El anticapitalismo democrático contemporáneo

Con este artículo finalizamos el análisis histórico del anticapitalismo democrático que iniciamos en El anticapitalismo democrático (I): De los primeros socialistas a Rosa Luxemburgo y continuamos en El anti-capitalismo democrático durante el siglo XX.

El marxismo analítico

Esta escuela fue fundada en la década de los 80 por J. Roemer, J. Elster, G. A. Cohén y E. O. Wright con el objetivo de aclarar sistemáticamente los conceptos marxistas básicos, eliminar todo lo que sean dogmas, y reconstruir los conceptos fundamentales en una estructura teórica más coherente, mediante el uso de la lógica, la matemática y la construcción de modelos.  Michael A. Lebowitz (https://kmarx.wordpress.com/2018/05/20/es-marxismo-el-marxismo-analitico/ ) considera que esta escuela no es propiamente marxista, porque defienden que se puede concebir una economía socialista que incluya formas de “explotación justa”, algo que para él no está de acuerdo con la filosofía de Marx. Lebowitz cita también al propio Roemer, quien tras considerar superados los conceptos principales del marxismo, afirma que “no está del todo clara”: “las líneas que separan el marxismo analítico contemporáneo y la filosofía política izquierdista-liberal contemporánea” (como podría ser la filosofía política de Rawls, basada en el concepto de justicia). En mi opinión es secundario si estos autores deben ser llamados marxistas o no; sí es cierto que la fuente de inspiración de muchas de sus ideas es Marx. Según Lebowitz, los marxistas analíticos caen a veces en presupuestos neoclásicos refutados por la antropología, como el de que los intereses y las decisiones racionales de los individuos son anteriores a las sociedades, cuando es a la inversa, son ideologías emergentes de la estructura social, a la que los individuos pueden (o no) adscribirse. Ernest Mandel criticó los prejuicios liberales y formalistas que se esconden a veces en los modelos del marxistas analíticos en su propuesta alternativa del determinismo paramétrico. En descargo de los analíticos, podemos decir que si no estamos estudiando la génesis histórica de una cosmovisión y unos intereses, podemos limitarnos a modelar cómo tales intereses hacen interaccionar a los sujetos, una vez institucionalizados y regulados legalmente como un conjunto de “reglas del juego” microsociales; y tal estudio es útil sociológicamente.

Por otra parte, los marxistas analíticos usan modelos matemáticos que admiten la inclusión de muchos de los supuestos marxistas, incluidos los que cita Mandel, y que pueden ser muy útiles para estudiar la dinámica social. Por ejemplo, la teoría de juegos, basada en la obra de Mancur Olson en The Logic of Collective Action. Los autores de esta escuela tratan de representar matemáticamente los mecanismos que relacionan las dinámicas de nivel macrosocial y microsocial (o de prácticas y decisiones individuales y de grupos pequeños). Este problema quedó irresuelto tanto por Marx como por la propia teoría sociológica, que sólo muy recientemente está tratando de abordar este problema (Modelos Complejos en Ciencias Naturales y Sociales). Sin duda, sustituir explicaciones teleológicas por mecanismos expresables matemáticamente es una buena práctica científica.

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También es convincente el argumento de Roemer (1986) de que el modo de producción capitalista surge, esencialmente, de una distribución inicial de propiedad muy desigual, que permite a los grandes propietarios comprar medios de producción y comprar luego fuerza de trabajo; mientras que la mayoría sin propiedades, sólo puede vender su fuerza de trabajo. Basta esa desigualdad inicial y leyes que fomenten y protejan los mercados laboral, de mercancías, y financiero, para que se pueda generar un modo de producción capitalista. También parece convincente su “concepto moderno” de explotación como “una injusticia en la distribución del ingreso resultante de una distribución injusta de las dotaciones”. En suma, la explotación es simplemente desigualdad: “las consecuencias distributivas de una desigualdad injusta en la distribución de activos y recursos productivos”

También es digna de ser discutida la afirmación de Elster de que juzgamos injusta la explotación porque “a lo largo de la historia ha tenido casi siempre un origen causal totalmente sucio, en la violencia, la coerción o la desigualdad de oportunidades”. Pero “¿qué ocurriría si hubiera un “camino limpio” hacia la acumulación? (…) ¿Qué pasa si algunas personas optan por ahorrar e invertir en lugar de consumir (formando así un acervo de capital)? “¿Podría alguien objetar si estas personas inducen a otras a trabajar para ellas ofreciéndoles un salario superior al que podrían ganar en otra parte?” Efectivamente, en ese escenario hipotético de Elster, muchos socialistas podrían estar de acuerdo con el punto de vista liberal, pues ambos pueden aceptar la desigualdad así surgida, siempre que proceda de una igualdad real de oportunidades. Lo único que un socialista añadiría probablemente es que la propiedad así generada durante tu propia vida no tienes derecho a transmitírsela a ninguna otra persona, sino que pasaría a un fondo colectivo administrado por el Estado, y destinado a repartirse por igual entre los nacidos. En una sociedad igualitarista, toda propiedad debe surgir del propio esfuerzo laboral o empresarial, no de la herencia. De este modo, cada miembro de una generación partiría con idénticas propiedades que cualquier otro (García-Olivares 2014). Otros socialistas,  de personalidad menos liberal, no estarían de acuerdo con Elster en que “la explotación no es un concepto moral fundamental”, y argumentarían que debemos buscar una sociedad en la que ningún ser humano pueda contratar a otro, que toda empresa debiera ser cooperativa, etc. Pero no está claro que esto sea tan ideal; podría argumentarse que permitir la iniciativa empresarial privada da dinamismo y adaptabilidad a la sociedad, y que además de la estricta igualdad de propiedad inicial, se podrían imponer por ley otras medidas favorables a la igualdad, como límites a los salarios máximos y mínimos que un propietario privado podría tener en su empresa. Si se quisieran evitar la aparición de grandes millonarios, se podría simplemente utilizar un impuesto sobre el patrimonio muy progresivo, como el utilizado después de la II Guerra Mundial en muchos países occidentales. Esto alejaría las propuestas de los marxistas analíticos del liberalismo clásico y las acercaría a la renovación del socialismo socialdemócrata de Piketty, que comentaremos luego. Incluso así, la duda que surge es si mantener conceptos como explotación y trabajo, que han surgido en el marco de una economía capitalista, no socavará a cualquier sociedad que los use, aunque pretenda ser mucho más igualitaria que el capitalismo que conocemos. Eso es lo que sugiere precisamente Kurz y su escuela.

Robert Kurz (1943-2012) y el fetiche del trabajo

Kurz coincide con Postone en que replantear la crítica del capitalismo exige centrar el análisis en las categorías básicas de la crítica de la economía política marxiana: el valor, el trabajo, la mercancía y el dinero; ambos autores argumentan que dichas categorías no son consustanciales a toda formación social ni están inscritas en la constitución antropológica del ser humano, sino que constituyen un rasgo específico y definitorio del capitalismo.

El dinero y el trabajo, incluso ocasionalmente la mercancía, ya existían antes del desarrollo de la sociedad capitalista, pero sus funciones sociales eran otras muy distintas a las que asumen en el capitalismo, tal como lo analizó Polanyi en La Gran Transformación. La especificidad del capitalismo como sociedad productora de mercancías es que en él estas categorías constituyen la totalidad de la vida social, las formas de conciencia y de praxis social, convirtiéndose en una especie de “a priori trascendental” (Maiso y Maura, 2014). A estas categorías, Marx las denominó de hecho «formas de ser» y «determinaciones de la existencia» del sujeto humano bajo el capitalismo.

Kurz sostiene que ni los intereses personales de los capitalistas, ni el crecimiento económico, ni el desarrollo de las fuerzas productivas constituyen lo esencial del capitalismo. La esencia del capitalismo sería que el capital y el trabajo, como «valor que se autovaloriza a sí mismo», pasa a ser el «sujeto automático» (Marx) del proceso social, convirtiendo a los sujetos vivientes –como productores, vendedores y compradores de mercancías– en sus agentes inconscientes. El capitalismo, utilizando los conceptos de valor, trabajo, mercancía y dinero, sometería a los seres humanos, y hasta a la propia estructura social clasista, a los imperativos de la economía como una esfera separada y autónoma, que se ha desgajado del resto de actividades sociales y se ha convertido en instancia reguladora de todos los ámbitos de la existencia.

Como afirma el Manifiesto contra el trabajo (Grupo Krisis, 1999): “Desde la perspectiva del trabajo, el contenido cualitativo de la producción cuenta tan poco como desde la perspectiva del capital. Lo que interesa es únicamente la posibilidad de vender óptimamente la fuerza de trabajo. No se persigue la determinación común del sentido y fin del propio quehacer. Si alguna vez se tuvo la esperanza de que tal determinación autónoma de la producción se podía hacer real en las formas del sistema de producción de mercancías, la «mano de obra» se ha quitado ya hace tiempo tal ilusión de la cabeza. De lo único de lo que se trata ya es de «puestos de trabajo», de «ocupación»; los propios conceptos demuestran ya el carácter de fin en sí mismo de todo el montaje y la falta de poder de decisión para los partícipes. Qué, para qué y con qué consecuencias se produce le importa tan poco al vendedor de la mercancía fuerza de trabajo, en última instancia, como al comprador. Los obreros de las centrales atómicas y de las fábricas químicas cuando más airadamente protestan es cuando se habla de desactivar sus bombas de relojería. Y los «empleados» de Volkswagen, Ford o Toyota son los más fanáticos partidarios de los programas de suicidio automovilístico. Y no meramente porque se tengan que vender obligatoriamente para que se les «permita» vivir, sino porque se identifican ciertamente con esta existencia estúpida. Para sociólogos, sindicalistas, sacerdotes y otros teólogos profesionales de la «cuestión social», todo esto sirve de demostración del valor ético-moral del trabajo. El trabajo forma la personalidad, dicen. Tienen razón. La personalidad de zombis de la producción de mercancías que no son capaces ya de imaginarse una vida fuera de su “rueda de hámster” tan amada, para la que se preparan cada día.”

reloj y trabajo

Kurz señala que con la tercera revolución industrial (la microelectrónica) el capitalismo habría alcanzado un límite interno debido a que la automatización es tan veloz que el ahorro de fuerza de trabajo productora no puede ser compensada con la incorporación de nuevos consumidores globales. De modo que la tasa de beneficio tiende a caer. A esto respondería la propia evolución hacia la globalización y la financiarización de la economía: «A la huida del capital hacia “afuera”, hacia los mercados mundiales, se corresponde la huida hacia “arriba”, hacia los mercados financieros separados del proceso de producción real». El predominio de la economía financiera en las últimas décadas no habría sido una aberración del sistema que estuvo a punto de arruinar la “sana economía real”, sino que la anticipación de ganancias futuras mediante el crédito habría permitido compensar las crecientes dificultades de valoración (conversión en dinero) de lo producido en el presente.

Como afirma el Manifiesto contra el trabajo (Grupo Krisis, 1999): “Los «especuladores malos», eso se dice con más o menos pánico, quieren destrozar toda la hermosa sociedad del trabajo, porque se juegan, por pasárselo bien, todo el «buen dinero», del que «hay suficiente», en vez de invertir, de manera aplicada y respetable, en maravillosos «puestos de trabajo», con los que se pueda seguir dando «pleno empleo» a una humanidad de parias locos por trabajar. Sencillamente no les entra en las cabezas que no es la especulación, ni mucho menos, la que ha paralizado las inversiones reales, sino que éstas han dejado de ser rentables desde la tercera revolución industrial y que los movimientos especulativos son sólo su síntoma. En vez de comprender que todos nosotros nos estamos volviendo inevitablemente no-rentables y que, en consecuencia, lo que hay que atacar, en tanto que obsoleto, es el criterio de la rentabilidad, junto con sus fundamentos de la sociedad del trabajo, se prefiere demonizar a «los especuladores»; tanto ultraderechistas como autónomos, probos funcionarios sindicales y nostálgicos keynesianos, teólogos sociales y tertulianos insignes y, en general, todos los apóstoles del «trabajo honrado» cultivan unánimemente esta imagen barata del enemigo.

El crédito valoriza las mercancías producidas hoy, para las cuales no hay demanda suficiente, mediante un préstamo que hipotéticamente pagará el crecimiento futuro de la demanda. Si la confianza en la continuación del crecimiento declina, el resultado inmediato será una crisis financiera. Este escenario de crisis financieras es el que nos aguarda en el futuro próximo, y no constituiría una transición hacia un nuevo modelo de acumulación, sino la entrada en un periodo de declive del sistema capitalista. Pero las fórmulas de lucha del pasado no sirven en esta nueva fase del capitalismo. La caza del especulador, o las hipotéticas insurrecciones populares que se pudieran producir en el futuro favorables a la vuelta de un modelo keynesiano, serían para Kurz formas de «anticapitalismo reaccionario», o «movilización de ciegos sentimientos de odio e impotencia». La lógica de la valoración se ha impuesto en todas las esferas de la vida, y no podemos esperar que ningún sujeto pueda subvertirla (Maiso y Maura, 2014). Esto conduce al diagnóstico de Anselm Jappe, colaborador de Kurz: «Abandonado a su propio dinamismo, el capitalismo no conduce al socialismo, sino a las ruinas. Si fuese capaz de tener intenciones, se le podría suponer la de ser la última palabra de la humanidad». El capitalismo moriría así por colapso: desestabilización climática, destrucción de los ecosistemas, derribo del estado social, precarización del trabajo, empobrecimiento de las clases medias, desempleo masivo, crecimiento de población “superflua” que ya no puede ser integrada, nihilismo e insolidaridad generalizados, y estrategias individualistas de supervivencia. Así, mientras el lema de Rosa Luxemburgo a principios del siglo XX fue “socialismo o barbarie”, el de Kurz de principios del siglo XXI sería “capitalismo y barbarie”.

Obsérvese que en esta perspectiva de Kurz y el grupo Krisis, la crisis del capitalismo contemporáneo no deriva principalmente de la rigidez de los precios del petróleo y de la dificultad que esto provoca en la acumulación ampliada de capital. Esta teoría la discutiremos en otro artículo cuando hablemos del decrecentismo y el límite de los recursos. La crisis derivaría principalmente de la contracción de la masa salarial, producto de la automatización. Mientras siga habiendo algo de competencia de mercado, aunque sea limitada y oligopólica, la disminución de la masa salarial (respecto a la plusvalía extraída por los capitalistas) disminuye la valorización de las mercancías producidas, que no pueden ser absorbidas por la demanda agregada en contracción. En estas circunstancias, el que hubiera oferta de energía ilimitada y flexible no haría ninguna diferencia. Sin duda que una oferta limitada y rígida de petróleo puede destruir  a corto plazo los sectores económicos particulares más dependientes de esta materia prima energética; pero este efecto, se añadiría a la tendencia general hacia la crisis de sobreproducción (o sub-demanda) causada por la automatización en todos los sectores.

En mi opinión, la única esperanza que nos quedaría es que, en el contexto de la profunda descomposición social y ecológica que nos aguarda, los valores y conceptos asociados al funcionamiento capitalista pierdan todo sentido. Ello, en lugar de dar paso a un absoluto nihilismo como teme Kurz, podría dejar la vía libre a valores y prácticas ajenos a la lógica de la mercancía, prácticas que ahora mismo están siendo ensayadas en centros de nucleación, nichos o intersticios del sistema (García-Olivares y Solé, 2014). Cabe la esperanza de que, llevada por su instinto de supervivencia, la gente experimente con esas propuestas post-capitalistas antes de que todas las instituciones sociales colapsen.

El Autonomismo de Negri y Hardt

El planteamiento autonomista, que tuvo mucho predicamento a fines de los noventa y principios de los años dos mil, fue otro de los intentos de encontrar alternativas a las debacles totalitarias del siglo pasado: Cambiar el mundo sin tomar el poder de Holloway, o Multitud de Hardt y Negri. Estos análisis se acercan a posturas anarquistas cuando ponen en duda la necesidad de centrarse en la toma del poder, el partido de masas, o la gestión del Estado post-revolucionario.

Este planteamiento parte de la experiencia del Global Action Day (30 de noviembre de 1999). Aquel día, se manifestaron en Seattle colectivos muy heterogéneos procedentes de una gran cantidad de países distintos y sembraron el caos en la cumbre de la OMC y en toda la ciudad, que quedó saturada por la multitud, y las fuerzas policiales desbordadas. Se trataba de grupos de anarquistas, ecologistas, religiosos, comunistas, agricultores, e incluso personas sin adscripción política que se sumaron a la causa, que luego fue llamada “Movimiento Antiglobalización”. Como afirma Straehle (2013): “Esa jornada evidenció que las nuevas luchas ya no iban a poder reducirse al atávico maniqueísmo que propició una guerra de bloques. Además, al contrario que en el 11 S, esta fecha dejó claro que la historia no solamente consiste en un asunto de política exterior, de geopolítica o de relaciones internacionales; a partir de ese momento los distintos gobiernos debían prestar mayor atención a una política interior que cada vez lo es menos merced a las consecuencias y externalidades que los propios promotores de la globalización causaron (…) entonces se reveló con claridad que la presunta victoria incontestable [del sistema] en el ámbito de las ideas no era más que un ingenuo espejismo (…) la presunta victoria ideológica del capitalismo liberal quedaba completamente en entredicho. ¿Qué ideología era capaz de concitar la oposición de un abanico tan diverso de posturas, muchas de ellas tradicionalmente enfrentadas entre sí?”

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Global Action Day, Seattle, 1999

Hardt y Negri (2004) detectan un nuevo sujeto colectivo en esta forma de converger grupos heterogéneos en un mismo lugar y de forma sincronizada, hacia un objetivo común. La estructura es completamente horizontal, y nadie representa al colectivo ni habla en nombre de todos.

A largo plazo, el cambio tecnológico, al igual que los cambios ecológicos, pueden producir una erosión gradual de los flujos que definen el hiper-ciclo de automantenimiento de un sistema económico, así como facilitar la aparición de centros de nucleación de nuevas prácticas económicas en nichos locales (García-Olivares y Esteban, 1989; García-Olivares 2019). En particular, Castells (2012) ha subrayado la capacidad que tienen las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC) para empoderar a las comunidades en relación con los grandes propietarios. Esta capacidad deriva de que la generación de redes o “ciudades virtuales” a través de Internet es capaz de crear colectivos que realizan prácticas económicas (generadoras de servicios) y políticas (persecución sincronizada de intereses compartidos) sin que los grandes propietarios puedan adquirir la propiedad y el control de esas prácticas. En este sentido, Hardt y Negri (2004) están de acuerdo con que la “revolución de la información (…) provee nuevos espacios de libertad”. Estas capacidades creativas y heterogéneas de la multitud quiebran, según estos autores, la capacidad de los procesos capitalistas de aislar y explotar.

Una debilidad del planteamiento de Hardt y Negri (2004) es que describe la multitud como asentada en el capitalismo cognitivo y en el trabajo inmaterial (lo que algunos autores han denominado el posfordismo), con lo cual esta nueva forma de movilización política excluiría a los movimientos políticos no pertenecientes al llamado Primer Mundo. Otra debilidad es su exceso de optimismo. La limitación más importante de la multitud probablemente consista en que frecuentemente se queda encerrada en una política de mínimos, “la de un irrebasable denominador común, dado que la falta de homogeneidad interna impide que un proyecto más ambicioso o extenso pueda ser llevado a cabo por elementos tan dispares” (Straehle, 2013). En consecuencia, se podría hablar de una forma de movilización muy poderosa en la protesta inesperada, pero no en la presión sistemática. De hecho, Hardt y Negri no explican cómo una multitud surgida de las TIC puede operar exitosamente en presencia de un Estado que se arroga el monopolio de la violencia legítima, y que no duda en emplearla cuando lo cree necesario.

Seattle y Génova no lograron frenar la ofensiva neoliberal, la Primavera Árabe no ha servido para constituir verdaderas democracias; la revolución islandesa no consiguió perturbar la dinámica de los partidos políticos clásicos; el movimiento 15-M en España no impidió que la derecha española continuara con la corrupción y los éxitos electorales en los años siguientes, y el Régimen político parece imposible de reformar por Podemos, el partido surgido de aquella movilización. También en Argentina y otras áreas geográficas, las estrategias de movilización autónoma de la mayoría sin liderazgo desde arriba condujo a movilizaciones tipo 15-M que se auto disolvieron sin concretarse en nada palpable al final de su ciclo. De modo que, al menos a a corto plazo, estos nuevos sujetos colectivos no parecen conducir a cambios estructurales del sistema.

Chantal Mouffe y Ernesto Laclau

Para Mouffe y Laclau, el desafío de la izquierda es encontrar la manera de articular las reivindicaciones de los nuevos movimientos sociales (feministas, antirracistas, homosexuales, ecologistas) con las reivindicaciones formuladas en términos de clase.

Para Mouffe, el espacio de lo político no es ni el espacio de la economía ni el de la ética. Lo político no es un espacio de agregación de voluntades ni un espacio de deliberación racional.  Ni el individualismo ni el racionalismo pueden captar la naturaleza de lo político. La creencia en la posibilidad de una reconciliación final gracias a la razón (en la que creyeron tanto los ilustrados como la política de la deliberación de Habermas) ignora el hecho del antagonismo. El individualismo ignora el hecho de que los sujetos políticos son sujetos colectivos con identidades compartidas. Añadiría también con Lakoff, que esos sujetos colectivos comparten también marcos metafóricos con los cuales han construido su mundo compartido y en los cuales les gustaría vivir. El marco metafórico de algunos sujetos colectivos es con frecuencia poco coherente con el de otros grupos, y ello genera ese antagonismo del tipo “nosotros/ellos”. Cuando una persona es nacionalista, ha movilizado afectos, deseos y recuerdos, y los ha asociado a una identidad compartida. Ello no es propiamente ni un proceso racional ni una demanda individual.

“Toda la política tiene que ver con la formación de un “nosotros”. Uno no puede formar un “nosotros” sin un “ellos”. Cualquier identidad colectiva implica dos” (Mouffe, 2010).

“La política tiene que ver con el conflicto y la democracia consiste en dar la posibilidad a los distintos puntos de vista para que se expresen, disientan. El disenso se puede dar mediante el antagonismo amigo-enemigo, cuando se trata al oponente como enemigo –en el extremo llevaría a una guerra civil– o a través de lo que llamo agonismo: un adversario reconoce la legitimidad del oponente y el conflicto se conduce a través de las instituciones. Es una lucha por la hegemonía” (Mouffe, 2010).

Frente a la separación total entre los movimientos, propugnada por el neo-liberalismo y por algunos posmodernos, Laclau y Mouffe (2015) piensan que la izquierda debe fomentar cadenas de equivalencias entre las diferentes luchas para que, cuando los trabajadores definan sus reivindicaciones, tengan en cuenta en ellas las reivindicaciones de los negros, los inmigrantes y las feministas; y recíprocamente, cuando las feministas definan sus reivindicaciones, no lo hagan sólo en términos de género, sino que asuman también las de otros grupos. El resultado buscado es una larga cadena de equivalencias entre todas las luchas que radicalizan y profundizan la democracia. Esa cadena o red entrelazada puede acabar constituyendo una nueva hegemonía, contraria a la neoliberal, que acabe institucionalizando las nuevas demandas democráticas. En el lenguaje de Lakoff, se trataría de una integración de los marcos metafóricos que usan los distintos movimientos sociales críticos en un marco metafórico común agonista del marco metafórico dominante que usa el neo-liberalismo.

Obreros y estudiantes@LaVanguardia-Web

La democracia sería el espacio social en el que todos reconocemos la legitimidad de tener marcos metafórico-conceptuales diferentes sobre el mundo posible, e identidades colectivas diferentes, y la legitimidad de luchar por hacer mayoritarias los propios marcos e identidades. Esto es, aceptamos sublimar nuestros antagonismos en agonismos. Agonismo en el seno del cual los adversarios están de acuerdo en los principios democráticos de libertad e igualdad, pero confrontan en el significado y contenidos que tienen.

Contra la concepción determinista de la historia, Mouffe defiende lo contrario, “que siempre es posible cambiar las cosas políticamente e intervenir en las relaciones de poder para transformarlas“. La lucha de la izquierda no necesita “destruir el orden democrático liberal y construir un nuevo orden partiendo de cero“. Se trataría más bien de una guerra de posiciones (Gramsci) en la cual la izquierda actuaría para que los principios de libertad e igualdad de las sociedades liberales-democráticas se lleven realmente a la práctica.

Según Mouffe y Laclau, en la política democrática hay una construcción de un pueblo, lo que Gramsci llamaría una voluntad colectiva, lo nacional-popular, y en este sentido se puede hablar de populismo. En Europa los movimientos populistas que están ganando terreno son de derecha porque construyen el pueblo mediante un antagonismo con los inmigrantes. Si, en cambio, la construcción del nosotros es en confrontación con los grupos económicos, el populismo es de izquierda (Mouffe, 2010).

Las ideas de Mouffe y Laclau tuvieron una influencia importante en los fundadores del partido político Podemos en España.

El socialismo participativo de Piketty

Piketty (2019) reformula la frase «La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases», del Manifiesto Comunista de Engels y Marx (1848) de la siguiente manera: “la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de las ideologías y de la búsqueda de la justicia”. “La posición social, por muy importante que sea, no basta para forjar una teoría de la sociedad justa, una teoría de la propiedad, una teoría de las fronteras, una teoría de la fiscalidad, de la educación, de los salarios o de la democracia”.

Las coaliciones deben construirse y no presuponer que se formarán debido al origen de clase común; dependen de las experiencias históricas compartidas. El fracaso de los igualitaristas por promover un bloque mayoritario favorable a la redistribución en el siglo XIX se debió, por ejemplo, a que las clases campesinas y rurales (incluso cuando no eran muy ricas) desconfiaban de los posibles intentos de los socialistas y del proletariado urbano de atacar la propiedad privada en su conjunto (temores que no estaban totalmente infundados y que los más ricos no dejaban de azuzar para asustar). De modo que no ha bastado con conseguir el voto universal para que surgiera automáticamente una mayoría favorable a la redistribución, aunque este fue el temor que llevó a las clases más acomodadas a negarse inicialmente a universalizar el sufragio.

Según Piketty (2019), “no reflexionar sobre el régimen institucional y político que debería aplicarse inmediatamente después de la gran revolución, conduce generalmente a echarse en manos de un poder estatal hipertrofiado e indefinido, [y ello condujo a]  los desastres comunistas estalinistas y maoístas, así como del abandono de cualquier ambición igualitaria e internacionalista que se derivó de su fracaso. El desastre comunista ha logrado incluso dejar en un segundo plano los daños causados por las ideologías esclavistas, colonialistas y racistas, así como los vínculos profundos que relacionan estas ideologías con el propietarismo y el hipercapitalismo, lo cual no es poca cosa.

El fracaso de la Revolución Francesa a la hora de aumentar el igualitarismo en la distribución de la propiedad sugiere que las ideologías tienen poca influencia mientras no conduzcan a ensayos institucionales y a demostraciones prácticas, que deben sobrevivir en el contexto de las crisis, las luchas sociales, las insurrecciones y los equilibrios posibles entre intereses contrapuestos. En esos contextos, los actores a menudo recurren al repertorio de ideologías políticas y económicas desarrolladas en el pasado, o inventan nuevas herramientas sobre la marcha, pero esto requiere de un tiempo para probarlas en la práctica que generalmente falta. La ventaja de las instituciones establecidas es que funcionan en la práctica, aunque no sean del todo compatibles con las nuevas ideas culturales que se han ido gestando y que los revolucionarios traen en la cabeza. Las nuevas ideas son más coherentes con los intereses de las nuevas élites y fuerzas triunfantes, pero no han tenido tiempo de probar ensamblajes socio-técnicos nuevos que puedan ser más compatibles con los nuevos intereses dominantes, y que a la vez funcionen (atraigan a la mayoría social hacia las nuevas prácticas). Por ejemplo, que un Estado centralizado fuese capaz de crear instituciones capaces de recolectar impuestos y de impartir justicia en todo el territorio nacional, mejor que lo hacían los nobles en sus respectivos territorios y sin caer en el despotismo, era algo que no estaba claro en tiempos de Montesquieu, pero que la práctica política de la Francia revolucionaria acabó confirmando.

Una vez que era patente la viabilidad de un Estado republicano funcional, quedaba la cuestión de la abolición de los «privilegios», concepto que aglutinaba a todas las fuerzas revolucionarias, pero que abría todo un abanico de interpretaciones diferentes en ellas. Piketty (2019) cita a Jonathan Israel, quien antes de la Revolución distingue las posturas de los ilustrados «radicales», como Diderot, Condorcet, Holbach, o Paine, de las posturas de los «moderados», como Voltaire, Montesquieu, Turgot, o Smith. Los radicales generalmente apoyaron la idea de una sola Asamblea, en lugar de Cámaras separadas para los diferentes estamentos, así como el fin de los privilegios de la nobleza y el clero, con alguna forma de redistribución de la propiedad, y una mayor igualdad entre clases, sexos y razas. Los moderados (que podemos llamar «conservadores») tendían a desconfiar de las Asambleas únicas y de la abolición radical de los derechos de los terratenientes, ya fueran señores o negreros, así como a mostrar una mayor fe en el “progreso natural”. Fuera de Francia, un representante de esta corriente moderada  fue Adam Smith.

Los sistemas socio-técnicos ensayados podrían haber sido otros muy diferentes si las tensiones bélicas y políticas hubieran sido diferentes o la organización y planificación estratégica de los sans-culottes hubiera sido más audaz (La Revolución Francesa). Piketty cita también las propuestas del revolucionario angloamericano Thomas Paine dirigidas a parlamentarios franceses en 1795, que consistían en gravar las herencias hasta en un 10 por ciento con el fin de financiar un ambicioso sistema de renta universal.

Como las revoluciones burguesas no pudieron triunfar sino con el apoyo directo de grandes masas del “tercer estado”, en su mayor parte no propietarios, las constituciones post-revolucionarias, aun siendo liberales en su inspiración principal, suelen incluir declaraciones igualitaristas contradictorias con sus declaraciones propietaristas. Por ejemplo, comenta Piketty: “la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aceptada en agosto de 1789 por la Asamblea Nacional francesa  comienza con una promesa de igualdad absoluta, que marca una clara ruptura con la vieja sociedad estamental: «Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos». Luego, el artículo introduce la posibilidad de una desigualdad justa, pero bajo ciertas condiciones: «Las distinciones sociales sólo pueden basarse en la utilidad común». Y continúa con: «La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Esos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión». Con lo que el conjunto de este Artículo primero se presta a ser interpretado y utilizado de manera contradictoria (…) Este artículo podría invocarse para organizar alguna forma de redistribución de la propiedad y promover el acceso de los más pobres a la riqueza. Sin embargo, el artículo 2 puede leerse en un sentido mucho más restrictivo, ya que sugiere que los derechos de propiedad adquiridos en el pasado constituyen derechos «naturales e imprescriptibles» y, por lo tanto, no pueden ser refutados o puestos en tela de juicio fácilmente”. El cómo se desarrollen estas constituciones en el futuro, dependerá, según Piketty, de que las herramientas político-económicas que surjan de la lucha ideológica y de intereses entre los grupos igualitaristas y anti-igualitaristas, se muestren más o menos funcionales para reequilibrar la sociedad más allá de sus presentes crisis y contradicciones.

En particular, Piketty contrapone la ideología liberal del propietarismo exacerbado, que “sacraliza la propiedad y la transforma en una solución sistemática” para cualquier problema social, con el propietarismo crítico, cuya forma más influyente ha sido la socialdemócrata. Ésta concibe la propiedad privada como supeditada a objetivos superiores, y propone formas mixtas de propiedad: privada, pública y social. Piketty se posiciona cerca de los autores que privilegian las explicaciones funcionalistas sobre las basadas en el conflicto, en el debate sobre las causas del cambio estructural de las sociedades (Ensamblajes socio-técnicos y complejidad social). Por ello, propone un conjunto de soluciones económico-políticas que podrían desarrollar el propietarismo crítico de los social-demócratas en una dirección mucho menos contradictoria y más igualitarista que donde la dejaron ellos, y serían funcionales para los problemas sociales actuales.

Piketty (2019) analiza las políticas económicas social-demócratas que permitieron mantener las desigualdades en niveles moderados entre 1945 y 1975 en Occidente, y cómo podrían recuperarse y ampliarse esas políticas en la actualidad para superar las contradicciones del actual capitalismo neo-liberal.

A principios del siglo XX el Estado era esencialmente el garante del orden y el derecho de propiedad (tanto en el interior del país como internacionalmente), pero las guerras, las crisis y las revoluciones mostraron abiertamente los límites del mercado autorregulado y la necesidad de usar el Estado para añadir un componente social y redistributivo en la economía. Es tras la II Guerra Mundial cuando ese estado social toma su forma definitiva en los estados social-demócratas occidentales.

En Europa, la necesidad durante la I Guerra Mundial del reclutamiento militar masivo (que había que financiar ineluctablemente por necesidad nacional) fue clave para que se ensayase por primera vez la imposición fiscal altamente progresiva. La revolución bolchevique fue otro factor de la misma importancia que el anterior, y actuó en el mismo sentido de promover estados sociales que des-radicalizaran a las masas. Estos Estados sociales debían ser financiados de alguna manera. En EEUU, la Revolución bolchevique y luego la Gran Depresión de 1929 fueron choques mucho más severos que la I Guerra Mundial, y tuvieron una influencia mucho mayor en la adopción del New Deal por Roosvelt y los demócratas. El miedo a la Revolución tuvo un papel importante en la aceptación de medidas impositivas progresivas y de justicia social en las élites capitalistas de todos los países desarrollados. Sin embargo, en Suecia, que no participó en la Primera Guerra Mundial, esta Guerra tuvo un papel inapreciable en la adopción de un Estado social ambicioso y una alta progresividad fiscal. Las luchas sociales, en cambio, sí tuvieron un papel decisivo. En Italia, los tipos impuestos a las rentas altas en el periodo de entreguerras se mantuvo alrededor del 20 y el 30 por ciento, pero saltó posteriormente de forma repentina a más del 80 por ciento en 1945-1946, tras la caída del fascismo y el establecimiento de la República Italiana, en un contexto en el que los partidos comunistas y socialistas gozaban de una gran popularidad.

Esto confirma, según Piketty, que las movilizaciones políticas (o su ausencia) son, sobre todo, la variable que explica los grandes cambios en la fiscalidad y en las desigualdades. Pero a esas luchas se añaden las reflexiones y los debates sobre la justicia social, la fiscalidad progresiva y la redistribución de la renta y de la propiedad, que estaban ya muy presentes en el siglo XVIII y durante la Revolución francesa, pero que adquirieron una nueva dimensión en la mayoría de los países a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, a la vista de la altísima concentración de la riqueza que estaba generando el capitalismo industrial, y a la vista de la fuerte influencia que tenían la educación y la difusión de ideas e información en el desarrollo económico. Según Piketty, el encuentro entre esta evolución intelectual con una serie de crisis militares, financieras y políticas, en parte causadas por tensiones desigualitarias, fue lo que condujo a la transformación del régimen desigualitario de la Belle Époque en la alternativa moderada socialdemócrata. Al mismo tiempo, se compartieron y conectaron cada vez más experiencias a escala mundial, lo que condujo a una rápida difusión de las prácticas del momento.

boulevard-americano-Jean Beraud

Café Americano, óleo sobre tabla de Jean Béraud (1897) en que se observa a un grupo de burgueses en un bulevar de París durante la Belle Époque

Esta descripción de Piketty encajaría bien con el marco que propone Archer para explicar el cambio de la estructura social. En su esquema, las variables relevantes son el conflicto entre agentes sociales más o menos movilizados en el contexto de una estructura político-económica previa y de unos sistemas ideológicos que son más o menos coherentes con las demandas de los agentes y con las estructuras existentes (Ensamblajes socio-técnicos y complejidad social).

Tras la II Guerra Mundial, y hasta la actualidad, los impuestos obligatorios en los países occidentales estuvieron entre el 45 y el 50 por ciento de la renta nacional. Esto significa que el sector público podría hacer trabajar a la mitad de la población activa, remunerándola igual que el promedio del sector privado, utilizando en media el mismo equipamiento, locales, etc. y produciendo la mitad del producto interior bruto del país. En la práctica, en los años 2000-2020, el empleo público en las distintas administraciones nacionales, regionales y locales, escuelas, institutos, universidades, hospitales, etc., representaba en torno al 15-20 por ciento del empleo total, frente al 80-85 por ciento del empleo privado. Esto se debe a que la mayoría de los impuestos y cotizaciones no se utilizan para remunerar empleos públicos, sino para financiar transferencias (pensiones, prestaciones sociales, etc.) y adquirir bienes y servicios al sector privado (edificios y obra pública, equipos, servicios externos, etc.).

Se impusieron tipos muy altos (del orden del 80%) en la parte alta de la distribución de ingresos pero no eran suficientes, por sí solos, para generar los ingresos necesarios con los que financiar el Estado social. Por ello, se desarrollaron al mismo tiempo otros impuestos que gravan el conjunto de salarios y rentas. La combinación de estas dos visiones complementarias del papel de la fiscalidad (reducción de las desigualdades, financiación del gasto) es lo que permitió transformar las sociedades propietaristas en sociedades socialdemócratas.

