto-convencimiento típicas de los grupos cerrados.

El problema es que, incluso siendo conscientes a ratos de estas cuatro clases de prejuicios, tendemos a achacárselos a los que están fuera de nuestro grupo de referencia, no a nosotros mismos, lo cual no deja de ser irónico y fue siempre fuente de regocijo irónico para filósofos como Schopenhauer o Nietzsche. ¿Nos damos por aludidos ya o todavía no? La construcción imaginaria de la realidad a base de compulsiones causales, historias biográficas, procesos novelados, metáforas creadoras de realidad, y adscripción a paradigmas socialmente aceptados, es algo universal, no sólo de “los otros”. Los errores procedentes de las cuatro clases de prejuicios comentados no se dan sólo entre los incautos “tecno-optimistas” del mundo “BAU”, sino también entre nosotros, lúcidos seguidores de los foros de discusión sobre energía, sostenibilidad y colapso.

Amador Fernandez-Savater afirma, por ejemplo, que “el orgullo es un obstáculo para el aprendizaje y que sólo aprende quien se deja humillar por lo que desconoce (…) Atender es aprender a esperar, una cierta pasividad. Todo lo contrario de los impulsos que nos dominan hoy día: impaciencia, necesidad compulsiva de opinar, de mostrar y defender una identidad, falta de generosidad y apertura hacia la palabra del otro, intolerancia a la duda, googleo y respuesta automática, cliché”, y cita a Simone Weil, quien recomendaba reconocer la propia estupidez para bajarnos los humos y abrirnos así al conocimiento: “La mente debe estar vacía, a la espera, sin buscar nada, pero dispuesta a recibir en su verdad desnuda el objeto que va a penetrar en ella… El pensamiento que se precipita queda lleno de forma prematura y no se encuentra ya disponible para acoger la verdad. La causa es siempre la pretensión de ser activo, de querer buscar” (Fernandez-Savater, 2019).

Un empirista contemporáneo como Bertrand Russell contestaba de la siguiente manera, en una entrevista de John Freeman, el 4 de Marzo de 1959 en el programa “Face to Face” de la BBC:

–    Una última pregunta: supongamos profesor Russell… que esta grabación sea vista por nuestros descendientes, como los Manuscritos del Mar Muerto, en un período de cientos de años. ¿Qué piensa usted que valdría la pena decirle a esa generación sobre la vida que usted vivió y las lecciones que usted aprendió de ella?

–     Me gustaría decirle dos cosas: una intelectual y una moral. Lo intelectual que me gustaría decirles es esto: cuando estés estudiando cualquier tema o considerando cualquier filosofía, pregúntate a ti mismo únicamente: ¿cuáles son los hechos? ¿y cuál es la verdad que los hechos sostienen? Nunca te dejes desviar, ya sea por lo que tú deseas creer o por lo que crees que te traería beneficio si así fuese creído. Observa únicamente e indudablemente cuáles son los hechos. Eso es lo intelectual que quisiera decir. Lo moral que quisiera decirles es muy simple. Debo decir: El amor es sabio, el odio es estúpido. En este mundo, que cada vez se vuelve más y más estrechamente interconectado, tenemos que aprender a tolerarnos unos a los otros, tenemos que aprender a aceptar el hecho de que alguien dirá cosas que no nos gustarán. Solamente podemos vivir juntos de esa manera. Si vamos a vivir juntos, y no a morir juntos, debemos aprender un poco de caridad y un poco de tolerancia, que es absolutamente vital para la continuación de la vida humana en este planeta.

Estas recomendaciones de Bertrand Russell son especialmente apropiadas en un entorno lleno de incertidumbres donde nuestro complejo sistema social está entrando en un régimen de inestabilidad.

Esta actitud modesta y empírica implica también no forzar “la ciencia” hacia nuestros propios anhelos o valores políticos. La coletilla de “la termodinámica nos dice que X es imposible” casi siempre es falsa aplicada a un sistema complejo, y recuerda a expresiones tales como “el ser humano es egoísta por naturaleza” o “la inteligencia está en los genes”, que intentan dar legitimidad de ley natural indiscutible a lo que es muy discutible y sigue siendo discutido.

Respetemos las incertidumbres

Segundo, nos enfrentamos a una dinámica económica global que genera riesgos de enormes consecuencias ecológicas, sociales y de sostenibilidad, pero el cómo, cuándo y con qué intensidad se van a presentar esas consecuencias tiene muchas incertidumbres. Una cosa es subrayar la gravedad de las consecuencias y otra muy distinta es decir que esas consecuencias son virtualmente seguras, cuando no son seguras.  Es necesario respetar las incertidumbres. Esto es algo que subrayan continuamente Jesús Nacher y Roger Carles en sus posts del foro de Autonomía y Bienvivir. Es mucho más prudente analizar las tendencias que se observan en el sistema y el escenario al que estas tendencias podría conducir si nada las modifica, y divulgar socialmente  estas evidencias plausibles; pero nunca aventurarnos a concluir cuándo se va a producir el temido escenario, ni a afirmar que esa evolución del sistema es inexorable, y mucho menos a aventurar que tras la inestabilidad del sistema, su colapso será rápido o se producirá de una manera pre-determinada. No olvidemos que cuando un sistema complejo entra en crisis su evolución es muy sensible a los pequeños detalles y a las iniciativas colectivas de sus agentes componentes, y estas son en gran parte autónomas e impredecibles, así que no podemos identificar a priori una distribución de probabilidad para lo que pueda ocurrir.

