La Alternativa al Capitalismo Según Chomsky

En 2014 Noam Chomsky fue entrevistado dentro de una serie de conversaciones de la antología audiovisual The Brainwaves Video Anthology, un proyecto de archivo histórico que entrevistó a grandes pensadores del siglo XXI sobre el futuro de la sociedad, la educación y la política. [1] La entrevista fue publicada formalmente en plataformas digitales y canales especializados en filosofía a principios de febrero de 2015. [1, 2]

Un fragmento de esa entrevista, que muestra su visión sobre la alternativa al capitalismo, puede verse en el enlace siguiente, recogido en el canal Chomsky’s Philosophy, de Youtube:

Noam Chomsky: La alternativa al capitalismo – YouTube

Esta es la transcripción de los comentarios de Chomsky:

«Bueno, en primer lugar, debemos tener en cuenta que no tenemos un sistema capitalista —y ningún sistema capitalista ha logrado sobrevivir jamás, pues se autodestruiría en cinco minutos—; lo que tenemos, más bien, es una especie de sistema de capitalismo de Estado, en el que el Estado desempeña un papel sustancial en la historia de Estados Unidos, así como un papel muy importante en el desarrollo económico, la producción, investigación y desarrollo, …, muchos otros rescates y muchos otros mecanismos para mantener viable al sector privado.

Así que es una especie de sistema de capitalismo de Estado, como otros; varían un poco en la forma en que lo llevan a cabo.

¿Existe alguna alternativa a esto? Por supuesto; por ejemplo, aquella que los trabajadores del siglo XIX daban por sentada, antes de que una propaganda masiva se encargara de borrarla de la mente de la gente. Si nos remontamos a los inicios de la Revolución Industrial —precisamente aquí, en el este de Massachusetts—, vemos que fue una época en la que Estados Unidos gozó probablemente de la prensa más libre de su historia; había muchísimos periódicos que representaban a diversos grupos étnicos y clases sociales.

Había una gran participación —participación directa— de los trabajadores y de todo tipo de personas; era una prensa muy dinámica, ampliamente leída, etcétera. Y si observamos la prensa obrera, vemos que expresaba el sentir común de los trabajadores: que quienes laboraban en las fábricas debían ser sus dueños y gestionarlas. Es algo muy natural y, como digo, estuvimos cerca de lograrlo en varias ocasiones, algo que aterrorizaba a los propietarios privados.

También sostenían que el trabajo asalariado no difería esencialmente de la esclavitud —salvo por su carácter temporal—; era una idea tan popular que incluso el Partido Republicano la adoptó, y el propio Abraham Lincoln la defendió.

Y tiene sentido: no hay nada sagrado en el trabajo asalariado; uno se alquila a sí mismo, lo cual no es muy distinto de ser esclavo, salvo que se trata de un alquiler por tiempo limitado.

Bueno, esas son alternativas: la autogestión, el control democrático de las instituciones —ya sean comunidades, lugares de trabajo o cualquier otro tipo—, las alianzas entre ellas, los acuerdos federales… Todas estas son alternativas perfectamente viables; no existe ninguna teoría económica o política que indique que hay algo malo en ellas. Simplemente entran en conflicto con la estructura de los sistemas de poder existentes y, por eso, el sistema educativo y cultural intenta borrarlas de nuestra mente, haciéndolas parecer una locura o algo impensable. Pero no tienen nada de impensable, y es posible avanzar hacia ellas en la práctica. De hecho, incluso en Estados Unidos —donde apenas se debate sobre estos temas—, probablemente existan miles de empresas autogestionadas; no son gigantescas, pero hay muchas y están creciendo. Como ya mencioné, podrían alcanzar una escala suficiente para producir, por ejemplo, tecnologías verdes o trenes de alta velocidad, cosas que el país necesita urgentemente. No es una ley natural que debamos importar tecnología solar de China —un país en desarrollo— o adquirir infraestructura ferroviaria de alta velocidad a España; no son leyes naturales, sino decisiones políticas —decisiones socioeconómicas y políticas— que pueden tomarse de otra manera. Si se toman de forma suficientemente distinta, avanzaremos hacia una sociedad de corte anarquista.»

Hasta aquí Chomsky.

En un artículo que publiqué hace años, defiendo esa misma vía hacia una sociedad post-capitalista, basada en cooperativas y autogestión. Este enlace contiene un resumen de dicho artículo: Energía renovable, fin del crecimiento y post-capitalismo. En esta otra entrada enlazo el video de una presentación donde resumía las ideas del artículo: Crisis ambientales, fin del crecimiento y futuro del capitalismo. En este estudio sugiero un posible escenario de transición post-capitalista que evitaría el riesgo de un sistema neofeudal basado en una economía oligopólica de corporaciones en alianza con los estados.

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