Las causas esenciales del agotamiento del modelo socialdemócrata como referente, a partir de los años 80, las resume Piketty en estos puntos:

  • Las nuevas formas de reparto del poder y de propiedad social en las empresas se limitaron durante mucho tiempo a un reducido número de países (Alemania y Suecia, en particular); no se explotaron lo suficiente, a pesar de que aportan algunas de las respuestas más prometedoras para superar la propiedad privada y el capitalismo.
  • La socialdemocracia no ha logrado abordar con eficacia la importante necesidad de igualdad en el acceso a la formación y al conocimiento, especialmente en la educación secundaria y superior; las clases bajas han notado que los partidos socialdemócratas enfocaban su mensaje en las clases medias educadas, y han ido quitándoles su apoyo. La izquierda electoral ha pasado de ser el partido de los trabajadores al partido de los titulados (lo que Piketty llama «la izquierda brahmánica»).
  • El pensamiento socialdemócrata ha dejado de desarrollar sus propuestas igualitaristas en temas de fiscalidad y, más concretamente, sobre la fiscalidad progresiva de la propiedad. Sobre todo, no ha conseguido sentar las bases de nuevas formas federales transnacionales de soberanía compartida y de justicia social y fiscal.

La izquierda no socialdemócrata tras la Gran Guerra tendió a centrar sus propuestas económicas en las nacionalizaciones. Esto ha asustado siempre a los trabajadores independientes, sobre todo porque estos partidos nunca indicaron de forma clara cuáles eran sus intenciones a largo plazo con respecto a la pequeña propiedad privada, ni cómo concebían el papel de la pequeña propiedad privada en la sociedad ideal que imaginaban. Además, entre 1920 y 1960, los partidos socialistas y comunistas siempre defendieron mucho mejor las demandas fiscales de los trabajadores por cuenta ajena que la de los autónomos. Con el final de la URSS los partidos socialdemócratas abandonan las propuestas de nacionalización, pero sin sustituirlas por un programa económico alternativo. Esto provocó un abstencionismo electoral creciente en las clases baja y media-baja.

Además, la izquierda actual se está dividiendo entre un centro-izquierda promercado y una izquierda pro-redistribución, más radical y en busca de nuevas respuestas a la desigualdad. Por su parte, la derecha electoral está dividida entre una derecha promercado y una derecha nativista y nacionalista, que ve en el repliegue identitario y en el social-nativismo antiinmigrante la solución a los desafíos que surgen de los excesos del sistema económico mundial.

Piketty muestra con datos que los votantes de la mayoría de países occidentales están divididos en cuatro partes de tamaño aproximadamente equivalente: un bloque ideológico internacionalista-igualitario, un bloque internacionalista-desigualitario, un bloque nativista-igualitario y un bloque nativista-desigualitario. El eje igualdad-desigualdad y el eje nativismo-internacionalismo pueden graduarse empíricamente según el grado de acuerdo que se muestre con las afirmaciones: “Por justicia social, debemos quitar a los ricos para dárselo a los pobres”, y “Hay demasiados inmigrantes en nuestro país”, respectivamente. De igual tamaño que cualquiera de estos cuatro grupos es el quinto grupo de los abstencionistas. Así, las sociedades del Primer Mundo se pueden caracterizar electoralmente como divididas en cinco grupos con aproximadamente un 20% de apoyo cada uno.

Según Piketty, la capacidad de los internacionalistas (pro-inmigrantes) e igualitarios de unirse para formar un bloque hegemónico dependerá de la capacidad para desarrollar un programa que pueda describirse como federalista social, basado en la idea de que la redistribución y el internacionalismo pueden reforzarse mutuamente. Si no, será imposible. En EEUU, estas dos tendencias están generando fuertes tensiones dentro del Partido Demócrata (recuérdese la pugna en las primarias de hace cuatro años entre el internacionalismo-igualitarismo moderado de Sanders en su pugna con el internacionalismo neo-liberal de la Señora Clinton), división que continúa hoy en día.

La derecha mundial también está dividida entre nativistas (la derecha nacionalista, v.g. Trump) e internacionalistas (la derecha neo-liberal, v.g. Macron). La derecha nacionalista es algo más igualitarista que la neo-liberal, pero de forma muy limitada pues ambos bandos coinciden en que no hay alternativa al dumping fiscal a favor de los más ricos.

Según Piketty, los países del este europeo como Polonia o Hungría se sienten decepcionados con la Unión Europea  porque durante la última década la salida de beneficios de los inversores alemanes y franceses, del orden del 4-7% del PIB, supera la entrada neta de ayudas desde la Unión Europea (del orden del 0.2-0.3%  del PIB). Se trata de países pequeños económicamente y sin capacidad de iniciativa económica propia, que han quedado rehenes de las políticas de la Unión Europea, y su única alternativa económica como países es convertirse en paraísos fiscales. El cierre de la Unión Europea a cualquier escenario redistributivo común les ha llevado a polarizarse entre liberales-conservadores (pan-europeístas) y conservadores nacionalistas. Dado que es impensable extraer recursos ni del dinamismo económico nacional ni de las élites (que rechazan los impuestos muy progresivos), los liberal-conservadores pan-europeístas confían en la magia del mercado a escala europea y en el progreso futuro que supuestamente acabará trayendo; los conservadores nacionalistas abogan, en cambio, por un cierre paternalista en lo social-nativista (favorecer económicamente a los nacidos en el país frente a los extranjeros) como forma principal de apoyo a las clases populares y medias. El cierre de las perspectivas redistributivas y federalistas de “izquierda” tiene el peligro de que este escenario se convierta en general en toda Europa.

El total de propiedades privadas (inmobiliarias, profesionales y financieras, netas de deudas) de los hogares alcanza en la década de 2010 alrededor del 500-600 por ciento de la renta nacional en la mayoría de los países ricos (frente a apenas el 300 por ciento en los años 1970-1980). Desde un punto de vista estrictamente técnico, sería posible que la Fed norteamericana o el Banco Central Europeo crearan el equivalente al 600 por ciento del PIB o de la renta nacional en dólares y en euros y que intentaran comprar la totalidad del capital privado de Estados Unidos y Europa occidental, con el fin de, por ejemplo, financiar un futuro Green New Deal o financiar la educación de las clases populares. El problema de esto, según Piketty, es doble: (i) los bancos centrales y sus consejos de administración no están más preparados para administrar la totalidad de las propiedades de un país que el sistema de planificación centralizado de la Unión Soviética en su momento; ello debería hacerse bajo una arquitectura democrática, parlamentaria y de confrontación de ideas, no en el de un Consejo de Gobierno que delibera a puerta cerrada. (ii) sería peligroso promover la idea de que todo puede resolverse mediante la creación de dinero y la deuda; los impuestos (debatidos y decididos colectivamente, recaudados en función de la riqueza y la capacidad contributiva de cada individuo) deben seguir siendo el principal instrumento que permite a una comunidad movilizar recursos para llevar a cabo un proyecto político común, sobre todo teniendo en cuenta los grandes riesgos que se nos acumulan de cara al futuro y a su crecimiento económico. Piketty no se para a discutir tales riesgos, y esta es probablemente la principal debilidad de su estudio.

Piketty cree que es posible alcanzar un socialismo basado en un sistema mixto de propiedad individual y propiedad social, y en una democratización profunda del sistema de enseñanza media y superior, y de la participación de los trabajadores en las empresas. En esta social-democracia actualizada, la propiedad privada sería sustituida a largo plazo por la propiedad temporal. Cada individuo podría acumular propiedades a lo largo de su vida pero esas propiedades regresarían a la colectividad en su mayor parte al pasar a la generación siguiente (mediante fuertes impuestos a las herencias). También se institucionalizarían impuestos a la propiedad muy progresivos, que permitirían una dotación universal de capital a todos los ciudadanos (que les sería entregado a la edad de 25 años). Ello facilitaría que las grandes fortunas no pudieran transmitirse a los descendientes, ni acumularse a lo largo de las generaciones en unas pocas familias privilegiadas. El principio de la igualdad de oportunidades quedaría así satisfecho, algo que pueden apoyar tanto los temperamentos socialistas como los liberales. García-Olivares (2014) propuso una idea similar.

Los fondos públicos se obtendrían de un impuesto anual progresivo sobre la propiedad, un impuesto progresivo sobre las herencias y un impuesto progresivo sobre la renta. El impuesto anual sobre la propiedad y el impuesto sobre sucesiones aportarían (conjuntamente) ingresos equivalentes al 5 por ciento de la renta nacional aproximadamente, que se utilizarían en su totalidad para financiar la dotación de capital. Mientras que el impuesto progresivo sobre la renta, en el que Piketty incluye las cotizaciones sociales y un impuesto progresivo sobre las emisiones de carbono, aportaría en torno al 45 por ciento de la renta nacional y permitiría financiar el resto del gasto público, en particular la renta básica y, sobre todo, el Estado social (incluido el sistema sanitario y educativo, los regímenes de pensiones, etc.).

La dotación de capital a los jóvenes de 25 años sería de un 60% del patrimonio medio (120.000 euros de media en los países occidentales, que tienen un patrimonio medio de 200.000 euros PPA). En el sistema actual, el 50% de la población no recibe prácticamente nada de herencia. Se trataría de un sistema público y universal de herencia.

La tabla siguiente muestra un ejemplo que da Piketty de los tipos impositivos que permitirían recaudar los fondos que se han comentado. Las tres primeras columnas corresponden a los impuestos sobre la propiedad, y las dos últimas al impuesto sobre la renta.

tabla Piketty

En los países de Europa occidental, en los años 1990-2020, el impuesto sobre la renta (incluyendo el impuesto sobre beneficios empresariales) representa en torno al 10-15 por ciento de la renta nacional, las cotizaciones y otros gravámenes sociales alcanzan entre el 15 y el 20 por ciento de la renta nacional, y los impuestos indirectos (IVA y otros impuestos sobre el consumo), entre el 10 y el 15 por ciento de la renta nacional. El total de impuestos obligatorios se han estabilizado pues en torno al 40-50 por ciento de la renta nacional. Para Piketty los impuestos indirectos (como el IVA) son regresivos y no tienen ninguna justificación real, por lo que deberían ser sustituidos por impuestos sobre la renta o la propiedad. Salvo los impuestos indirectos destinados a corregir una externalidad, como el impuesto sobre el carbono. Pero en este caso, habría que buscar una forma de hacerlos progresivos, que graven más a quienes realmente emite más, y que no perjudiquen a quienes no tienen ninguna alternativa limpia.

Para volver a igualar la inversión educativa en las clases bajas con las que de facto disfrutan las clases altas (que se mantienen mucho más tiempo dentro del sistema educativo), Piketty propone asignar a cada persona la inversión media educativa del país y, si esta persona abandona la educación antes de agotar la asignación, podría utilizar el capital educativo restante en cualquier momento a lo largo de su vida, cuando reanude su formación en cualquier campo.

Se facilitaría la cogestión de obreros y propietarios en las grandes empresas, con consejos de administración en los que los asalariados tendrían la mitad de los votos. Se institucionalizarían por ley sistemas que limitarían el tamaño de las grandes empresas.

Se regularía la financiación privada de los partidos políticos, mediante una cuota de unos 5 euros al año donada por cada ciudadano al partido político de su preferencia.

Finalmente, Piketty propone un federalismo global para la estructuración de las diferentes naciones, y una organización cooperativa de la economía global. Tal federación podría empezar, en lo económico, por acuerdos entre los Estados que les permitieran dejar de ejercer la competencia entre ellos y empezar a cooperar fiscalmente. El objetivo sería conseguir que los beneficios obtenidos por las grandes empresas multinacionales se distribuyeran entre los Estados de forma transparente, en función de la actividad económica real desarrollada en los distintos territorios, con unos tipos impositivos mínimos compatibles con el nivel general de los impuestos y la financiación del Estado social. En la práctica, si este escenario no llega a materializarse, cualquier grupo de países (incluso uno solo) podría actuar de forma aislada, recaudando la participación en el impuesto mundial sobre los beneficios empresariales que le corresponde según la venta de bienes y servicios realizada en su territorio.

La propuesta de Piketty es un socialismo que mantiene algunos de los principios del liberalismo social de los fundadores del liberalismo, incluido el mercado y la aceptación de la explotación, siempre que estén en un marco regulado estatalmente. En esto, se podría considerar cercano a las propuestas del marxismo analítico. Una debilidad de su propuesta es que la simple presentación ideológica de alternativas sociales racionales nunca ha sido suficiente para el cambio estructural, sólo uno de los factores. Le ha faltado a Piketty analizar otros factores que podrían contribuir a que los grupos favorables a soluciones igualitaristas aumenten su poder político. Una segunda debilidad es la ausencia de un análisis sobre el impacto previsible que el presente sistema económico va a sufrir, debido a: (i) las crisis medioambientales, energéticas y de recursos que se nos avecinan, y (ii) las dificultades para la valorización de la producción que la creciente automatización provoca.

Ecología Política y Partidos verdes

La Ecología Política, el pensamiento fundador de los partidos verdes, ocupa según Florent Marcellesi (2013) un espacio político propio, caracterizado por su énfasis en  la autonomía (del individuo o de la comunidad para decidir su propio camino), la solidaridad (dentro de la comunidad o del espacio público para no dejar a nadie excluido) y la responsabilidad (hacia los países del Sur, las generaciones futuras, el planeta y los demás seres vivos).

Las ideologías políticas pueden ser clasificadas usando tres ejes independientes: el eje liberal-colectivista, el eje autoritario-libertario y el eje productivista-antiproductivista. Usando estos ejes, Marcellesi sitúa la Ecología Política en el espacio ideológico ocupado por el volumen en gris de la figura siguiente.

marcellesi-Ecologia Politica

Espacio político ocupado por la ecología política. De Marcellesi (2012)

Según Marcellesi, la ecología política tomaría una posición intermedia entre liberalismo y colectivismo; tendría una amplia variedad de posturas entre antiproductivismo intenso y antiproductivismo moderado; y tendría un posicionamiento muy variado entre libertarismo y libertarismo moderado. El centro de gravedad de los verdes estaría en una posición antiproductivista, libertaria, y ni liberal ni colectivista. Como referencia, la izquierda alternativa española tendería a ser más colectivista y productivista que la ecología política de los verdes; mientras que la socialdemocracia española tendería a ser más liberal y productivista que los verdes.

La tendencia libertaria de los verdes procede de su radicalidad democrática, la participación desde lo local, el empoderamiento personal y comunitario, y la crítica al autoritarismo del Estado y de las instituciones de dominación denunciadas por Illich. En el eje económico (liberalismo-colectivismo), la ecología política promueve la justicia social, ambiental y global, tratando de superar tanto el neoliberalismo como el marxismo ortodoxo. Pero algunos proponen marcos eco-socialistas sin mercado, otros marcos eco-socialistas con mercados regulados, y otros marcos liberales con mercados relativamente libres. Aquí la discusión de ideas continúa, y algunos proponen un sistema mixto que mantenga: (i) un mercado (no oligopólico) como sistema muy adaptativo a las necesidades materiales, (ii) un sistema público con su poder regulador, y (iii) un sector de economía cooperativa, solidaria y sin ánimo de lucro, para el desarrollo de lo común. Yo mismo propuse este modelo en García-Olivares y Solé (2014). En cuanto al eje productivista-antiproductivista, las posturas se inclinan hacia olvidarse del crecimiento económico e incorporar algún tipo de decrecimiento a la agenda política. Pero hay cierta variabilidad entre propuestas como la del decrecimiento de Latouche, la prosperidad sin crecimiento de Jackson, el “New Deal Verde” de tipo neo-keynesiano, o una “economía verde” que a través de una economía plural con mercado disminuya la huella ecológica, evite el efecto rebote y garantice la igualdad y la solidaridad.

Hay sectores de la ecología política que no sólo abogan por reducir la jornada laboral y repartir el trabajo, sino que critican a la sociedad del trabajo y su ideología (y en esto se acercan a los planteamientos de Kurz). Además, tratan de desconectar de manera más o menos radical la renta y la contribución productiva, de ahí su interés por la Renta Básica Universal. Como la ecología política se nutre de fuentes diversas, las posturas políticas que se discuten son más amplias que las que proceden del anti-capitalismo, pero no cabe duda de que un sector importante del discurso verde es anti-capitalista.

Comentábamos en Los grandes cambios estructurales de los sistemas sociales que los partidos verdes han adoptado en las décadas pasadas la estrategia de entrar en las instituciones por vía electoral y presionar desde dentro hacia políticas en la dirección ecológica y eco-socialista. Esta estrategia es coherente con un tipo de activista que Dahle (2007) denomina radicales multi-frente. Estos activistas no creen que el sistema actual pueda crear élites que persigan una estructura social y una economía futuras diferentes. Pero creen que el cambio futuro exige un cambio en las instituciones, a la vez que un cambio en los hábitos de vida y los valores. Por ello, la estrategia adecuada sería multi-frente: acciones de abajo-arriba en la sociedad civil, combinadas con participación en la toma de decisiones gubernamentales a través de los partidos verdes. A diferencia de los luchadores de base, que creen que el cambio de actitudes en la sociedad, mediante el ejemplo, debe preceder a cualquier cambio de las instituciones dominantes, los verdes suelen considerar que ambas transformaciones deben ser simultáneas.

Distintas personas suelen cambiar de una estrategia a otra a lo largo de su vida. Dahle cita como ejemplo a James Robertson, un “luchador de base” en los 70 y 80, que mejoró su fe en el establishment británico posteriormente, pasando a ajustarse al perfil de un radical multifrente. En contraste, Erik Dammann y Rajni Kothari eran inicialmente “Radicales multifrente”, pero se volvieron más pesimistas a lo largo de los años. La globalización creó un nuevo contexto económico-político ampliamente aceptado que les resultó muy difícil combatir desde dentro del sistema. Ello les llevó a acercarse a las estrategias de los “luchadores de base” y los “revolucionarios pacientes”. Estos últimos creen que la estrategia ahora debe ser pedagógica y de apoyo a los experimentos cooperativos, solidarios y de transición a pequeña escala, para que cuando comiencen los “grandes sustos”, estas experiencias estén disponibles para ser copiadas por la mayoría. En mi opinión, esta es la estrategia con más probabilidades de éxito de todas (García-Olivares y Solé, 2014).

Muchos miembros de partidos verdes inicialmente eran “luchadores de base” que querían que sus partidos entraran en las instituciones solamente como medio amplificador de sus demandas. Pero la práctica institucional convirtió a muchos (v.g. Daniel Cohn-Bendit, el líder de Mayo del 68) en “luchadores multi-frente”, cuando no directamente en “reformistas”. En estos últimos casos, el sistema los ha cambiado más a ellos que ellos al sistema. Un ejemplo llamativo que cita Dahle es el de Jonathan Porrit, un líder de los Verdes británicos, que opinaba que el capitalismo “destruirá el planeta mucho antes de que logre satisfacer las necesidades de las personas que dependen de ese planeta”, y ahora es un defensor a ultranza del capitalismo verde, y cree que el capitalismo es la única fuerza global capaz de lograr la reconciliación entre la sostenibilidad ecológica y la búsqueda de la prosperidad.

El éxito electoral de los partidos europeos ha crecido discretamente a lo largo de los años en Europa. Con el paso de los años, han ido incorporando, además de la sostenibilidad ecológica, otras materias a su agenda política como el feminismo, el apoyo a las sociedades abiertas, la defensa de las minorías o el europeísmo (Cornago, 2019). Han  contribuído a la toma de consciencia ideológica de la insostenibilidad de nuestras formas de vida, pero su papel como motor de cambio en cuestiones ambientales, sociales y económicas ha sido hasta ahora reformista y limitado.

Anti-capitalismo ecológico, Ecosocialismo y Decrecentismo

Como afirma Facundo Nahuel Martín ( http://www.democraciasocialista.org/?p=5008 ), Marx definió al capital como un “sujeto automático”, un proceso de resortes objetivos ciegos, que las personas no podemos controlar. Eso significa dos cosas: primero, que los proyectos de administrar políticamente al capital son utópicos, mientras que ser revolucionarios constituye el único realismo progresista posible. Mientras no interrumpamos el sujeto automático que gobierna nuestras vidas, palabras como “democracia” o “política”, ligadas al proyecto de que la humanidad controle su destino, en lugar de que lo controlen la ganancia de las empresas o el mercado, no van a tener verdadero sentido.

La acumulación primitiva de capital, en la que las primeras fortunas capitalistas se formaron a costa de la expropiación de tierras comunes, colonización y esclavismo, es un proceso que según el geógrafo marxista David Harvey (2012), se ha mantenido activo a lo largo de toda la historia del capitalismo, modificando sus formas y convirtiéndose actualmente en una acumulación por desposesión. La evolución del urbanismo ilustra este proceso. Como resume muy bien https://www.traficantes.net/noticias-editorial/david-harvey-la-conquista-del-espacio, “Las ciudades a partir de los años setenta abandonan su función política como meras gestoras del modelo fordista-keynesiano que privilegiaba el Estado-nación, y se “independizan” como entidades políticas con capacidad de establecer una interlocución directa con la masa de capitales financieros desterritorializados que emerge del proceso de concentración de capital-dinero de los años setenta y ochenta. Este cambio de posición relativa implica que las ciudades, a la manera de las empresas, compiten por captar flujos financieros transnacionales mediante la reorganización de su espacio físico y su estructura social conforme a los principios de la hegemonía financiera neoliberal como proyecto de clase de los propietarios de dinero. Esto, a su vez, implica que las coaliciones de élites locales se encostren en los aparatos estatales locales y, a través de ellos, lancen amplios programas de desarrollo de burbujas inmobiliarias, reorganización del espacio público, captación de rentas de todo tipo, privatizaciones de activos públicos y disciplinamiento de la fuerza de trabajo. La llamada ciudad marca Barcelona, destinada a posicionar a la ciudad en este esquema, sería nuestro ejemplo más cercano”. Estas estrategias conducen a lo que Harvey denomina acumulación por desposesión, es decir, “a las formas de captar la riqueza social que no pasan tanto por la sustracción del plusvalor como valor nuevo que surge de un proceso de producción, como a la captación de la riqueza ya producida o de la riqueza no producida por medios capitalistas —los activos naturales serían el mejor ejemplo de esta segunda forma (…) El crédito inmobiliario, la pérdida de activos públicos por la privatización o la apropiación masiva de recursos naturales, en nuestro caso mediante medios financieros, son estrategias de acumulación centrales para el capitalismo actual. Los programas de austeridad, punta de lanza de la gestión neoliberal de la crisis, que en la actualidad sufre medio mundo y muy en especial España, no serían más que una forma coordinada de este tipo de acumulación. En términos políticos, este análisis de Harvey acaba con un cierto tipo de marxismo que privilegiaba de manera excesiva las luchas en el lugar de trabajo, y más en concreto del obrero industrial, como lugar donde se jugaba la derrota del capitalismo. Un entorno de acumulación por desposesión generalizada nos devuelve a un escenario en el que las luchas por la vivienda como valor de uso, los impagos de la deuda, las luchas por los servicios públicos y por los bienes comunes, por el espacio público o por la titularidad social del conocimiento y la tecnología, tienen tanta importancia como las luchas en el lugar de trabajo y en torno al mercado laboral.”

Pero esta desposesión alcanza también a los ecosistemas protegidos, a recursos como el agua o los genes, que el capitalismo reconvierte hacia fines privados, y entonces el aumento del PIB se basa en la destrucción de unos bienes de valor incalculable y cuya desaparición aumenta el riesgo de colapso ecológico global.

Además, el mantenimiento de las tasas de ganancia implica una publicidad continua para fomentar el consumismo y una obsolescencia programada aceptada por todas las corporaciones, lo cual unido al crecimiento continuo genera un despilfarro de recursos insostenible (https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/entrevista-david-harvey-estados-unidos-donald-trump-primera-parte ).

En un planeta cuyos recursos son finitos, la irracionalidad e insostenibilidad del sistema económico provoca un peligro real de colapso ecológico, energético y climático. Existe una simbiosis fundamental entre la naturaleza y el ser humano que la economía tanto neoliberal como socialdemócrata está olvidando. El sistema económico es una parte del ecosistema, y no al revés. La naturaleza es fuente de vida (la pachamama, tierra-madre, como dicen los pueblos indígenas de América del Sur) y de servicios esenciales para la vida y para la reproducción de los animales humanos. No se puede agredir ni destruir la biosfera sin atentar contra la vida humana. Tal como argumentaron los marxistas de la Escuela de Frankfurt, la biosfera no puede ser explotada en función de una racionalidad puramente instrumental, característica del tipo de modernidad vinculada económica y culturalmente con el capitalismo. Esta clase de racionalidad está degradando la biosfera y llevándonos cerca de los límites de su capacidad de sostenernos. El «grito de la tierra» se llama desertificación, deterioro del clima, pérdida de suelos fértiles, y aparición de virus que estaban confinados en especies cuyos ecosistemas han sido invadidos por el Hombre (François Houtart, citando a Leonardo Boff en https://kmarx.wordpress.com/2014/06/08/un-socialismo-para-el-siglo-xxi-cuadro-sintetico-de-reflexion/ ).

La mayor parte de los ecosocialistas promueven el fin del crecimiento económico y el decrecimiento del consumo, sobre todo en los países del Primer Mundo,  hasta niveles sostenibles por los ecosistemas. El ecosocialismo decrecentista busca un sistema social que sea capaz de sostener a una sociedad digna y humana en equilibrio con los ecosistemas y los recursos planetarios. Rechaza los modos de producción y las actividades que destruyen de manera irreversible el ambiente natural. Identifica la economía del crecimiento perpetuo como la mayor amenaza que sufre hoy en día la humanidad, y aboga por un decrecimiento voluntario que nos equilibre de nuevo con la capacidad de sustentación que tiene la biosfera.

Uno de los defensores del anticapitalismo decrecentista fue André Gorz (1923-2007). En su libro Adiós al proletariado criticó lo que denominó la “religión marxista del proletariado, que era el fondo mismo del maoísmo y el estalinismo. El maoísmo francés tenía un fondo profundamente cristiano: deificaba al proletariado como redentor de la humanidad. Se suponía que los proletarios no tenían nada, ni siquiera patria, que eran excluidos de la sociedad y por lo tanto los únicos capaces de asumir su redención, moral y política. Al mostrar que ese pensamiento, esa religión, no tenía consistencia, yo había llegado a conclusiones en las que decía que, dada la forma en que se desarrolla el capitalismo, el estrato que podía alimentar un movimiento de superación de esta sociedad era la no-clase de los neo-proletarios posindustriales. Ese neo-proletariado posindustrial lo tenemos ahora” (Entrevista con Gorz en 1999: https://www.antroposmoderno.com/antro-version-imprimir.php?id_articulo=63 ). Afirma que, en su formulación socialdemócrata, los trabajadores quieren lo mismo que los propietarios: ganar dinero. Sin embargo, “las reivindicaciones obreras más fundamentales y más radicales han sido combates contra la lógica económica, contra la concepción utilitaria, mercantilista, cuantitativista del trabajo y de la riqueza” (…) “Por el hecho de reducir todo a categorías económicas, el capitalismo es un antihumanismo. Afirma que “para que la ecología tenga toda su carga crítica y ética debe comprender que las devastaciones de la Tierra, la destrucción de las bases naturales de la vida, son las consecuencias de un modo de producción, y que este modo de producción exige la maximización de los rendimientos y el recurso a técnicas que violan los equilibrios biológicos”. Y a la inversa: la ecología política, con su teoría crítica de las necesidades, “conduce a su vez a profundizar y a radicalizar aún más la crítica del capitalismo” (Lowy, 2017). Para Gorz, la supervivencia humana exige rechazar la ecología social-liberal y su defensa de un capitalismo verde, y alinearse con un anticapitalismo que lleve a un cambio civilizatorio radical, e incluya el decrecimiento económico.

Se da cuenta de que el trabajo asalariado está en vías de desaparición y que el saber cobra creciente importancia en el proceso productivo. Aunque inicialmente se deja llevar por cierto determinismo optimista relacionado con las nuevas tecnologías microelectrónicas, se da cuenta pronto de la ambivalencia estructural de estas técnicas, que pueden servir tanto para la hipercentralización como para la autogestión. De hecho, el potencial emancipador que deriva de ellas es actualmente abortado por la monopolización del saber y del tiempo de trabajo por los propietarios. Pero si la clase obrera se apoderase de los medios de producción del capitalismo sin cambiarlos radicalmente, “acabaría por reproducir (como se hizo en los países sovietizados) el mismo sistema de dominación” −y podría añadirse: el mismo sistema de destrucción del medio ambiente. Según Gorz, sólo una economía comunista (en el sentido real que este término tenía para Marx) “puede permitirse el lujo de buscar la mayor satisfacción al menos coste posible. Sólo ella puede romper con la lógica de la máxima ganancia, del máximo derroche, de la máxima producción y el máximo consumo, y sustituirlos por el buen sentido económico: el máximo de satisfacción con el mínimo de gasto” (…) “La misma idea de que la búsqueda de ‘más’ y ‘mejor’ pueda ceder ante la búsqueda de valores extraeconómicos y no mercantiles, esta idea es extraña a la sociedad capitalista. Es, en cambio, esencial al comunismo”. Y apoyándose de nuevo en el joven Marx, proclama: “El sentido fundamental de una política eco-social (…) es restablecer políticamente la correlación entre menos trabajo y menos consumo, por una parte, y más autonomía y más seguridad existenciales, por otra, para cada cual. Se trata, dicho de otra manera, de garantizar institucionalmente a los individuos que una reducción general de la duración del trabajo abrirá a todos (…) una vida más libre, más tranquila y más rica” (Lowy, 2017).

Para Gorz, el futuro no pertenece a la industria del pasado sino al desarrollo de la economía popular. Gente que recicla material mecánico e informático descartado y es capaz de fabricar máquinas-herramienta, máquinas con programas informáticos, con viejo material recuperado. Cooperativas informales de autoproducción. Hay una lucha política continua entre la aspiración de la base a la autonomía y la aspiración de la cúpula a la universalidad, impuesta por los Estados.

El escritor de Alemania Oriental Rudolf Bahro publicó dos libros donde insistía en la relación entre socialismo y ecología –La alternativa en Europa del Este y Socialismo y supervivencia. Bahro criticó al Socialismo realmente existente de Alemania Oriental, hasta ser deportado a Alemania Occidental, donde fue uno de los fundadores del Partido Verde. Critica el reformismo de los sindicatos obreros, que no desean en el fondo cambiar el sistema capitalista, y esa misma crítica la acaba lanzando sobre los verdes. Para él, la política verde debía consistir en despertar la conciencia de la gente, no en acumular votos, y en 1985 abandonó el partido. Acusó a los Verdes de no querer salir del sistema industrial capitalista. Sus ideas tuvieron cierta influencia sobre la parte del ecologismo que más tarde se llamó ecología profunda.

Otro de los precursores del ecosocoalismo fue el ecólogo Barry Commoner, quien en los años 70 defendió que el sistema de empresas privadas en competencia era incompatible con la estabilidad ecológica y que la acumulación de capital, intrínseca al funcionamiento del capitalismo, estaba basándose en parte en la destrucción del capital biológico (Commoner, 1973, Cap. XII). Commoner (1975) fue también de los primeros en defender una transición hacia una economía basada en energía solar renovable y en el uso de metano obtenido sintéticamente y mediante fermentación de aguas residuales, estiércol y biomasa. Proponía eliminar de inmediato el uso de petróleo y carbón y sustituirlo por gas natural de origen fósil, que haría de puente durante la transición de las fuentes fósiles a las renovables.

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Las ideas de Commoner sobre la sustitución del capital biológico por capital económico fueron desarrolladas, desde el punto de vista económico, por Herman Daly, el promotor de la economía estacionaria. Su planteamiento es muy detallado y se asemeja a un sistema de mercado fuertemente intervenido y con un sector público muy desarrollado, que garantizaría la sostenibilidad ecológica más estricta, a la vez que cierto igualitarismo y reparto equitativo de la producción. Su modelo combina por tanto ideas liberales con propuestas socialistas. Daly se ha resistido sin embargo a definir como capitalista o como socialista su modelo económico, y afirma que es más bien “una tercera vía, que podría formar una síntesis futura del socialismo y el capitalismo en una economía de estado estacionario y eventualmente en una sociedad completamente justa y sostenible”(Daly, 1980).

Las ideas de Barry Commoner fueron desarrolladas por John Bellamy Foster, James O’Connor y Elmar Altvater, tres economistas marxistas que investigaron en la disciplina de la Economía Ecológica. En su libro con Magdoff (Magdoff y Foster 2011), Bellamy Foster propone la unión de fuerzas socialistas y ecologistas para promover no el crecimiento económico, sino el desarrollo humano sostenible. Esto significaría producción suficiente para todos y no más. La necesidad de mantener el cambio climático limitado a 2ºC exige un cambio en todas las prioridades consumistas hasta ahora alentadas por el capitalismo, y un cambio radical en la manera como nos relacionamos con los otros seres humanos y con las cosas. Este cambio es incompatible con el sistema del capitalismo mundial porque: (1) su búsqueda de una acumulación interminable de capital conduce a una producción que debe expandirse constantemente para proporcionar ganancias; (2) su sistema agrícola y alimentario contamina el medio ambiente y no permite el acceso universal a alimentos de calidad; (3) destruye sistemáticamente el medio ambiente; (4) aumenta continuamente la desigualdad de ingresos y riqueza dentro y entre países; (5) cierra el paso a cualquier solución que no sea tecnológica a los crecientes problemas sociales y ecológicos; y (6) promociona y premia las personalidades que menos empatizan con otros seres humanos, con las comunidades y con la naturaleza. Magdoff y Foster (2011) proponen movilizarse a lo largo de estas líneas:

  • Establecer un impuesto al carbono del tipo propuesto por James Hansen, en el que el 100 por ciento de los dividendos se devuelven al público. Esto alentaría la conservación, al tiempo que impondría la carga a aquellos con las mayores huellas de carbono y la mayor riqueza.
  • Bloquear las nuevas plantas de carbón (sin secuestro de CO2) y cerrar las viejas.
  • Bloquear cualquier intento de producir hidrocarburos a partir de arenas y esquistos bituminosos para reemplazar la disminución del suministro de petróleo crudo.
  • Hacer que los Estados Unidos participen con las otras naciones del mundo para redactar un acuerdo mundial para una reducción drástica de las emisiones de carbono. Esto debería seguir el Acuerdo de los Pueblos de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra (Fuhem). Se debe proporcionar un fondo para ayudar a los países en desarrollo a pagar los costos asociados con la adaptación al cambio climático.
  • Presionar a los países ricos para que respalden la contracción y la convergencia de las emisiones de carbono a nivel mundial, avanzando hacia las emisiones mundiales per cápita uniformes, con recortes mucho más profundos en los países ricos con grandes huellas de carbono per cápita.
  • Poner fin a la extracción de recursos naturales propensos a daños ambientales excesivos. La explotación del petróleo de aguas profundas no debería permitirse en absoluto.
  • Hacer un uso más eficiente de la energía, junto con reducir el uso de energía.
  • Satisfacer todas las necesidades energéticas del mundo con viento, agua y luz solar (WWS), eliminando el uso de combustibles fósiles, sin recurrir a los biocombustibles o la energía nuclear.
  • Promover el transporte público, incluidos los tranvías de alta velocidad para viajes interurbanos y trenes ligeros y carriles exclusivos para autobuses en las ciudades, para reducir la dependencia del automóvil.
  • Hacer que la justicia ambiental sea parte de los procesos de decisiones políticas. Los barrios pobres, las aldeas y los países no deben usarse como vertederos, incineradoras o para ubicar industrias especialmente contaminantes.
  • Fomentar una agricultura sostenible que elimine las prácticas agrícolas industriales ecológicamente destructivas. Detener la cría inhumana de animales de granja en condiciones poco saludables, y que requieren el uso rutinario de antibióticos. Comprar alimentos directamente de los productores en los mercados de agricultores y a través de cooperativas de consumo directo.
  • Combatir las divisiones extremas entre la ciudad y el campo, y el desarrollo urbano descontrolado que erradica las áreas rurales, y al mismo tiempo impone más demandas a las zonas rurales.

Magdoff y Foster proponen unirse a los crecientes grupos ambientalistas que entienden que la lucha debe ser tanto social como ambiental. En el Tercer Mundo, están surgiendo también organizaciones campesinas que promueven nuevas formas de agricultura ecológica y de relación con la tierra. Otros movimientos globales con quienes cooperar sería la Red de Ecoaldeas, Ciudades en Transición, el movimiento por la justicia climática y el Foro Social Mundial.