En estos casos, la cautela con que la comunidad científica hace afirmaciones me parece que es la guía más útil que tenemos como modelo. El IPCC, por ejemplo, recopila las afirmaciones que el consenso científico permite establecer sobre el cambio climático antropogénico en una forma que respeta las incertidumbres que dicho proceso de cambio tiene. Por ejemplo, cuando se describe la posibilidad de que tenga lugar un determinado proceso o suceso cuyas causas son aún objeto de debate, o que no es fácilmente modelable matemáticamente, se emplea una escala de “confianza” cualitativa que expresa la confianza psicológica de los expertos de ese campo científico sobre la posibilidad del evento: “muy baja; baja; media; alta; muy alta”. Si, en cambio, el proceso ha sido modelado matemáticamente por un conjunto de modelos, y es posible extraer de ellos distribuciones de frecuencia o probabilidad, entonces se emplea una escala de verosimilitud cuantitativa del tipo: “Virtualmente cierto”: 99-100% probable; “Muy probable”: 90-100% probable; “Probable”: 66-100% probable; “Tan probable como no”: 33-66% probable; “Improbable”: 0-33% probable; “Muy improbable”: 0-10% probable; “Excepcionalmente improbable”: 0-1% probable (Mastrandrea et al. 2010); O, en algún caso, “más probable que no”: 50-100% probable.

Esto implica también no apostar nunca por certezas en la transición de un sistema social. Como afirma Emilio Santiago Muiño (2019) en su excelente artículo, la revista 15/15\15 toma su nombre de una muy atrevida predicción: 15 años después del 2015 (en el 2030), el petróleo solo proporcionará un 15% de la energía neta que proporcionaba en ese año inicial. Un título como éste para una revista puede ser eficaz para concienciar a la gente sobre lo que podría llegar a ocurrir y guiar a la gente a movilizarse para evitar males mayores; pero ningunea la gran incertidumbre que tienen las predicciones sobre reservas convencionales y no convencionales del petróleo, y la aplicabilidad de las técnicas de fracking fuera de los EEUU, y esto es una apuesta por el descrédito anunciado si en el 2030, o unos años antes, la tendencia de la producción mundial de petróleo está muy por encima de esa predicción.  Santiago Muiño discute otros ejemplos de esta clase de predicciones hechas desde colectivos cercanos a la problemática del peak-oil, la sostenibilidad y la transición post-capitalista, y lo peligroso que resulta obviar las incertidumbres para la credibilidad de todo el colectivo. Como señala Santiago Muiño, igual de peligroso es ignorar el estado del arte de los consensos científicos a la hora de hacer nuestras predicciones, pues una gran parte de la legitimidad que la mayoría de la sociedad da a las afirmaciones se basa en si son coherentes o no con los consensos científicos. Y añado: si no hay aún un consenso científico establecido, hacer predicciones y afirmar que esas predicciones se basan en “la ciencia”, “la temodinámica” o “la entropía”, es doblemente arriesgado y suicida, pues ofrecen una imagen de diletantismo y de sectarismo.

La verdad es una construcción colectiva

Tercero, evitemos el sectarismo. Hay que sospechar de la tendencia a exagerar nuestra propia perspicacia grupal como observadores  y modelistas. La “verdad” es una construcción colectiva, no algo que es revelado por alguien bendecido por Dios, o descubierto por un observador especialmente perspicaz. Ni todos los científicos no colapsistas son unos tecno-optimistas, ni todos los economistas son ideólogos del BAU, ni todos los políticos y lobbies hacen el juego al crecentismo y al capitalismo, aunque se muevan dentro de las instituciones. Así que conviene estar abiertos a informaciones de científicos, políticos, economistas y grupos interesados en el tema diferentes del propio.

Los grupos cerrados de discusión, y ese es el caso de los foros virtuales de Internet donde se discute sobre Peak Oil, energía o colapso, fomentan la impresión de que los “memes” que se repiten mucho son verdades incontrovertibles. Hay enunciados que se ponen de moda por cualquier razón, y que son repetidos una y otra vez, como los mantras, sin que nadie o casi nadie los discuta, dado que la mayoría de los miembros del grupo no adoptan la actitud que pueda tener un científico (curiosidad abierta y crítica) sino una actitud de desconfianza reactiva contra quien erosione las certidumbres que vengo buscando. De este modo, los foros se llenan de afirmaciones rotundas que suelen “chirriar” fuera de él. En el caso de los foros sobre Peak Oil, se suele recurrir a desacreditar como “tecnooptimismo” o “magufada” cualquier opinión externa (o incluso interna) que no concuerde con el meme de que el peak-oil provocará un declive energético y un colapso económico y social rápidos. Ciertamente, abundan los economistas que siguen utilizando las mismas “leyes” económicas que fueron válidas en épocas de abundancia de recursos naturales en la situación actual, donde algunos recursos no renovables (v.g. minerales o petróleo) se han utilizado ya hasta cerca del 50% de sus reservas extraíbles. Pero en otros casos, una opinión contraria a considerar un colapso rápido como algo “altamente probable” puede proceder, simplemente, de un ingeniero o un científico informado a quien le resulta contra-intuitivo asignar una probabilidad del 90 al 100% a un escenario para el que la discusión tecno-económica no tiene una probabilidad definida, dado que ni siquiera hay consenso entre los investigadores sobre si tal escenario se va a llegar a producir o la acción colectiva (sea tecnocrática, política o social) va a evitarlo a tiempo.

Puedo hablar en primera persona sobre esto, puesto que lo he sufrido. Personalmente, estoy convencido de que el sistema capitalista actual (con su estado rentista asociado) no sabe funcionar sin crecimiento; que si lo llegara a intentar colapsaría, porque se cumpliría el “teorema de Marx” sobre la tendencia de la tasa de beneficio a caer hasta cero; y que si nada para el tren desbocado de la acumulación ampliada de capital, la dinámica capitalista provocará el colapso de la diversidad biológica, de la fertilidad de la mayoría de los suelos, de la estabilidad climática y de los recursos minerales y energéticos no renovables. Creo que ello puede llevarnos a una época de estancamiento estructural, de grandes movilizaciones sociales, y de posibilidad de colapso económico-social en el presente siglo (García-Olivares y Solé, 2015). Así que se me podría considerar un eco-socialista colapsista; pero no considero  todas estas posibilidades económico-sociales como inexorables, y por motivos parecidos me he negado a considerar inexorable un colapso rápido tras el peak-oil, cuando ese colapso es sólo una posibilidad entre otras. Esta actitud creo que es mucho más rigurosa, pues se ajusta al estado de las evidencias científicas sin forzarlas hacia un determinismo que no existe en un sistema social. Sin embargo, esta actitud ha provocado mayoritariamente, en esos foros de discusión, comentarios despectivos y acusaciones de “cinismo”, “tecno-optimismo” y “soberbia” o una mera descalificación retórica de los argumentos, en lugar de una discusión técnica y colectiva del consenso científico, que era lo que procedía. De manera que un intento de ser fiel a ese “espíritu científico” del bendito de Bertrand Russell se me reprochaba como “soberbia” por no estar de acuerdo con los mantras del foro de discusión. Una “sutil” manera de decirle a un científico que estaba en territorio hostil y no era bienvenido, cosa que entendí bien y desde entonces abandoné tales grupos para dedicarme a mis tareas profesionales (salvo excepciones esporádicas). Ese ahuyentamiento de los intrusos, y hasta de los “nuestros” que no son lo suficientemente radicales, tiene como efecto reforzar los mantras de moda en el foro, cerrar aún más el círculo, y aislarlo del resto de las prácticas sociales de conocimiento.

Antes hablamos del poder persuasivo de los marcos metafóricos. Conviene estar atentos a ellos y no utilizarlos mecánicamente si no queremos acabar presos de nuestra propia retórica. Además de estos marcos, la cultura occidental nos invita a utilizar narrativas completas, como la del “monomito” que estudió Joseph Campbell (1949). En él, un héroe es humillado y abandonado en un mundo lleno de amenazas y pruebas; debe cruzar una serie de umbrales, donde puede encontrar  guardianes, dragones o familiares que se le oponen y debe derrotar o conciliar; Luego desciende a un reino de oscuridad, o mundo de fuerzas poco familiares, algunas de las cuales le amenazan; tiene que resolver pruebas o acertijos, en ocasiones con la ayuda de un aliado. Finalmente, se le presenta una prueba suprema y recibe su recompensa.  Quizás influida por esta clase de narrativa, la mayoría de la gente no quiere escenarios posibles y bandas de verosimilitud, sino certezas bonitas y justicias poéticas; y no quiere datos, sino historias noveladas que le reconforten de la dureza de este sistema explotador. En el mundo BAU todos conocemos esas bellas historias tecno-optimistas; en nuestro caso, se trataría de narraciones más o menos pre-conscientes del tipo: “el puto capitalismo se ha alimentado de nuestro trabajo y nuestras esperanzas, y ha prostituido hasta a la Naturaleza, pero el pico del petróleo y la termodinámica están conmigo, y nos vengarán de tanta prepotencia colapsando a ese sistema opresor”. Hay elementos muy verosímiles en esa descripción, pero se sigue pareciendo demasiado al monomito como para que sea creíble. Un sistema social evoluciona siempre de forma mucho más compleja que lo que uno cree y desea y, lo que es peor, absolutamente indiferente a las pretensiones de nuestros maltratados egos personales. No digo que sea el caso de todo el mundo, pero creo que estos mecanismos psicológicos actúan pre-conscientemente en muchos sujetos. Desgraciadamente y con toda probabilidad, ningún determinismo energético va a ahorrarnos el trabajo de acabar con el capitalismo mediante nuestra impredecible movilización colectiva, y más vale que partamos de esta idea para ver las cosas con un poco más de libertad y perspectiva.

El ejemplo nos ha traído de nuevo a la primera clase de ídolos de Bacon, que son los condicionamientos de la propia identidad e historia personal. En esto de la identidad, y para acabar de una vez por todas con esa idolatría, creo que es mucho más sagaz la psicología budista Mahayana que la occidental. Según la psicología Mahayana “yo” no existo, soy una convención social (o psico-social). Si no quieres que tu mente se pase la vida controlada por historietas externas, por cuentos y por convencionalismos sociales, comienza por el primer gran convencionalismo: “yo mismo”. No hay ningún uno que sea mismo. Hay ahí un cuerpo que ha ido evolucionando a lo largo de décadas, que decide hacer cosas y un impulso interior que dice a-posteriori  que “he sido yo” el que lo decidió, sin que se sepa muy bien quién es ese “yo”; hay recuerdos construidos que proceden de otros recuerdos y que no suelen confirmar muy bien otros observadores de las mismas escenas; las células componentes de ese cuerpo no son hoy las mismas que las que hubo hace una década; mis expectativas, mis recuerdos, todo ha sido reconstruido una y otra vez; y hay imágenes fotográficas de ese cuerpo animal cambiante que, a pesar de las diferencias, en mi familia y en la comisaría del DNI  siempre nombran con el mismo nombre y apellido. Poco más. En realidad, yo no existo, tal como afirma el Mahayana y sospechaba Schopenhauer. Los cuerpos simplemente deciden, en gran parte de forma inconsciente, y hacen lo que saben hacer (usando la información que les llega y sus esquemas interiores de procesamiento que incorporan metáforas sociales y hábitos aprendidos), no soy “yo” quien decide nada, y los budistas nos animan a que observemos con atención lo que hace el propio cuerpo, pues es muy interesante ver a un sistema real tan complejo tomando decisiones y actuando. Esa actitud de olvidarse de uno mismo, de nuestro honor personal, de nuestras vejaciones pasadas y de nuestra venganza, es mucho más sagaz, relajada y productiva y nos permite concentrarnos en observar lo que hay y lo que está ocurriendo realmente.