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Método Jadam de agricultura orgánica

Altvater (2011) hace notar que los cambios de procesos económicos a largo plazo no son considerados revolucionarios sino retrospectivamente, y sugiere que los experimentos actuales de economía cooperativa, solidaria y sin ánimo de lucro podrían constituir alternativas económicas convincentes y factibles en los próximos shocks externos e internos que sufrirá el sistema capitalista. Estos shocks  externos serán según Altvater el cénit del petróleo y las crisis financieras. La economía solidaria constiuiría según este autor una nueva cosmovisión, una crítica radical y a la vez práctica del capitalismo, que ilustra una manera de salir de él partiendo de prácticas que comienzan a funcionar dentro de él. Yo mismo defendí una idea similar en García-Olivares y Esteban (1989) y García-Olivares y Solé (2014). La economía solidaria se vuelve atractiva porque el neoliberalismo no ofrece una perspectiva de vida digna y segura para la mayoría de la gente, y esa perspectiva empeorará con las crisis que se avecinan.

El australiano Ted Trainer llamó también a los socialistas a desarrollar un sistema que satisficiera las necesidades humanas, en contraste al sistema capitalista, que crea necesidades imaginarias insostenibles. Propone una economía estacionaria, pero con tasas de consumo entre 10 y 100 veces inferiores a los que estamos acostumbrados en el Primer Mundo. Fue de los primeros en subrayar que las renovables no podrían satisfacer una demanda económica en expansión, por lo que un sistema basado en energías renovables tendría que venir acompañado de una reducción drástica del consumo mundial. Para favorecer la transición hacia el nuevo sistema, propone comenzar creando en el sistema actual nichos demostrativos basados en ecoaldeas inteligentes conectadas en red, que proporcionen estilos de vida saludables, trabajo y educación con un consumo neto muy reducido, y altas tasas de reciclado y reutilización de materiales. Su web contiene materiales útiles para los que quieran adscribirse a esta “vía de la simplicidad”: http://thesimplerway.info/ .

El ecosocialista belga Daniel Tanuro se adhiere al consenso científico recogido por el IPCC, y sostiene que las emisiones netas globales de CO2 deben reducirse en un 100% para 2050, y ser negativas en lo sucesivo, para tener una probabilidad media de mantenerse por debajo de 1,5 °C de calentamiento. Pero los poderes económicos y los Estados prefieren superar este umbral con la esperanza de que la geoingeniería del futuro pueda «enfriar» la Tierra. “Es una locura absoluta, pero es a estas «soluciones» de aprendizaje de brujo  hacia las  que el «capitalismo verde» se está moviendo hoy. ¿Por qué? Porque la única manera racional de equilibrar la ecuación del clima es intolerable para él. ¿En qué debería consistir? Se debe decretar una movilización general, hacer un inventario de todas las producciones inútiles o peligrosas, todos los transportes inútiles y eliminarlos por completo, sin compensación para los accionistas, hasta que se logren las reducciones de emisiones necesarias. No hace falta decir que esta operación requiere medidas drásticas, especialmente la socialización de los sectores de energía y crédito, la reducción masiva de horas de trabajo sin pérdida de salarios, la reconversión del personal de las empresas hacia actividades útiles con ingresos garantizados, y el desarrollo de los servicios públicos democráticos” (Daniel Tanuro 2019). Es decir, es imposible alcanzar aquellos objetivos sin una ruptura revolucionaria anticapitalista. Critica también a los grupos colapsistas que afirman que “el colapso es inevitable”, porque generalizan de forma infundamentada las tendencias del capitalismo actual, como si la acción humana no pudiera cambiar ya esas tendencias. Estoy de acuerdo con Tanuro en que en un sistema complejo como es una sociedad, donde las leyes económicas son emergencias de la auto-organización de los consensos, treguas y conflictos entre agentes grupales y tecnologías (Ensamblajes socio-técnicos y complejidad social), decir que una trayectoria social concreta es inevitable, es casi siempre una nueva forma de determinismo económico mecanicista. La economía capitalista actual nos lleva al colapso, pero la acción social siempre puede reestructurar la dinámica económica, en cualquier fase de degradación en que se encuentre. Por supuesto que las condiciones serán muy diferentes si nos movilizamos ahora que si lo hacemos en la década de 2030, en pleno declive de la energía fósil. Discutiremos esto en un futuro artículo.

Michael Löwy es otro autor imprescindible de esta escuela, así como Ian Angus y Victor Wallis. Autores eco-socialistas y “eco-anarquistas” imprescindibles en España son Jorge Riechmann, Carlos Taibo, Santiago Muiño y Yayo Herrero. Yo también he investigado en esta línea (García-Olivares y Esteban, 1989; García-Olivares y Solé, 2014; García-Olivares y Beitia, 2019; García-Olivares, 2020) pero de forma mucho más esporádica que los autores anteriores.

Casi todos los tipos de eco-socialismo incluyen hoy algún tipo de decrecentismo o, al menos, creen que hay que frenar urgentemente el crecimiento económico en los países del Norte y buscar una economía estacionaria, capaz de generar prosperidad sin necesidad de crecer (Jackson 2009). Donde no hay acuerdo es en el nivel de actividad económica industrial que una economía sostenible y post-capitalista será capaz de proporcionar. Por otra parte, algunos autores  eco-socialistas consideran que el término decrecimiento es inapropiado para países del Sur, donde puede ser conveniente la continuación del crecimiento económico en un hipotético decrecimiento de la economía del Norte global. “Pero tampoco en el Norte se puede emplear esa fórmula de manera general ya que deberían “decrecer” determinados sectores de la economía mientras que, por el contrario, otros tendrían que conocer un “crecimiento” significativo: aquéllos precisamente destinados a satisfacer las necesidades y capacidades básicas de los seres humanos y de la biosfera planetaria, incluyendo entre ellos los destinados a socializar los trabajos de cuidados” (Pastor 2009).

El eco-socialismo decrecentista busca una sociedad futura que use fundamentalmente fuentes energéticas y materiales renovables y sostenibles con baja tecnología, pues una parte importante de los procesos de alta tecnología exigen el uso de minerales que son ya muy escasos. El uso de recursos no renovables será el objetivo de una gestión colectiva, asegurando así su racionalidad, y la implementación de procesos de reciclado y reutilización. El uso de una agricultura completamente orgánica, no dependiente de minerales finitos ni de combustibles fósiles, será parte importante de este modelo.

El eco-socialismo incorpora conceptos procedentes de la tradición socialista. Primero, el predominio del valor de uso sobre el valor de cambio. El valor de uso es lo que contribuye a la calidad de la vida humana en todas sus dimensiones. El valor de cambio es una valoración para el intercambio mercantil, que debería tener una función subordinada al primero. Reinsertar la economía en la sociedad sería el objetivo, defendido ya por Karl Polanyi.

Otro principio sería la participación democrática aplicada a todos los niveles de la vida colectiva, desde el local hasta el global. Propone extender la democracia representativa a todos los niveles de la actividad colectiva, incluyendo la economía. También la promoción de la democracia participativa o directa en todos los sectores. No se trata solo de la dimensión territorial (pueblos, barrios, aldeas), sino también de las empresas y de las administraciones.

El principio de interculturalidad promovería el derecho de los pueblos frente al derecho de los negocios; la protección de las culturas autóctonas; la socialización de los resultados de la ciencia, llevando a un mínimo los monopolios industriales y las patentes; el fomento de la laicidad de los Estados, como base del diálogo filosófico y espiritual.

Aunque el decrecentismo incorpora conceptos procedentes del eco-socialismo, y hay cierta intersección entre ambos movimientos, el decrecentismo se ha nutrido también de ideas ecologistas y de ecología política no necesariamente anti-capitalistas. En futuros artículos continuaremos discutiendo el fértil debate que se está produciendo actualmente sobre la necesidad de una sociedad justa y sostenible, en los campos de la ecología política, el ecosocialismo y el decrecentismo. También comentaremos algunos debates que se han producido entre autores de estas tendencias y autores de tendencia colapsista.

Referencias

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El anti-capitalismo democrático durante el siglo XX

Continuando con el análisis iniciado en El anticapitalismo democrático (I): De los primeros socialistas a Rosa Luxemburgo, estudiaremos las principales escuelas de pensamiento democrático anticapitalista del siglo XX: El marxismo humanista, el austromarxismo, la Escuela de Frankfurt, el Eurocomunismo, y el pensamiento de Poulantzas y Miliband.

El marxismo humanista

Esta rama del marxismo se apoya en los primeros escritos de Marx (no sólo en las obras de 1848 en adelante), sobre todo en los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 en los cuales Marx expone su teoría de la alienación. Las fuentes intelectuales principales de esta escuela son Antonio Gramsci, el joven Georg Lukács, Ernst Bloch, Erich Fromm (aunque éste se suele adscribir también a la Escuela de Frankfurt, otra forma de humanismo), Lucien Goldmann y Roger Garaudy. También el filósofo Jean Paul Sartre (1905-1980).

Ernst Bloch (1885-1977) apoyó inicialmente los intentos de construir un socialismo en los países del Este, pero su apoyo se derrumbó tras la represión de los levantamientos populares en Alemania Oriental (1954) y Hungría (1957) por las tropas soviéticas, y también por la cerrazón de la clase política de Alemania Oriental y de los demás países comunistas europeos frente a los impulsos reformadores de marxistas como él mismo. Bloch reivindicó la atención al “factor subjetivo” en los cambios sociales, y también la necesidad del estudio científico de Marx en vez de la repetición del marxismo vulgar reinante, rechazó el culto a la personalidad en la vida política y reclamó que todo régimen comunista auténtico debería cumplir con el principio de la libertad ciudadana y no cercenarlo (Krotz, 2011 ). En su libro El principio esperanza distingue entre el utopismo  optimista chato, por un lado, y la filosofía de la utopía concreta, la esperanza fundamentada, por el otro. Pero “también ésta última puede y será desilusionada, así tiene que ser, por respeto a sí misma, porque de lo contrario no sería esperanza”. El proceso del mundo mismo corrige mediante desilusiones el intento teórico-práctico de la esperanza aprendida, la esperanza fundamentada aprende de la historia para poder mantenerse en dirección hacia aquel “humanismo real” que había sido formulado más de un siglo antes por Carlos Marx como el “imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en que el hombre sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable”.

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Ernst Bloch

En contraste con los autoritarismos de Estado de la URSS y Alemania Oriental, la libertad socialista se halla inscrita en lo colectivo, y su contenido es democracia auténtica, material-humana (Gálvez, 2016). El socialismo, al igual que el utopismo de Moro, es crítico de la realidad social y aboga por el fin de la propiedad privada. Pero también aboga por la libertad, la abundancia, las relaciones sociales igualitarias, un trabajo de duración limitada (6 horas diarias como máximo), el descanso y la felicidad, mientras que lo producido es repartido de modo igual. Lo que interesa en la utopía, dice Bloch, es su orientación práctica hacia la cordialidad y la felicidad, no la forma novelada en que se presenta, que en la URSS es tan ideológica como el cuento del consumismo feliz de los países capitalistas.

En este sentido, cree que el marxismo es como una crítica de la razón pura de la búsqueda colectiva de la felicidad, para la cual todavía no se ha escrito la crítica de la razón práctica. La obra termina diciendo: “La raíz de la historia es el ser humano que trabaja, que crea, que modifica y supera las circunstancias dadas. Si llega a captarse a sí y si llega a fundamentar lo suyo, sin enajenación ni alienación, en una democracia real, surgirá en el mundo algo que ha brillado ante los ojos de todos en la infancia, pero donde nadie ha estado todavía: patria”.

Bloch apoyó por igual a los disidentes perseguidos de los países del “socialismo real” y a las víctimas de las dictaduras latinoamericanas, y se convirtió en uno de los intelectuales de referencia del Mayo del 68 francés. Propuso también una alianza entre el marxismo y el cristianismo, pero no el institucional, sino el cristianismo leído desde sus herejes y disidentes. Porque descubre en el cristianismo crítico la persistencia de la esperanza que critica las condiciones deshumanizadoras a lo largo de la civilización europea. De ahí que tuviera cierta influencia en la Teología de la Liberación de América Latina.

Antonio Gramsci (1891-1937) subrayó que la clase dirigente de una sociedad refuerza su poder con formas muy diversas de dominación cultural e institucional, que son mucho más efectivas que la coerción, a la hora de estabilizar las prácticas habituales de los dominados. Ello se hace mediante: (i) la intervención del poder (en cualquiera de sus formas) sobre la vida cotidiana de los sujetos y (ii) en la colonización de todas y cada una de sus esferas, que ahora son relaciones de dominación. En particular, la clase dirigente presenta sus propios valores como si fueran valores universales, útiles para todas las clases. De modo que si se quiere cimentar una hegemonía alternativa a la dominante es preciso propiciar una guerra de posiciones cuyo objetivo es subvertir los valores establecidos y encaminar a la gente hacia un nuevo modelo social.

Gramsci

Antonio Gramsci

No se trata de utilizar a las masas, como hicieron el jacobinismo, el leninismo o el fascismo, sino de concienciar democráticamente a los ciudadanos para que subviertan el orden establecido. La subversión de la hegemonía capitalista, si llega, deberá llegar por la creación desde debajo de una nueva cultura política con sus valores alternativos. Si tras tomar el poder no existe una sociedad civil hegemónica que respalde su continuidad, ese poder sólo conducirá a una dictadura. Gramsci coincide con Rosa Luxemburgo en que la democracia y la libertad son los medios de deliberación imprescindibles donde los ciudadanos crean su hegemonía. Gracias a ellos, los ciudadanos reconocen su propia fuerza, se amplía la solidaridad entre los miembros de la misma clase social, desaparece el aislamiento, y los intereses corporativos sobrepasan sus límites y abarcan a otros grupos sociales (Rodriguez Prieto y Seco Martínez, 2007).

A largo plazo, el estado tendería a desaparecer con el pleno desarrollo de la capacidad de la sociedad civil para regularse a sí misma. Dado que la ‘praxis’ colectiva determina si una cuestión filosófica es relevante o no, afirma que hasta “el marxismo también es una superestructura”, lo que quiere decir que no es la verdad, sino un punto de vista histórico que aglutina de forma útil las perspectivas y objetivos de amplios grupos sociales. Al oponerse al materialismo vulgar leninista, y al positivismo, abre paso a un grado mayor de relativismo epistemológico, que no constituye para Gramsci una renuncia ética o política, sino la asunción del carácter provisorio y construido del conocimiento humano.

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Jean-Paul Sartre

Jean-Paul Sartre (1905-1980) piensa que los bolcheviques rusos, en su lucha contra todos los enemigos reales y supuestos de la revolución, se atribuyeron el derecho exclusivo de interpretar los acontecimientos, con lo que blindaron sus teorías de la crítica de la experiencia. Ello les llevó a una especie de idealismo absolutista  en el que “tanto los hombres como las cosas eran sometidos a priori a determinadas ideas. Si la experiencia contradecía luego a las previsiones, el error sólo era de aquélla”. De esta manera, el marxismo deja de ser un método de entender colectivamente la realidad para convertirse en una especie de República platónica, un saber absoluto en posesión de una élite clarividente, que a su vez reclama la autoridad suprema.

Lucien Goldmann

Lucien Goldmann

Lucien Goldmann (1913-1970) es uno de los representantes más importantes de la corriente humanista e historicista. Sus trabajos de filosofía y sociología de la cultura, especialmente Le Dieu Caché (El Dios Oculto),1955, están fuertemente marcados por la influencia del Lukács de Historia y conciencia de clase y se oponen radicalmente a las lecturas positivistas o estructuralistas del marxismo. Goldmann defiende un socialismo autogestivo, crítico tanto de la democracia capitalista como del estalinismo. Según Goldmann, las visiones del mundo individualistas, racionalistas o empiristas ignoran el componente de apuesta colectiva que tienen los movimientos sociales. Bensaïd, un marxista de la escuela de Mandel, desarrolló esta idea de Goldmann, cuando escribió que el compromiso político revolucionario no está fundamentado sobre una “certeza científica” progresista cualquiera, sino sobre una apuesta razonada por el porvenir: la acción emancipadora es, como afirmaba Pascal, “un trabajo sobre lo incierto”. La apuesta es una esperanza que no podemos desmontar, pero sobre la que es necesario comprometer la existencia, sobre todo cuando observamos que la alternativa a ese apostar es la barbarie. Escribía Pascal: “es necesario apostar, estamos embarcados”. Esta sería la condición trágica del hombre moderno (Lowy, 2017).

La escuela de la praxis de los años 60 es otra representante de este movimiento. La integraban marxistas críticos yugoslavos cuyas ideas fueron divulgadas por Erich Fromm en un libro de 1965 titulado Humanismo Socialista: un simposio internacional. Ponían el énfasis en los escritos tempranos de Marx y en la búsqueda de libertad de expresión, basada en la insistencia de Marx en la crítica social. Mientras Mihailo Marković teorizó sobre la alienación y la naturaleza dinámica de los seres humanos, Gajo Petrović escribió acerca de la filosofía como crítica radical de todo lo existente, enfatizando la naturaleza esencialmente creativa y práctica de los seres humanos. Milan Kangrga también trata la creatividad, pero sobre todo el entendimiento de los hombres como productores de naturaleza humana. Por su parte, Rudi Supek incorporó la filosofía existencial a la praxis social marxista.

Kangrga

Henri Lefebvre (1901-1991), otro de los principales ideólogos del Mayo del 68 francés, se opone al estructuralismo anti-humanista de marxistas como Althusser, a la fascinación absurda que ejerce la URSS sobre algunos marxistas, y aboga por el “derecho a la ciudad”, y una vida cotidiana digna. La entonces URSS o China según Lefebvre reproducen e, incluso magnifican, las dinámicas producidas por la ciudad de corte capitalista. Tanto la dominación urbana a través del consumismo y la propaganda como la dominación basada en el autoritarismo y la propaganda socialista crean un espacio abstracto que tiende hacia la homogeneidad, uniformización y repetición deshumanizada para partes crecientes de la sociedad. El socialismo, por el contrario, debe crear un espacio diferencial que dé cabida y permita el desarrollo de las diferencias. Este espacio buscaría reasociar las funciones, los elementos y los momentos de la práctica social que el espacio abstracto disocia. Critica tanto la sociedad burocrática del consumo dirigido como el creciente poder del Estado y lo que  denominaba el modo de producción estatal (Baringo Ezquerra, 2013). La lucha de clases sería el principal motor del proceso de cambio, en donde juegan un papel crucial los dominados (minorías, mujeres,…) en la búsqueda por la “reapropiación” de los espacios de la diferencia. La cotidianidad es un tipo de depósito subterráneo en el cual se sedimentan las convenciones y hábitos mentales impuestos por el poder, y se perpetúan las relaciones de dominación. Ahí se encuentra la barrera que impide a la fantasía y la inventiva encontrar las vías para la propia expresión, la autonomía del ser. El derecho a la diferencia se conseguiría a través de la lucha concreta en la ciudad, que a su vez contribuye a alterar la “producción del espacio” dominante. En este sentido, la lucha actual de las movilizaciones anti-deshaucio en las ciudades españolas sería una forma de poner en evidencia las “mentiras del poder” y luchar contra sus esquemas de producción del espacio cotidiano.

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Henri Lefebvre

El político e ideólogo español Fernando de los Ríos (1879-1949) también se puede asociar con esta corriente, por su obra El sentido humanista del socialismo (1926). De los Ríos critica con firmeza cualquier tipo de aspiraciones totalitarias y propone un socialismo no revolucionario.  El capitalismo es, para De los Ríos, la libertad de las cosas (mercado) y la esclavitud de los hombres; el socialismo, en cambio, es el sometimiento de las cosas, de la economía (del mercado) para hacer así posible la libertad de las personas. Era un socialista reformista, pero sus reformas deberían buscar un cambio real del modo de producción capitalista, única forma de mejorar la sociedad.

Fernando de los Ríos critica a Marx achacándole un materialismo histórico de tipo kautskiano-positivista, una interpretación del marxismo que era todavía la prevalente en su tiempo en gran parte del movimiento obrero como el verdadero marxismo ortodoxo. Aunque reconoce que en Marx no hay sólo descripción de hechos, es decir, ciencia económica, sino que hay también juicios de valor, es decir, ética. Este reconocimiento le podía haber acercado a los austromarxistas Max Adler u Otto Bauer, y también a las nuevas y más profundas interpretaciones que por entonces iniciaban Georg Lukacs o Antonio Gramsci, pero su casi completa absorción en la actividad política se lo impidió (Elías Diaz, 1979. https://elpais.com/diario/1979/12/26/opinion/315010810_850215.html ).

Otro marxista humanista es el político chileno Eugenio González Rojas (1903-1976), ideólogo de lo que él llamó humanismo socialista, que hasta el día de hoy es una de las bases ideológicas principales del Partido Socialista de Chile.

Salvador Allende

Salvador Allende

También Salvador Allende se puede adscribir a esta tendencia. El gobierno democrático de Unidad Popular que encabezó en Chile propugnó la vía democrática al socialismo, quebrada por el golpe de Estado de 1969, de Pinochet. Allende definió el socialismo chileno como “marxista e impregnado de un hondo sentido humanista”. Defendió la implementación de políticas orientadas a la superación del capitalismo, una construcción del socialismo vinculada con la creación de poder popular, y una política de unidad entre socialistas y comunistas.

Las intenciones y medidas políticas de Allende no tenían en absoluto un carácter revolucionario, se limitaban a disminuir el poder de monopolios extranjeros impuestos en el pasado y oligarquías agrarias insoportables. Pero como analiza Magri (2011),  detrás de esos intereses corporados nacionales había otros intereses internacionales mucho mas fuertes, con los cuales Chile mantenía una relación semicolonial. El ejército había jurado fidelidad a la Constitución, pero era una casta separada, formada en Estados Unidos. El plan del Departamento de Estado norteamericano para derrocar su gobierno consistió en fomentar el caos económico desde el exterior, organizar revueltas empresariales, y al no ser esto suficiente para quebrar el apoyo popular al gobierno, organizar y financiar desde EEUU un golpe de estado militar.

Austromarxismo

El neokantiano Max Adler (1873-1937), el nacionalista Otto Bauer (1881-1938) y el economista  Rudolf Hilferding (1877-1941) eran partidarios de desarrollar una teoría política que se situase entre la socialdemocracia y el leninismo, respetando las diversas maneras de llegar al poder (reforma o revolución) en función de las circunstancias. Eran bastante fieles a la concepción de Marx sobre la revolución socialista como profundización de la democracia.

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Rudolf Hilferding con su esposa

Hilferding, asesinado por la Gestapo en 1941, fue el primer economista en argumentar que la “competencia de mercado” como esencia del capitalismo era lo contrario de la realidad. Lo que caracteriza al capitalismo es el control de los mercados por grandes empresas monopolísticas. Éstas acaban destruyendo a las pequeñas empresas, que sí funcionan dentro de mercados, con ayuda del crédito financiero. La competencia especulativa entre los monopolios, y sus especulaciones con los precios para obtener ganancias exorbitantes, es lo que conduce a las crisis periódicas. Igual de actual es su afirmación de que el sistema de la deuda pública es una forma de enajenación del Estado por el gran capital; así, resulta que “La única parte de la riqueza nacional que es realmente colectiva en los pueblos modernos (…) [es] su deuda pública”(…)”la deuda pública se convierte en una de las palancas más efectivas de la acumulación originaria. Como un toque de varita mágica, infunde virtud generadora al dinero improductivo y los transforma en capital, sin que tenga que exponerse a las molestias y riesgos inseparables de la inversión industrial e incluso la usuraria. En resumen: “El capital industrial es el Dios Padre que ha dejado como Dios Hijo al capital comercial y bancario, y el capital monetario es el Espíritu Santo; son tres, pero sólo es el capital financiero“ (Hilferding 1971; https://kmarx.wordpress.com/2014/09/25/la-actualidad-de-rudolf-hilferding-y-el-capital-financiero-para-explicar-la-crisis-actual-1909-2009/ ).

La escuela de Frankfurt

Ya en 1920 Georg Lukács hacía una lectura crítica del marxismo ortodoxo, mecanicista, determinista, “vulgar”, que hasta entonces dominaba la Segunda Internacional, y subrayaba que la alienación y la reificación eran esenciales para cualquier análisis marxista. El capitalismo no consiste sólo en un conjunto de fuerzas de producción o lógicas materiales sino que se trata de una cultura que implica una forma de ver el mundo donde todo se cosifica, se reifica: así sucede con la transformación del trabajo humano en mercancías que ya no están bajo el control del obrero y pasan a tener un valor mediado por el capital; así pasa con la persona que en la sociedad capitalista deja de ser tal persona y se convierte en un mero individuo; así pasa con las relaciones interpersonales, que ya no son por simpatía sino por interés; con las mercancías que se vuelven meramente objetos, etc. (Pérez de Viñaspre, 2019). Esta línea de análisis basada en factores mucho más amplios que los económicos es retomada por Max Horkheimer y Theodor Adorno, fundadores de la Escuela de Francfurt. “Ya no se trataría de hacer solamente una sociología de leyes económicas o sociales, también habría que estudiar las interrelaciones mutuamente determinantes existentes entre el campo económico con el psicológico, con el social, con el político, con el cultural, de modo tal que entretejerían una red, una especie de totalidad invisible” (Pérez de Viñaspre, 2019). La escuela de Frankfurt crean un marxismo humanista de sólida fundamentación sociológica, en el cual incorporan aportaciones fundamentales de Freud, Weber, y otros sociólogos.

Horkheimer y Adorno compartieron en el período 1920-1945 cuatro experiencias que marcaron determinantemente su reflexión y manera de pensar la realidad: (i) la pretensión cientificista del socialismo estalinista y el proceso de burocratización en la URSS; (ii) la consolidación de los regímenes fascistas (Alemania, Italia y España); (iii) el uso instrumental y racista de la ciencia en el Holocausto judío de la Alemania nazi y en la decisión política de lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki ; (iv) la capacidad integradora del capitalismo en la sociedad de consumo (Pérez de Viñaspre, 2019).

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Max Horkheimer (izquierda) saludando a Theodor Adorno

En 1941, era ya evidente para ambos que la situación revolucionaria que se había producido en Alemania entre las dos guerras y en Rusia tras 1917, había conducido en ambos casos (con Hitler y con Stalin) al totalitarismo y no a la liberación. Era evidente que algo fallaba, y su brillante estudio “Dialéctica de la Ilustración” (1947) trata de entender ese fracaso. Las reflexiones de Walter Benjamin, en su Tesis sobre Filosofía de la Historia fueron una de las influencias importantes que tuvieron en su búsqueda de una respuesta. Dice Benjamin:

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja inconteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

Angelus Novus

Angelus Novus (1920), de Paul Klee

Walter Benjamin había formado parte, durante la I Guerra Mundial, de la corriente pacifista de la izquierda europea radical, que rechazaba la participación y la colaboración con la que tildaban de «carnicería humana interimperialista», pero tomó la decisión de que jamás militaría en el fascismo ni en el sionismo (él era de origen judío). Tampoco en el comunismo, pues su viaje a Moscú le confirmó sus sospechas de que aquello no tenía nada que ver con el comunismo de Marx o Rosa Luxemburgo. Para él, la salvación de la humanidad estaba ligada a la salvación de la naturaleza. Criticó sin piedad a Hitler, la teoría fascista y a la hipocresía de la democracia burguesa y al capital financiero e industrial alemán, que apoyaron al nazismo como forma de contrarrevolución preventiva contra los socialistas. Intentó conciliar el marxismo con el misticismo judío y con el arte de vanguardia, y estuvo en contacto continuo con la Escuela de Francfurt y con sus amigos, también marxistas críticos, Bertolt Brecht y Ernst Bloch.

Tras la ocupación nazi de Francia, Benjamin trató de pasar a España por Portbou, para intentar llegar a Lisboa y volar desde allí a EEUU, donde le esperaba Adorno. Pero fue detenido por la policía española pues carecía de permiso de salida de Francia. Adorno, pensando que sería devuelto a Francia y apresado por la Gestapo, se suicidó con una dosis letal de morfina en Portbou.

Monumento a W Benjamin

Monumento a Walter Benjamin en Portbou

Horkheimer trató de dar respuesta a por qué la razón occidental había fracasado a la hora de crear una sociedad feliz, tanto por la vía del comunismo soviético como por la vía del capitalismo imperialista. La respuesta la resume magníficamente Pérez de Viñaspre (2019): “la misma razón que trajo las luces a la humanidad, también coronó a la mercancía como lo único que da sentido a la vida llevando al genocidio de comunidades enteras de pueblos indígenas y al comercio de esclavos africanos, creó los campos de concentración, llegó a la consumación de los asesinatos en masa del Holocausto, en fin, provocó que el Angelus Novus no pueda evitar poner cara de espanto ante el horror de ver en el pasado un paisaje en ruinas. Qué es lo que ha pasado? Es opinión generalizada considerar el hitlerismo como un hecho irracional, una extravagancia, una locura o chaladura. Y no es así, porque Auschwitz constituye un hecho totalmente racional, una obra de la aplicación de la razón instrumental para dominar. Horkheimer afirma que a la razón se le ha dado una función instrumental para esclavizar, dominar y someter. Esta racionalidad burguesa, esta razón instrumental, que domina a los hombres y a la naturaleza y que conforma la sociedad capitalista, lleva su instrumentalidad hacia Auschwitz. De ahí que los campos de concentración sean un fenómeno racional manejado racionalmente con pautas racionales, y que los torturadores entran en su trabajo fichando como en cualquier otro empleo y cumplen con su trabajo racionalmente, es decir, torturando”. Todo esto llevará a Hannah Arendt, en “Eichman en Jerusalem”, a hablar de la banalidad del mal dentro de las burocracias, que convierten el mal en una rutina, un trabajo cotidiano, que todos ejecutan por responsabilidad cívica.

Yo añadiría que, con la misma eficiencia banal Franco “limpió” España de “malos españoles”, los dictadores chileno y argentinos justificaron las desapariciones forzosas de miles de manifestantes “equivocados”, lanzaron vivos desde aviones a decenas de jóvenes idealistas, o la CIA utilizó el terrorismo y la red Gladio para impedir la entrada del Partido Comunista Italiano en el gobierno (https://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20160923/41384919299/aldo-moro-asesinato-secuestro-brigadas-rojas.html ). Pérez de Viñaspre cita también a la entonces asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, que autorizó en 2002 las “técnicas de interrogación” de la CIA en las prisiones de Guantánamo y Abu Grahib, cuando interpretó así las torturas que se practicaban en esas prisiones: “EEUU no practica la tortura, se limita a ejercer labores de inteligencia”. Una matización muy elocuente de lo que significa la razón occidental moderna, que da la razón al  análisis de Horkheimer, Adorno y Arendt.

El stalinismo es también un hijo de la Ilustración y no escapa a esta dinámica de la Razón Instrumental, y la distopía burocrática-dictatorial a la que condujo demuestra que no basta con sustituir a un amo por otro, por más que cambiemos la estructura social, o apliquemos cientos de reformas, o hagamos grandes revoluciones como lo fueron la francesa o la rusa. Es imprescindible una revolución mucho más profunda, que consiste en plantearse en qué consiste nuestra propia racionalidad. Esta revolución no sería sólo política sino también ideológica y cultural, pues sería un cambio en los marcos conceptuales que permiten que haya dominación. Se trataría de un cambio imprescindible hasta “otra” lógica que impida el poder, la supremacía, la sumisión y la opresión.

Culturalmente, en Occidente estamos muy predispuestos a poner a las grandes abstracciones como el Progreso (El Programa del Progreso en Occidente), la Dominación (La dominación urbano-estatal y su imaginario; Análisis de la Mitología Occidental en “Mientras no cambien los dioses nada ha cambiado”, de Sánchez Ferlosio), o el Orden social, por delante de los sujetos humanos y sus demandas de felicidad. En última instancia, ello deriva de la separación y enaltecimiento que nuestra cultura hace de la razón abstracta (supuestamente superior) con respecto a los sentimientos (supuestamente inferiores). Dentro de ese marco metafórico cultural, el encumbramiento de un líder con el carácter rígido y obsesivo de las personalidades autoritarias puede hacer estragos. Eso es lo que ocurrió según Erich Fromm (1900-1980) con Lenin, que contribuyó personalmente a la deriva de la Revolución Rusa hacia los esquemas autoritarios. Considera que un socialismo autoritario como el que instauraron los bolcheviques no es ni socialismo ni marxismo. El marxismo no puede ser autoritario puesto que es una forma de humanismo,  consistente en buscar el pleno desarrollo de las potencialidades humanas. Lenin, al igual que Blanqui, tenía poca fe en la capacidad de la clase trabajadora para conseguir la emancipación por sí sola, de ahí la importancia que le daba a la élite de revolucionarios profesionales organizados como Partido Comunista. Esta élite era además concebida como una especie de comité de expertos en hacer cumplir las leyes de la historia, ante las cuales debían de sacrificarse (muy hegelianamente) los mezquinos intereses particulares. Lo que diferenciaba radicalmente la actitud de Lenin de la de todos los anarquistas y muchos socialistas era su falta de fe en la acción espontánea de los trabajadores y campesinos y, como lo expresó Fromm (1976), “no tenía fe en ellos porque no tenía fe en el hombre. Es esta falta de fe en el hombre lo que tienen en común el leninismo y las ideas antiliberales y clericales (…) La fe en la humanidad sin fe en el hombre o es insincera o, si es sincera, lleva a los mismos resultados que vemos en la historia trágica de la Inquisición, en el terror de Robespierre y en la dictadura de Lenin. Muchos socialistas, demócratas o revolucionarios, advirtieron los peligros de la concepción de Lenin; nadie los vio con más claridad que Rosa Luxemburgo, quien dijo que había que elegir entre democracia y burocratismo, y el desarrollo de los acontecimientos en Rusia demostró la exactitud de su predicción. Aunque Rosa Luxemburgo era una ardiente e inflexible crítica del capitalismo, tenía en el hombre una fe profunda e inconmovible (…) Fue esa falta de fe en el hombre la que permitió a los regímenes autoritarios conquistar a las masas, induciéndolas a tener fe en un ídolo y no en sí mismas”.

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Erich Fromm

La perspectiva de Horkheimer y Adorno es la que le permite también a Marcuse (1898-1979) entender que, pese a numerosos intentos de los ideólogos de la Guerra Fría, de un bando o el otro, de convencernos de que la lucha URSS-USA era una lucha entre el comunismo y el capitalismo, lo cierto es que dicha confrontación se parecía más a una disputa de familia que a una lucha entre modelos sociales absolutamente diferentes (Cristopher Morales 2015). La existencia de tendencias convergentes en el mundo socialista y en el sistema del capitalismo organizado tiene su razón de ser en la lógica de la dominación racional, en los procedimientos de industrialización acelerada, y en las técnicas de control cultural y social que ambas estructuras aplican en común. En El marxismo soviético, critica la institucionalización dogmática y didáctica y la visión pragmática y objetivista de Engels y Lenin en su realización de la revolución soviética, que para Marcuse traiciona el marxismo.

La llamada de Marcuse en pro de una civilización no represora tuvo un gran eco en Estados Unidos y otros países occidentales. Frente al fatalismo de Freud y el malestar de la cultura, Marcuse analiza la represión suavizadora de la sociedad de consumo, que crea y satisface deseos y necesidades ilusorios. Con la publicación, en 1964, de El hombre unidimensional, Marcuse se convierte en el filósofo de la contracultura, en el líder ideológico de la rebelión estudiantil de los sesenta en Occidente. Su crítica de la alienación en la sociedad posindustrial desarrollada es radical: la supresión de las contradicciones mediante La tolerancia permisiva (1967) crea la más fabulosa manipulación que el hombre haya conocido jamás. La alienación traspasa las simples barreras económicas para alcanzar toda la sociedad. La ciencia deviene en tecnología para usos industriales, la lógica científica en lógica simbólica. La ciencia y la técnica son instrumentos de dominación. El consumo es la única dimensión liberadora que le queda al ser humano, convertido en una especie de átomo aislado y desesperanzado, pero no es más que otra forma de alienación.

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Marcuse discutiendo con estudiantes en 1968

Marcuse acusó al llamado marxismo soviético de ser en un sistema de dominación mucho más cercano a los métodos manipuladores del capitalismo que a las ideas de Marx, y en haberse convertido en instrumento al servicio de una sociedad represiva burocrática y totalitaria. A sus características represivas añadían el cinismo con el que intentaron enmascarar la explotación. El origen de esta deriva de la URSS lo encuentra Marcuse en Lenin, con su visión economicista y anti-humanista de las fases necesarias para llegar al comunismo, que obligatoriamente debían de pasar por un “capitalismo de Estado”. Tal capitalismo de Estado es lo que Stalin acaba articulando, en una forma especialmente burocrática y dictatorial, y que Stalin confunde con el “Socialismo”, una confusión en la que Lenin no llegó a caer. Podríamos decir que, sin tener Lenin el mismo grado de personalidad despótica que Stalin, sin embargo ambos coincidían en que la felicidad humana era un asunto secundario frente a las grandes abstracciones como “las leyes históricas de los cambios de los modos de producción”, o “el Socialismo”. Esto es otro de los productos del progresismo ilustrado, que Hegel continuó desarrollando, y que llevó a que unánimemente, el bien del Estado se haya antepuesto siempre en todo el  mundo occidental al bien de los ciudadanos que componen el Estado (Ferlosio, Mientras no cambien los dioses, nada habrá cambiado).