Esto implica también no encerrarnos en nuestra concha. La confianza en su eficacia profesional que tenía el médico franco que citábamos más arriba procedía de su convicción de que poseía “la verdad”.  Sin embargo, como ha demostrado el antropólogo de la ciencia Bruno Latour, cuanto más socialmente construido es un hecho, más verdadero se vuelve. No existe ninguna verdad antes de su construcción social; la verdad es el modo de interpretar aceptado por la comunidad de observadores-modeladores que enrola en su descripción a un número mayor de entes materiales y de prácticas sociales de conocimiento. Esa comunidad está constituida en gran parte por las instituciones y prácticas individuales científico-técnicas, de modo que, en una gran proporción, la realidad en las sociedades contemporáneas es la que construyen los ingenieros, los científicos, y los grupos sociales interesados en el tema en cuestión. La verdad no puede ser “descubierta” por ningún grupo privilegiado o especialmente perspicaz, porque no pre-existe. Si queremos participar en la construcción de la futura realidad, hay que contar con lo que dicen los otros grupos interesados, con lo que dicen los científicos e ingenieros, y con el comportamiento que parecen tener los artefactos y los procesos naturales ante nuestra intervención, y ver si hay algún tipo de acuerdo posible entre todos esos discursos y comportamientos.

Fue Herbert Simon el primero en subrayar que, cuando en un proceso de cambio social hay indeterminación o complejidad, ya no es posible deshacerse de la deliberación entre grupos sociales, hasta encontrar soluciones “satisfactorias” para todos, no soluciones “óptimas”, que en la práctica sólo suelen ser satisfactorias para el grupo que propone y financia dicho óptimo. Cualquier decisión ” siempre implica una dimensión política, ya que se basa en información imperfecta y un conjunto determinado de objetivos. De lo contrario, debería llamarse ‘computación’. Sin embargo, cierta ideología dominante entre las élites capitalistas pretende que hay una “ciencia económica” (que invariablemente no incluye las aportaciones de Marx, ni las de Keynes, Polanyi, Schumacher, o la Economía Ecológica) que toma decisiones basada en una “racionalidad substantiva”, esto es, que es capaz de decirnos cuál es la solución técnicamente (económicamente) correcta para cualquier problema social, incluso la sostenibilidad. Esta pretensión no resiste un análisis científico serio. Como en la práctica cualquier futuro vivible va a ser co-construido por muchos grupos interesados, conviene hacer presión organizadamente no sólo desde los márgenes, sino también desde dentro del sistema. Haciendo públicos de forma organizada los valores que consideramos irrenunciables para una transición eco-social. Las movilizaciones sociales, como la liderada actualmente por Greta Thunberg, deben poder contar con nuestra participación activa, de modo que estos valores irrenunciables puedan ser incorporados a las mismas. Si nos ausentamos, otras organizaciones sociales y grupos de interés van a tratar de conducir la movilización hacia sus propios valores e intereses.

Matizando algunas afirmaciones concretas

Ya comentamos antes la incertidumbre que tiene las predicciones sobre la fecha del cénit de los líquidos derivados del petróleo (que también subrayaba Emilio Santiago Muiño en su excelente artículo) y la de los combustibles fósiles. Comentaremos otros conceptos concretos frecuentemente expresados desde nuestros foros, sus incertidumbres asociadas y qué sería más positivo transmitir.

El crecimiento exponencial es incompatible con el tamaño finito de los recursos materiales de la Tierra   

Esta afirmación puede considerarse virtualmente cierta, dado que nadie la suele discutir en la literatura. Sólo hay controversia en los plazos en que las limitaciones materiales se harán visibles. El rango de discusión va de una década a varios siglos, pero las evidencias de crisis ecológicas importantes juegan a favor de dar cada vez más crédito a un horizonte de varias décadas, no de varios siglos.

El peak oil nos llevará al colapso

Hay una especie de consenso dentro de muchos círculos colapsistas en que la actividad económica y el PIB están en su mayor parte determinados por el suministro de petróleo, y que  cuando éste decline, declinarán aquellos. Pero esto tampoco es algo que se pueda afirmar con esa rotundidad. Yo mismo utilicé ese argumento en un artículo mío y uno de los revisores me contestó algo así como: “¿por qué desprecia usted los procesos de sustitución?”.

El argumento se basa en la ley del Mínimo de Liebig en biología, que afirma que el crecimiento de un organismo fotosintetizador no es controlado por el monto total de los recursos disponibles, sino por el recurso más escaso. El petróleo actuaría de forma similar sobre el “metabolismo” económico. El argumento es discutible, dado que una economía dispone de un mecanismo que es la sustitución.

Los economistas convencionales podrán ser excesivamente tecno-optimistas, pero saben algo de mecanismos económicos, y lo que nos dicen es que ante un posible frenado del crecimiento de la oferta de petróleo que no pudiera subir al ritmo de su demanda, se producirían aumentos de precios. Cuando estos desfases oferta-demanda se vuelvan estructurales (y mejor no nos aventuraremos ya a predecir fechas) se destruirá actividad económica a corto plazo, pero a medio plazo se pondrán en marcha los procesos económicos de sustitución del petróleo por otras fuentes energéticas disponibles y más baratas. Hasta el momento ha bastado con el fracking para mantener ajustada la demanda a la oferta; pero cuando el fracking no sea suficiente, y se produzca el cénit del petróleo (convencional, no-convencional y líquidos derivados del petróleo) probablemente habrá una crisis económica como la de los 70, pero no necesariamente se producirá un colapso, puede que sí y puede que no. Es probable que se produzca un declive del producto agregado mundial, pero puede que ni siquiera eso se produzca, todo dependerá de lo rápida que sea la sustitución del petróleo por otras fuentes diferentes como gas y renovables (hasta una parte de carbón) en la industria y el transporte durante los años en que el suministro de petróleo esté en el entorno del máximo de producción.

La verdad de la afirmación dependerá pues del momento y la velocidad a la que se empiece a sustituir el petróleo por otras fuentes energéticas en los principales sectores económicos, y esto puede ser ampliamente alterado por decisiones políticas gubernamentales.

Dado que el tema tiene bastante incertidumbre, sería más positivo lanzar mensajes del tipo siguiente: “el cénit del petróleo (peak-oil) puede afectar muy negativamente a nuestra economía, dada su fuerte dependencia de este combustible, sobre todo en el transporte; es necesario reducir consumos, y electrificar todo lo posible los procesos económicos que hoy dependen del petróleo, y nada de esto lo está haciendo actualmente el mercado”.

El cénit de los combustibles fósiles nos llevará al colapso

Algo análogo se puede prever para cuando se produzca el cénit de todos los combustibles fósiles. El capitalismo aún tendrá disponible el mecanismo de la sustitución, y ahí las renovables y el capitalismo verde están a la espera. En un par de artículos publicados hace unos años yo me atrevía a pronosticar que el capitalismo echaría mano de esta sustitución masiva a partir del 2028 con una incertidumbre de 8.5 años arriba o abajo (fecha alrededor de la que se mueven las predicciones del cénit de los combustibles fósiles). Y que la inversión masiva en fuentes renovables podría evitar un colapso económico súbito (al menos del PIB, no necesariamente de la calidad de vida del 90% de la población) si se hacía a ritmos suficientes; y si no se hacía a tales ritmos, podría al menos amortiguar el declive y estabilizar la economía en niveles similares a los de 2014 o así. También contemplaba la posibilidad de un colapso rápido tras el cénit de los fósiles, pero sólo si el sistema era tan ciego como para no fomentar la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes renovables.

En 2016 la energía final era en un 30% electricidad, biocombustibles, residuos orgánicos, u otras renovables (IEA 2016). Se trataría de modificar los procesos que hoy consumen el 70% de la energía final en forma de derivados del petróleo, gas o carbón, para que pasen a consumir electricidad o biocombustibles. En García-Olivares (2015), discutí que  el transporte es muy dependiente del petróleo, pero que la industria es dependiente sobre todo de la electricidad, salvo en el sector petroquímico, donde el petróleo no se usa principalmente como fuente de energía sino como materia prima. Además, el gas, el carbón y el petróleo son utilizados en procesos que podrían ser fácilmente electrificados: calentar, reducir químicamente, y mover masas grandes o personas. Los procesos centrales y más complejos de todas las industrias son realizados sistemáticamente con electricidad, como no podía ser menos, tratándose de una fuente de exergía máxima.

Así pues, una electrificación relativamente rápida de muchos de los sectores, aun siendo complejo, no parece algo descabellado en una futura situación de declive de la producción energética fósil. El sector petroquímico sí que se vería obligado a reducir su tamaño hasta un 40% del actual, y la aviación debería reducirse también a una actividad 50% de la actual, por las limitaciones que tendría la producción de biocombustibles. Habrá que esperar a que se publiquen otros estudios sobre cómo sería una futura economía 100% renovable, pero los pocos publicados  contradicen esa expectativa que algunos dan por segura de que el declive de los combustibles fósiles provocará “el fin de la civilización industrial”. Si alguien predice un colapso económico e industrial rápido debería publicarlo en revistas científicas o técnicas donde todos los investigadores puedan revisar sus tesis, y también demostrar por qué las incertidumbres que tiene la transición no son tales incertidumbres y pueden ser sustituidas por afirmaciones como “casi ciertamente, ocurrirá esto”. Mientras tanto, aceptar como seguro algo tan incierto nos aísla de gente que percibe intuitivamente las incertidumbres asociadas al tema; y también de gente que no está dispuesta a luchar por un futuro pre-industrial, como comentaba lúcidamente Emilio Santiago Muiño (2019), pues hay servicios básicos para la calidad de vida que podrían ser proporcionados fácilmente por una futura industria renovable.

Muchos colapsistas presuponen, sin decirlo, que como la sociedad industrial ha sido construida en el marco de valores como el progreso, el crecimiento y la acumulación de capital, el rechazo de estos valores implica el rechazo de la sociedad industrial. Pero muchos creemos que es posible mantener una industria sofisticada y útil para la mayoría, basada esencialmente en electricidad renovable, sin mantener los valores citados.

Dada la controversia vigente, sería pues más coherente y positivo limitarse a mensajes de este tipo: “el cénit de los combustibles fósiles no se puede posponer eternamente; es probable que tenga lugar en pocas décadas, y provocará una importante crisis energética si para esa fecha no se han instalado fuentes renovables suficientes para compensar el declive, y no se ha reducido la demanda energética”.