No obstante, en las sociedades capitalistas más desarrolladas la sobrerrepresión se convierte en más eficaz por estar completamente enmascarada y basada en la mistificación de la conciencia de los hombres. Así, se produce la aparente paradoja de que Marcuse, máximo abanderado de la revolución sexual y de una sexualidad polimorfa, arremete en contra de la pretendida liberalización de las costumbres que se produjo en las sociedades capitalistas más desarrolladas; porque lejos de conducir a una mayor libertad, ha sido completamente integrada por el sistema y la ha puesto a su servicio, convirtiendo la misma sexualidad en objeto de consumo. El hombre de la sociedad capitalista «avanzada», obnubilado por un consumo sin freno y por una falsa liberalización de las costumbres, pierde todo sentido crítico, se convierte en un hombre unidimensional, integrándose más y más en el sistema. Ante esta generalización de la alienación, es preciso, según Marcuse, a la vez una reivindicación y una reinterpretación del pensamiento de Marx: mantener su capacidad crítica, pero replantear ésta crítica no tanto desde la concepción marxista clásica de la alienación del trabajo, sino a partir de la felicidad total del ser humano. Se trata, según Marcuse, de añadir al marxismo la dimensión de lo lúdico, de la alegría, del erotismo y de la eudaimonía, es decir, la vida buena y el florecimiento humano en todos los sentidos.

Bajo las circunstancias actuales del capitalismo consumista, “la tarea de una iz­quierda militante ha de ser primordialmente educativa. (…) Puesto que la mayoría de la gente está to­davía bajo los efectos del «lavado de cerebro» y puesto que las insti­tuciones funcionan de acuerdo con esta mayoría, la tarea primordial es educar en la desmitificación. Pero una educación que ha de salir del gabinete a la calle con acciones que atraigan y aglutinen a las masas más allá de las aulas y los cenácu­los” (Marcuse, en una entrevista con Pedro Altares en 1968. http://banderaroja.blogspot.com/2013/09/herbert-marcuse-unas-notas-y-una.html ). También, trabajar cerca de los pocos grupos que ya pueden transgredir la lógica del poder: infraproletariado, homosexuales, feministas, desclasados, inmigrantes… y con los que, por su situación objetiva, no se dejan convencer por la propaganda, los estudiantes e intelectuales críticos.

El “romanticismo revolucionario” de la Escuela de Frankfurt está cerca de las ideas del joven Marx de los Manuscritos económico-filosóficos: crítica de la alienación, utopía de la sociedad del trabajo humanizado, realización de las potencialidades humanas, reconciliación del hombre consigo mismo y con sus productos, relación casi estética con la naturaleza.

Eurocomunismo

Esta tendencia se inició en 1968 cuando los partidos comunistas de Italia, España, Finlandia y Méjico condenaron la invasión soviética de Praga, y se fue extendiendo desde entonces como facciones importantes dentro de casi todos los partidos comunistas de Europa Occidental. Rechaza el modelo de la Unión Soviética, las ideas de “partido único” y “dictadura del proletariado”, y busca construir un sistema de producción y distribución de las riquezas, diferente al capitalismo y de base socialista. Pero considera a la democracia y al sistema pluripartidista como un requisito previo para la construcción del socialismo, por lo que trata de construir un sistema socialista donde los partidos no socialistas se puedan presentar también a las elecciones.

Como lo expresaba el eurocomunista Fernando Claudín en 1977, https://elpais.com/diario/1977/06/11/cultura/234828001_850215.html , “en el marxismo de Marx, democracia y socialismo son también consustanciales. Es decir, para Marx la democracia es el poder de los trabajadores, por eso en el Manifiesto Comunista se dice que el primer paso del socialismo es la conquista de la democracia. El problema es que a partir de finales del siglo XIX y comienzos del XIX se produce una versión del marxismo, el llamado, revisionismo, que establece una nueva concepción de la democracia, perfectamente compatible con el capitalismo y con el marco ideal en el cual éste puede transformarse evolutivamente en el socialismo. Frente a esta concepción aparece la leninista, que está profundamente marcada por el hecho de que la Revolución de Octubre encuentra como enemigo principal a los Estados de la democracia burguesa y la hostilidad de la socialdemocracia internacional. Ello conduce a oponer las formas de democracia conquistada bajo el capitalismo, la democracia representativa, a las formas de democracia soviética o consejista y a considerar que sólo ésta es idónea para la sociedad socialista.”

Los consejos de obreros y cooperativas eran lo que se denomina en ruso soviets. Pero esta democracia de tipo soviético tampoco se realiza en la URSS, porque: (a) el poder teóricamente último de los soviets es supeditado a la dirección del partido único, con la excusa bolchevique de la necesaria unidad de acción militar contra el ejército Blanco, y (b) es liquidada definitivamente por el personalismo totalitario de Stalin.

Además de Gramsci, una de las fuentes en que bebieron tanto el reformismo social-demócrata como el eurocomunista fue Karl Mannheim, un sociólogo de fuerte influencia marxiana. Mannheim observó que las tentaciones totalitarias que recorrían todo el siglo XX eran en gran parte un efecto de la aparición de técnicas militares (ametralladoras, bombas de alta potencia explosiva, blindados..), técnicas de comunicación (radio, televisión…), y técnicas de administración (telégrafo, teléfono, fax, dirección científica del trabajo…) y otras técnicas (ferrocarriles, coches…) que permitían una concentración de poder en manos de una minoría mucho mayor que en cualquier otra época. Si a la gran cantidad de técnicas que permiten la centralización del poder, unimos la estructura jerárquica heredada del Estado, con su capacidad de controlar desde un centro las prácticas educativas y diversas prácticas sociales, el paso del gobierno democrático a un gobierno totalitario se ve enormemente facilitado.

La tendencia en las sociedades contemporáneas democráticas es también a que élites minoritarias económicas y políticas hagan planes y tomen decisiones desde posiciones clave, algo que luego analizó en detalle el economista keynesiano Kenneth Galbraith. Mannheim dice que esa planificación podría hacerse democráticamente y no de forma elitista (planificación democrática o planificación para la libertad). Para ello, nuestra democracia debería regirse por aquellos valores básicos (fraternidad, ayuda mutua, decencia, libertad, justicia) que son los fundamentos del funcionamiento de un orden social. Debería dejar de lado el relativismo del laissez-faire y buscar un consenso sobre esos principios. Mannheim defendió el reformismo, en lugar de la revolución, porque tiene la ventaja de permitir la incorporación de las elites liberales en la transición. Propone reformas y actitudes que luego fueron promovidas por los partidos social-demócratas y euro-comunistas: nuevos impuestos, control de inversiones, obras públicas, regulación de la actividad empresarial por el Estado, respeto por las leyes democráticas.

Berlinguer

Enrico Berlinguer

Enrico Berlinguer, secretario nacional del Partido Comunista de Italia, reflexionó sobre la experiencia de Allende en Chile y concluyó que el golpe de estado podría haberse evitado si Allende hubiera fomentado una mejor relación con una parte de la Democracia Cristiana Chilena (Magri, 2011). También concluyó que si se quiere gobernar democráticamente y trasformar un país geográfica y y culturalmente complejo, como Italia, era necesario disponer de: (i) fuerza parlamentaria suficiente para aprobar y
gestionar reformas profundas, que tocan intereses extendidos y hábitos enraizados,
y (ii) de un lapso de tiempo lo suficientemente largo para que tales reformas produzcan efectos positivos. Propugnó un compromiso histórico entre el PCI y la Democracia Cristiana (DC), el segundo y primer partidos más votados en Italia en los años 70, con apoyo de los socialistas. Pensaba que del gobierno conjunto podría nacer un encuentro entre masas comunistas, socialistas y católicas. La política dentro de las instituciones debería ir acompañada de movilización popular en la sociedad civil, que apoyara las reformas.

El acuerdo gubernamental fue boicoteado por la extrema izquierda, así como por la derecha demo-cristiana, desde sus inicios, y disgustó al gobierno de EEUU. El 16 de marzo de 1978 Aldo Moro , el ex primer ministro demo-cristiano y principal partidario del acuerdo, fue secuestrado por las Brigadas Rojas, un grupo armado de extrema izquierda que podría haber tenido en sus filas también miembros fascistas camuflados, de la red Gladio. Aldo Moro se dirigía a votar una moción de confianza al gobierno de Andreotti que sería apoyada por el PCI. El gobierno rechazó cualquier tipo de negociación con los terroristas, tras lo cual Aldo Moro fue asesinado el 9 de mayo. Tras el asesinato, el primer ministro Andreotti no sólo no dimitió, sino que endureció y acabó cortando las relaciones con el PCI. La coalición se rompió, y en las siguientes elecciones, el PCI cayó en apoyo electoral, en favor de la DC. Hay indicios de que el Departamento de Estado norteamericano pudo haber influído sobre distintos actores del gobierno y de las propias Brigadas Rojas, para evitar cualquier diálogo y facilitar el fracaso del Compromiso Histórico (La Transición Democrática controlada en España), pero nunca se han podido probar.

Más allá del Eurocomunismo: Poulantzas y Miliband

Nicos Poulantzas (1936-1979) va a desarrollar la conocida como “vía democrática al socialismo”, una estrategia diferente del leninismo y también del tipo de eurocomunismo que había derivado hacia posiciones social-demócratas y acomodaticias con el capitalismo. Ve al Estado como una relación entre las fuerzas de las diferentes clases y fracciones de clase de una sociedad, que se materializan en ese aparato. Esta concepción es tomada del análisis que Marx realizó del bonapartismo. Por ejemplo, cuando un Gobierno establece una reforma laboral, lo que se condensa en la misma es la correlación de fuerzas entre sindicatos y patronal que se está dando en ese momento (Sarrión Andaluz 2019). Esto deriva de que el Estado si bien es solo un orden institucional entre muchos otros en una sociedad, es también el encargado de asegurar la cohesión e integración de toda la sociedad (Jessop).

Poulantzas

La estrategia política que propone es combinar la transformación desde dentro del Estado para agudizar las contradicciones internas de los intereses de las distintas élites que lo componen, junto a la ampliación de la democracia para permitir formas de democracia directa desde la base y aumentar el grado de autoorganización y autonomía de las masas populares.

El desafío del proyecto eurocomunista es precisamente demostrar que la democracia representativa es también una conquista de las masas populares y que a través de su participación en el Estado es posible luchar por la ampliación de derechos que respalden las transformaciones a nivel económico, político e ideológico que se implementan en él. Destruir esta forma de democracia y tratar de sustituirla desde cero por una democracia directa tiene el peligro de que se lleve por delante derechos básicos ya conquistados por las clases populares, como advirtió Rosa Luxemburgo. El problema real de la transición socialista sería la de articular una profundización de los derechos abstractos que defiende el aparato de Estado con las nuevas formas de democracia directa que van a acompañarla en lo sucesivo.

La democracia representativa, como las demás instituciones estatales, expresa las tensiones y los antagonismos irreductibles de la lucha de clases, por lo que no serían sólo un reflejo de los intereses de la burguesía, aunque sí estaría bajo la primacía cultural y los privilegios estructurales que la burguesía goza. Es en su interior donde es necesario intensificar las luchas de las clases populares a fin de inclinar este balance de fuerzas hegemónicas a su favor. La transición al socialismo no culminaría en la obtención de una mayoría electoral. Tal mayoría representativa debería ir acompañada de cambios profundos en los espacios económicos y políticos del capitalismo, que empoderarían a la ciudadanía frente a las élites, las cuales seguirían tratando de utilizar la pugna electoral y las demás instituciones del Estado para revertir la hegemonía a su favor.

El inglés Ralph Miliband (1924-1994) por su parte, señaló que en el pensamiento de Marx sobre el Estado hay un matiz antiautoritario y antiburocrático, no sólo cuando se refiere al comunismo sino también cuando describe la etapa de transición. En la década de 1960, Miliband se convirtió en uno de los principales exponentes del movimiento británico New Left, compuesto por pensadores marxistas críticos al estalinismo y a las políticas llevadas a cabo por los gobiernos de la Unión Soviética y los de Europa del Este. En la obra colectiva dirigida por Robin Blackburn, “After the Fall: The Failure Of Communism And The Future Of Socialism”, Miliband expone sus puntos de vista en relación al fracaso del sistema comunista establecido por la Unión Soviética. Esta obra no sólo reúne a intelectuales acádemicos (Además de Miliband, están Jürgen Habermas, Giovanni Arrighi, Norberto Bobbio, entre otros) sino que incluye a escritores como Hans Magnus Enzensberger o Eduardo Galeano. Miliband enfatizó la necesidad de avanzar hacia un modelo de economía mixta, que acabara con la influencia de las grandes corporaciones y respetara los derechos fundamentales. Opina que la hegemonía actual del capitalismo se basa no en el consenso, sino en la resignación que ha inculcado con su propaganda de que no hay alternativa (Rodriguez Prieto, 2017). Polemizó con el historiador marxista Hobsbawm, quien recomendaba una alianza moderada anti-Thatcherista y de centro-izquierda, en vista de la fragmentación contemporánea de la clase obrera. Miliband, por el contrario, no cree que el laborismo se hubiera escorado demasiado a la izquierda. La cuestión era que la deriva derechista del partido había erosionado la calidad de vida de los potenciales votantes. En esto, coincide con el diagnóstico que ha hecho recientemente Piketty en relación con la pérdida de apoyos de los partidos social-demócratas.

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Ralph Miliband

Según Miliband, managers, propietarios y altos cargos de la administración del Estado y del poder judicial, están de acuerdo en el desa­rrollo y reproducción de un modelo social no igualitario, jerárquico y clasista. Gran parte de esa hegemonía cultural elitista se basa en la gran inversión de los grandes propietarios en lobbies, contribuciones a los partidos políticos, puertas giratorias y control de los medios de comunicación principales, así como el soborno financiero de los Estados a través de inversiones y de la financiación de instituciones económicas supranacionales como el FMI.

Cuando estos hombres con poder real creen que confrontan una amenaza relevante desde abajo, toman decisiones excepcionales que convierten la lucha ideológica y política clasista en una especie de guerra de clases, puesta en marcha cuando la amenaza afecta a pilares fundamentales del sistema. Miliband pone el ejemplo de Chile, que había conocido la lucha de clases en el marco de las democracias capitalistas; con la llegada de Allende las fuerzas conservadoras convirtieron la lucha de clases en guerra de clases. Para ilustrar el apoyo que los golpistas tuvieron en el exterior, trae a colación una editorial del diario The Times en el que se llegaba a decir que las circunstancias eran tales que un militar razonable podría haber pensado de buena fe que su deber constitucional era intervenir. Una vez más se repitió en Gran Bretaña algo similar a lo visto con Hitler en Alemania (Rodríguez Prieto, 2017).

Miliband defendió que la democracia capitalista es una contradicción en términos y abogó por una democracia socialista basada en tres principios: democracia, igualdad y cooperación. Detectó tres argumentos recursivos de los inmo­vilistas: (i) el ingenuo optimismo de los activistas respecto a las capacidades humanas para autoorganizarse y cooperar; (ii) la “ley de hierro de las oligarquías” de Michels, y (iii) el problema ecológico. Respecto al primero, observó que las grandes carnicerías nunca han sido resultado de una acción puramente espontánea desde abajo. La falsa noción de “todos somos culpables” enmascara la realidad. Han sido las minorías gobernantes las que han diseñado y organizado matanzas masivas. Respecto al mecanismo de Michels (véase Ensamblajes socio-técnicos y complejidad social), respondió que el socialismo aspira a que el poder se distribuya con el fin de generar un genuino autogobierno, mientras que son las teorías elitistas las que niegan esta posibilidad. Si los ciudadanos son más iguales y más conscientes de sus dere­chos, es más complicada la oligarquización. Respecto al agotamiento ecológico del planeta, duda que los problemas medioambientales puedan ser resueltos en un contexto capitalista. El socia­lismo propondría atacar el problema ecológico de raíz, al no estar condicionado al crecimiento continuo del capital, el consumo y los beneficios. La evidencia de las últimas décadas de lucha contra el cambio climático parece dar la razón a Miliband.

Considera que algunos elementos del liberalismo –principio de legalidad, la separación de poderes el pluralismo político, la sociedad civil activa– deberían mantenerse en una democracia sin capitalismo. La democracia socialista censuraría cualquier proceso de culto a la personalidad y fomentaría la devolución de responsabilidad en la gestión de los asuntos públicos, a las organizaciones de base. En fábricas, oficinas y lugares de trabajo se apostaría por un control sustentado en la participación y gestión activas de los trabajadores que se encuentran en ellas. Para la democratización de la producción, las nacionalizaciones pueden ser uno de los instrumentos, pero no el único. Una economía socializada constaría del sector público, sector cooperativo en expansión y sector de propiedad privada compuesto principalmente por pymes; pero no admitiría legalmente grandes corporaciones privadas.

En el próximo artículo comentaremos las propuestas más recientes del socialismo democrático en una situación global que se caracteriza por la ofensiva neo-liberal en la economía, la crisis climática, la proximidad del cénit del petróleo y los combustibles fósiles, y la proximidad de varios límites biofísicos y ecológicos planetarios.

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El anticapitalismo democrático (I): De los primeros socialistas a Rosa Luxemburgo

En este artículo, y en los dos siguientes, resumiremos las principales tradiciones políticas que se opusieron al capitalismo como forma de organizar la sociedad, pero también se opusieron al totalitarismo stalinista y a la idea de que la superación de la sociedad capitalista debía producirse mediante una dictadura liderada por una élite. La idea de que la superación del capitalismo debe ir acompañada inextricablemente por una profundización radical de la democracia es mucho más cercana al pensamiento del marxismo y el anarquismo originales de lo que la propaganda de la Guerra Fría (de un lado y otro) hizo creer a muchos.

Antecedentes del anticapitalismo

El igualitarismo era la norma de todas las sociedades pre-estatales, como vimos en Materialismo Cultural y Modos de Producción y Ensamblajes socio-técnicos y complejidad social, y con la organización estatal dio paso a formas de organizar la sociedad basadas en jerarquías económicas y de poder. Podríamos decir que los hombres se mantienen unidos porque no conocen ni imaginan una alternativa diferente a la cooperación grupal, pero luchan porque los distintos grupos generan valores y modelos de cooperación distintos. El igualitarismo es uno de estos valores, y sobrevivió a lo largo de toda la historia de las ideas políticas, en permanente lucha con los modelos no-igualitarios de organización social.

Antes de la Revolución Francesa, demócratas republicanos como Rousseau (1712-1768) habían argumentado que una sociedad con grandes desigualdades materiales no es verdaderamente democrática. “La igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse”.

Entre los revolucionarios franceses de 1789 a 1793 (La Revolución Francesa) encontramos ya algunas propuestas precursoras de lo que luego fueron las ideas socialistas y comunistas. En esta revolución, la burguesía pequeña (tenderos, artesanos y pequeños comerciantes) se movilizó aliada con sus propios obreros, siendo denominados los sans-culottes (“los sin calzones”), en alusión a la prenda que vestían los acomodados, a diferencia de artesanos, obreros y campesinos, que llevaban pantalones largos. La burguesía acomodada, que controlaba el comercio lejano de los puertos franceses, necesitaba contar con la ayuda de los sans-culottes en su lucha contra la nobleza contra-revolucionaria interna y externa y en la guerra contra las potencias europeas anti-revolucionarias. Ello llevó a una continua disputa y negociación entre el igualitarismo que defendían los sans-culottes y la defensa genérica del principio de la propiedad por parte de la burguesía acomodada.

Como comentamos en La Revolución Francesa, en la Comuna de París (el gobierno del ayuntamiento) predominaba la burguesía, que aplicaba la política moderada marcada por la Asamblea Constituyente. Pero en los distritos parisinos (llamadas secciones desde 1790) mandaban las clases populares (sans-culottes), que solo se sometían parcialmente a la dirección comunal y se arrogaban el derecho de subordinar los decretos de la Comuna a sus decisiones. En el año II, las secciones parisienses  estaban constituidas principalmente por pequeños patronos (artesanos y tenderos) y obreros que trabajaban y vivían con ellos. El igualitarismo era la característica principal de sus reivindicaciones, sin ninguna justificación teórica, salvo el derecho a la existencia y a poder vivir con el propio salario. Las condiciones de existencia deben ser las mismas para todos, pensaban. Al derecho de propiedad como valor supremo, los sans-culottes oponían el principio de la igualdad de posesiones y a partir de él imponen restricciones al ejercicio del derecho de propiedad. El 2 de septiembre de 1793, en el máximo de la presión popular, la sección de los sans-culottes delante del jardín de las Plantas pide a la Convención la limitación por ley de los beneficios de las industrias y el comercio, y que nadie pueda tener más de un taller o una tienda. Proclamaban que estas medidas “harían desaparecer poco a poco la desigualdad demasiado grande de las fortunas y crecer el número de propietarios”. Ese ideal era también aceptado por los pequeños y medianos empresarios que se veían en riesgo de ser reducidos a trabajadores asalariados dependientes por los grandes capitalistas, pero producía rechazo entre los burgueses más acomodados que dirigían en gran parte el gobierno y el partido jacobino.

Por otra parte, el principio constitucional de “la soberanía reside en el pueblo”  era interpretado literalmente por los sans-culottes, que se reunían en sus asambleas de sección para practicar el gobierno directo local, mientras recelaban del sistema representativo. Eran también proclives a los tribunales populares, y creían que el pueblo debía estar armado. No andaban descaminados, pues cuando los militantes de las secciones fueron desarmados por el gobierno en el año III, se inició su declive político. El derecho a la insurrección por parte del pueblo en armas era para ellos el corolario natural del principio de soberanía popular, aunque luego delegaran esa soberanía en sus mandatarios. De julio de 1792 a septiembre de 1973 las reuniones diarias de las secciones facilitó en gran medida el apoyo que el gobierno jacobino necesitaba contra los moderados, y tendió a convertir a las Asambleas generales en meras  registradoras de los hechos, durante el invierno del año II.

Los jacobinos, como liberales de la burguesía media que eran, aceptaron la reglamentación y la tasación como una medida necesaria para la guerra (para armar y avituallar a los soldados) y una concesión coyuntural a las reivindicaciones populares, pero en el fondo no creían que esas medidas debieran ser permanentes. Creían, como Rousseau, que la libertad y la igualdad eran características que debía tener cualquier sociedad racional. Pero compartían un sentimiento, casi siempre implícito, de que la democracia debía ser dirigida por ellos, pues no era posible confiar en la espontaneidad revolucionaria del pueblo llano.

La aplicación de las medidas aprobadas a finales de 1793 estaba esbozando los rasgos de una democracia social y pretendían crear una nación de pequeños propietarios, también en el campo. En ventoso del año II (febrero a marzo de 1794) se despojó de sus bienes a los sospechosos de contra-revolucionarios para transferirlos a los patriotas indigentes. También el derecho a la asistencia de la gente del campo quedó legislado en el decreto de 22 floreal del año II (11 de mayo de 1794), con pensiones de jubilación para ancianos e impedidos, subsidios para madres y viudas con hijos, y asistencia médica gratuita a domicilio. “La felicidad es una idea nueva en Europa”, declaró Saint-Just el 13 ventoso.

Los jacobinos de la pequeña y media burguesía se apoyaban pues en unas masas populares cuyo ideal era una democracia de pequeños productores autónomos, campesinos y artesanos independientes, que trabajaran e intercambiaran libremente, con unos beneficios justos y parecidos.

Cabe especular con que, si la guerra revolucionaria en Francia se hubiese prolongado unos años más, la alianza de la burguesía con los sans-culottes podría haber profundizado un poco más en la democratización del liberalismo propugnado por la burguesía revolucionaria. No es descabellado pensar que las demandas de la sans-culotterie de legislar los salarios máximos y las propiedades máximas heredables podrían haber sido incluidas en la nueva constitución que hubiese surgido al acabar la guerra. Ello habría conducido a un estado francés de pequeños propietarios más que a uno dominado por grandes capitalistas y financieros. Sin embargo, el triunfo de la reacción termidoriana (agosto de 1794-octubre de 1795)  decantó el modelo revolucionario hacia un liberalismo que sacralizaba el derecho de propiedad y la libertad de empresa para los grandes capitalistas. La propia dinámica europea de guerras continuas entre estados, favoreció esta elección. Los estados en lucha suelen necesitar rentas crecientes y eso favoreció tratos bilaterales de las monarquías con empresas capitalistas grandes, como medida más a la mano para conseguir financiación. Esa colaboración había sido iniciada ya por las monarquías absolutistas, y los liberales se la encontraron como una herencia ya institucionalizada resultado de la trayectoria pasada. El acceso a la financiación de los industriosos burgueses fue de hecho clave, según Hobbes, para el triunfo de los puritanos sobre el rey en la revolución inglesa.

El triunfo del modelo de estado centralizado en simbiosis con las grandes empresas, condujo a una dinámica diferente a los partidarios del igualitarismo, que fue cristalizando en la idea del socialismo.

Tras el terror blanco del final de la Revolución, los jacobinos se habían reorganizado y la oposición revolucionaria ganó un nuevo impulso bajo la figura de Babeuf, un antiguo protegido de Marat y simpatizante de los sans-culottes. Babeuf había escrito en 1789 un libro, Discurso preliminar al Catastro perpetuo en el que proponía la aprobación de una ley agraria que impidiera al propietario vender sus bienes y le obligara a devolverlos a la comunidad cuando muriera, produciéndose entonces un nuevo reparto de la tierra a razón de once fanegas por heredad. Tras 1792 llegó a la conclusión de que el medio de «dar sustento a esa inmensa mayoría del pueblo que, con toda su buena voluntad de trabajar, no lo tiene», es decir, el medio de alcanzar la «igualdad perfecta», no era limitar la propiedad como proponían sans-culottes, hebertistas y enragés, sino suprimirla y establecer «la comunidad de bienes y de trabajos». Como los sans-culottes y los jacobinos, Babeuf proclamó que el fin de la sociedad es la dicha común y que la revolución debe garantizar la igualdad de los disfrutes. Pero como la propiedad privada introduce necesariamente la desigualdad, y la repartición igualitaria de las propiedades no puede durar mucho, el único medio de llegar a la igualdad de hecho es el de “establecer la administración en común; suprimir la propiedad particular; vincular cada hombre de talento a la industria que conozca; obligarlo a depositar el fruto en especie en el almacén común; y establecer una sencilla administración de las subsistencias que, registrando a todos los individuos y todas las cosas, hará repartir estas últimas con la igualdad más escrupulosa” (citado por Saboul, 1987). Este programa, publicado en noviembre de 1795, constituía una brusca mutación con respecto al de los jacobinos y al de los sans-culottes, pues era la primera vez que la comunidad de bienes y de trabajos, o sea, el viejo sueño utópico cristiano-milenarista del comunismo, se expresaba en forma de sistema ideológico. Ya en 1895 Babeuf había publicado la necesidad de que la producción agrícola fuese realizada también en “granjas colectivas”, auténticas “comunidades fraternales” que proporcionarían mayor suma de recursos que los obtenidos mediante el cultivo individual.

La Conspiración de los Iguales (1795-96), intenta llevar a la práctica las ideas comunistas de Babeuf usando unos medios políticos no empleados hasta entonces por el movimiento popular. En la cima aparece un grupo dirigente, que se apoya en un número reducido de militantes experimentados; después está el círculo de los simpatizantes patriotas y demócratas, mantenidos al margen del secreto y que no parece que hayan compartido exactamente el nuevo ideal revolucionario; por último, las masas populares a las que se trata de atraer aprovechando la crisis. Según Saboul (1987), se trataba de una expresión de la idea de dictadura revolucionaria que Marat había presentido sin poder definirla exactamente. El liderazgo y luego la dictadura de una minoría revolucionaria más consciente era indispensable durante el tiempo preciso para la reestructuración de la sociedad.

La Conjura de los Iguales fue descubierta y Babeuf acabó en la guillotina, pero  uno de sus camaradas en la Conspiración, Buonarroti, consiguió sobrevivir y publicó La conspiración de la Igualdad llamada de Babeuf (1828), una obra que fue decisiva para que las ideas igualitarias planteadas en la Revolución Francesa se unieran con una teoría insurreccional para la toma del poder. Esta obra, gracias en gran parte al activismo de su amigo Auguste Blanqui, se propagó entre los estudiantes franceses, y con ella la conspiración se convirtió en el «manual» de los revolucionarios de 1830 a 1850. El pensamiento de Babeuf, sistematizado por Buonarrotti, “se difundió entre el pueblo, suscitó tropeles cada vez mayores de prosélitos, agudizó la exasperación de las masas, proporcionó mitos, fórmulas, programas para su ansiosa espera de una revolución social que diera, con el bienestar, y la dignidad a los hombres” (Cole, 1974).

En 1848, Blanqui (1805-1881) estaba dispuesto a apoyar al Gobierno Provisional francés, a la vez que fomentaba una presión sobre él a través de las socieda­des de izquierda y de los obreros. Pero simultáneamente, planeaba ha­cerse dueño del Poder mediante un golpe de Estado organi­zado por una minoría de revolucionarios disciplinados, adiestrados en las armas y dispuestos a hacer uso de ellas. “En las Sociedades sucesivas se negó a admitir a todos los recién llegados; pues aspiraba a crear, no un partido de masas, sino una élite revolucionaria relativamente pequeña, de hombres escogidos. Éstos, elegido el momento adecuado, cuando el descontento llegase a su punto podrían asumir la dirección efectiva de los trabajadores, para seguir gracias a ellos y a otras organizaciones obreras por el verdadero ca­mino revolucionario, y poco a poco, mediante una dictadura, poner los cimientos de una nueva sociedad” (Cole, 1974).

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Auguste Blanqui

Para Blanqui, como para Babeuf, el mejor medio para cambiar la sociedad es un partido de  revolucionarios resueltos, o sea, una élite conspiradora que desconfía de las masas. Después de ella, propugna una dictadura que impondría entre otras cosas, la escuela laica y gratuita, cooperativas, una legislación socialista, etc.

Sobre esta estrategia, Friedrich Engels comentó: “Educados en la escuela de la conspiración y unidos por la disciplina estricta que es inherente a ella, partían del punto de vista de que un número relativamente pequeño de hombres resueltos y bien organizados podía, en circunstancias favorables, no sólo apoderarse del timón del estado, sino también, mediante un despliegue de intensa y despiadada energía, mantenerse en el poder el tiempo necesario para lograr que las masas participaran en la revolución… Ello implicaba por sobre todo, la más estricta centralización dictatorial.”

Karl Marx, en sus comentarios sobre la Comuna de París, se admira de la energía inquebrantable de este revolucionario radical, a quien parecía no importarle el pasar la mayor parte de su vida en la cárcel; pero criticó la inoportunidad de sus acciones y su exceso de izquierdismo. Algún tiempo después del fracaso de la Comuna, Marx reflexionó: Con un poco de sentido común, sin embargo podía haber obtenido de Versalles algún pacto beneficioso para el pueblo, que era lo único que podía aspirarse en esa época.

Socialistas utópicos

Una línea completamente distinta de razonamiento para mejorar la sociedad liberal fue la que empleó el conde Henri de Saint Simon (1760-1825). Consideraba que el conflicto de clases fundamental de la sociedad de su tiempo no era el que el enfrentaba a la «burguesía» con el «proletariado», como afirmarán otros socialistas de la línea de Blanqui, sino el que oponía a los «productores» o «tercera clase» (que incluía tanto a los patronos como a los obreros, «los que dirigían los trabajos productivos y los que los realizaban») con los «ociosos» improductivos que no contribuían en nada a la riqueza y al bienestar económico de la nación, y entre los que se encontraban en primer lugar los miembros del clero y de la nobleza.

Según Marx, sus primeras obras fueron «una simple glorificación de la moderna sociedad burguesa frente a la sociedad feudal, o sea, de los industriales y banqueros contra los mariscales y los fabricantes jurídicos de leyes de la época napoleónica».​ Pero la síntesis final de sus ideas, que expuso en El nuevo cristianismo (1825), permitiría considerar a Saint-Simon como socialista ya que presentaba la emancipación de la clase obrera «como la meta final de sus aspiraciones». En esta obra Saint-Simon proponía dar un sentido «social» al cristianismo para que sirviera de fundamento ideológico y moral a la nueva sociedad industrial de la que habrían sido expulsados los «ociosos». «La gran meta terrena de los cristianos, que deben proponerse para obtener la vida eterna, es mejorar lo más rápidamente posible la existencia moral y física de la clase más pobre».

Saint-Simon ve positivamente la industrialización porque cree que la abundancia que genera puede traernos un nuevo modelo social. La función del Estado sería la de facilitar el paso al nuevo modelo. Debe existir la propiedad privada, pero solo si ésta es merecida; por eso defiende la abolición del derecho a la herencia.

Carlos Fourier en Théorie des Quatre Mouvements (1808) se inspira en Saint-Simon y también en la República de los Iguales de Babeuf. Cree que una sociedad sana debe servir a la pasión humana básica, el amor fraternal, y que los demás objetivos están supeditados a éste. También cree que todas las pasiones humanas deben ser tenidas en cuenta para aprovechar lo que pueden ofrecer a la armonía social. Por ejemplo, para respetar la necesidad de cambio que los hombres experimentan (“pasión del mariposeo”), el trabajo debería ser libre y durar sólo dos horas diarias. Contra los grandes monopolios industriales, defiende asociaciones libres y voluntarias en los sectores de la producción y el consumo, donde el individualismo se combinará espontáneamente con el colectivismo. Sólo de esta manera podemos llegar a una etapa histórica de armonía, que supere a las sociedades de amos y esclavos y de patronos y asalariados.

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Fig. Falansterio diseñado por Fourier

Roberto Owen (1771-1858) era un mediano empresario que pensaba que los hombres disponen de múltiples capacidades que pueden desarrollar, pero que en la mayor parte de la historia sólo habían sido enseñados a defenderse a sí mismos o a destruir a los demás. Proponía crear un orden social nuevo en que los hombres sean educados en principios que les permitan actuar unidos y crear vínculos auténticos. Proponía cubrir la tierra con grupos federados de unas 300 a 2.000 personas, organizadas según el principio del servicio colectivo intragrupal y de unos grupos con otros. Casi todas esas comunidades se disgregaron a los pocos años, salvo algunas formadas por comunidades religiosas en EEUU. Ralpf Waldo Emerson achacó el fracaso de la mayoría de comunidades de Fourier y Owen a las creencias demasiado rígidas de los utópicos sobre la absoluta maleabilidad de las personas (Kumar, 1992).

Louis Blanc (1811-1882) descubrió la condición obrera en Arras donde, de 1830 a 1832, fue el preceptor del hijo de un industrial propietario de una importante fundición. Impactado por las desastrosas consecuencias sociales de la revolución industrial, se vinculó a las ideas de Saint-Simon. En su obra La organización del trabajo atribuye todo los males que afligen a la sociedad a la presión de la competencia, por la cual los débiles son conducidos a la pobreza. Demandaba la igualdad de salarios, y la unión de los intereses personales para lograr el bien común. Emplea la fórmula, tomada de Saint-Simon: «A cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus facultades». Esto sería llevado a cabo con el establecimiento de «talleres sociales de trabajo», una especie de combinación entre una sociedad cooperativa y un sindicato.

Se podría decir que Marx tomó la Revolución Francesa como modelo de la manera de avanzar hacia una nueva sociedad; en cambio, el modelo de los socialistas utópicos era el de las primeras comunidades cristianas, con sus modos alternativos de vivir con los que esperaban convertir a sus vecinos paganos (Kumar, 1992). De ahí su énfasis en la educación de nuevos hábitos humanos, que posibilitaran una nueva cultura, apta para la nueva sociedad cooperadora. Sin embargo, el fracaso de los grandes falansterios hizo que en lo sucesivo la organización en cooperativas se intentara sólo a una escala más reducida y manejable. Estas ideas inspiraron a una gran parte de los pensadores anarquistas, a los soviets del principio de la Revolución Rusa, a las comunas anarquistas de la Guerra Civil española, y a las comunas estudiantiles de Mayo del 68 en Francia. Hoy siguen inspirando a las comunidades del Tercer Mundo que han visto en el cooperativismo una alternativa tanto al “individualismo posesivo” occidental como a los “socialismos de Estado”.