Si el sistema consigue superar el cénit de los combustibles fósiles con una inversión masiva en capitalismo verde, es factible que el estancamiento económico que algunos colapsistas predecían para el pico del petróleo (o para el cénit de los combustibles fósiles) pueda retrasarse hasta la aparición de crisis ecológicas y climáticas graves o hasta que los principales metales industriales muestren rigidez en su oferta. Ese escenario podría ocurrir entre 2030 y 2050 (con el cénit de la extracción de fósforo), pero también podría retrasarse hasta las últimas décadas de este siglo sin que el capitalismo se encontrara con problemas irresolubles (si dentro del “capitalismo verde” se apostara crecientemente por la agricultura orgánica, por ejemplo). Dadas las grandes incertidumbres, un mensaje positivo y que se pueda sostener debería ser necesariamente genérico, del tipo: “Deberíamos aprovechar el fin de la era fósil para construir una forma de vivir sostenible, ecológica y de calidad, para todos; Las energías renovables y la disminución del consumo de recursos son la única solución a largo plazo al cénit de los combustibles fósiles y a la degradación ecológica; La energía renovable tiene un enorme potencial para democratizar el acceso a la energía y aumentar así la prosperidad y la autonomía de las capas más desfavorecidas; Los gobiernos deben apostar por las renovables,  por el decrecimiento del consumo, y por las cooperativas energéticas renovables; Los grandes sistemas de generación renovables y las redes eléctricas deben ser controladas públicamente y debe ser de propiedad nacional o municipal; El crecimiento debe estar supeditado a la sostenibilidad y al bien vivir”. En línea con estos mensajes, me parece importante establecer alianzas estratégicas no sólo con grupos que practican en la práctica el decrecimiento, sino también con cooperativas energéticas y de todo tipo, y con asociaciones que luchan en favor de la democracia energética, como la Fundación Rosa Luxemburg (Mueller 2017) y otras (Sweeney 2014).

El estado y el capitalismo van a colapsar debido al cénit de los combustibles fósiles

Yo no creo que el capitalismo se vaya a derrumbar necesariamente debido a problemas irresolubles con la producción energética, pues esos problemas parecen técnicamente resolubles. En cambio, no se puede decir lo mismo de la destrucción que está provocando sobre los ecosistemas, la diversidad, los suelos, el clima y las sociedades, problemas globales para los cuales no hay soluciones claras en la literatura científica que parezcan compatibles con la dinámica del crecimiento exponencial. Por ello, creo que el riesgo de colapso por la compulsión a depredar (la biosfera y la sociedad) que tiene el capitalismo es un problema muy superior al que tendrá el reto de la sustitución a renovables. Pero, de nuevo, predecir los tiempos concretos en que la fertilidad de los suelos, el suministro de agua, las abejas, o las cosechas, van a colapsar es muy aventurado; y la posibilidad de que se tomen medidas (o no) para evitar algunas de estas crisis, es algo completamente incierto.

Es posible que las futuras crisis ecológicas se superpongan con el cénit de los combustibles fósiles. Si es así, es de esperar una relentización del crecimiento que puede llevar a un aumento de la desafección social con el sistema y a crecientes movilizaciones en todo el mundo. Sin embargo, no hay ningún determinismo energético en el que podamos confiar para ahorrarnos el trabajo de acabar con un sistema capitalista inviable, pero que probablemente no se desactivará por sí mismo.

Las renovables no son escalables a escala global porque utilizan materiales escasos

Algunos paneles fotovoltaicos (FV) utilizan metales escasos como el indio, el arsénico, o la plata. Pero el 90% del mercado FV está dominado por paneles de silicio que no usan ningún material escaso salvo en sus metalizaciones, que en algunos casos son de plata, en otros de aluminio, y en otros de cobre y níquel. Dado que la plata no es imprescindible en las metalizaciones, si nos limitamos a usar paneles de ese tipo, no parece que la FV vaya a estar limitada por ningún material escaso.

Algo similar ocurre con la generación eólica. Los molinos que usan imanes permanentes con neodimio son hoy en día el 20% del mercado, con el 80% usando electroimanes en lugar de imanes permanentes. Un molino con electroimanes produce energía igual que uno con imanes de neodimio, sólo que es algo más voluminoso y tiene una caja de engranajes para aumentar la velocidad de rotación que llega al electroimán, eso es todo. Así que cuando el neodimio empiece a encarecerse, la industria tendrá que usar auto-inducción en lugar de imanes, y debería ser obligada a hacerlo por ley antes de que ello ocurra.

El mensaje correcto que en mi opinión habría que propagar es: “las tecnologías renovables más deseables desde el punto de vista de la sostenibilidad son las de baja tecnología, no las de alta tecnología”.

La TRE de las renovables es insuficiente para sostener una sociedad industrial

Se suele perder mucho tiempo también en las discusiones de nuestros grupos de opinión discutiendo sobre la tasa de retorno energético (TRE) de las renovables y sus valores, en comparación con los de los combustibles fósiles. Hall et al. (2014), estiman las TRE de la eólica y de la FV en alrededor de 20 y 9, respectivamente.  Raugei et al. (2017) dan un valor parecido para la TRE de la FV: 9-10 con los contornos convencionales que recomienda la IEA para su cálculo, y 8-9 con contornos extendidos. Koopelaar (2016) hace un meta-análisis de muchas publicaciones sobre el TRE de la FV, y da una media de 8.6 para la de silicio monocristalino (que es un 90% del mercado) y unos 9.3 para la de silicio poli-cristalino, aunque incluye los salarios de los obreros de todos los procesos. Si se sacara el coste de la mano de obra, que es algo defendible, pues dar de comer a la gente es parte de la energía disponible para la sociedad, subiría probablemente al entorno de 10, aunque habría que hacer el cálculo con detalle.

Es cierto que ahora mismo no tiene sentido hablar de renovables ni de su TRE sin un 90% de fuentes fósiles presentes (el 10% de la energía primaria mundial procede de biomasa residual, biocombustibles, hidroelectricidad y nuevas renovables); pero si se dejara de usar o se prohibiera el uso de fósiles, y se aumentara la producción de electricidad renovable, la industria, por necesidad y porque tecnológicamente se sabe hacer, tendría que dejar de producir alta y media temperatura con gas, y pasaría a utilizar exclusivamente electricidad, hornos de arco, etc.; dejaría de reducir los metales con carbón y usaría hidrógeno (que es un reductor más eficiente, por cierto); habría un aumento del transporte con medios eléctricos (y pueden ser trenes, no necesariamente coches privados) en sustitución de los vehículos de gasolina y gasoil; y la gente que quisiera calefacción tendría que recurrir a bombas de calor de aire, de agua, o geotérmicas.

Es una “pescadilla que se muerde la cola”: cuando el 80% de la producción energética sea electricidad, la fabricación de cualquier cosa dependerá en un 80% de la producción renovable; ahora es a la inversa. La transición a una economía renovable será un problema irresoluble si se hace de cualquier manera, por ejemplo, usando baterías de litio masivamente para coches privados y para regulación de la intermitencia, pero no es irresoluble si se usan renovables basadas en materiales abundantes (baterías de flujo; limitación por ley de las baterías de níquel y de litio; fotovoltaica vulgar de silicio sin metalizaciones de plata; molinos y motores eléctricos con electroimanes, no con imanes permanentes, aunque pesen un 30% más, etc.) y sistemas de respaldo diversificados (gravitatorios, sales fundidas, hidroeléctricas reversibles, electricidad-a-gas, y baterías sin litio). Estamos presuponiendo con demasiada frecuencia en nuestros grupos que la transición a renovable es imposible, así en general, cuando si se lee toda la discusión científica actual sobre el tema, la conclusión a la que se llega es que hay maneras de hacer la transición que son imposibles, otras que son muy arriesgadas de intentar, y otras que parecen factibles, pero requieren cambiar infraestructuras de producción, interconexión, hábitos de consumo, y hábitos de transporte.

Un reciente artículo de Raugei (2019) muestra que la TRE del petróleo en los puntos de uso de la economía (no en los puntos de producción, que es donde se suele cuantificar) nunca ha sido muy superior a 10, debido a la necesidad de refinarlo y transportarlo antes de consumirlo, y en la actualidad está entre 6 y 10. Un valor que es probablemente parecido al que tendría un sistema 100% renovable y electrificado con back-up de la intermitencia. Por tanto, se debería poder hacer actividades económicas similares con ambos sistemas, siempre que no insistamos en la economía de crecimiento exponencial indefinido. El tema del crecimiento y su fin no suele ser mencionado en la mayoría de los artículos que hablan de la transición renovable, quizás para evitar una reacción institucional contraria a la propuesta. Sólo unos pocos autores (entre los que me incluyo) mencionan el tema, pero en la mayoría de los estudios parece claro (aunque implícito) que un sistema 100% renovable se está pensando como complemento de un sistema de “economía circular” que recicle los metales y materiales que utiliza, dado el tamaño finito de las reservas planetarias de materiales. Un sistema de tal tipo no casa nada bien con el crecimiento exponencial indefinido, y esto es algo que creo está implícito en la mayoría de tales propuestas.

Las renovables nunca proporcionarán ni el 30% de la energía que proporcionan los combustibles fósiles

Esta afirmación se formula a veces como: “La termodinámica dice que las renovables sólo podrán proporcionar un tercio de la energía que actualmente nos proporcionan los fósiles”. Recordemos que la termodinámica no afirma nada sobre los potenciales renovables ni sobre su demanda de materiales escasos.

De Castro et al. (2013) da los valores más pesimistas de potencial solar de la literatura, 2-4 TWa/a. Sin embargo, la mayoría de los autores dan potenciales solares de cientos de TWa/a. Deng (2015) da también 126 TWa/a como disponibles, pero sólo 17 TWa/a si se eliminan los suelos que tienen pendientes altas, son de difícil acceso, están protegidos o tienen otros usos. Esta aproximación parece bastante realista como escenario a corto plazo y el estudio es exhaustivo. En una publicación propia (García-Olivares 2016) calculé que el uso de un 5-10% de todos los desiertos mundiales para centrales solares (FV y termosolar) permitiría obtener unos 5-10 TWa/a de electricidad. Si nos quedamos en posibles transiciones renovables a escala nacional, un potencial solar tan bajo como 2-4 TWa/a es verosímil, pues una gran parte del suelo en muchos países está ya siendo utilizado por la agricultura. Pero si permitimos la interconexión eléctrica y colaboración entre países, a escala europea o continental, los potenciales solares más verosímiles pueden estar alrededor de 17 TWa/a o algo más.

De Castro et al. 2011) dan también la estimación más pesimista de la literatura para el potencial eólico global: 1 TWa/a.  Miller (2011) estima unos 68 TWa/a; Hossain (2014) estima 95 TWa/a; Eurek et al. (2017) estima 100 TWa/a;  Deng (2015) estima 27 TWa/a como disponibles, pero sólo 7 TWa/a si se eliminan regiones poco accesibles, de baja calidad de viento o protegidas. Una publicación propia (García-Olivares, 2016) estimaba 9-18 TWa/a para dos escenarios de baja y media ocupación de continentes y plataformas continentales, respectivamente.

Una estimación del potencial solar mundial de unos 17 TWa/a o algo mayor y para el potencial eólico de unos 7-9 TWa/a o algo mayor, las podríamos considerar como probables, en el sentido de centradas dentro del amplio rango de estimaciones, pero la controversia sigue abierta. La suma de estas cantidades es superior a la energía demandada actualmente por la economía mundial (12.7 TWa/a de energía final en 2016, según IEA 2016), así que el estado de la discusión científica sobre los potenciales no permite ser ni demasiado taxativos ni demasiado pesimistas sobre el posible suministro renovable futuro.