Anarquismo

Para Proudhon (1809-1865), el problema central no es la sustitución de un régimen político por otro, sino la reestructuración de un orden político que sea expresión de la sociedad misma. Piensa que los desórdenes y males sociales surgen de la organización jerárquica de la autoridad, y cree que las prácticas sociales no deben limitarse a las que el Estado establezca desde arriba. Las asociaciones de iguales son fundamentales, pero es esencial que sean libres y espontáneas, y no impuestas por el Estado como los talleres nacionales que propugnaba Louis Blanc. Ese sistema de control del Estado supondría muchas grandes asociaciones “en que el trabajo sería reglamentado, y a lo último esclavizado, mediante la política estatal del capitalismo. ¿Qué habrían ganado la libertad, la felicidad universal, la civilización?  Nada. No habríamos hecho  otra cosa que cambiar de cadenas, y la idea social no habría dado ni un solo paso adelante; seguiríamos bajo el mismo poder arbitrario, por no decir bajo el mismo fatalismo económico”. Como dice Erich Fromm (1976), “nadie vio el peligro que había de ser realidad con el stalinismo, más claramente que Proudhon”. También se dio cuenta de los peligros del dogmatismo, tal como se lo explicaba a Marx en una carta: “Busquemos juntos , si usted quiere, las leyes de la sociedad, la manera como se cumplen, el método según el cual podemos descubrirlas; pero por el amor de Dios, después de haber demolido todos los dogmas, no pensemos en adoctrinar al pueblo nosotros también; no caigamos en la contradicción de vuestro compatriota Lutero, que empezó con excomuniones y anatemas para fundar la teología protestante, después de haber rechazado la teología católica”.

autonomia obrera

Bakunin (1814-1876) también se da cuenta de los peligros de la centralización y de las revoluciones dirigidas desde arriba. “La combinación más desdichada que podría tener lugar sería que el socialismo se uniera con el absolutismo (…) Que el futuro nos libre de las desgraciadas consecuencias y entontecimientos del socialismo endoctrinado o de estado (…) Nada vivo y humano puede prosperar sin libertad, y una forma de socialismo que acabara con la libertad o que no la reconociera como único principio y base creadores, nos llevaría directamente a la esclavitud y a la bestialidad”. Critica las revoluciones liberales porque la libertad que proclaman sus constituciones es solamente para una minoría que oprime al resto. El reto para Bakunin era lograr una democracia como la estadounidense en Europa pero que ampliara la democracia a todos, y liberara además al hombre del sistema monetario, el poder político, el poder económico y la religión.

A diferencia del marxismo de tipo blanquista, que consideraba que la revolución debía crear unas condiciones sociales que permitieran al individuo vivir por encima de la opresión económica, Bakunin consideraba que la revolución socialista tenía que empezar de abajo hacia arriba. Proponía un orden político de individuos que se autoorganizarían en comunas, las cuales se federarían entre sí para colaborar, y estas federaciones se federarían entre sí en confederaciones.

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Piotr Kropotkin en sus años de madurez

Kropotkin (1842-1921) resumió las ideas de Bakunin diciendo que el desenvolvimiento más pleno del individuo “se combinará con el mayor desarrollo de la asociación voluntaria en todo sus aspectos, en todos los grados posibles y para todos los fines posibles”. Crítico, como todos los anarquistas, con el autoritarismo, escribió en 1920 una dura carta a Lenin reprochándole la práctica de amenazar con asesinar a los prisioneros de guerra para protegerse de sus adversarios: “Pienso que deben tomar en cuenta que el futuro del comunismo es más precioso que sus propias vidas. Y me alegraría que con sus reflexiones renuncien a este tipo de medidas. Con todo y estas muy serias deficiencias, la revolución de Octubre ha traído un enorme progreso. Ha demostrado que la revolución social no es imposible, cosa que la gente de Europa Occidental ya había empezado a pensar, y que, a pesar de sus defectos está trayendo algún progreso en dirección a la igualdad. Por qué entonces golpear a la revolución empujándola a un camino que la lleva a su destrucción, sobre todo por defectos que no son inherentes al socialismo o al comunismo, sino que representa la sobrevivencia del viejo orden y de los antiguos efectos destructivos de la omnívora autoridad ilimitada?” Piotr Kropotkin, nacido en una familia aristocrática, fue uno de los más brillantes geógrafos y naturalistas europeos de finales del siglo XIX, pero abandonó una incipiente carrera científica para dedicarse a promover la causa del anarquismo. Las propias observaciones, la experiencia directa y su íntimo contacto con la miseria y la pobreza del campesinado ruso y finlandés, durante su labor científica como geógrafo, fueron las causas que impulsaron a Kropotkin a rechazar el cargo de ​presidente de la sección de Geografía Física de la Sociedad Geográfica Rusa.

¿Pero qué derecho tenía yo a estos goces de un orden elevado, cuando todo lo que me rodeaba no era más que miseria y lucha por un triste bocado de pan, cuando por poco que fuese lo que yo gastase para vivir en aquel mundo de agradables emociones, había por necesidad de quitarlo de la boca misma de quienes cultivaban el trigo y no tenían suficiente pan para sus hijos? De la boca de alguien ha de tomarse forzosamente, puesto que la agregada producción de la humanidad permanece aún tan limitada… Por eso contesté negativamente a la Sociedad Geográfica. (P. Kropotkin, Memorias de un revolucionario)

El desarrollo de las ideas anarquistas merecerían un artículo aparte, que abordaremos en el futuro.

Karl Marx

Como afirma Juan Carlos Portantiero ( https://nuso.org/articulo/el-socialismo-como-construccion-de-un-orden-politico-democratico/ ), el Marxismo de Marx (1818-1883) es una prolongación de la tradición socialista del siglo XIX, que va de Saint Simon y Proudhon hasta Stuart Mill y Spencer. En esta tradición, cuanto más débil sea el Estado más libre será la sociedad. Como escribe Marx en La Cuestión Judía: Allí donde el Estado político ha alcanzado su verdadero desarrollo, lleva el hombre, no sólo en el pensamiento, en la conciencia, sino en la realidad, en la vida, una doble vida, una celestial y otra terrenal, la vida en la comunidad política, en la que se considera como ser colectivo, y la vida en la sociedad civil, en la que actúa cómo particular; considera a los otros hombres como medios, se degrada a sí mismo como medio y se convierte en juguete de poderes extraños. Toda la historia no habría sido sino una enajenación del hombre de sus propias potencias humanas, “la consolidación de nuestra propia producción en una fuerza objetiva que está por encima de nosotros, fuera de nuestro control, que defrauda nuestras esperanzas, que aniquila nuestros cálculos”.

Marx

Desde su ruptura juvenil con Hegel, Marx concibe la historia de las revoluciones sociales como un movimiento de progresiva emancipación  de la sociedad contra el despotismo del Estado, que aliena al individuo. La Revolución Francesa habría sido una emancipación contra el feudalismo que cristaliza en el nuevo régimen estatal liberal. Y revoluciones como la Comuna de París, un intento de emancipación de la sociedad contra el despotismo liberal, en un intento de instaurar regímenes democráticos. A su vez, el socialismo sería una etapa de profundización y radicalización de la democracia burguesa, que conduciría a una democracia no sólo formal sino también sustancial, material. Lo cual implicaría que la mayoría pondría la economía al servicio de todos, no sólo de una minoría. Esta clase de democracia, al sustituir la representación política por una participación política total (no sólo formal) de las personas, conduciría a largo plazo y en todo el mundo, al desmantelamiento del Estado por innecesario y a su sustitución por las propias instituciones democráticas reales surgidas de abajo-arriba (situación final de comunismo mundial).

Algunas de las ideas de Marx sobre cómo sería una democracia popular tras la revolución socialista estaban inspiradas en la auto organización popular espontánea que observó durante la Comuna de París, la sublevación obrera que controló brevemente la ciudad de marzo a mayo de 1871. También fue influido probablemente por tradiciones radicales de pensamiento político como la de los Cartistas británicos, los demócratas franceses y los antifederalistas estadounidenses. Marx subraya la necesidad de hacer rendir cuentas a los representantes, la importancia de la supremacía legislativa sobre el ejecutivo y la necesidad de una transformación popular más extensiva de los órganos del Estado, especialmente de la administración pública (Bruno Leipod, en: https://kaosenlared.net/la-democracia-esta-en-crisis-y-karl-marx-puede-ayudarnos/ ). La revocación sería uno de los mecanismos necesarios:  daría a los ciudadanos el poder de sancionar inmediatamente a los representantes en lugar de esperar años para las siguientes elecciones. También los “mandatos imperativos”, que posibilitarían que los electores dieran instrucciones jurídicamente vinculantes a los representantes, permitirían a los ciudadanos participar directamente del proceso legislativo, e impediría a los “funcionarios electos” incumplir sus promesas de campaña. Abogó por elecciones mucho más frecuentes, como mínimo anuales, y también por un ejecutivo sin poderes “de tipo monárquico”, muy vigilado por la Asamblea legislativa. Desconfiaba de los ejecutivos presidencialistas, con líderes que se presentaban como la “encarnación del espíritu nacional” en vez de como simples funcionarios provisionales delegados del pueblo. Sugería que el poder legislativo es el más democrático de los tres poderes estatales y no debía permitir ninguna clase de cesarismo en los poderes ejecutivo y judicial.

Propuso también abrir la burocracia estatal a elecciones públicas y someterla al mismo poder de revocación que proponía para los representantes políticos. Según Marx, esto haría que las instituciones estatales concretas dejaran de ser grupos corporativos separados y ajenos al pueblo, para pasar a estar bajo continua supervisión pública. Acusaba, de hecho, a los funcionarios de ser una “casta entrenada”, un “ejército de parásitos del Estado”, una clase de “aduladores y sinecuristas ultra remunerados”. Y sostenía que los “trabajadores llanos” eran capaces de llevar a cabo los asuntos del gobierno más “modesta, concienzuda y eficientemente” que sus supuestos “superiores naturales” (Bruno Leipod).

El modelo que Marx tenía en mente parece similar al de la antigua democracia ateniense, donde los ciudadanos rotaban entre ser gobernantes y gobernados a través del uso de loterías que asignaban posiciones administrativas. Y donde escuchaban a distintas comisiones de expertos en asuntos fuera de su conocimiento y deliberaban con ellos antes de tomar una decisión. Si el poder político debía permanecer “en manos del propio pueblo”, era imperativo para este “desplazar la maquinaria del Estado, la maquinaria gubernamental de las clases dominantes, por una propia”.

Además, en la sección sobre La Tendencia Histórica de la Acumulación Capitalista del volumen 1 de El Capital, Marx representa a la propiedad de los medios de producción en el comunismo en tanto en cuanto propiedad individual de los trabajadores, y no como propiedad social o estatal. Se trata de la propiedad de los “individuos sociales asociados”, no de una propiedad estatal. No obstante, en el Anti-Dühring (1878), Engels interpreta este parágrafo de Marx como que el proletariado se apodera del poder político y convierte los medios de producción en propiedad estatal. Lenin adoptó la interpretación de Engels y estableció la ecuación del comunismo como la propiedad común o estatización de los medios de producción. Sin embargo, en La Guerra Civil en Francia, Marx señala de nuevo que el comunismo posible no es otra cosa que el control coordinado y planificado de la producción nacional llevado a cabo por la asociación de cooperativas: “si las sociedades de cooperativas unificadas regulan la producción nacional en virtud de un plan común (ein Plan), asumiéndolo bajo su control y poniendo término a la constante anarquía sumado a las constantes convulsiones periódicas que son fatales para la producción capitalista, ¿Qué otra cosa sería esto, caballeros, sino el comunismo, el comunismo posible?” (citado por Jeong, 2017). Así pues, la concepción de Marx sobre la propiedad y la posesión en el comunismo era cercana a la que proponían los anarquistas, y bastante alejada de la que impusieron los bolcheviques.

Muchas tradiciones políticas se inspiraron en los escritos de Marx desde finales del siglo XIX hasta la actualidad: el marxismo-leninismo (con sus versiones troskista, estalinista y maoísta), el socialismo democrático de Rosa Luxemburgo, el socialismo humanista, el austromarxismo, el marxismo crítico de la Escuela de Frankfurt, el eurocomunismo, el marxismo analítico, y la socialdemocracia de izquierdas, entre otros. Aparte del marxismo, el anarquismo fue el otro gran movimiento anti-capitalista histórico.

El bolchevismo y la renuncia a la democracia de base

Según Sabine (1987), la opinión dominante de los marxistas antes de 1917 era la de Karl Kautsky: el socialismo incluía la organización social de la producción y la organización democrática de la sociedad. Además, la revolución se produciría en los países más avanzados económicamente del mundo, que eran ya democracias formales, con lo cual bastaría con: (i) dar un contenido material a esa democracia, poniéndola al servicio de cualquier decisión que los hombres quieran tomar, y (ii) poner toda la potencia productiva del capitalismo, al servicio de toda la sociedad, no sólo de los antiguos propietarios. Cuando Lenin vio la situación pre-revolucionaria que se desataba en Rusia, fue abandonando ese modelo marxista para proponer la idea de origen blanquista de que un partido de profesionales revolucionarios puede tomar el poder y obtener posteriormente el apoyo de la mayoría.

Sin embargo, tras la Revolución anti-zarista de 1905 una gran parte de Rusia se había organizado en soviets, agrupaciones o asambleas de obreros, soldados y campesinos. El espontaneísmo revolucionario de los soviets y su democracia asamblearia estaban lejos de las estrategias que proponía Lenin. Estaban más cerca de las ideas anarquistas, y también de las mencheviques, con su federalismo de partidos socialistas. De modo que los modos democráticos que imperaban en los soviets fueron considerados por Lenin como secundarios frente al objetivo principal, que para él era hacer la revolución.

Tras la revolución exitosa de octubre, se inicia la guerra civil, y ello produce inicialmente una dualidad entre el poder territorial de los soviets y el poder centralizado del Partido, que es quien debe dirigir las operaciones militares contra el Ejército Blanco (exmilitares zaristas, mencheviques y socialistas anti-bolcheviques, aliados con militares extranjeros de Estados Unidos, Japón, Francia y el Imperio británico principalmente), apoyo denominado «Intervención Aliada en Rusia»). La necesidad de un mando militar único reforzó al Partido Comunista frente a los soviets.

Como dice http://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_de_Kronstadt , el fin de la guerra civil desató la oposición interna en el propio Partido Comunista ruso a finales de 1920. Los grupos comunistas de oposición, del sector más izquierdista y con un proyecto semisindicalista, amenazaban a la dirección del partido. Otra parte del partido defendía la descentralización surgida de la guerra civil y la entrega de parte del poder a los sóviets locales.

Kronstadt, una fortaleza naval en la isla de Kotlin, frente a Petrogrado (San Petersburgo), había mantenido la influencia anarquista, presente ya en 1917. La isla era favorable a la autonomía de los sóviets locales. Los marinos de esta fortaleza habían tomado parte en importantes enfrentamientos militares al servicio del Gobierno bolchevique, pero se mostraron desde el comienzo recelosos de posibles intentos de centralización y de abandono del sistema de sóviets en favor de una posible dictadura. En Kronstadt había también comunistas desencantados con la evolución del Gobierno, y exigieron la aplicación de un programa de reformas que recordaba las reivindicaciones de corte anarcosindicalista de 1917: elección de los sóviets, inclusión de los partidos socialistas y anarquistas en el poder, libertad económica para campesinos y obreros, fin del poder de los partidos y del monopolio bolchevique del poder, disolución de los nuevos organismos burocráticos surgidos durante la guerra o restauración de los derechos civiles para la clase trabajadora.

Las exigencias aprobadas en la reunión del buque Petropávlovsk el 28 de febrero de 1921, similares en algunos puntos a las exigidas por los mencheviques, fueron las siguientes:

  1. En vista de que los actuales sóviets no expresan la voluntad de los obreros y campesinos, celebrar inmediatamente nuevas elecciones mediante voto secreto, con libertad para que todos los obreros y campesinos puedan realizar propaganda electoral en el período previo;
    2. Dar libertad de expresión y prensa a los obreros y campesinos, a los anarquistas y a los partidos socialistas de izquierda;
    3. Asegurar la libertad de reunión para los sindicatos y las organizaciones campesinas;
    4. Llamar a una conferencia no partidaria de obreros, soldados del Ejército Rojo y marineros de Petrogrado, Kronstadt y de la provincia de Petrogrado, para una fecha no posterior al 10 de marzo de 1921;
    5. Liberar a todos los prisioneros políticos de los partidos socialistas, así como a todos los obreros, campesinos, soldados y marineros encarcelados en vinculación con los movimientos laborales y campesinos;
    6. Elegir una comisión que revise los procesos de quienes permanecen en las prisiones y campos de concentración;
    7. Abolir todos los departamentos políticos, porque a ningún partido deben dársele privilegios especiales en la propagación de sus ideas o acordársele apoyo financiero del Estado para tales propósitos. En cambio, deben establecerse comisiones culturales y educacionales, elegidas localmente y financiadas por el Estado;
    8. Retirar de inmediato todos los destacamentos de inspección caminera;
    9. Igualar las raciones de todos los trabajadores, con excepción de los que realizan tareas insalubres;
    10.Suprimir los destacamentos comunistas de combate en todas las ramas del ejército, así como las guardias comunistas que se mantienen en las fábricas y talleres. Si tales guardias o destacamentos resultaran necesarios, se designarán en el ejército tomándolos de sus propias filas y en las fábricas y talleres a discreción de los obreros;
    11.Dar a los campesinos plena libertad de acción respecto de la tierra, y también el derecho de tener ganado, con la condición de que se las arreglen con sus propios medios, es decir, sin emplear trabajo asalariado;
    12.Requerir a todas las ramas del ejército, así como a nuestros camaradas los cadetes militares (kursanty), que aprueben nuestra resolución;
    13.Pedir que la prensa dé amplia publicidad a todas nuestras resoluciones;
    14.Designar una oficina de control itinerante;
    15.Permitir la producción de los artesanos libres que utilicen su propio trabajo.

Krondstadt

Entre las reivindicaciones más importantes exigidas por los rebeldes, se encontraban la reelección libre —como estipulaba la Constitución— de los sóviets, el derecho de libre expresión y la total libertad de acción y comercio. Según uno de los dirigentes ponentes de la moción, las elecciones resultarían en una derrota del Partido Comunista y un «triunfo de los logros de la Revolución de Octubre». Los bolcheviques, que sopesaban por entonces un programa mucho más ambicioso en medidas económicas que el exigido por los marinos, no podían tolerar, sin embargo, el reto a su poder que suponían las reivindicaciones políticas, que cuestionaban su legitimidad como representantes de los intereses de las clases trabajadoras. Exigencias que el propio Lenin llegó a defender en 1917, se vieron en 1921 como un intento “contrarrevolucionario” de derrocar al Gobierno.

Al día siguiente, el 1 de marzo, acudieron alrededor de quince mil personas —más de un cuarto de la población de la base— a una gran asamblea reunida por el propio sóviet local y presidida por el dirigente del comité ejecutivo de éste. Las autoridades pensaban apaciguar los ánimos de la multitud y enviaron como principal orador a Mijaíl Kalinin, presidente del Comité Ejecutivo Central Panruso (VTsIK). La multitud aprobó una moción que exigía la elección libre de los consejos, libertad de expresión y prensa para los partidos anarquistas y socialistas de izquierda, para los obreros y campesinos; libertad de reunión, una amnistía política, la supresión de los departamentos políticos en el Ejército y la Armada, raciones iguales salvo para aquellos con trabajos de especial dureza —los comunistas disfrutaban de mejores raciones—, libertad económica y de organización para los campesinos o permiso para producir artesanalmente. Los presentes aprobaron así por abrumadora mayoría la resolución adoptada anteriormente por el Petropávlovsk. Una parte notable de los numerosos comunistas presentes en la multitud apoyaron también la moción. Las protestas de los dirigentes comunistas fueron rechazadas, pero Kalinin pudo regresar sin problemas a Petrogrado.

El Gobierno acusó a los opositores de contrarrevolucionarios dirigidos por Francia y proclamó que los rebeldes estaban dirigidos por el general Kozlovski, antiguo oficial zarista responsable por entonces de la artillería de la base. El mismo día 2, toda la provincia de Petrogrado quedó bajo la ley marcial y el Comité de Defensa presidido por Zinóviev obtuvo poderes especiales para enfrentarse a los rebeldes. Trotski presentó diversos artículos de la prensa francesa en los que dos semanas antes se anunciaba el alzamiento, como prueba de que este era un plan urdido por los emigrados y la Entente, postura que Lenin adoptó también pocos días más tarde en el X Congreso del Partido.

A pesar de la aparente intransigencia y disposición gubernamental a aplastar la revuelta por la fuerza, muchos comunistas preferían una solución negociada al conflicto y la aplicación de reformas exigidas por los marinos. En realidad, la actitud inicial del Gobierno no fue tan intransigente como parecía; el propio Kalinin indicó que las reivindicaciones eran parcialmente aceptables con algunas alteraciones. El Sóviet de Petrogrado proclamó la sinceridad de los marinos, “que habían sido engañados por ciertos agentes contrarrevolucionarios”. La actitud del Gobierno de Moscú, sin embargo, fue más dura que la de los dirigentes presentes en Petrogrado.

Los críticos con el Gobierno, parte de ellos comunistas, acusaban a este de haber convertido los ideales de la revolución de 1917 en una burla y haber implantado un régimen violento, corrupto y burocrático. En parte, los diversos movimientos de oposición dentro del propio partido —comunistas de izquierda, centralistas democráticos u oposición obrera— habían influenciado la redacción de estas críticas, pero sus dirigentes no apoyaron finalmente la revuelta. Ni los miembros de la Oposición Obrera ni los Centralistas Demócratas apoyaron la sublevación; bien al contrario, participaron en su supresión.

Parte de las tropas enviadas por el Gobierno a aplastar la revuelta se pasaron a los amotinados; se les había indicado que esta era contrarrevolucionaria pero, tras ser capturados y habérseles comunicado que obreros y marinos sólo habían eliminado la «comisarocracia», se unieron a los rebeldes. El Gobierno tuvo serios problemas para utilizar tropas regulares o comunistas de base contra el alzamiento y hubo de emplear principalmente unidades de cadetes (kursanty) y de la Cheka. La dirección del asalto quedó en manos de altos dirigentes del partido, que tuvieron que venir a toda prisa desde el X Congreso del Partido que se estaba celebrando en Moscú para encabezar la operación.

La pretensión de los alzados de haber desencadenado una «tercera revolución» que retomase los ideales revolucionarios de 1917 y acabase a la vez con los desmanes del gobierno bolchevique suponía una grave amenaza para éste: podía minar el apoyo popular, dividir el partido y crear un gran movimiento de oposición. Para evitarlo y lograr sobrevivir, el Gobierno necesitaba que todo alzamiento pareciese contrarrevolucionario, lo que explicaba su oposición frontal a Kronstadt y la campaña de propaganda desencadenada en su contra.

El levantamiento fracasó al final en el intento de derrocar al leninismo y al partido único, aunque aumentó la percepción de la imposibilidad del mantenimiento del sistema del «comunismo de guerra» y aceleró la implantación de la «Nueva Política Económica» (NPE), que suponía posponer la aplicación del programa del partido y aplicar parcialmente las reivindicaciones de los rebeldes, aunque desde arriba. El anuncio de la implantación de la NPE minó la posibilidad de un triunfo de la rebelión ya que alivió el descontento popular que alimentaba el movimiento huelguístico en las ciudades y las revueltas en el campo. El X Congreso del partido, celebrado al tiempo que tenía lugar la rebelión, puso las bases para la implantación de una economía mixta que satisfaciera mínimamente los deseos del campesinado de disponer de parte de sus cosechas, requisito para que los comunistas conservasen el poder en opinión de Lenin. Comienza así en Rusia la política paternalista y autoritaria de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, que daba la razón a los temores anarquistas sobre la estrategia leninista.

Si las exigencias económicas se cumplieron parcialmente gracias a la adopción de la NPE, no sucedió lo mismo con las reivindicaciones políticas de los rebeldes de Kronstadt. El autoritarismo gubernamental se acentuó: se desbarató la oposición interna y externa y no se restauraron los derechos civiles. El Gobierno reprimió a los partidos de izquierda, mencheviques, socialrevolucionarios o anarquistas. El 17 de marzo, el Gobierno menchevique georgiano partía al exilio y en mayo Lenin afirmaba que el lugar para los socialistas que se oponían al partido era la cárcel o el exilio. Aunque a algunos se les permitió partir al exilio, miles de ellos acabaron en cárceles de la Cheka o en el exilio interior, en el norte, Siberia o Asia central. A finales de año, el sueño de los rebeldes de un autogobierno popular se había frustrado completamente y la dictadura del partido comunista estaba implantada.

Por su parte, el Partido Comunista reaccionó en el X Congreso reforzando la disciplina interna, prohibiendo el debate de ideas y la actividad de las facciones y aumentando el poder de las organizaciones encargadas de mantener la disciplina de los afiliados. Estas medidas debían asegurar que la dirección del partido siguiese identificándose con los representantes de los intereses del proletariado y no surgiese una oposición que pudiese cuestionar esta asunción. Lenin se arrepintió al final de su vida de haber apoyado estas medidas, al igual que más tarde Trotsky, pues facilitaron el ascenso de Stalin y la eliminación de las diversas corrientes que se le opusieron.

Como resume bien http://es.internationalism.org/rm/2006/95_estalo : Ya en 1919, el grupo Centralismo Democrático, liderado por Ossinky, Smirnov y Sapranov, había comenzado a alertar contra el “marchitamiento” de los Soviets. En 1923, el Grupo Obrero, encabezado por Miasnikov expone importantes críticas y advierte de los problemas que surgen al permitir que el partido bolchevique se transforme en un partido de Estado.

Un aspecto que favoreció la extensión del autoritarismo y de la contrarrevolución burocrática, fue la presentación ideológica que hizo Stalin de Rusia, como una víctima de enemigos de todas clases, internos y externos, y su aprovechamiento del prestigio de Lenin. Se presentó como continuador de Lenin y defensor de los principios marxistas, para ello se auto-denomina en todos sus discursos como “marxista-leninista”, un término puramente propagandístico.

Stalin se apoyó personalistamente en el clientelismo que el Estado burocrático generaba, hasta sentirse suficientemente seguro para eliminar físicamente a viejos militantes bolcheviques, acabar con los restos del antiguo poder popular, imponer por dictado mayores ritmos de trabajo, o aliarse con otras fuerzas totalitarias o imperialistas del extranjero. En el momento culminante de la represión estalinista, el “gran terror” de 1937-1938 en la URSS se practicaron 2,5 millones de detenciones, y entre 1921 y 1953 se fusiló por motivos políticos a 800.000 personas y otras 600.000 murieron en prisión, según los archivos recientemente estudiados del Ministerio del Interior (Mvd-Mgb) y de la policía de estado (Ogpu-Nkvd) de Stalin (https://www.lavanguardia.com/internacional/20010603/53596492212/todos-los-muertos-de-stalin.html ).

El marxismo democrático de Rosa Luxemburgo

Ya desde principios del siglo XX, muchos miembros de la Segunda Internacional se opusieron a la estrategia leninista. La más notable fue Rosa Luxemburgo (1871-1919), la intelectual y activista marxista alemana asesinada por para-militares en 1919. Rosa Luxemburgo subrayó que el capitalismo crea siempre desigualdad entre los individuos, pero rechazó desde el principio las tendencias totalitarias que detectó en el pensamiento de Lenin. Por ello, su propuesta ilustra una de las maneras de recoger lo mejor del anarquismo y lo mejor del marxismo no doctrinario para plantear una alternativa futura al capitalismo.

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Rosa Luxemburgo hacia 1895-1900

Rosa Luxemburgo afirmaba que en épocas de paz, la formación de una masa revolucionaria suficientemente amplia pasaba por la lucha ideológica, lo que Gramsci llamará luego la “guerra de posiciones”; y esa integración ideológica de las masas se hace actuando, no leyendo textos teóricos. Lo importante no es destilar intelectualmente la esencia de la situación, sino crear prácticas que erosionan ahora al sistema y preparan su próxima sustitución por otro; la elaboración teórica es un complemento auxiliar de esas prácticas, no su eje central.

Rosa Luxemburgo afirmaba también que la revolución anti-capitalista debería ser democrática o no sería; y para ella, democracia significaba soberanía popular. La democracia debe estar siempre presente, tanto dentro de las organizaciones políticas como en el gobierno de la futura sociedad. Por este motivo, critica frontalmente en 1904 (en “Cuestiones de organización de la social democracia rusa”) la concepción leninista de partido de vanguardia, el partido jerarquizado y liderado por una élite de revolucionarios profesionales autónomos con respecto a la masa popular.

Esta concepción leninista presuponía que las masas no eran conscientes de los elementos esenciales de la situación, que sólo eran percibidos por la vanguardia del partido y, por tanto aquellos sólo podían ser dirigidos por estos. Para ella, por el contrario, un verdadero partido revolucionario “engloba y expresa el conjunto de los intereses progresistas de la sociedad y de todas las víctimas oprimidas por el orden social burgués”. La acción política es una acción espontánea y libre de las masas populares, y esa acción debe ser apoyada por el partido, y no al revés. Lo importante es la movilización de los de abajo (hoy diríamos “el 99% frente al 1%”), no la perspicacia intelectual y táctica de los intelectuales de esa masa ni de las cabezas más visibles de sus partidos políticos.

Para Rosa Luxemburgo, los medios son importantes porque pueden marcar el resultado final, por eso afirma: “La revolución proletaria no requiere de terror para lograr sus objetivos; odia y repudia el asesinato. No precisa de estos instrumentos de lucha porque no lucha contra individuos, sino contra instituciones, porque no entra al combate con ilusiones ingenuas cuya frustración tendría que vengar con sangre. No es un intento desesperado de una minoría de moldear el mundo a su ideal mediante la violencia“, y recomendaba a sus copartidarios socialistas: “No debemos olvidar que la historia no se hace sin grandeza de espíritu, sin una elevada moral y sin gestos nobles”.

Tras los acontecimientos de 1917 en Rusia, Rosa Luxemburgo apoyó la revolución rusa, pero criticó a los bolcheviques en tres aspectos: la política agraria, el derecho de autodeterminación y la cuestión democrática. “Los bolcheviques habían defendido simultáneamente la consigna de ¡Todo el poder a los soviets! y la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Rosa Luxemburgo no comprende el viraje adoptado por los bolcheviques al disolver el Parlamento como tampoco al restringir el derecho de voto. Admite que la Asamblea Constituyente podía no ser verdaderamente representativa, pero afirma que en ese caso la disolución debería haber ido acompañada de una convocatoria de nuevas elecciones, realizando una defensa expresa de la existencia de instituciones representativas bajo un gobierno que se proclama socialista (…) Frente a una frase de Trotski («Como marxistas nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal») contesta: «Es cierto que nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal. Ni tampoco fuimos nunca adoradores fetichistas del socialismo ni tampoco del marxismo….Lo que realmente quiere decir (esa frase) es: siempre hemos diferenciado el contenido social de la forma política de la democracia burguesa, siempre hemos denunciado el duro contenido de desigualdad social y falta de libertad que se esconde bajo la dulce cobertura de la igualdad  y la libertad formales. Y no lo hicimos para repudiar a éstas sino para impulsar a la clase obrera a no contentarse con la cobertura sino a conquistar el poder político, para crear una democracia socialista en reemplazo de la democracia burguesa, no para eliminar la democracia»” (Vera, 1994).

El socialismo es entendido por Rosa Luxemburgo como una ampliación y una sustantivación de la democracia formal, extendiendo la participación en la toma de decisiones, económicas y políticas, a masas de población que nunca habían sido preguntadas sobre sus anhelos vitales y su destino.

Esa amplia libertad de crítica y de iniciativa popular es también una necesidad que, para Rosa Luxemburgo, deriva de la complejidad que tendrá una sociedad socialista, para cuya construcción no hay fórmulas preestablecidas ni probadas. Hay que actuar mediante prueba y error, mediante “miles de formas nuevas e improvisaciones (…) La vida pública de los países con libertad limitada está tan gobernada por la pobreza, es tan miserable, tan rígida, tan estéril, precisamente porque, al excluirse la democracia, se cierran las fuentes vivas de toda riqueza y progreso espiritual. (…) Toda la masa del pueblo debe participar” (Rosa Luxemburgo, citada por Vera, 1994). Para Rosa Luxemburgo era evidente que “la libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que éste sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la «justicia», sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la «libertad» se convierte en un privilegio especial”.

En un ambiente de desconfianza contra libertad, la nueva organización política de base de las masas, los soviets, pierde su función democrática y degenera: “con la represión de la vida política en el conjunto del país, la vida de los soviets también se deteriorará cada vez más. Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas de dirigentes partidarios de energía inagotable y de experiencia ilimitada. Entre ellos, en realidad, dirigen sólo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués, en el sentido del gobierno de los jacobinos” (Rosa Luxemburgo, citada por Vera, 1994).

Como afirma Vera (1994), conociendo la evolución que tuvo la política leninista hacia el estalinismo, resulta difícil no leer con un estremecimiento esas proféticas palabras de Rosa Luxemburgo sobre el destino que puede sufrir toda revolución que sustituya la autodeterminación y la autonomía política de las masas por la dictadura de una camarilla jacobina.

Referencias

Cole, G. D. H. (1974). Historia del pensamiento socialista, 1t., México, Fondo de cultura Económica.

Jeong, Seongjin (2017). “El Comunismo de Marx como una Asociación de Individuos Libres: Una Revisión”. https://marxismocritico.com/2017/11/29/el-comunismo-de-marx-como-una-asociacion-de-individuos-libres-una-revision/

Kumar, K. (1992). El pensamiento utópico y la práctica comunitaria. Robert Owen y las comunidades owenianas. Política y Sociedad, ll, pp. 123-143.

Sabine, G. (1987). Historia de la teoría política. México, FCE.

Soboul A., 1987. Sans culotte: Gobierno Revolucionario y movimiento popular,
Alianza Editorial, Madrid.

Vera, Juan Manuel (1994). “Rosa Luxemburgo y la democracia”. Iniciativa Socialista 28, febrero 1994. https://fundanin.net/2018/06/26/rosa-luxemburgo-y-la-democracia/

 

Uno-mismo, yo, libre albedrío y otras emergencias mentales

Comentamos en el post La base neuronal de la consciencia primaria la hipótesis del núcleo dinámico y los miles de millones de estados que discrimina, producidos por cientos de miles de sistemas especialistas. Esta alta densidad de informaciones, significados, connotaciones, y sus emociones asociadas, que una experiencia consciente contiene podría ser el origen de una propiedad fundamental de los qualia o experiencias subjetivas que acompañan a la consciencia: la sensación de barroquismo y de experiencia única y privilegiada que acompañan casi siempre a las escenas conscientes.

Las neuronas de la capa V de un área motora o premotora que participan en el núcleo dinámico pueden funcionar como puertos de salida  activando las motoneuronas de la espina dorsal, pero estas motoneuronas con las que interactúan no deben considerarse parte del núcleo simplemente porque la interacción es de sentido único. El disparo de las motoneuronas no producen ningún cambio directo en el núcleo dinámico. Solamente las consecuencias de su comportamiento coordinado, en forma de contracciones musculares, podrán ser notadas sensorialmente, y estas impresiones llegar al núcleo consciente, pero tal influencia no es una reentrada directa entre las motoneuronas y el núcleo (Edelman y Tononi, 2000).

Seis capas del cortex

FIG Seis capas del córtex

La retina y otras neuronas del sistema visual primario tienen una actividad notable antes de que las neuronas corticales que señalan la presencia del color rojo se disparen. Estas neuronas corticales pueden considerarse puertos de entrada al núcleo. Su disparo produce efectos en amplias regiones del núcleo, cosa que no consiguen producir las neuronas del sistema visual primario, que producen efectos únicamente locales.

Hay puertos que son a la vez de entrada y salida. Por ejemplo, cuando queremos decir algo, no sabemos qué palabras vamos a usar, pero ellas surgen automáticamente con el significado correcto a medida que vamos necesitándolas, sin que tengamos que buscarlas y chequear su sintaxis conscientemente a cada paso. Y al ofrecer su producto al núcleo en el puerto (ahora de  entrada), ayudan a que el núcleo avance hasta el siguiente estado consciente.

Los largos bucles paralelos unidireccionales que se encuentran en los ganglios basales (y en el cerebelo) tienen la arquitectura que uno imaginaría para implementar una variedad de rutinas y subrutinas neuronales inconscientes independientes: son activadas por el núcleo en puertos específicos; hacen su trabajo de manera rápida y eficiente pero de manera local y funcionalmente aislada; y en puertos específicos de entrada, proporcionan al núcleo los resultados de su activación. Hay evidencias de que los ganglios basales no sólo realizan rutinas motoras, sino que pueden dedicarse a distintas actividades (habla, pensamiento, planificación, etc.) dependiendo del área del cerebro donde esté el puerto de entrada.

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FIG. Cuatro áreas donde se localizan los ganglios (o núcleos) basales: cuerpo estriado, globo pálido, sustancia negra y núcleo subtalámico

 

Debido a sus enormes capacidades asociativas, el núcleo dinámico estaría en una posición ideal para organizar jerárquicamente una serie de rutinas inconscientes preexistentes en una secuencia particular. Esto es lo que sucede cuando un pianista vincula deliberadamente pasajes de arpegio separados. El músico activaría estas rutinas desde su memoria, o a partir de la partitura.

Nuestra vida cognitiva generalmente está constituida por una secuencia continua de estados del núcleo que desencadenan ciertas rutinas inconscientes, que, a su vez, desencadenan ciertos otros estados del núcleo y así sucesivamente en una serie de ciclos. Al mismo tiempo, por supuesto, como en la interpretación de un músico, los estados del núcleo también se modifican por la entrada sensorial (que actúa en otros puertos), así como por la dinámica intrínseca del propio núcleo.

En una segunda fase, el enlace consciente entre distintas subrutinas que resulta útil o satisfactorio al núcleo consciente es reforzado hasta volverse inconsciente. La evidencia reciente indica que la selección neuronal que conduce al aislamiento funcional de circuitos especializados ocurre a través del refuerzo de los circuitos de los ganglios basales provocados por la activación de los sistemas de valoración, especialmente el llamado sistema dopaminérgico (llamado así por el neuromodulador dopamina que libera). Se ha demostrado que tales sistemas se activan cuando el comportamiento se ve reforzado por una recompensa y dejan de disparar una vez que se ha adquirido el comportamiento. El disparo del sistema dopaminérgico y de otros sistemas de valoración que inervan tanto los ganglios basales como las regiones corticales a las que ellos se proyectan puede ser el mecanismo clave para fortalecer los vínculos sinápticos que se forjan entre diferentes rutinas a través de la mediación del núcleo. De esta manera, los mapeos globales que están relacionados con una tarea en particular se pueden construir o vincular, durante el aprendizaje guiado conscientemente, hasta que un bucle sensorimotor sin discontinuidades se ejecuta de manera estable, rápida e inconsciente (Edelman y Tononi, 2000).

El desorden obsesivo-compulsivo puede ser entendido como una condición en la que ciertas rutinas motoras y cognitivas son disparadas con excesiva frecuencia, como si algunos puertos del núcleo estuvieran patológicamente abiertos. Esto se percibe a nivel consciente como una especie de intrusión.

Ciertas partes del sistema tálamo-cortical podrían separarse del núcleo a través de conexiones estrechas, tipo puertas, y dejar así de pertenecer a la experiencia consciente. Este podría ser el caso en enfermedades como la ceguera histérica, donde el paciente no es consciente de estar viendo, pero esquiva automáticamente los obstáculos. Este pequeño sub-conjunto autónomo mantendría  contacto con la periferia motora y con ciertas áreas visuales. Algo de este tipo tiene lugar claramente en las personas con los dos hemisferios desconectados quirúrgicamente, en las que dos agregados funcionales (uno en el hemisferio izquierdo, con consciencia primaria y auto-reflexiva; otro en el hemisferio derecho, sólo con consciencia primaria) parecen coexistir en el mismo cerebro.

¿Es posible que tales circuitos talamocorticales activos pero funcionalmente aislados puedan ser la base de ciertos aspectos del inconsciente psicológico, aspectos que, como señaló Sigmund Freud, comparten muchas de las características de lo “mental”, excepto que no lo hacen dentro de la consciencia? ¿pueden tales circuitos ser creados por mecanismos de represión? ¿pueden tales islas activas ser capaces de disparar sus propias rutinas en los ganglios basales, explicando así actos fallidos, acciones equivocadas, y similares? El tema merece ser investigado, según Edelman y Tononi.

Las neuronas espejo y la hipótesis de la mente en uno y en los otros

Las neuronas espejo se identificaron originalmente en los lóbulos frontales de los monos (en una región homóloga al área de lenguaje de Broca en los humanos). Se observó que esta clase de neuronas se disparan cuando el mono alcanza un objeto o simplemente mira a otro mono comenzar a hacer lo mismo, lo cual se podría interpretar como una forma de simular las intenciones del otro mono o de “interpretar su mente”. También se han encontrado neuronas espejo para el tacto; se disparan en una persona cuando la tocan y también cuando ve que otra persona es tocada. Se han encontrado neuronas espejo también en la ínsula, según Ramachandran (2011), para hacer y reconocer expresiones faciales, y en el arco cingulado anterior, para la “empatía” del dolor. No todas las neuronas de estos sistemas son neuronas espejo, sólo una parte de ellos.

Cuando un sujeto observa que otro es pinchado en la piel sus neuronas espejo sensoriales se activan, pero su reacción no llega a ser un dolor completo y una retirada del miembro, probablemente debido a las señales inhibidoras procedentes de la corteza frontal y también a las señales de normalidad procedentes de la propia piel.

El papel inhibidor de las señales de la propia piel parece coherente con la experiencia consciente de un paciente amputado con percibía una mano fantasma, estudiado por Ramachandran (2011). Cuando veía que la mano de otra persona era acariciada y atrapada, él sentía que le estaban haciendo lo mismo a su mano fantasma. Al no enviar la mano fantasma ninguna señal al cerebro, las neuronas espejo sensoriales de éste no serían inhibidas, y la sensación aparecería como propia y detallada en el sitio adecuado. Ramachandran llama “hiper-empatía adquirida” a este síndrome, que identificó también en otros tres pacientes suyos. Cuando los pacientes con este síntoma tienen dolores en la mano fantasma, sienten alivio viendo simplemente la mano de otra persona siendo masajeada. Notablemente, también se obtiene hiper-empatía cuando se anestesian los nervios que conectan el miembro con la espina dorsal (el plexo braquial).

La ventaja más evidente de tener neuronas espejos en distintas áreas sensoriales y motoras es que te permiten descubrir las intenciones de otra persona. Cuando ves que la mano de tu amigo Jose se mueve hacia la pelota, tus propias neuronas motoras asociadas a alcanzar la pelota comienzan a disparar. Al ejecutar esta simulación virtual de ser Jose, tienes la impresión inmediata de que tiene la intención de alcanzar la pelota. Esta capacidad crea así una teoría de la mente: el presupuesto de que en otros cuerpos ocurren los mismos fenómenos mentales que en el propio. Esta capacidad puede existir en los grandes simios en forma rudimentaria, pero los humanos somos excepcionalmente buenos en eso. Según Ramachandran, estas neuronas espejo pueden haber evolucionado en los humanos para tomar el punto de vista de otros no sólo visual, táctil o auditivo, sino también conceptual. Sería la perspectiva que invitamos a adoptar o tomamos cuando decimos: “míralo desde mi punto de vista”, o “veo lo que quieres decir”.

 

Otros síndromes disociativos

Vimos en el post Las bases neurológicas del reconocimiento de los cuerpos y la imitación que desde el punto de vista neurológico, hay dos caminos desde la retina hasta el área visual V1 del lóbulo parietal (área 17 de Brodmann). Uno (que Ramachandran llama el “camino antiguo”) pasa por el colículo superior y acaba en V1.

Coliculo superior-Brainstem_and_thalamus

El otro camino (el “camino nuevo”) pasa por el núcleo geniculado lateral del tálamo, desde allí se dirige hasta V1, en el lóbulo occipital, y allí se bifurca en dos ramas: la rama del “donde” se dirige hacia el lóbulo parietal, y la rama del “qué” se dirige hacia el área 21 de Broadman, en el lóbulo temporal.

Nucleo geniculado lateral

La primera rama está especializada en las relaciones espaciales entre los objetos identificados; la segunda, en las relaciones entre las propiedades encontradas dentro de cada objeto y lo que significan para uno, lo cual permitirá etiquetar posteriormente al objeto dentro de una categoría lingüística.

areas-brodmann-numeros

El camino “antiguo” puede dirigir la mano de una persona hacia un objeto en el campo visual de forma automática sin que la persona sea consciente de que está viendo el objeto. El camino “nuevo” permite, sin embargo, la experiencia consciente de estar viendo un objeto (Ramachandran 2011, Cap. 2).

La primera estructura de la ruta del “qué”, el giro fusiforme, parece clasificar el objeto visual en distintas categorías conceptuales (diferencia un pájaro de un humano, o un cuchillo de un piano) pero con poca elaboración sobre el significado del concepto para el observador. Pero cuando esta ruta se adentra más profundamente en los lóbulos temporales, evoca no sólo la categoría cruda sino un conjunto disperso de recuerdos asociados y hechos y usos del objeto, es decir, su significado para el observador. Esta recuperación semántica implica la activación de conexiones con otras áreas del lóbulo temporal, con el área lingüística de Wernicke y con el lóbulo parietal inferior, que está especializado en poner etiquetas lingüísticas (nombrar), escribir, y en la aritmética. Tras el apoyo de estas regiones, los mensajes se transmiten a la amígdala, que se encuentra incrustada en la punta frontal de los lóbulos temporales, donde evocan sentimientos relacionados con lo que (o quien) estás viendo (Ramachandran, 2011, Cap. 2).

Sin embargo, si el objeto visual tiene una alta saliencia (es inhabitual) el camino 2 no sigue esta ruta, sino que abrevia desde el giro fusiforme, pasando por surco temporal superior, hasta entrar directamente en la amígdala. De esta manera, evita pasar por las áreas que enriquecen el objeto visual con significaciones, y entra rápidamente en la amígdala, en el corazón emocional del cerebro, el sistema límbico. Este camino rápido evolucionó probablemente para promover reacciones rápidas ante escenas inhabituales, ya sean innatas o aprendidas. La amígdala trabaja junto con recuerdos que ayudan a calibrar la importancia emocional de la escena visual. Si la respuesta emocional de la amígdala es intensa (con emociones de hambre, miedo, odio o lujuria, por ejemplo), influye en el hipotálamo, que induce una liberación de las hormonas necesarias para preparar el sistema nervioso autónomo para una próxima acción (alimentarse, luchar, huir, cortejar, etc.). Esto incluye aumento del ritmo cardíaco, respiración rápida y superficial, y aumento de la transpiración (que aumenta la refrigeración del sistema motor). La amígdala está conectada también con los lóbulos frontales, que añaden matices a estas emociones primarias (v.g. arrogancia, prudencia, orgullo, admiración, magnanimidad, etc.).

corte del sistema limbico

Si el camino 3 que provoca las emociones resulta lesionado, pero el camino 2 del “qué” (que permite la identificación) permanece intacto, se produce un síndrome (de Capgras) en el cual el sujeto reconoce físicamente a la persona que tiene delante, por ejemplo a su madre, pero no siente por ella el menor afecto. Al ser esta disonancia intolerable para el cerebro consciente, el sujeto muchas veces racionaliza diciendo que la mujer presente es una “impostora” idéntica a su madre. Sin embargo, al hablar con ella por teléfono, sí que siente afecto por la que ahora sí reconoce como su madre. Esto se debe a que el camino que lleva al sistema límbico las sensaciones sonaras es diferente al que transporta la información visual.

Cuando es el camino 2 el que resulta dañado pero el camino 3 permanece intacto, el paciente pierde la capacidad de reconocer conscientemente caras (prosopagnosia), pero las reconoce inconscientemente, pues la información puede llegar desde el giro fusiforme hasta la amígdala a través del camino 3. Por ello, el paciente tiene una fuerte reacción emocional al ver a su familiar, aunque no sabe quién es esa persona. Si un estado de disociación como este se prolongara indefinidamente, conduciría antes o después, sugiere Ramachandran (2011), a estados paranoides o fóbicos en esa persona.

Otras veces, debido a alguna enfermedad, los caminos 2 y 3 hacia la amígdala son reforzados por descargas sistemáticas similares a la epilepsia (kindling). Esto puede provocar un síndrome en el que el paciente encuentra que todo el mundo parece extrañamente familiar, y acaba diciendo, por ejemplo, que todo el mundo se parece a un tío suyo. Probablemente, la necesidad de elegir a un familiar concreto deriva de la incoherencia de sentir “familiaridad inconcreta”, y de la pulsión por la coherencia que tiene el cerebro consciente. Del mismo modo, la ansiedad difusa de un hipocondríaco siempre acaba aterrizando, en una especie de racionalización, sobre un órgano o una enfermedad concreta (Ramachandran, 2010).

Esquema simplificado

Esquema simplificado de los caminos visuales y otras áreas relacionadas en los síndromes discutidos en el texto. El camino “How” corresponde al llamado “1” en el texto; el camino “what” corresponde al “2”, y el camino “Old” corresponde al “3”. Tomado de Ramachandran (2011).

 

El síndrome de Cotard, según Ramachandran (2011), es un caso extremo del síndrome de Capgras. Las personas con síndrome de Cotard suelen perder el interés en el arte y la música, presumiblemente porque tales estímulos no pueden evocarles emociones, como si todas o la mayoría de las vías sensoriales a la amígdala estuvieran totalmente dañadas (a diferencia del síndrome de Capgras, en el que solo el área “facial” en el giro fusiforme está desconectada de la amígdala). Por lo tanto, para un paciente de Cotard, todo el mundo sensorial, no solo su madre y su padre, parecerían irreales, como en un sueño. Por otra parte, las neuronas espejo que le permiten a uno observarse desde el punto de vista de un observador externo podrían estar también dañadas. Tal síndrome es como haber perdido el uno-mismo y haber perdido el mundo, lo más cercano a estar muerto que un cerebro consciente podría sentir. Por ello, la depresión acompaña con frecuencia al síndrome de Cotard. También se explicaría la curiosa indiferencia que tienen tales pacientes ante el dolor. Como un intento desesperado por restablecer la capacidad de sentir algo, ¡cualquier cosa! tales pacientes pueden tratar de infligirse dolor a sí mismos para tratar de recuperar el “anclaje” a sus cuerpos. Si los casos más severos de depresión estuvieran relacionados con esa clase de desconexión completa que sufren los pacientes del Cotard, ello explicaría según Ramachandran el que muchos de ellos se suiciden, extrañamente, tras tomar las primeras dosis de Prozac. El antidepresivo puede darles la mínima autoconfianza necesaria para que el paciente reconozca que su vida y su mundo no tienen significado y que el suicidio es el único escape. En este sentido, Cotard sería un síndrome de apotemnofilia (rechazo de un miembro propio, con deseos de amputarlo) pero de todo el cuerpo, y el suicidio su amputación exitosa.

Este síndrome tan extremo nos sugiere también, en mi opinión, que una parte fundamental de lo que entendemos por sentido (o significado) del mundo consiste en las relaciones emocionales que ese mundo tiene con mi cuerpo, que es lo que hace a las cosas del mundo importantes, interesantes y bellas. Si tal relación emocional desaparece, el mundo y todos sus contenidos, por exóticos y variados que sean, dejan de tener interés y significado para nosotros.

El síndrome de los “ataques de pánico” de unos 40-60 segundos, que afecta a algunos pacientes, se parece a un síndrome de Cotard transitorio acompañado de palpitaciones y del sentimiento de que uno está a punto de morir. Según Ramachandran (2011) pueden explicarse por afectaciones temporales del camino 3, especialmente la amígdala y su flujo de activación a través del hipotálamo, que dispararían una poderosa señal de “huye o lucha” sin que los sentidos detecten nada externo a lo que poder adscribir la fortísima emoción. Por lo que, la necesidad de coherencia del cerebro consciente infiere que la causa del peligro es una afección interna grave. Una ansiedad sin causa es menos tolerable para el cerebro que una ansiedad que pueda ser atribuida a alguna fuente.

 

Las capacidades cognitivas inconscientes

El conjunto de experiencias vividas, con sus correspondientes resultados prácticos y emocionales, y el aprendizaje estimulado por las simulaciones mentales conscientes, van generando unos hábitos de decisión e incluso un carácter personal. Muchas de las rutinas de decisión aprendidas pueden ser activadas de forma inconsciente en circunstancias similares a las ya vividas o ya experimentadas en la imaginación. El resultado es una capacidad de conocer lo esencial de las situaciones y responder inconscientemente a ellas de forma acorde con nuestros gustos personales, con una rapidez sorprendente.

Esta toma inconsciente de decisiones resulta a veces más eficaz que la deliberación consciente, cuando el tiempo disponible para decidir es limitado. Esto quedó patente en el experimento realizado por el psicólogo  Ap Dijksterhuis con grupos de sujetos humanos normales. Les pidió que realizaran decisiones de compra en dos situaciones. En la primera, se les dejaba estudiar con detenimiento el folleto de los artículos durante tres minutos antes de la compra; en la segunda situación, se distraía hábilmente a esos mismos sujetos durante los tres minutos, con el fin de que el individuo no pudiera deliberar de forma consciente. Unas veces el artículo era un objeto trivial de menaje, tal como una tostadora; otras, era un gran compra, tal como un coche o una casa. El objetivo era elegir el mejor artículo para comprarlo. El resultado fue notable: “Las decisiones que se habían tomado sin mediar ninguna deliberación consciente resultaron más satisfactorias en ambas clases de artículos, pero sobre todo en la de las grandes compras. La conclusión aparente es que cuando vamos a comprar un coche o una casa, es preciso conocer al detalle los hechos, pero, una vez conocidos, no hay que preocuparse ni dar más vueltas a las minuciosas comparaciones de ventajas y desventajas posibles. Es mejor lanzarse (…) [Estos resultados] lo que sugieren es que los procesos inconscientes son capaces de cierto razonamiento lógico, mucho más de lo que generalmente se creía, y que este razonamiento, una vez adecuadamente ejercitado a través de la experiencia, puede, cuando el tiempo escasea, llevarnos a tomar decisiones convenientes y ventajosas (…) Dado que no disponemos de todo el tiempo del mundo, en lugar de hacer una gran inversión de tiempo en gigantescos cálculos, vale la pena aprovechar algunos atajos. Y algo que viene muy bien es que, por un lado, los registros emocionales pasados nos serán de utilidad al seguir esos atajos y, por otro, que nuestro inconsciente cognitivo es un buen proveedor de esa clase de registros (…) Ciertas opciones vienen marcadas inconscientemente por medio de una predisposición vinculada a factores emocionales y afectivos previamente adquiridos” (Damasio, 2011, Cap. 11). Ahora bien, si tenemos tiempo suficiente, conviene analizar en detalle la elección ofrecida por nuestro inconsciente, por si hay elementos en la situación presente que invalidan tal elección, basada en experiencias pasadas y pre-juicios adquiridos. El no hacerlo podría llevarnos a, por ejemplo, decisiones injustas en un tribunal, o a decisiones imprudentes en unas elecciones democráticas.

Damasio sugiere también que las pautas cognitivas inconscientes no sólo proceden del aprendizaje y la simulación mental. Habría una serie de disposiciones o inclinaciones de raíz genética, que afectaría al temperamento, que no es uniforme en los humanos ni en los animales superiores. Incluso la relativa mayor frecuencia de comportamientos agresivos en los hombres que en las mujeres podría ser en gran parte derivado de la influencia genética.

 

La capacidad consciente autorreflexiva y el yo

La actividad de percepción consciente, fenomenológicamente, se percibe como una serie de percepciones alineadas en el tiempo, que cuando tratamos de entenderlas tienden a agruparse juntas en escenas, cada una de las cuales incluye percepciones sensuales externas, percepciones táctiles del cuerpo, percepciones difusas de estados internos del cuerpo, y percepciones de las imágenes imaginarias conceptuales que van siendo generadas por la mente. Todo ello, unido a una sensación vaga de que todas esas imágenes y percepciones forman una unidad en el tiempo como si fueran las experiencias de un testigo único, no de muchos separados o consecutivos. Quizás, ese sentimiento de unidad en el tiempo de las percepciones proceda del hecho de que las componentes interoceptoras de esas percepciones están invariablemente disponibles a la atención atenta, como en un fondo muy poco variable (Damasio). En muchas tradiciones budistas, la forma más simple de consciencia durante la meditación es denominada de hecho presencia plena; y en la tradición Vedanta, a la consciencia meditativa se la llama precisamente el testigo.

La presencia de un testigo puede ser pues una metáfora iluminadora y bastante universal de ese proceso mental, pero sin olvidar que es sólo una metáfora que sustantiviza un proceso complejo interior. La observación fenomenológica (y la científica) no muestra la presencia de ningún testigo físico, ni ningún homúnculo interior al cuerpo o a la mente.

La actividad consciente auto-reflexiva se sustantiviza pues frecuentemente, conceptualizándola como un testigo que percibe todas las demás actividades y estados conscientes, y que tiene una continuidad diacrónica (el mismo testigo presenció escenas pasadas). Llamaremos uno-mismo a esa presencia casi permanente con apariencia de testigo. Con cierta frecuencia, a ese testigo se le añaden conceptos aún más detallados, concibiéndolo como: (i) un observador que tiene cierta personalidad o tendencias a la hora de percibir (lo cual parece una conceptualización metonímica: en realidad, son los estados mentales observados los que pueden tener tendencias discriminables); (ii) tiene cierta personalidad a la hora de sentir y pensar (otra conceptualización metonímica: en realidad, son los estados mentales y corporales observados los que pueden contener sentimientos y pensamientos); (iii) es un agente con voluntad libre para tomar cualquier decisión, que es obedecida inmediatamente por el cuerpo (otra conceptualización metonímica, pues es el cuerpo en realidad el que realiza acciones, a veces consciente y a veces inconscientemente). Llamaremos yo a aquel uno-mismo con estas conceptualizaciones extras añadidas.

El yo y el libre albedrío

La conceptualización tercera de la lista anterior caracteriza al uno mismo como un yo con capacidad agente, y libre albedrío a la hora de decidir el comportamiento del cuerpo. Esa caracterización, además de ser metonímica, choca con las evidencias que nos ofrecen algunos experimentos psico-neurológicos. Por ejemplo, Libet observó neurológicamente el cerebro de sujetos humanos mientras eran invitados a mover libremente cualquier dedo y a indicar el momento en que eran conscientes de la intención de moverlo. En esos experimentos, la aparición del potencial de preparación que antecede siempre a una acción motora humana precedió sistemáticamente a la consciencia del mismo; ocurrió entre 150 y 350 milisegundos antes que la llamada “voluntad consciente”. Libet llegó a la conclusión de que la iniciación cerebral de un acto espontáneo y libremente voluntario puede comenzar inconscientemente, es decir, antes de que haya una consciencia revocable de que la decisión de actuar ya se ha iniciado cerebralmente. Al igual que en la consciencia primaria de un estímulo sensorial, en la consciencia de una intención motora parece necesario que la actividad neuronal subyacente persista previamente durante un período de tiempo considerable, del orden de 100 a 500 ms dentro de un núcleo dinámico de interconexiones neurales. Es después que se ha producido esto cuando algún sistema neural especializado detecta la pauta de “voluntad de iniciar el movimiento de X”. La conclusión notable es que primero nuestro cerebro quiere iniciar inconscientemente una acción, y luego la consciencia auto-reflexiva es consciente de lo que el cerebro quiere, y conceptualiza esa decisión como la decisión de uno-mismo. La consciencia auto-reflexiva sería una especie de sistema neural que informa de modo coherente de lo que nuestro cuerpo está sintiendo y haciendo, de las experiencias de consciencia primaria que nuestro cerebro está generando, y de lo que nuestro cerebro está haciendo; pero no es el disparador último de las decisiones, ni es tampoco el que construye neurológicamente las percepciones, estados mentales o acciones.

Esto es coherente con el hecho evolutivo de que los animales, y nuestros antecesores, con consciencia primaria eran capaces de realizar decisiones motoras antes de ser conscientes de que había algo dentro de ellos que realizaba esa decisiones; sistemas posteriores auto-reflexivos añadieron a esa capacidad la de la consciencia de un invariante interior (o uno-mismo) que se otorgaba la propiedad de fuente de todas las acciones y decisiones. A su vez, sólo los seres con esta nueva clase de consciencia auto-reflexiva empezaron a ser conscientes de la presencia en sus cuerpos de una memoria primaria que ellos mismos están percibiendo.

Según Ramachandran (2011, Cap. 9), la experiencia de libre albedrío deriva del funcionamiento de dos estructuras: la primera es la circunvolución supramarginal en el lado izquierdo del cerebro, que le permite evocar y prever diferentes cursos de acción potenciales. La segunda es el giro cingulado anterior (en la zona periférica del sistema límbico), que te hace desear, y te ayuda a elegir, una acción basada en una jerarquía de valores aprendidos registrados en la corteza prefrontal. Estos valores han sido aprendidos a través de la cultura y de la experiencia individual previa. La corteza prefrontal es aparentemente la sede de pautas de comportamiento aprendidos como el carácter, así como de valores sociales internalizados como la moral, el juicio, o la ética (Ramachandran 2011, Glosario Final).

Según Dennett (2017), la experiencia de la voluntad personal es la manera como la mente muestra el final de sus decisiones motoras al yo, no la decisión misma. Más en general, nuestro punto de vista de primera-persona de nuestras propias mentes es similar al que tenemos de otras mentes (la segunda persona). No percibimos conscientemente toda la complicada maquinaria neural que selecciona entre conceptos, toma decisiones y actúa. Del mismo modo, hablamos para decirnos a nosotros mismos lo que pensamos, y no sólo a terceras personas. El self o yo es como un usuario final de un complejo sistema operativo.

sistema-lmbico-cingulado anterior

El núcleo dinámico tiene la capacidad, según Edelman, de conectarse con muchas de las rutinas automáticas especializadas mediante puertas de entrada/salida que las une con el núcleo, pero a la vez las separan de la dinámica integrada del núcleo. Estas puertas consistirían en grupos neuronales que interaccionan a la vez con el núcleo y con neuronas que están fuera del núcleo. Por ejemplo, un paseante puede estar caminando en dirección a su casa sin necesidad de atención consciente; pero de repente puede notar la llegada de un autobús detrás de su espalda, y enviar entonces una directiva consciente para correr hacia una parada próxima. Hay siempre disponibles una gran variedad de subrutinas inconscientes cuya activación el núcleo dinámico puede forzar o no. ¿Es esa la base del sentimiento de agencia o libertad de decidir que acompaña a muchas acciones conscientes inmediatas? En cualquier caso, ese sentimiento es bastante ilusorio si se extrapola a todas las decisiones, pues hemos visto que la consciencia sabe lo que va a decidir en los próximos segundos sólo una vez que el cerebro inconsciente ha decidido. Sin embargo, Damasio (2000) sugiere un posible encaje del libre albedrío consciente, y es entenderlo como la capacidad de planificar a largo plazo. Esto es, el conjunto de informaciones conscientes que recibimos del exterior en un momento dado, unido al bagaje de experiencias previas de nuestro cuerpo, nos hacen ver que hay posibles planes de acción (combinaciones posibles encadenadas en el tiempo futuro, de acciones motoras y consecuencias de las acciones) que no conocíamos y, al imaginarlas ahora, observamos que generarían un resultado deseable, sin que el esfuerzo y los efectos indeseables de su imaginaria implementación nos produzcan emociones de rechazo. En ese contexto, el cerebro consciente parece capaz de fomentar unas condiciones ambientales y corporales que favorezcan que el propio cerebro vaya tomando con gran probabilidad las decisiones apropiadas para la realización de los distintos pasos que componen la cadena de acciones del plan mental. La capacidad de deliberación consciente, según Damasio, tiene poco que ver con la capacidad de disparar o controlar al momento las acciones, y está unida más bien a la capacidad de planear con anticipación y fomentar la realización de una clase de acciones que queremos que se realicen. Podemos interpretar que, para conseguirlo, las imágenes mentales que forman parte de esos planes de la imaginación son enviados al sistema límbico como si fueran experiencias reales vividas, para que generen las asociaciones emocionales que harán que las futuras acciones motoras del cuerpo vayan acercándose con gran probabilidad a las etapas planeadas. De este modo, los actos motores componentes (activados por el arco cingulado anterior) se realizarán como si hubieran sido reforzados por experiencias gratificantes ya vividas, aunque en realidad el reforzamiento lo están produciendo experiencias imaginadas.

Un músico de una orquesta en muchos momentos interpreta la música automáticamente y sin necesidad de atención consciente; pero de repente puede notar un cambio de ritmo inesperado en la batuta o en otros compañeros de orquesta, y enviar entonces una directiva consciente para aumentar la velocidad de los dedos que activan las teclas de su instrumento. El que una directiva de este tipo tenga tan alta probabilidad de ser obedecida, interpretamos que se debe a lo siguiente: la percepción sonora y visual de la aceleración repentina del ritmo de los otros músicos produce rápidamente la imagen mental de las consecuencias que tendría el que uno mantuviera el mismo ritmo de ejecución ajeno al de la orquesta; esta imagen mental, recibida en el sistema límbico genera una reacción emocional de miedo y vergüenza, como si la escena estuviera realmente ocurriendo, lo cual estimula rápidamente la activación de mapas motores correctores que aceleran la frecuencia de pulsación del propio instrumento.

Las imágenes mentales, como simuladoras de realidad que son, pueden tener pues efectos emocionales similares a la realidad misma, y pueden ser utilizadas para construir planes de acción. Pero también para aumentar rápidamente la probabilidad de que nuestros sistemas inconscientes especializados reaccionen como lo harían ante una escena real. Esto proporciona una enorme variedad de conductas y formas de adaptarse nuevas a los animales capaces de simular escenas con la mente; mucho más aún si dentro de estas escenas son capaces de incluir al propio cuerpo con sus emociones imaginadas reaccionando al entorno imaginado.

Así, en lugar de seguir pensando en que hay un yo ahí dentro que decide como una especie de dictador del propio cuerpo, sería más realista concebir la toma de decisiones consciente como un proceso cerebral colectivo. El cerebro funciona utilizando rutinas inconscientes automáticas aprendidas en su experiencia pasada siempre que los rasgos significativos del entorno son familiares o habituales. Pero genera rápidamente un núcleo dinámico consciente cuando percibe algún factor repentino en la situación que la convierte en no habitual. Tras focalizar la atención sobre el factor novedoso, el núcleo dinámico utiliza su experiencia y conocimiento simbólico previo, acumulado en sus redes neurales, para generar una realidad virtual de las consecuencias que probablemente derivarán de ese factor nuevo.

Caso 1: Si la consecuencia imaginada del factor nuevo es única con gran verosimilitud, y esa consecuencia imaginada provoca una reacción emocional clara (positiva o negativa), y el (acelerar o evitar) el nuevo escenario virtual requiere acciones motoras similares a otras ya experimentadas o simuladas: En este caso, los núcleos límbicos pondrán automáticamente en acción los sistemas motores apropiados para adaptarse (acelerar o evitar la llegada de la consecuencia) de forma inconsciente. El etiquetamiento conceptual y verbal de la actividad cerebral asociará la situación a un concepto del tipo “se va a resolver” (en un cerebro budista) ó “(yo) lo voy a resolver” (en un cerebro occidental), generalmente una fracción de segundo después de que se haya empezado a resolver.

Caso 2. Si la consecuencia imaginada del factor nuevo es única con gran verosimilitud, pero no provoca sino respuestas emocionales de indiferencia, el núcleo dinámico “pasará por alto” el nuevo escenario, los rituales inconscientes que estaban en curso se dejarán proseguir, y la atención consciente volverá a relajarse. El etiquetamiento conceptual y verbal de la actividad cerebral será algo como “no pasa nada”; “seguimos” ó “sigo haciendo”.

Caso 3. Si la consecuencia imaginada del factor nuevo es única con gran verosimilitud, provoca una reacción emocional clara de miedo (en lo sucesivo consideraremos sólo reacciones emocionales de rechazo) pero no hay rituales motores familiares para evitarla, el sistema límbico reaccionará dependiendo del grado de miedo y urgencia activado.

  1. Si el miedo es extremo (por ejemplo, ha aparecido un león y está demasiado cerca para intentar llegar a un refugio) el sistema límbico paralizará todas las rutinas motoras que puedan activar los músculos rojos, y se inhibirá la sensibilidad táctil y la subjetividad. El cuerpo se percibirá objetivamente, como desde fuera. Pero el cerebro permanecerá visualmente atento por si algún factor nuevo cambiara la situación.
  2. Si el miedo es sólo leve o moderado, el sistema límbico activará a la imaginación para que explore acciones nuevas que pudieran impedir o mitigar la consecuencia temida (v.g. buscar nueva información relevante al problema; buscar la ayuda de ciertas personas; etc.). Esto puede iniciar una cadena de intercambios entre ideas de la imaginación y nuevas reacciones emocionales del sistema límbico, proceso interactivo que a veces es consciente y otras inconsciente, hasta ir acotando un conjunto factible de soluciones definitivas óptimas (cuya conceptualización sería algo como: “Ahá! ¡Lo encontré!”), o solamente mitigadoras (“trataré de llevarlo lo mejor posible”).

Caso 4. Si las consecuencias del factor nuevo son previsiblemente diversas, dependiendo de otros factores que podrían intervenir, el núcleo dinámico tratará de representar mentalmente todos los escenarios que son posibles, y las correspondientes reacciones emocionales límbicas comenzarán activando las rutinas motoras encaminadas a evitar primero los peores escenarios posibles; esto tendemos a hacerlo conscientemente cuando la carga emocional negativa es intensa. Prevenidas así o mitigadas, supuestamente, las consecuencias peores, la atención consciente se puede encontrar con dos escenarios posibles finales que desencadenan emociones moderadamente negativas pero de intensidad parecida. En esta situación, cualquier acción motora que se encamine a evitar el escenario X, o bien el escenario Y, o bien ambos a la vez, será sentida como deseable, de modo que las reacciones límbicas no desequilibrarán el impasse en ninguna dirección concreta. Es de suponer que en tal situación, un estímulo sensorial insignificante, o incluso el estado homeostático del cuerpo en ese momento, pueden desequilibrar el impasse, facilitando que se inicien primero las acciones, por ejemplo, que conducen a evitar el escenario X. Las áreas semánticas más altas del córtex, las que generan las conceptualizaciones más abstractas, no-verbales (en el córtex frontal y áreas asociativas) y verbales (porción triangular izquierda del giro frontal inferior, surco intraparietal, giro temporal inferior, giro temporal medio posterior, giro supramarginal y área de Wernicke, según Montefinese, 2019), generarán entonces un concepto del tipo: “(yo) he decidido hacer HX para evitar X” (en un cerebro occidental), ó “(el cuerpo) hace HX para evitar X” (en un cerebro budista).

La capacidad de soportar la incertidumbre más tiempo, y la voluntad de perseverar en el análisis consciente de posibilidades cada vez más detalladas (como hace el jugador de ajedrez) son capacidades que se pueden entrenar. O, al menos, son capacidades que se han podido entrenar si el entrenar capacidades como estas, sin un beneficio inmediato, ha entrado en lo percibido como deseable a nuestro carácter.

Si una persona ha estado entrenando estas capacidades durante años, el día que el entorno cambie ofreciendo futuros inciertos, se encontrará con la capacidad de explorar conscientemente planes más detallados y numerosos que enviar a su sistema emocional. Su proceso de optimización de la elección final será más largo, pero probablemente el plan final elegido estará más ajustado a la complejidad de la situación, y tendrá menores riesgos de grandes sustos futuros.

La persona que no haya entrenado esas capacidades contará con una voluntad laxa, tenderá a conformarse con lugares comunes y refranes, antes que con un análisis detallado de lo específico de la situación. Las dos clases de personas que comentamos sienten tener “libre albedrío”, y lo tienen en el sentido analizado más arriba: cuando su análisis les ha llevado a planes alternativos que tienen un atractivo emocional muy similar, cualquiera de ellos es elegido, en respuesta a factores insignificantes no conscientes, externos o internos, y en ese momento el yo es consciente de haber elegido voluntaria y libremente. Pero hay una diferencia cuantitativa entre la libertad de una y otra persona, y es que el menú de alternativas entre las que el primero de ellos ha elegido ha sido probablemente mucho mayor que el menú de alternativas del segundo.

Como corolario de esta sección, podemos decir que la intuición de Schöpenhauer sobre la determinación del libre albedrío por el carácter y las emociones es coherente con el conocimiento actual de la neurología. Esa intuición es especialmente correcta para las decisiones inmediatas de la voluntad, a unos segundos vista, que se opongan frontalmente con las emociones que la decisión va a despertar, fundamentadas en nuestra experiencia previa y nuestro carácter. Para los planes de acción y entrenamiento personal que formulamos a largo plazo, podríamos decir que no hay ni determinación ni libre albedrío. Los planes conscientes de acción van trazando vías nuevas para la exploración emocional, y van familiarizando a las emociones con tipos de escenario que unos años o meses atrás habrían provocado miedo automático al propio sistema límbico, o éste habría rechazado por el esfuerzo que requieren, al no saber que ofrecía satisfacciones probables. Esta apertura de vías emocionalmente posibles a largo plazo corre a cargo de intuiciones conscientes, curiosidad, oportunidades afortunadas ofrecidas por el entorno, y la voluntad consciente de exploración y juego. Este conjunto, no es exactamente lo que algunos conciben como “libre albedrío”, pero en mi opinión es el conjunto de factores realistas que más cerca están de este concepto. Una sociedad verdaderamente humana debería dar a todos los humanos un ambiente lo suficientemente estimulante como para que desarrolle un carácter explorador, analítico y deliberativo (abierto a considerar dentro de sus planes las experiencias de otros). Dotados de tal carácter, la decisión final motora a corto plazo será siempre emocional, pero (en las situaciones que no sean de emergencia) se producirá entre alternativas producto de un proceso largo de análisis, por lo que serán decisiones “muy razonadas”.

La mayor libertad que nos es accesible es la de haber tenido la suerte de haber sido estimulados con frecuencia, por ambientes, sugerencias culturales y curiosidad, hacia decisiones que nos facilitaron el cultivar un carácter observador, analítico y deliberativo; y haber contado con la salud y energía suficientes como para explorar esos estímulos, pudiendo haber permanecido actuando automáticamente.