Según Bogdanov et al. (2018), una economía 100% renovable de servicios similares a los actuales es posible en Europa y en el mundo, pero requiere una interconexión eléctrica de escala continental, que permita compensar la intermitencia de las renovables locales con ayuda de una cantidad de respaldo del orden del 20% del consumo energético. La interconexión permitiría, además, que la mayoría de las centrales eólicas se construyeran en zonas de vientos intensos, como los “westerlies” o vientos permanentes del oeste. En el caso europeo, serían las zonas costeras y plataformas continentales de latitudes entre Calais y Noruega, o sea todo el Mar del Norte, un mar superficial muy extenso pero de sólo unos 200 m de profundidad, que es especialmente adecuado para instalar eólica marina “flotante” (anclada al fondo) masivamente. De ese modo, no se usarían lugares mediocres en cada país, sino sólo los mejores lugares de cada país y un 5-10% del Mar del Norte. La idea es similar para la fotovoltaica y termosolar, no instalarlas masivamente (a escala de parques) en los países del norte sino en los del sur de Europa, siempre con interconexión, así se aprovechan las zonas áridas y soleadas del sur de Europa (tipo Los Monegros, La Mancha, Desiertos de Almería y Granada, Accona en Italia, etc.), que no interfieren con la agricultura, e incluso se pueden llegar a acuerdos de compra de electricidad con los países del Magreb. Intentar una transición renovable a nivel nacional sería muchísimo más difícil según distintos estudios y, para este escenario, sí sería probablemente cierto el enunciado de este apartado. El modelo eléctrico utilizado por el grupo de Bogdanov (dirigido por Christian Breyer) es un modelo de regulación de la frecuencia a escala horaria, esto es, utiliza más de dos millones de datos de entrada para representar la intermitencia real, hora a hora, que tendría la producción renovable en todos los países de Europa para las 8760 horas del año, y regula hora a hora los desbalances entre demanda y producción eléctrica con la interconexión y varios sistemas de respaldo. En este sentido, es un modelo muy cercano a los que utilizan los operadores de la red eléctrica de cada país, y es mucho más realista que todos los argumentos semi-cualitativos que se suelen utilizar para discutir la intermitencia renovable en los foros de Internet.

El despliegue de un sistema global interconectado podría verse limitado a una producción renovable de unos 12 TWa/a según nuestra publicación (García-Olivares et al. 2012). Esta afirmación yo la consideraba probable en el momento de su publicación. Hoy mi información es mayor y considero que si se probaran motores y generadores de alta potencia de aluminio que fueran eficaces, las reservas de cobre dejarían de ser un cuello de botella, pues el aluminio es mucho más abundante que el cobre. Esta clase de motores funcionan ya para potencias bajas y medias. De modo que sigo pensando que una economía basada en esa producción es un techo plausible para un futuro 100% renovable, pero no me atrevo a afirmarlo con seguridad.

La instalación de toda la infraestructura que requeriría un sistema 100% renovable viable sería una fuente de beneficios, sin duda, para las eléctricas, las constructoras y el capitalismo verde. Deberíamos movilizarnos para presionar a los gobiernos a que favorezcan la construcción de molinos y campos solares municipales en régimen de cooperativa, para evitar el control exclusivo de este sector estratégico por los grandes monopolios (en Dinamarca, por ejemplo, un porcentaje muy alto, creo que casi del 50% de la eólica instalada hace unos años era de cooperativas). Pero siempre he pensado que oponerse a los planes masivos de interconexión es un error estratégico; el negocio BAU del capitalismo verde puede ser un buen “compañero de viaje” político en la transición fuera del capitalismo, pues si consiguiéramos en algún momento futuro desactivar el capitalismo (y crisis económicas las habrá en el futuro para movilizarse en esta línea), lo único que habría que hacer con toda la infraestructura renovable masiva y sus interconexiones sería nacionalizarla (o municipalizarla) en su totalidad. De este modo, se convertiría en un instrumento enormemente potente complementario de la generación distribuida de las cooperativas en un futuro post-capitalista.

Una flota de coches eléctricos del tamaño de la actual nunca será posible

Una afirmación como esta es plausible. Los coches eléctricos tienen precios el doble de caros que los convencionales; más de la mitad de sus baterías usan litio, un material escaso, y el poder adquisitivo de la población es probable que descienda en las próximas décadas.

Sin embargo, las incertidumbres de la evolución del parque de coches son muy grandes, y no merece la pena que nos juguemos una vez más la credibilidad haciendo predicciones demasiado tajantes. Bloomberg, por ejemplo, predice que en 8 años los coches eléctricos tendrán un precio similar a los convencionales. No sabemos si las baterías, el coste principal de un coche eléctrico, siempre serán caras. Los precios de las baterías han bajado un 14-17% por cada duplicación de su número en las últimas décadas y podrían seguir haciéndolo. Además, hay varias tecnologías de batería actualmente en desarrollo que no usan materiales escasos y que podrían convertirse en unos 15 o 20 años en baterías comercializables para vehículos (baterías de flujo, de zinc-aire, de aluminio-aire, y otras).

Aunque no sería deseable un parque de coches eléctricos tan grande como el actual parque móvil, podríamos acabar teniéndolo. Las baterías más utilizadas actualmente son las de litio (Li) y las Zebra con níquel (Ni). Si el actual parque de coches se acabara sustituyendo con coches eléctricos la mitad de ellos con baterías de Li y la mitad con baterías de Ni, se tendrían que utilizar el 33% y el 48%, respectivamente, de las actuales reservas de Li and Ni (García-Olivares et al. 2018). Esto sería arriesgado y encarecería mucho el precio de esos metales, pero no es algo imposible a priori, sólo indeseable para un futuro transporte de calidad.

La afirmación que encabeza este apartado puede ser tan probablemente cierta como falsa y es muy imprudente cargar las tintas sobre ella. Más prudente sería afirmar que: “la necesaria reestructuración del transporte debería apostar por un transporte de calidad, principalmente público, basado en trenes, y complementado en las ciudades por autobuses eléctricos, bicicletas eléctricas, y un número limitado de vehículos eléctricos compartidos”.

Referencias

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