El carácter cultivado a lo largo de los años es el efecto de decisiones personales previas, hechas muchas veces por intuición, sugerencias sociales externas, e inclinaciones temperamentales en gran parte congénitas. El carácter incluye tendencias cognitivas que son diferentes en distintas personas. Por ejemplo, las personalidades creativas tienden a buscar metáforas nuevas para entender situaciones nuevas (véase Las metáforas y la construcción imaginaria de la realidad). Las personalidades ordenadas y sistemáticas tienden a utilizar las metáforas conocidas. Esto es aprovechado por los partidos conservadores, por ejemplo, para proponer marcos metafóricos populares unidos a ideas tradicionalistas a las “personas de orden”, como parte de su oferta electoral (Lakoff 2007). Las personalidades que han tenido una formación intelectual escasa tienden a utilizar la metonimia, en el sentido de que tienden a confundir el estereotipo con la categoría que lo engloba, y el efecto con la causa. Por ejemplo, si en su infancia han vivido en una familia con padre, madre e hijos, tienden a pensar que esa familia prototípica es natural, y que otras clases de familia son aberraciones. O, tienden a pensar que todos los catalanes son tacaños, todos los negros son poco inteligentes, y todos los gitanos son de poco fiar. También, que toda pareja debe ser como la pareja ideal que tienen en su mente. O, colocando efectos en la posición de causas: no es que los inmigrantes tengan que aceptar salarios miserables o el “top manta” por estar en situación límite, sino que “vienen a robarnos a los españoles”; no es que los inmigrantes reciban salarios miserables y por eso no tienen agua caliente en sus pisos, sino que “son sucios”. El recurso metonímico requiere de habilidades cognitivas muy elementales y extendidas, por lo cual es muy utilizado por grupos de ultraderecha para manipular a los sectores menos analíticos de la población.

 

Mapa multi-modal y problemas en la identificación del propio cuerpo

Las sensaciones táctiles de la piel, los músculos y los tendones, se proyectan hasta el cortex somatosensorial primario (S1) y secundario (S2), justo detrás del giro postcentral. En ambas áreas hay un mapa topográfico del cuerpo. Desde allí, se envía información somatosensorial hasta el lóbulo parietal superior (SPL), donde se combina con información del equilibrio procedente del oído interno y con información visual sobre la posición de las extremidades. Estas informaciones juntas construyen una imagen a tiempo real del propio cuerpo en el SPL. Es probable que esta estructura también tenga organizada la información topográficamente.

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Fig. Giro postcentral (en amarillo)

Esta mapa podría ya venir constituido al nacer, como vimos en el post Las bases neurológicas del reconocimiento de los cuerpos y la imitación. Pero si, por alguna patología, un miembro particular del cuerpo no es representado en ese mapa interno, el resultado es previsiblemente una sensación de extrañeza ante la visión del propio miembro, del cual recibimos sensaciones táctiles que el cerebro no sabe colocar en su propio mapa corporal. Pero ese es el síntoma que sufren los pacientes con apotemnofilia: sentimiento del miembro como extraño al propio cuerpo, de “sobrepresencia” del miembro, y deseo de amputárselo, unido a veces con atracción erótica hacia parejas con ese miembro amputado. El sentimiento de aversión vendría de la incoherencia citada, y según Ramachandran (2011, Cap.9) se produciría físicamente en la ínsula del hemisferio derecho, que recibe señales de S2 y envía información a la amígdala, la cual envía señales de empatía o antipatía. En cuanto a la atracción sexual hacia parejas amputadas, podría derivar de que el atractivo sexual de otra persona es dictada en parte por la forma de la imagen corporal que tenemos de nosotros mismos. De ahí que los humanos prefieran a otros humanos como pareja, y los cuervos a otros cuervos.

 

La pulsión por la coherencia narrativa del hemisferio izquierdo y la información derecha

La información que llega a través de los sentidos normalmente se fusiona con recuerdos preexistentes para crear un sistema de creencias sobre uno y el mundo. Ramachandran (2011, cap. 9) sugiere que este sistema de creencias internamente consistente está construido principalmente por el hemisferio izquierdo. Si hay una pequeña pieza de información anómala que no se ajusta a su sistema de creencias, el hemisferio izquierdo trata de suavizar la discrepancia para preservar la coherencia y la estabilidad del comportamiento. Esta tendencia es compensada, según este autor, por el hemisferio derecho, que toma una perspectiva más alocéntrica (desde fuera) de uno mismo, revisa la narrativa coherente que fabrica el ego-centrado hemisferio derecho, y detecta informaciones que éste ha desechado y son significativas. Muchos de los pacientes que sufren trombos en el hemisferio derecho, con parálisis del lado izquierdo de su cuerpo, niegan que sufran parálisis alguna (anasognosia), o afirman que el miembro paralizado no les pertenece. Esto podría derivar de la inactividad de la labor crítica del hemisferio derecho sobre las construcciones quasi-racionales y racionalizaciones del hemisferio hablante (izquierdo). En un caso extremo de anasognosia, una paciente de Ramachandran, tras afirmar una y otra vez que ella podía usar su brazo izquierdo (paralizado), tras requerírsele que se tocara con él la nariz, usó el brazo derecho para tomar la mano izquierda y tocarse la nariz (!). Alguna parte de su cerebro captaba pues que el brazo izquierdo estaba en realidad paralizado, pero esa información no llegaba a su consciencia.

Esta pulsión del hemisferio izquierdo por crear una narrativa lo más coherente posible entre sus impulsos (el ello de Freud) sus experiencias, sus recuerdos y sus valores adquiridos (al que podríamos llamar el superego) durante todo el tiempo, podríamos identificarla con el yo freudiano. El hemisferio izquierdo parece usar incluso los mecanismos de defensa, que identificó Anna Freud, para sostener esa coherencia. Ramachandran da ejemplos de cada uno de ellos sacados de su experiencia clínica:

  1. Negación total. “Mi brazo no está paralizado”.
  2. Racionalización. “¿Por qué no está usted moviendo su mano izquierda tal como le pedí?” Respuesta: “Soy un oficial del ejército, Doctor. No recibo órdenes”, o bien: “Los médicos estudiantes han estado probándome todo el día. Estoy cansado”, o bien: “Tengo artritis grave en mi brazo; es demasiado doloroso moverlo”.
  3. Confabulación. “Yo puedo ver moverse a mi mano, Doctor. Está a una pulgada de su nariz”.
  4. Formación reactiva (exageración en sentido contrario a la verdad inaceptable). “¿Cuánto puede usted levantar esa mesa del suelo con su mano derecha?” “Sobre una pulgada”. “¿Y con la mano izquierda?” “Dos pulgadas”.
  5. Proyección. “El brazo [paralizado] pertenece a mi madre”.
  6. Intelectualización. Casos en que familiares del paciente, incapaces de afrontar la probable muerte del mismo, tratan la enfermedad como un reto puramente intelectual o científico.
  7. Represión. La mayoría de los pacientes de anasognosia se recuperan de este síndrome después de varios días. Uno de ellos insistió durante nueve días en que su brazo paralizado “funcionaba bien”. A la misma pregunta, el décimo día respondió: “Mi brazo izquierdo está paralizado”. “¿Cuánto tiempo ha estado paralizado?” Respuesta: “¡Cómo! Pues durante los varios días que ha estado usted viéndome”. “¿Qué me dijo usted cuando le pregunté por su brazo ayer?” “Le dije que estaba paralizado, por supuesto”. Claramente, el paciente estaba reprimiendo ahora el recuerdo de sus negaciones.

Ramachandran está pues de acuerdo con Daniel Dennett en que más que una entidad real, “el yo es más parecido conceptualmente a un ‘centro de gravedad’ de un objeto complicado, con sus muchos vectores intersectándose en un punto imaginario único”.

 

Memoria y continuidad biográfica

De acuerdo con Ramachandran (2011), los psicólogos distinguen tres clases de memoria: a) memoria procedural: Capacidad de reproducir habilidades aprendidas, como caminar, atarte los zapatos, o montar en bicicleta. Tales memorias son recuperadas instantáneamente cuando la ocasión lo requiere, sin esfuerzo consciente. Es una memoria común a muchos invertebrados y todos los vertebrados. B) Memoria semántica: El propio conocimiento factual de los objetos y eventos del mundo. Por ejemplo, uno sabe que las berenjenas tienen la piel violeta, o que el sol amanece cerca del este. Sería algo similar a un diccionario o a una enciclopedia. Esta clase de memoria la tienen también otros animales. C) Memoria episódica: son los recuerdos de escenas que uno contempló personalmente, que no necesariamente han sido contempladas por otras personas, y que pueden ser “recordadas”. Sería algo similar a un diario. Esta clase de memoria es específicamente humana. El uno-mismo se conceptualiza como único (no diverso) porque no hay ningún otro sujeto que afirme recordar todos los episodios que uno recuerda.

La pulsión a ordenar todas las escenas percibidas por la consciencia primaria en el tiempo, aproximadamente según su orden de aparición, parece ser exclusiva de los seres humanos, y es lo que construye la memoria episódica y la propia biografía. Y aún más exclusivamente humana es la capacidad de imaginar escenas futuras posibles y planes de acción futura, que parecen requerir lóbulos frontales especializados como los del cerebro humano.

Ramachandran (2011) cita un extraño síndrome (descrito por Elden Tulving) en el que el paciente sufre daños en partes de sus lóbulos frontal y temporal y, como consecuencia, pierde toda su memoria episódica y se vuelve incapaz de generar nueva. En esa situación, el paciente no tenía auto-biografía alguna que recordar y, sin embargo, parecía conservar un sí-mismo y un conocimiento factual y semántico normales, que le permitían una interacción normal con los otros y con las cosas, siempre en el presente. Esto sugiere que la auto-biografía es una componente que enriquece al uno-mismo, pero no es indispensable para su funcionamiento.

 

La cultura como una homeostasis generalizada

Para Damasio (2011), la consciencia autorreflexiva posibilita la construcción y realización de planes colectivos, que constituyen una forma extendida del gran fin de los organismos vivos inconscientes, que es el mantenimiento y promoción de la propia vida y su homeostasis. Permite buscar, no sólo la homeostasis presente, sino el bienestar imaginado, anticipado, discutido grupalmente. Se trata de una homeostasis sociocultural que trata de que la forma social de vivir sea sostenible. Para lo cual, inventa la cooperación, el intercambio, las jerarquías, el comunitarismo,  la escritura, las leyes, los roles sociales, los mitos, las técnicas, los saberes mágicos, religiosos y científicos, las artes… Muchas de estas instituciones y sistemas logran mejorar la estabilidad de las relaciones humanas; otras mejoran el bienestar de grandes grupos humanos. Por lo cual, la cultura se puede concebir como una generalización colectiva de la tendencia a asegurar la homeostasis corporal que tienen los sistemas nerviosos animales. De ahí que el funcionalismo de Malinowsky y otros antropólogos tenga cierta justificación biológica. Todas las culturas tienen instituciones (primarias) que resuelven las necesidades biológicas humanas, instituciones secundarias, que resuelven los problemas administrativos, políticos y de orden social, e instituciones terciarias, que cuidan de la reproducción y estabilidad de las instituciones secundarias y primarias mediante visiones del mundo, religiones, marcos metafóricos, saberes científicos, magia, e ideologías (véase el post Ensamblajes socio-técnicos y complejidad social). Sin embargo, culturas diferentes usan visiones del mundo, marcos metafóricos (véase post Las metáforas y la construcción imaginaria de la realidad) e ideologías (Las ideologías y la sociología del conocimiento) diferentes para fomentar la vida colectiva.

La sustantivización y reificación de la capacidad consciente humana, hasta crear un agente interior imaginario (el yo) es un paso metafórico y metonímico que culturas más observadoras que la occidental recomiendan no dar (culturas o subculturas como la taoísta, la budista y la vedanta). La observación introspectiva simplificada que permite la meditación muestra simplemente que el cuerpo hace lo que sabe hacer en cada momento, sin que haya ningún agente “cabalgando encima de él” o dándole órdenes. Pero esa observación tan ecuánime choca, en las sociedades jerarquizadas, con unas demandas y una tecnología de dominación que vienen de fuera: “¡obedece o te mato!”, “¡obedece o atente a las consecuencias!”. Una sociedad en que hay minorías importantes que desean esa forma de orden induce al cerebro a crear una especie de gendarme interior que se especializa en vigilar el comportamiento del cuerpo propio para que no se desvíe demasiado de unas demandas exteriores, con el fin de evitar daños mayores. El yo racional que inventaron los griegos y desarrollaron los cristianos es, por ejemplo, un sistema que antepone el cálculo de costes y beneficios que tienen las acciones personales por encima de las otras pulsiones y capacidades corporales (véase La dominación urbano-estatal y su imaginario y Tensión entre las dos formas occidentales de conocer el mundo).

El gran poder de sugestión que tiene la educación escolar y las costumbres compartidas por muchos, convierten esas demandas externas en valores deseables y objetivos a perseguir razonados y racionalizados como sistemas de valores propios en muchos cerebros. Entonces aparecen como sistemas de valores internos, como sistemas conceptuales asociados a los otros mapas y memorias cerebrales (de hecho, se piensa que son memorizados en el córtex prefrontal). Es lo que Freud denominó el super-yo.

El principio jerárquico de ordenación social, que ordena la sociedad en clases sociales y pirámides de autoridad (y que convive en paralelo, como subraya Graeber, con el principio comunista que se da entre los cercanos, y con el principio de reciprocidad que se da entre los ciudadanos) se empieza a volver importante en ciertos escenarios ecológicos y sociales. En Ensamblajes socio-técnicos y complejidad social analizamos las condiciones bajo las cuales la mayoría social aceptó abandonar el comunitarismo igualitario para entrar en sistemas sociales con jerarquías, que luego se volvieron irreversibles. Estas sociedades jerárquicas fueron un gran estímulo para la generación de la clase de yo que concebimos tener los occidentales, conceptualizado como un amo, con un fuerte componente de super-yo, y en constante vigilancia del comportamiento del cuerpo. Esa clase de uno-mismo no se conforma con observar ecuánimemente lo que hace el cuerpo y su cerebro. Debe dominar su cuerpo y sus actos, aunque en el fondo sabe que no lo hace, porque no existe como agente. Pero las instituciones sociales deben poder castigarlo si se sale del juego del amo y del esclavo.

 

Referencias

Damasio, Antonio (2010). Y el cerebro creó al hombre. Grupo Planeta.

Dennett, Daniel C . (2017). From bacteria to Bach and back: the evolution of minds. W. W. Norton & Company. Edición de Kindle.

Edelman, Gerald and Tononi, Giulio (2000). A Universe of Consciousness: How Matter Becomes Imagination. Ingram Publisher Services, US.

Lakoff G. (2007). No pienses en un elefante. Editorial Complutense, Madrid.

Montefinese M. (2019). Semantic representation of abstract and concrete words: a mini-review of neural evidence. Journal of Neurophysiology, 2019. https://doi.org/10.1152/jn.00065.2019

Ramachandran, V. S . (2011). The Tell-Tale Brain. W. W. Norton & Company .

 

Las bases neuronales y psico-sociales de la consciencia auto-reflexiva

Es útil distinguir entre consciencia primaria y consciencia de alto orden (Dennett). La consciencia primaria es la capacidad de construir escenas mentales de los objetos del mundo, sin una clara conceptualización o sentimiento de uno-mismo o el testigo que observa. Consciencia de segundo orden sería aquella capaz de establecer relaciones, además de con los objetos del mundo, también con sus propios estados mentales (deseos, creencias, recuerdos). Se podría hablar también de consciencia de tercer orden cuando el organismo es capaz de querer que otro crea que él quiere algo, o incluso de consciencia de cuarto orden, etc. Las consciencias de segundo orden y órdenes superiores se pueden agrupar llamándolas consciencia de alto orden.

La consciencia de alto orden es propia de los humanos, y presupone la consciencia primaria, pero le añade el sentimiento de uno-mismo y la capacidad, en el estado de vigilia, de construir explícitamente escenas pasadas y futuras. Además, componentes importantes de nuestra consciencia humana es el sentimiento de voluntad propia (de querer hacer algo; de querer escuchar algo; de querer recuperar un recuerdo perdido, etc.), el sentimiento de estar presentes, como testigos, de lo que hace nuestro cuerpo y de los contenidos de nuestra mente; y también una especie de charla interior, que nos asalta a veces incluso estando callados. Todas esas experiencias conscientes requieren, como mínimo una capacidad semántica y, algunas de ellas, una capacidad lingüística.

La consciencia auto-reflexiva y el uno-mismo

La consciencia auto-reflexiva es una experiencia mental consciente que se presenta como testigo o consciencia de las demás experiencias conscientes que se están produciendo en el momento presente. Esta evidencia fenomenológica resulta aparente cuando uno está atento a la consciencia de objetos simples, como en la práctica meditativa.

Aparenta ser una consciencia primaria de las demás consciencias primarias presentes. No siempre estamos en tal situación de consciencia auto-reflexiva, pero el estarlo es una capacidad mental, que debería tener su substrato de actividad neuronal asociado.

La presencia de un testigo puede ser una metáfora iluminadora y bastante universal de ese proceso mental, pero sin olvidar que es sólo una metáfora que sustantiviza un proceso complejo interior. La observación fenomenológica (y la científica) no muestra la presencia de ningún testigo físico, ni ningún homúnculo interior al cuerpo o a la mente.

La actividad consciente auto-reflexiva se sustantiviza pues frecuentemente, conceptualizándola como un testigo que percibe todas las demás actividades y estados conscientes, y que tiene una continuidad diacrónica (el mismo testigo presenció escenas pasadas). Llamaremos uno-mismo a esa presencia casi permanente con apariencia de testigo. Con cierta frecuencia, a ese testigo se le añaden conceptos aún más detallados, concibiéndolo como: (i) un observador que tiene cierta personalidad o tendencias a la hora de percibir (lo cual parece una conceptualización metonímica: en realidad, son los estados mentales observados los que pueden tener tendencias discriminables); (ii) tiene cierta personalidad a la hora de sentir y pensar (otra conceptualización metonímica: en realidad, son los estados mentales y corporales observados los que pueden contener sentimientos y pensamientos); (iii) es un agente con voluntad libre para tomar cualquier decisión, que es obedecida inmediatamente por el cuerpo (otra conceptualización metonímica, pues es el cuerpo en realidad el que realiza acciones, a veces consciente y a veces inconscientemente). Llamaremos yo a aquel uno-mismo con estas conceptualizaciones extras añadidas. La neurociencia sigue investigando cual puede ser el sistema neural concreto que está en la base de esa consciencia auto-reflexiva y, junto con la psicología, por qué la consciencia auto-reflexiva cae tan fácilmente en el espejismo metonímico de conceptualizarse en la forma de un yo.

Comentamos en un post anterior que la categorización perceptual es una capacidad que parecen tener todos los animales con sistema nervioso vertebrado. Es la capacidad de dividir el mundo de señales en categorías o perceptos. La segunda capacidad necesaria para construir una consciencia primaria es el desarrollo de conceptos. Es la capacidad de combinar diferentes categorizaciones perceptuales relacionadas con una escena u objeto y construir un “universal” que refleje la abstracción de algún rasgo que es común en toda la variedad de perceptos. Esta segunda capacidad parece desarrollarse evolutivamente en grados cada vez más detallados en los animales que evolucionaron primero a reptiles, luego a aves o a mamíferos, y éstos fueron adquiriendo cerebros cada vez más grandes y especializados.

El cerebro de un gato, por ejemplo, parece inspeccionar las actividades de todas sus regiones, y abstrae pautas en el funcionamiento conjunto, pautas que corresponderían a lo que llamamos conceptos. Se trataría de una especie de catalogación no verbal de pautas, del estilo de: “Cerebelo y ganglios basales activos en el patrón a, grupos neuronales en regiones premotoras y motoras que participan en el patrón b, y submodalidades visuales x, y y z simultáneamente interactivas”. Esquemas neurales de orden más alto registrarían estas actividades y generarían un output correspondiente a la noción de que un objeto está moviéndose hacia delante en relación con el cuerpo del gato. Edelman y Tononi (2000) piensan que los sistemas corticales responsables de la construcción de perceptos estaban ya en funcionamiento en los reptiles y pájaros de la era secundaria. Luego, evolucionaron las áreas corticales secundarias y sus apéndices, tales como el ganglio basal, momento en que los sistemas de la memoria conceptual emergieron.

En un momento en el tiempo evolutivo que corresponde aproximadamente a las transiciones de los reptiles a las aves y de los reptiles a los mamíferos, apareció una nueva conectividad anatómica crítica. La conectividad reentrante masiva surgió entre las áreas corticales multimodales que llevan a cabo la categorización perceptiva y las áreas responsables de la memoria que asigna valoración emocional a las percepciones. Esta conectividad reentrante derivada evolutivamente es implementada por varios grandes sistemas de fibras corticocorticales que unen una parte de la corteza con el resto y por un gran número de conexiones recíprocas entre la corteza y el tálamo (primera imagen de la figura siguiente).

Tres estructuras dinamicas cerebrales

Los circuitos talamocorticales que median estas interacciones reentrantes se originan en las subdivisiones principales del tálamo: estructuras conocidas como los núcleos talámicos específicos, el núcleo reticular y los núcleos intralaminares. Todas las estructuras talamocorticales y sus conexiones recíprocas actuando juntas vía reentrada conducen a la creación de la escena consciente.

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Según Edelman y Tononi (2000), la entrada paralela continua de señales de muchas modalidades sensoriales diferentes en un animal en movimiento da como resultado correlaciones reentrantes entre complejos de categorías perceptivas que están relacionadas con objetos y eventos. Su prominencia se rige en ese animal particular por la actividad de sus sistemas de valoración. Esta actividad está influenciada, a su vez, por los recuerdos condicionados por la historia de recompensa y castigo de ese animal adquirida durante su comportamiento pasado. La base para el surgimiento de la conciencia primaria sería la capacidad del animal para conectar eventos y señales en el mundo, ya sea que estén causalmente relacionados o simplemente sean simultáneos, y luego, a través de la reentrada con su sistema de memorizar valoraciones, construir una escena relacionada con su propia historia aprendida. Así, la capacidad de construir una escena consciente es la capacidad de construir, en fracciones de segundos, un presente recordado.

Edelman y Tononi (2000) ponen el ejemplo de un animal en la jungla, que siente un cambio en el viento y un cambio en los sonidos de la jungla al comienzo del crepúsculo. “Tal animal puede huir, aunque no exista un peligro obvio. Los cambios en el viento y el sonido han ocurrido independientemente antes, pero la última vez que ocurrió, apareció un jaguar; una conexión, aunque no probablemente causal, existe en la memoria de ese individuo consciente. Un animal sin dicho sistema aún podría comportarse y responder a estímulos particulares y, en ciertos entornos, incluso sobrevivir. Pero no podría vincular eventos o señales en una escena compleja, construyendo relaciones basadas en su propio historial único de respuestas dependientes de valoraciones. No podría imaginar escenas y con frecuencia no lograría evadir ciertos peligros complejos. El surgimiento de esta habilidad es lo que conduce a la conciencia y subyace a la ventaja evolutiva selectiva de la consciencia. Permite una mayor selectividad al elegir sus respuestas en un entorno complejo.”

El núcleo dinámico y las dimensiones discriminatorias aprendidas

Comentamos en el post sobre la consciencia primaria la hipótesis de Edelman del núcleo dinámico y los miles de millones de estados que discrimina, producidos por cientos de miles de sistemas especialistas. Además, y en paralelo con el núcleo dinámico, hay muchas rutinas neurales que funcionan automática e inconscientemente. Por ejemplo, los circuitos neurales que miden y regulan la presión de la sangre no tienen la dimensionalidad suficiente para constituir una experiencia consciente, por lo que son similares a un arco reflejo. Muchos de ellos están probablemente activos casi siempre alrededor de la médula espinal, el tronco cerebral y el hipotálamo, y suelen ser inaccesibles al núcleo.

Durante el desarrollo del cerebro y el transcurso de la experiencia vital, nuevas dimensiones discriminatorias quedan disponibles para el núcleo dinámico. Por ejemplo, al principio sólo sabemos distinguir el vino del agua; luego, aprendemos a discriminar el vino blanco del tinto; finalmente, discriminamos un Rioja de un Cariñena. El estado consciente en la madurez incluye un número mayor de diferenciaciones sutiles o dimensiones. Es probable que entre las discriminaciones (o dimensiones conscientes) más tempranas estén las relacionadas con el propio cuerpo, mediadas por estructuras en el tallo cerebral que mapean el estado del cuerpo y su relación con el ambiente interior y exterior, en base a señales multimodales que incluyen componentes proprioceptivas, cinestésicas, somatosensoriales, y autonómicas (Las bases neurológicas del reconocimiento de los cuerpos y la imitación). Podríamos llamar a esas componentes las dimensiones del proto-self. Muchas de ellas son componentes de las que sólo vagamente somos conscientes, pero que influyen en casi cada aspecto de nuestro ser. Igualmente tempranos y centrales son las dimensiones proporcionadas por sistemas de valoración indicando prominencia (saliencia o destacabilidad del estímulo) para el organismo.

Dado que la memoria es recategorizante y hay un constante juego en el tiempo entre sistemas de valor-categoría y categorizaciones perceptuales en funcionamiento, esta consciencia temprana basada en el cuerpo puede proporcionar los ejes dominantes del espacio N-dimensional de referencia, desde el cual se elaboran todos los recuerdos subsiguientes basados en señales del mundo (“no-yo”).  A medida que estas señales nuevas son asimiladas, serían discriminadas según modalidades y categorías relacionadas con las dimensiones iniciales que constituyen el proto-uno. Se construirían siempre imágenes y categorías experimentadas que incluyen a la vez el estado del cuerpo como base. Un animal o un bebé recién nacido con esta dinámica y con consciencia primaria experimentará una escena, aunque no tendrá un uno mismo que sea diferenciable desde dentro.

Edelman piensa que la consciencia de alto orden aparece en paralelo con el lenguaje y se integra en el núcleo dinámico. A la vez que la consciencia primaria se produce a tiempo real, conceptos del pasado y el futuro ligados al lenguaje se añadirían, produciendo nueva imaginería. A la vez, un yo discriminable y nombrable, desarrollado en la interacción social y el lenguaje, sería entonces conectado a la experiencia simultánea de las escenas de la experiencia primaria y a la imaginería basada en conceptos. Obsérvese que, en el modelo de Edelman, el concepto de uno mismo, y por tanto la consciencia de uno mismo, podría proceder de la estructura del lenguaje, en su uso, beneficioso para ordenar una colectividad social. El lenguaje, con su concepto de uno mismo versus otros, sujeto-acción-objeto, etc., podría ser un instrumento para construir comportamientos socialmente sincronizados, a partir de las consciencias primarias individuales. Aunque es posible inducir comportamientos sociales usando instrumentos menos sofisticados que el lenguaje, como las señales corporales y gruñidos que usan los lobos, perros, leones, hienas o herbívoros de la sabana en sus manadas.

Tal desarrollo permitiría a una persona ser consciente de que es consciente. Los qualia (cualidades de la experiencia consciente) podrían ser así nombrados a través de una categorización de alto-orden. Pero en el modelo de Edelman y Tononi el ser antecede al describir, por lo que antes de ser nombrados, los qualia son ya discriminables y hay activaciones neuronales correspondientes a ellos en el cerebro. Ellos son, de hecho, todos los estados que pueden ser discriminados conscientemente (aunque a veces sean discriminados inconscientemente). Una parte importante de las rutinas de identificación de qualia podrían estar localizadas físicamente en áreas de los ganglios basales o del cerebelo, pero harían intervenir a las áreas del córtex especialistas en distintas propiedades de las percepciones. La indexación (seguimiento continuo) del concepto no-verbal podría ser una emergencia de todo el núcleo dinámico con la colaboración esencial del área que detecta movimiento en el objeto. El etiquetamiento verbal del objeto portador de qualia necesitaría de la colaboración esencial de las áreas del lenguaje Wernicke y Broca.

giro-angular-broca-wernicke

 

Concepto de uno-mismo y engaño

Mientras que un animal no lingüístico puede tener una vida mental, esa vida es necesariamente restringida porque el animal carece de un concepto de sí mismo. Aunque tal animal tiene una historia mental única, no es un sujeto, un yo que puede ser consciente de ser consciente.

Como dice Dennett (2017), las razones son cosas para nosotros los humanos, habitantes de nuestro mundo representado, junto a los árboles, las nubes, las casas, los artefactos, las palabras y las promesas que componen la ontología de nuestra especie. Podemos hacer cosas con esas razones: retarlas, refinarlas, abandonarlas, achacarlas a otro, desautorizarlas. Estos comportamientos no estarían en nuestros repertorios si no dispusiéramos de las áreas especializadas en la sintaxis (Broca) y el significado verbal (Wernicke). Representar el estado mental propio como un concepto diferente al del estado del mundo y al del estado mental de otros organismos, es una sofisticación que permite en nosotros comportamientos desconocidos para otros organismos. El yo consciente humano tiene la capacidad de comunicar su estado interno, ideas e intenciones, y de cooperar con otros de forma completamente altruista; pero también la de no comunicarlas, o comunicar las contrarias para despistar a otros. Según el planteamiento de Dennett, la consciencia auto-reflexiva emergió en el proceso evolutivo como necesidad: (i) de comunicar con otros lo aprendido en forma simbólica, a través del lenguaje; (ii) de obtener información para sobrevivir, ocultándola a las otras mentes (de otras especies o de la propia especie) y engañándolas al esconder nuestra comida para que no nos roben, a la vez que intentamos averiguar qué piensan las otras mentes para obtener ventaja sobre ellas. Intentamos entender los estados mentales subjetivos de las otras mentes para adelantarnos a sus intenciones.

En mi opinión, esta última capacidad permite un comportamiento en los humanos muy complejo, y puede haber jugado un papel evolutivo sobre todo porque permite imaginarnos la intención de otros animales y engañarlos sobre nuestro comportamiento, para cazarlos o hacerles caer en trampas. También la capacidad de engañar a observadores de nuestra propia especie puede haber mejorado la adaptación individual, pero con un efecto adaptativo no por encima de la capacidad de comunicación cooperativa que, según la mayoría de las evidencias publicadas, es muy superior. Las evidencias antropológicas describen las sociedades cazadoras-recolectoras como colectivos donde la actitud de adelantarse o aprovecharse de otro es fuertemente desestimulada, favoreciéndose en cambio las actitudes cooperativas y desinteresadas. Como argumentaba Kropotkin, poniendo como ejemplo los animales sociales, el impulso de cooperación tiene un poder de adaptación evolutiva muy superior a la competencia entre individuos, y el propio Darwin reconocía que en su concepto de “lucha por la existencia” no sólo se refería a la lucha de un individuo contra otro, sino a la lucha de todos ellos juntos contra la presión de selección de los ambientes naturales. En la supervivencia en entornos difíciles, la cooperación intraespecífica (y a veces inter-específica) puede ser más importante que la “lucha cuerpo a cuerpo”. En conclusión, es dudoso que las ventajas evolutivas que puede tener para un individuo el engañar a los otros de su especie puedan ser superiores a las ventajas que tiene el impulso de comunicar eficazmente con ellos. Puede que el que la información transmitida sea imprecisa, incompleta o incluso desorientadora para el oyente sea un factor evolutivamente irrelevante o contraproducente. Además, la teoría de juegos nos muestra que en una población de autómatas artificiales, una fracción de los cuales tiene reglas de interacción cooperativas y otra fracción reglas egoístas y perjudiciales para los otros, la fracción egoísta no puede dejar de ser muy minoritaria o, en caso contrario, el grupo deja de ser una sociedad y se descompone en comportamientos individuales autónomos, mucho más  expuestos a la muerte prematura. Esto sugiere que los comportamientos egoístas tienen el potencial de destruir la colaboración general que constituye una sociedad adaptada al medio y que, si se permite la existencia de comportamientos egoístas, éstos deben quedar confinados en un grupo pequeño de individuos o bien en momentos infrecuentes en las interacciones de cada individuo.

La aparición ontogenética y filogenética de la consciencia reflexiva

La información es una discriminación hecha por un sistema, que le permite cambiar de estado interno y, como efecto, cambiar de comportamiento. La creación, transmisión y procesamiento de información con significado es algo que se ha mostrado enormemente adaptativo en entornos cambiantes, y parece exigir animales con cerebro y memoria, lo que excluye a bacterias y protozoos.

El cerebro trabaja mediante reconocimiento y selección de pautas de interacción entre grupos neuronales especialistas (anclados en estructuras neurales seleccionadas por selección natural) que generan escenas conducentes a comportamientos que se demuestran útiles para satisfacer los impulsos biológicos corporales.

El núcleo dinámico de un animal superior, a partir de subsistemas neurales especializados, produce escenas que relacionan señales de muchas modalidades diferentes con una  memoria basada en una historia evolutiva completa y la experiencia de un individuo (reforzada por valoraciones): es un presente recordado. Esta escena se integra y genera una cantidad extraordinaria de información en menos de un segundo. Por primera vez en la evolución, la información adquiere un nuevo potencial: la posibilidad de subjetividad. Es información “para alguien”, aunque inicialmente ese alguien no exista aún de forma auto-consciente; en resumen, se convierte en consciencia primaria.

Si los animales pueden realizar tantos comportamientos útiles y adaptativos mediante  competencias corporales sin que sus cerebros les asignen significados a esas competencias, y sin la experiencia de estarlas realizando “uno-mismo”, ¿qué utilidad selectiva tienen los sistemas cerebrales humanos capaces de generar significado a las acciones y sentido del uno-mismo?

La arquitectura neuronal del cerebro humano parece ser una de las fuentes de información más creativas de toda la naturaleza. La consciencia de alto-orden propia de los humanos incorpora una propiedad nueva que es la capacidad de crear los conceptos de uno-mismo, los otros, pasado, presente y futuro, y relacionar semánticamente los antiguos conceptos generados por la consciencia primaria, y sus especialistas inconscientes asociados, en torno a estos nuevos conceptos.

Dennett sugiere que, a partir de los cerebros primates con sus complejas rutinas bottom-up (abajo-arriba) de construcción de conceptos, un conjunto de nuevos sistemas cerebrales permitieron la manipulación lingüística y el intercambio grupal de esos conceptos, lo cual permitió la evolución cultural de los conceptos y de las acciones reguladas por ellos. Por ejemplo, los que regulan la construcción de artefactos, o sincronizan el comportamiento colectivo adecuado en cada situación. Uno de los productos de esa capacidad ha sido la creación de la lógica matemática, las teorías científicas y los modelos de comportamiento de los objetos observables del mundo.

Rupestre pintando

 

El comportamiento de los humanos socializados deja de estar limitado a la respuesta del animal a sus conceptos, y empieza a estar guiado por esquemas previsores, basados en una conceptualización colectiva de la naturaleza. Mediante la manipulación lingüística, el gusto infantil por la imitación, que es fundamental para el aprendizaje de las conductas que nos muestran los padres, es generalizado hasta la imitación en el uso de los conceptos abstractos de los propios padres (incluido el concepto de uno-mismo) y de otros individuos. Los conceptos más abstractos siguen estando basados en los sistemas cerebrales básicos de conceptualización de los perceptos, pero pasan a ser culturales. Estos conceptos culturales más abstractos pueden además ser actualizados continuamente según su mayor o menor utilidad de su uso en la comunicación y cooperación colectivas. Esto introduce la posibilidad de una evolución cultural de tipo lamarckiano, mucho más rápida que la evolución por selección natural. Según Dennett, esta evolución cultural se podría caracterizar como una co-evolución de los antiguos genes con los nuevos memes, que serían estructuras conceptuales culturales. Los primeros gruñidos significativos de los homínidos arcaicos y las frases de la lengua, con sus significados asociados, serían los primeros ejemplos de estos memes. Otros autores, como Marvin Harris, consideran que el término meme no añade nada a la ciencia de la cultura y que los conceptos de la antropología cultural, la semiótica y las demás ciencias humanas son suficientes para analizar lo que sabemos sobre la evolución cultural humana.

Para Edelman y Tononi, la aparición de la consciencia de alto orden, que incluye la capacidad reflexiva (o capacidad de ser consciente de ser consciente),  es dependiente de la emergencia de capacidades semánticas y de lenguaje. Según la descripción de https://webs.ucm.es/info/pslogica/mente/cap7.htm , al presente recordado (consciencia primaria) se le añade una estructura de pasado y futuro, aunque Edelman no da detalles neurológicos de cómo se produce esto. Nace así la conciencia del tiempo fundamentalmente asociado a nuestro transcurrir vital, como egos observadores de  la secuencia de episodios que tenemos catalogados como buenos, agradables o placenteros o, a la inversa, malos desagradables y dolorosos. Nuestro nivel de consciencia pasa a ser, de este modo, una consciencia de la consciencia de lo que nos pasa en cada escenario como organismos independientes de un medio con el que interaccionamos y que nos afecta.

Un animal con solo consciencia primaria puede generar una “imagen mental” o una escena basada en la actividad reentrante integrada en el núcleo dinámico. Esta escena está determinada en gran medida por la sucesión de eventos reales en el entorno y, en cierta medida, por la actividad subcortical inconsciente.

Aunque tiene un “presente recordado”, mantenido por la actividad en tiempo real del núcleo dinámico, no tiene un concepto del pasado o del futuro. Estos conceptos surgieron solo cuando las capacidades semánticas, la capacidad de expresar sentimientos y referirse a objetos y eventos por medios simbólicos, aparecieron en el curso de la evolución. Según Edelman y Tononi, la consciencia de alto-orden apareció en parte como resultado de los intercambios lingüísticos en una comunidad de hablantes. Pero su base neuronal fue el desarrollo de un tipo específico de conectividad reentrante, esta vez entre los sistemas cerebrales para el lenguaje  y las regiones conceptuales existentes del cerebro. La aparición de estas conexiones neuronales y la aparición del habla permitieron la referencia a estados internos y objetos o eventos por medio de símbolos.

La adquisición de un léxico creciente de tales símbolos a través de interacciones sociales, probablemente basadas inicialmente en las relaciones afectivas y emotivas entre madre e hijo, permitió la discriminación de un yo dentro de cada conciencia individual. Cuando surgieron las capacidades narrativas y afectaron la memoria lingüística y conceptual, la conciencia de orden superior podría fomentar el desarrollo de conceptos del pasado y el futuro relacionados con ese yo y con los demás.

Si la conciencia primaria ata al individuo al tiempo real, la conciencia de orden superior permite al menos un divorcio temporal, que es posible gracias a la creación de conceptos de tiempo pasado y tiempo futuro. Esto permite hacer planes: crear una imagen mental de escenarios que prometen recompensa futura, y mostrárselo (como si fuera una imagen sensorial real) al sistema límbico o de las emociones, que es quien moviliza (o no) a las fuerzas que son capaces de mover realmente al organismo hacia esa imagen.

Antes de que apareciera la semántica y la consciencia de alto-orden, la consciencia primaria y una capacidad conceptual amplia debían preexistir en los cerebros humanoides. Antes de que el lenguaje esté presente, los conceptos dependen de la capacidad del cerebro para construir “universales” a través de un mapeo de orden superior de la actividad de los propios mapas perceptivos y motores del cerebro. Además, algunos sonidos deben ser recordados asociados a referentes. Finalmente, ciertas áreas del cerebro deben responder a esas vocalizaciones, categorizarlas y conectar la memoria de su significado a conceptos, valores y respuestas motoras.

La relación fundamental en el intercambio lingüístico es tetrádica entre al menos dos participantes, un símbolo y un objeto. Es la estabilidad de este objeto (que puede ser un evento) y la degeneración de las redes de selección en cada cerebro lo que en conjunto permite la construcción de un léxico estable con significado. No importa que los símbolos utilizados sean más o menos arbitrarios y que, debido a la degeneración, diferentes neuronas estén involucradas en los cerebros de los dos participantes que intercambian. La constancia de la referencia a un objeto y la fijeza de la conexión entre el objeto y el símbolo convencional en cada cerebro son suficientes para asegurar transacciones con significado.

En estas transacciones, es probable que la unidad de intercambio no sea una palabra atómica sino el equivalente de una oración primitiva. Tal oración, como un gesto, puede transmitir acción o inmanencia y puede referirse a eventos o cosas. La aparición de la sintaxis a partir de una “protosintaxis” relacionada con los gestos  que conecta acciones señaladas y objetos en secuencias de actos motores dio como resultado la capacidad de clasificar el orden de las palabras. Esta habilidad probablemente requirió la selección de repertorios ampliados en partes de la corteza, como el área de Wernicke y el área de Broca y sus bucles subcorticales asociados. La secuencia durante el desarrollo va desde la fonología hasta la semántica y luego, de forma superpuesta, desde la protosintaxis hasta la sintaxis. Además de permitir la designación de objetos y eventos, el lenguaje tiene funciones expresivas que permiten el intercambio de sentimientos y juicios.

Si bien no está claro cuándo comienza el uno-mismo (la consciencia de sí mismo) en un bebé, podemos estar seguros de que, desde el nacimiento, el bebé está construyendo sus propias “escenas” a través de la conciencia primaria y que estas escenas rápidamente comienzan a ir acompañadas de la renovación de conceptos a través de gesto, habla y lenguaje.

Con la posible excepción de los místicos, como humanos no podemos experimentar directamente la conciencia primaria en ausencia de una conciencia de orden superior. Por lo tanto, no podemos decir si la experiencia de visión, ruido o dolor de un animal es muy parecida a la nuestra. Sin embargo, lo que podemos decir es que un animal sin capacidades semánticas o lingüísticas carece de la memoria simbólica que le permita relacionar explícitamente sus diversas experiencias cualitativas con un testigo o uno-mismo.

Desde el punto de vista de una persona, los qualia son categorizaciones de orden superior por un testigo, de las experiencias conscientes de ese uno-mismo, que están mediadas por la interacción entre  recuerdos de categoría-valor y la percepción. La capacidad de describir y elaborar varios qualia requiere la presencia simultánea de consciencia primaria y consciencia de orden superior.

El problema de las explicaciones de Edelman y de Dennett es que dejan en el misterio el mecanismo neuronal concreto que permitió el salto de la consciencia primaria a la consciencia capaz de verse desde fuera, y de verse como sujeto de una acción sobre un objeto (la estructura sintáctica y semántica básica, origen del lenguaje).

¿El surgimiento del concepto de yo-mismo, u observador de la película de consciencias primarias pasadas, presentes y eventualmente futuras, viene antes que el aprendizaje de la estructura lingüística, con su sujeto-verbo-predicado, o es a la inversa? El tema no está cerrado, pero la observación del desarrollo de estas capacidades en bebés y niños muy pequeños puede darnos algunas pistas, por lo que pasamos a comentarlo.

Dio Bleichmar (2009) cita las investigaciones de Stern sobre la evolución cognitiva del niño. Este autor mostró que el bebé entre 0 y 2 años ya muestra asociaciones automáticas entre las percepciones visuales, y las táctiles o auditivas (percepción amodal), lo cual sugiere que esta capacidad viene ya incorporada o altamente facilitada por la organización fisiológica de las partes del cerebro. En un post anterior, sobre la imitación del bebé, estudiamos las observaciones de Meltzorf y Moore (1997) sobre la generación de un mapa corporal multi-modal (a la vez sensorio-motor y visual) en los bebés entre 0 y 2 años. Esta percepción multi-modal facilita aparentemente la construcción mental ya en estos meses de percepciones primarias de objetos externos (éstos serían los primeros conceptos ligados a percepciones, o perceptos) y de que las formas corporales externas son similares a las del propio cuerpo.

Entre los dos y seis meses, el bebé parece adquirir una consciencia creciente de que está físicamente separado de su madre y de otros cuerpos. Se forma un “sí mismo nuclear” en contraste con el otro nuclear. Esta consciencia de separación podría surgir de la consciencia (primaria) de la presencia de deseos, vagas intencionalidades motoras, y vagas voliciones interiores, que preceden a todo acto motor como llevarse el dedo a la boca. También a la consciencia primaria de invariantes en su percepción interna (física y mental) cada vez que cuerpos humanos externos realizan determinadas acciones. Por ejemplo, dice Stern, “la madre que hace gestos, la abuela que hace cosquillas, el padre que arroja el bebé al aire, la canguro que emite sonidos, el tío que le pone voz a un títere procuran por igual experiencias de alegría al bebé. Lo que tienen en común esas “cinco” alegrías es la constelación del rostro del infante, el perfil de activación y la cualidad del sentimiento subjetivo. Esta constelación es lo que permanece invariante en los diversos contextos y que irá constituyendo un sentido del sí mismo nuclear” (Dio Bleichmar, 2009). De modo similar, la consciencia primaria del bebé identifica estados internos invariablemente de cólera, interés, malestar o alegría, cada vez que se producen ciertas situaciones externas similares. De este modo, la poderosa capacidad casi congénita del bebé de detectar pautas en las percepciones externas e internas va generando poco a poco el concepto de algo invariante asociado a las emociones y acciones del propio cuerpo, que no es exactamente igual a los cuerpos y objetos externos.

Entre los 7 y 9 meses, el bebé descubre que los demás cuerpos humanos son intencionales y mentales como él mismo, y que los contenidos emocionales y conscientes propios pueden ser compartidos con otros.

Ejemplo de compartir la atención: “El gesto de señalar y el acto de seguir la línea de la visión del otro se cuentan entre los primeros actos que permiten inferencias sobre compartir la atención o establecer una atención conjunta. Para que la madre que señala tenga éxito, el infante tiene que saber dejar de mirar a la mano que apunta, y mirar en la dirección que ella indica, mirar el blanco. Murphy y Messer (1977) lo demostraron, no sólo los infantes siguen visualmente la dirección señalada sino que, después de alcanzar el blanco, vuelven a mirar a la madre, y parecen utilizar la retroalimentación del rostro de ésta para confirmar que han dado con lo que se señalaba. Esto es más que un procedimiento de descubrimiento -aunque el bebé no se percate de esta operación” (Dio Bleichmar, 2009).

Ejemplo de compartir la intención: “Los ejemplos más directos y comunes de la comunicación intencional son las formas protolingüísticas de pedir. La madre sostiene algo que el bebé quiere, el infante tiende las manos mientras efectúa movimientos de aferrar, y mira de ida y vuelta a la mano y el rostro de la madre y vocaliza “Eh, eh” con tono imperativo (Dore, 1975). Estos actos implican que el infante le atribuye a la madre un estado mental interno, a saber: la comprensión de la intención del bebé y la capacidad para tratar de satisfacer esa intención. Las intenciones se han vuelto experiencias compartibles” (Dio Bleichmar, 2009).

Ejemplo de compartir la afectividad: “Consiste en el apareamiento entre un estado interior emocional y el trasmitido por la expresión facial materna. El fenómeno descrito como referencia social muestra esta capacidad. Bebés de un año son colocados en una situación que les crea incertidumbre -tentados con un juguete atractivo que para alcanzarlo gateando deben atravesar un declive aparente, moderadamente amenazador, un verdadero “precipicio visual”. Cuando el infante se encuentra en esa situación y da muestras de duda, mira a la madre para leer en su rostro el contenido afectivo, o sea para saber qué debe sentir él y contar con una evaluación que lo ayude a resolver la duda. Si la madre sonríe, el niño cruza, si la madre muestra miedo facial, el bebé da la vuelta y se retira. Los bebés no efectuarían este tipo de control si no le atribuyeran a la madre la capacidad de dar señales para su propio estado emocional” (Dio Bleichmar, 2009).

El bebé de un año se da cuenta de que sus movimientos están separados del movimiento de su madre, aunque aún es incapaz, normalmente, de reconocer su propia cara en un espejo, es decir, parece tener ya un sentido de sí mismo aunque limitado (Yawkey y Johnson). A esa edad, pronuncia sus primeras palabras, sin embargo, aún no domina la sintaxis del lenguaje, que se produce durante el segundo año de vida. El uso de ese proto-lenguaje entre el año y los dos años parece aumentar enormemente los modos de “estar-con” otro, de detallar las experiencias y procesos pertenecientes al propio cuerpo y los procesos pertenecientes al exterior, y de empezar a barruntar la existencia de emociones, deseos y sentimientos no sólo en el propio cuerpo sino también en el otro. Al año y medio, el niño suele reconocer ya a su propio cuerpo en el espejo.

bebe ante espejo

Fig. Niño reconociéndose ante el espejo por primera vez

 

El lenguaje ya desarrollado, con sus tiempos pasados, presentes y futuros, permite que esas experiencias mutuas de significado sean clasificadas mediante palabras y recordadas luego como pertenecientes a escenas ya vividas, escenas presentes o como planes de futuro. Ello posibilita que el niño empiece a construir un relato de su propia vida. Quizás por ello, los primeros recuerdos autobiográficos (las primeras imágenes recordadas de uno mismo en interacción con el mundo) se produzcan siempre después de la adquisición del lenguaje, no antes.

El sentido del sí-mismo se intensifica y cobra un contenido muy detallado con etiquetajes sociales como “nene bueno”, “nene malo”, “nene desobediente”, “niña feliz”, etc. En particular, la opinión de los padres o personas de las que uno depende parecen tener un papel muy estructurante del contenido de la propia identidad. Sólo cuando el niño empiece a participar en una red con otros mediadores socializantes -iguales, profesores, etc.- estos significados pueden sufrir un cambio.

La consciencia de uno mismo comenzaría según esta descripción con el sí-mismo nuclear a partir de los dos meses (una vaga sensación de separación entre actos motores y deseos ligados a un cuerpo propio respecto de actos procedentes de los objetos y cuerpos del exterior), y se intensificaría grandemente con los etiquetajes conceptuales que se producen en la interacción entre el bebé y su madre (que es ya un ser con consciencia auto-referente y con lenguaje), y esta consciencia auto-reflexiva crecería ya explosivamente durante el inicio del lenguaje, a los dos años. El dominio del etiquetaje lingüístico, junto a la consciencia de una actividad corporal nuestra que está separada del mundo, y junto a la capacidad de los sistemas conceptuales cerebrales de identificar las pautas de funcionamiento de otros especialistas cerebrales (y su valor en distintas circunstancias perceptuales), permitirían la generación del self o uno-mismo, una especie de censador de estados internos que a la vez es un narrador autobiográfico de escenas externas: (i) asigna al propio cuerpo estados internos complejos tales como creencias, emociones, sentimientos e intenciones y (ii) asigna a determinadas escenas en las que está nuestro cuerpo en compañía de objetos del mundo, la etiqueta de “mi cumpleaños del año pasado”, o “mi cumpleaños de ahora, en que cumplo tres añitos”. En su forma más desarrollada, tras el dominio del lenguaje, el uno-mismo es una especie de narrador auto-biográfico de emociones y estados corporales distribuidos a lo largo del tiempo.

Simultáneamente, y también catalizado por la rica sintaxis del lenguaje, el cerebro del niño empieza a asignar estados internos cada vez más complejos (intenciones, sentimientos, etc.) también a los otros con los que interacciona, culminando a sus 5 años en una “teoría de la mente” de los otros a imagen y semejanza de la visión que tiene de su propia mente.

La inducción de la actitud auto-reflexiva y las neuronas espejo

Filogenéticamente hablando, Antonio Damasio propone la siguiente secuencia de sucesos para explicar la emergencia de una consciencia auto-reflexiva: En primer lugar, evolucionan animales con mente (con consciencia primaria, en la terminología de Edelman; sin consciencia, en la perspectiva de Damasio). Son capaces de crear perceptos (que Damasio llama imágenes) y a esos perceptos el sistema límbico cerebral asocia emociones (miedo, precaución, deseo, apetito, agresividad…) de mayor o menor intensidad, de acuerdo con sus instintos y con sus experiencias previas. Tales mecanismos tienen la capacidad de orientar el comportamiento del cuerpo adaptativamente la mayoría de las situaciones, de ahí que sean seleccionados evolutivamente. Estos animales suelen tener también interoceptores que informan del estado de partes del cuerpo (óptimo, habitual o problemático) y producen una respuesta del tronco encefálico destinada a corregir si hace falta el problema, como temblores en la piel, etc. El tronco encefálico de algunos de estos animales se especializó en construir (en lo que hoy es el hipotálamo y estructuras relacionadas), percepciones asociadas a esas informaciones corporales, como las sensaciones de daño físico en algunos tejidos, falta de nutrientes o de agua en sangre e intestino, temperatura anormalmente baja y unos sentimientos primordiales que son las percepciones de esas sensaciones, como el dolor, el hambre, la sed, el frío, o la tranquilidad. Tales sentimientos primordiales constituyen un precursor del sí-mismo o proto-si-mismo.

Modificaciones genéticas posteriores en algunos de estos animales posibilitaron que las regiones cerebrales que representaban sensorialmente el mundo se conectaran con las áreas del estado corporal. De este modo, los sentimientos primordiales corporales podían ser modificados por la información externa, y la modificación del sentimiento primordial inducía mayor variedad de acciones corporales en respuesta a las variaciones del mundo exterior representado. Entiendo que un mecanismo adaptativo tan fundamental debía de estar ya presente en los primeros animales con cerebro, por pequeño que fuera éste, aunque Damasio no lo aclara. En esta clase de organismos, la relación entre el cuerpo y el objeto perceptual es descrita en una secuencia narrativa de imágenes, algunas de las cuales son sentimientos. Según Damasio, estos animales tienen ya un sí-mismo central, lo que en su terminología significa el sí-mismo más simple posible, que produce una consciencia central de sí, o primera forma de la consciencia autorreflexiva. En animales con un cerebro más desarrollado se generará un sí-mismo autobiográfico, cuando los cerebros añaden un recurso nuevo: la capacidad de asignar, a sus combinados de imágenes externas con sentimientos corporales, la etiqueta de pasadas, presentes o futuras (la consciencia autobiográfica).

Existe una diferencia ineludible y fundamental entre el aspecto que proporcionan los interoceptores del interior de nuestro organismo, controlado por homeostasis entre límites muy estrechos, y todas las cosas y acontecimientos que suceden en el mundo y en el resto del cuerpo. Esa percepción interoceptora continua de un cuerpo interior relativamente constante en comparación con las señales sensoriales es para Damasio la base del sentimiento de unicidad que tiene el uno-mismo o testigo. A esto se añade la percepción del lento cambio de la topología del cuerpo que nos envía señales interoceptoras y táctiles, mientras que las escenas perceptuales cambian sus combinaciones de formas con enorme rapidez. Una propiedad que tiene el uno-mismo, tal como lo percibimos, es que es percibir sin discontinuidades y que tiene siempre algo que percibir aunque no haya objetos sensoriales ni pensamientos (por ejemplo, su propia capacidad o su propia existencia). Según Damasio, tal propiedad podría derivar de que los mapas de sensaciones interoceptoras que llegan al cerebro están siempre a disposición de la consciencia cerebral, que puede focalizar la atención sobre ellos siempre que quiera, pues no son cambiantes en el enorme grado que lo son las sensaciones. En términos de Edelman, diríamos que las percepciones interoceptoras forman parte siempre del núcleo dinámico que constituye la consciencia, y la experiencia consciente sabe, consciente e inconscientemente, que forman parte permanentemente de su ser.

La descripción de Damasio tiene cierta lógica, pero sigue siendo un tanto oscuro por qué esa secuencia conduce finalmente al sentimiento de ser consciente de ser consciente, tan característico de la consciencia autorreflexiva humana. El mecanismo que propone Ramachandra (2010) para que la actitud auto-reflexiva se añada a la consciencia primaria es mucho más concreto. Veámoslo.

La capacidad de otorgar intenciones, deseos y sentimientos a otras personas parece derivarse del funcionamiento de las llamadas neuronas espejo (véase Las bases neurológicas del reconocimiento de los cuerpos y la imitación). Estas neuronas, que forman parte de los varios sistemas motores y sensoriales del cerebro, se activan no sólo cuando inducen un movimiento o perciben una sensación, sino también cuando observan que alguien realiza un movimiento o recibe una sensación.

La ventaja más evidente de tener neuronas espejos en distintas áreas sensoriales y motoras es que te permiten descubrir las intenciones de otra persona. Cuando ves que la mano de tu amigo Jose se mueve hacia la pelota, tus propias neuronas motoras que alcanzan la pelota comienzan a disparar. Al ejecutar esta simulación virtual de ser Jose, tienes la impresión inmediata de que tiene la intención de alcanzar la pelota. Esta capacidad crea así una teoría de la mente pre-analítica: el prejuicio automático de que en otros cuerpos ocurren los mismos fenómenos mentales que en el propio. Esta capacidad puede existir en los grandes simios en forma rudimentaria, pero los humanos somos excepcionalmente buenos en eso. Según Ramachandran, estas neuronas espejo pueden haber evolucionado en los humanos para tomar el punto de vista de otros no sólo visual, táctil o auditivo, sino también conceptual. Esta hipótesis implica que cuando observamos a alguien observar atentamente una escena, algunas de las  neuronas que se activan en nuestro cerebro cuando observamos atentamente esa clase de escenas, se activarían en ese momento. Sin duda, tenemos la capacidad de imaginarnos (simular a tiempo real) la perspectiva del otro, y la suponemos también en los otros, como lo demuestran las expresiones: “veo lo que quieres decir”  ó “míralo desde mi punto de vista”.

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Fig. Activación neuronal de los hemisferios cerebrales cuando grupos de humanos ven: (i) la acción de agarrar una taza, (ii) una escena con tazas sin la acción y (iii) la acción dentro de la escena. De: Iacoboni et al. (2005). La diferencia entre las imágenes inferiores y la suma de las dos anteriores sugiere que el reconocimiento de intenciones complejas (intención de agarrar una taza para lavarla o para beber) está asociada a la activación del córtex frontal inferior del hemisferio derecho. Este área podría estar añadiendo la escena esperable a continuación (lavarla o beber) a la escena intencional de agarrar la taza  

 

Pero una hipótesis aún más atrevida de Ramachandran es que la consciencia de sí-mismo del niño podría surgir de la posibilidad que abren las neuronas espejos de imitar uno el punto de vista conceptual del otro. En particular, durante la interacción de la madre con el hijo, ésta juega frecuentemente a señalarle a él mismo como objeto de observación. El niño podría tratar de imitar su punto de vista conceptual (él mismo como un  objeto de observación de observadores externos) gracias a las neuronas espejo. De hecho, cuando decimos que una persona es “muy consciente”, uno de los contenidos de este concepto es el de que se trata de una persona que es muy consciente de que sus actos e intenciones pueden ser observados y valorados conceptualmente por otros, y de ahí que trate de comportarse de forma cabal.

Sin embargo, Ramachandran no se atreve a ofrecer un mecanismo de cómo actuarían las neuronas espejo, sin duda en colaboración con otros sistemas neurales, para construir una experiencia de auto-consciencia. Ya hemos comentado que las neuronas espejo pueden inducir a imitar con el cuerpo, las sensaciones corporales y las conceptualizaciones propias lo que el otro externo hace, siente, percibe o conceptualiza. En mi opinión, el niño puede tratar de imitar con su cuerpo lo que su madre hace cuando lo mira atentamente (o lo miró), y lo puede hacer de dos formas diferentes, que son a su vez las dos formas principales de la auto-reflexión:

A- Simulación de mi imagen corporal como si fuera vista desde fuera: Representarse mentalmente la imagen visual y táctil (multimodal) que el cerebro tiene del propio cuerpo, pero enmarcada en el espacio cotidiano que le rodea. Las neuronas espejo de mi aparato visual que se excitan cuando veo un cuerpo exterior habrían aprendido a activarse también cuando imagino una forma corporal, congruente con mi mapa corporal multi-modal, situada dentro del espacio cotidiano.

B- Observación de mi mente, simulando ser otra mente: Si como resultado de una excitación sensorial exterior, de un recuerdo, o de cualquier estímulo inconsciente indefinido, las áreas especialistas del cortex generan de forma automática e inconsciente un percepto o un concepto repentino espontáneo, y hay neuronas espejo en el sistema visual que se activan ante esa conceptualización como se activarían al percibir una forma visual (no demasiado detallada), probablemente ese concepto mental sería indexado (señalado y etiquetado) como si lo estuviéramos contemplando visualmente. Un mecanismo de este tipo podría ser la base de la capacidad de identificar los contenidos mentales (conceptos, intenciones, recuerdos) como si los mirara desde fuera. En la vida consciente normal esta clase de reconocimiento autorreflexivo de contenidos mentales concretos suele ser fugaz, pues la construcción de un concepto por el cerebro suele desencadenar reacciones de otros sistemas especialistas, y cambios en la actividad de otros sistemas del núcleo dinámico, lo cual provoca que la consciencia cambie el foco rápidamente hacia otros asuntos.

Esa sensación de estar percibiendo desde fuera el contenido de la consciencia se incrementará y hará más claro y definido si añadimos a la percepción del contenido mental una atención muy despierta y ecuánime, como ocurre en la meditación. Ello permite percibir directamente todas las señales que el cerebro puede identificar como procedentes del cuerpo aquí y ahora (táctiles, sonoras, visuales, construcciones mentales instantáneas y cháchara verbal interior) pero inhibiendo cualquier reacción motora que tiendan a provocar, inhibiendo las emociones de dolor o placer que las sensaciones corporales suelen provocar, e inhibiendo todas las asociaciones automáticas (significados) que el cerebro suele generar tras las percepciones corporales y tras las conceptualizaciones mentales instantáneas. Esto es, el núcleo dinámico trata de inhibir todas las reacciones que suelen provocarle habitualmente las percepciones táctiles, las percepciones de las posiciones corporales, las señales que nota desde los órganos internos, así como las reacciones motoras y las cadenas de asociaciones conceptuales que suelen dispararse tras la aparición en la mente de una imagen o un concepto verbal. De este modo, todas las señales internas que el cuerpo y el cerebro generan pueden ser percibidas sin que afecten automáticamente a otras partes del cerebro, sin que se integren con reentradas y retroacciones iterativas múltiples en la dinámica del resto del cerebro. Esto es, pueden ser percibidos como si fueran contenidos de una mente, pero que no afectan al resto de contenidos de la propia mente.  En paralelo, las neuronas visuales que suelen activarse cuando percibo formas genéricas exteriores (aún sin detallar en exceso) habrían aprendido a activarse también cuando el núcleo dinámico percibe y aísla una de las imágenes mentales que hemos comentado arriba.

Como el hábito inconsciente es el de que cualquier imagen mental desencadene todo un diálogo interior, a veces largo, de reacciones y contra-reacciones generadoras de nuevas imágenes mentales, la inhibición y aislamiento de esas imágenes instantáneas durante la meditación requiere una atención consciente continua del núcleo dinámico para sólo observar la imagen mental en cuanto se presenta, sin activar recuerdos ni emociones (las actitudes de atención y ecuanimidad), hasta que se desvanece (“dejar ir”).

Un interrogante adicional es por qué el sí-mismo o testigo que emerge en las experiencias auto-reflexivas es percibido como un observador único, y no como una serie de observadores inconexos y separados, como las propias percepciones. Esa unidad podría proceder de la pulsión de coherencia que tiene el núcleo dinámico, una de cuyas componentes es el uso continuo por el córtex visual del principio de causa-efecto para las percepciones contiguas. Los sistemas semánticos integradores del córtex usan inputs de las áreas especialistas del color, los bordes, el volumen, el movimiento, etc., y a partir de esas activaciones neurales locales generan el concepto de que hay un objeto único, con límites definidos, cuya aparición en lugares espacialmente cercanos en escenas sucesivas es causada por el movimiento que llevan asociado, y cuyo volumen puede ocultar parcial o totalmente a otros objetos que están “detrás” en el espacio. Esta forma de funcionar trae ya en su diseño anatómico los aprioris (pre-juicios) cognitivos que descubrió Kant: que todas las sensaciones deben ser integradas en forma de eventos en el espacio y en el tiempo, que esos entes obedecen a cadenas de causa-efecto; así como pre-juicios como que hay objetos con volumen en ese espacio, y otros.

La forma más sencilla de actitud auto-consciente es la A, y probablemente nos sea inducida por primera vez por la propia madre cuando nos observa e interpela una y otra vez como lo hace con los objetos externos, y el bebé que fuimos trata de imitarla. Si se confirma que este es el mecanismo que hace nacer la auto-consciencia, una madre te haría nacer dos veces: la primera, físicamente mediante el parto; la segunda, como ser auto-consciente, cuando te enseña a verte a ti mismo como un objeto exterior.

La actitud autoconsciente B es más compleja y probablemente se aprendería posteriormente. Esta activación peculiar de las neuronas espejo permitiría señalar con la mente conceptos o sensaciones de la propia mente y, por tanto, identificar la existencia de una mente ligada al propio cuerpo, con intenciones, deseos, sentimientos e imágenes mentales. Posibilitaría también la identificación de sentimientos internos que se producen recurrentemente de forma parecida en determinadas situaciones externas. Ambos mecanismos pueden ser claves para que el bebé conceptualice claramente la existencia de una mente ligada al propio cuerpo (véase post de la imitación en el niño). La estructuración en la mente del niño de una teoría de la mente ligada al cuerpo de los otros se produciría sobre la misma época que estos procesos, pero sería estimulado por el funcionamiento de las neuronas espejo de los sistemas motores, que inducen a pensar al niño que lo que el otro experimenta cuando mueve un miembro es igual que lo que él experimenta cuando mueve ese mismo miembro (incluidos contenidos mentales propios como deseo o intención). Evolutivamente, según Ramachandran, la consciencia de uno-mismo y la consciencia de otros (y de la existencia de una mente en los otros) coevolucionaron también en tándem.

Un síndrome donde el funcionamiento de las neuronas espejo parece fallar es en el autismo. Los autistas no solamente tienen dificultades enormes para la empatía y para juegos como la simulación, sino que interpretan literalmente las metáforas, y encuentran la interacción social y la autoidentificación fuerte enormemente difícil. Además, muchos niños autistas tienen dificultades para usar correctamente los pronombres “yo y “tú” en la conversación: podrían carecer de una autorrepresentación mental lo suficientemente madura como para comprender esa distinción (Ramachandran, Cap. 5).

Las neuronas espejo nos hacen empatizar con el otro, al sentir esquemáticamente lo que el otro está sintiendo o haciendo, pero no nos llevan a sentir o hacer exactamente lo mismo que el otro. Esto parece deberse a la inhibición que el propio cerebro hace cuando las señales sensoriales o visuales que se están produciendo en ese momento le informan de que el propio cuerpo no está siendo realmente tocado, o uno no tiene motivos importantes para iniciar realmente ese movimiento. Ese equilibrio entre neuronas espejo, lóbulos frontales y receptores sensoriales le permiten a uno conservar la individualidad de cuerpo y mente, a la vez que la reciprocidad e identificación de su mente con la de otros. Un estado paradójico que parece privativo de los humanos. Alteraciones, por ejemplo, de la inhibición del córtex frontal hacia las neuronas espejo puede conducir a la experiencia de verse uno desde fuera de su propio cuerpo. El daño en las regiones frontoparietales derechas o la anestesia con el medicamento ketamina (que puede influir en los mismos circuitos) eliminan esta inhibición. Además, uno deja de sentir el propio dolor, y lo vé sólo “intelectualmente”, como si lo experimentara otro. Más extraña aún era la experiencia de un paciente con un tumor en la región frontoparietal del hemisferio derecho. Veía a un gemelo fantasma de él mismo pegado a la parte izquierda de su cuerpo! En todo lo demás, seguía comportándose como una persona normal.

Estos estados disociativos hacen intervenir, además de las estructuras comentadas, al hipotálamo y al giro cingulado anterior. Normalmente, cuando afrontamos una amenaza, tres outputs salen del hipotálamo: una excitación fisiológica con aumento de latidos, respiración y sudoración; otro emocional, como miedo o agresividad; y otro conductual, como correr o luchar. Pero si la amenaza es extrema, como en el caso de un depredador demasiado cercano, el output emocional y el conductual son inhibidos, y sólo se mantiene alerta el giro cingulado anterior, manteniendo la vigilancia por si aparece alguna posibilidad de escapar. En estas situaciones, hay frecuentemente un estado disociativo, y en medio de la parálisis motora, uno se ve a sí mismo con una objetividad desapegada de cualquier dolor o pánico. Algunas mujeres han sentido ese estado durante una violación. El explorador David Livingston fue mutilado por un león que le mordió el brazo hasta romperlo, pero no sintió ningún dolor ni miedo. Ramachandra cita también formas menos extremas de disociación, en que la acción no está inhibida, pero las emociones sí. Yo mismo por ejemplo, salí hace años desde lo alto de un acantilado con un parapente que no estaba bien hinchado, y empecé a descender en caída libre. Pero, en lugar de miedo, sentí la necesidad urgente de correr sobre las rocas de la pared que se me acercaban rápidamente; por fortuna ese reflejo consciente (que se entrena) tiró del borde de ataque de la vela, desplegándola. El miedo hubiera sido mortal en la situación, pues me hubiera encogido corporalmente, manteniendo el parapente desinflado.

Los sistemas cerebrales capaces de crear el concepto mental, prelingüístico, de uno-mismo, está pues ya presente en el cerebro del bebé, pero estos sistemas deben ser inducidos desde fuera a crear el concepto, por parte de humanos que ya utilizan ese útil concepto mental en sus prácticas, señas y comunicaciones. Es como si esos sistemas internos, gracias a esa estimulación externa y a la imitación, captaran finalmente tras varios meses el sentido y el uso del meme del uno-mismo. En cambio, los niños salvajes que fueron abandonados antes de aprender a hablar parecen haberse quedado en la fase del sí mismo nuclear.

El encuentro entre la capacidad imitativa que tiene el bebé, la identificación con los otros externos que permiten las neuronas espejo y la invitación a mirar desde fuera que inducen los otros humanos, pueden proporcionar por tanto una explicación verosímil del mecanismo que conduce a la consciencia autorreflexiva.

Tanto Ramachandran (2011) como Edelman y Tononi (2000) o como Damasio (2000) son escépticos sobre otras explicaciones alternativas que no tienen en cuenta ni la neurología, ni la antropología evolutiva, ni la psicología cognitiva. Por ejemplo, la que intenta explicar la consciencia sobre la base de la mecánica cuántica, ignorando u obviando las aportaciones de las ciencias citadas; o la teoría panpsíquica, con su postulado de que la consciencia es una propiedad básica de toda la materia del universo. Estas aproximaciones, además de pecar de un reduccionismo extremo, no sugieren ningún mecanismo concreto explicativo; únicamente sustituyen un misterio por otro misterio.

 

Referencias

Damasio, Antonio (2010). Y el cerebro creó al hombre. Grupo Planeta.

Dennett, Daniel C . (2017). From bacteria to Bach and back: the evolution of minds. W. W. Norton & Company.

Dio Bleichmar, Emilce (2009). Una Teoría sobre el Conocimiento Intersubjetivo Implícito, Clínica y Salud vol.20 no.3 Madrid.

Edelman, Gerald and Tononi, Giulio (2000). A Universe of Consciousness: How Matter Becomes Imagination. Ingram Publisher Services, US.

Iacoboni M., Molnar-Szakacs I., Gallese V., Buccino G., Mazziuta J. C., Rizzolatti G. (2005).  Grasping the Intentions of Others with One’s Own Mirror Neuron System. Plos Biology 3(3): e79. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.0030079

Meltzoff, Andrew N. and Moore, M. Keith (1997). Explaining Facial Imitation: A Theoretical Model. Early Development and Parenting, Vol. 6, 179-192.

Ramachandran, V. S . (2011). The Tell-Tale Brain. W. W. Norton & Company.

Rocamora , Pedro (2016). Perspectiva neurocientífica de la conciencia. Conferencia.

Yawkey, Thomas D. ; James E. Johnson (eds.). Integrative processes and socialization early to middle childhood. Lawrence Erlbaum Associates.

 

 

Las bases neurológicas del reconocimiento de los cuerpos y la imitación

En un artículo anterior analizamos las teorías de Edelman y Tononi sobre la base neural de la consciencia primaria, que es una capacidad para representar perceptualmente el mundo exterior, reconocer sus cualidades y reaccionar ante ellas. Un paso más allá de la consciencia primaria, que sólo los humanos y los mamíferos superiores han dado, es la capacidad llamada consciencia autorreflexiva, o consciencia de uno mismo como testigo de la consciencia primaria. Un paso necesario para alcanzar una consciencia autorreflexiva, y todo lo que ella permite (la evolución cultural, por ejemplo) es la capacidad de reconocer el propio cuerpo y el cuerpo de otros como similares, e imitar lo que los cuerpos de otros saben hacer.

Estudios de Meltzoff y Moore (1997), a los que pertenece la imagen que encabeza este artículo), y otros estudios, defienden que los bebés de sólo tres semanas pueden imitar la protrusión de la lengua de un adulto; y que con dos meses imitan gestos de un adulto como los siguientes: protrusión de la lengua, protrusión de los labios, apertura de la boca, gestos con las manos, movimientos de la cabeza, parpadeo de los ojos, movimientos de las mejillas y las cejas, y componentes de las expresiones emocionales.

En un bebé que imita la expresión facial de un adulto, ¿Cómo hace el cerebro del niño para hacer coincidir un gesto propio que siente, pero no puede ver, con el gesto del adulto, que ve pero no puede sentir? Como explican Meltzoff y Moore (1997): “Teorías clásicas como la de Piaget (1962) respondieron esta pregunta a través de experiencias de aprendizaje con espejos y exploración táctil por el bebé de las caras propias y ajenas. Los espejos hicieron visible lo invisible, representando el propio cuerpo y el del otro en términos visuales. La exploración táctil de rostros se representa a sí mismo y al otro en términos tangibles. En los últimos 20 años, el trabajo empírico de muchos laboratorios ha revelado que bebés demasiado pequeños para haber aprendido de esa manera imitan sin embargo los gestos faciales.”

La respuesta alternativa de Meltzoff y Moore (1997) es que los bebés de esa edad han construido ya en su cerebro un mapa conceptual intermodal (que agrupa información de distintos sentidos) del propio cuerpo y a partir de él deducen los actos motores posibles. Según estos autores, el bebé nace con un mapa propioceptivo-motor de su cuerpo ya desarrollado, lo cual le permite identificar rápidamente las imágenes visuales de las partes corporales de otros y crear un mapa corporal visual isomorfo con el anterior, y finalmente, traducir imágenes del movimiento de miembros corporales a actos motores.

En un curioso experimento, cuando el adulto sacaba la lengua diagonalmente de la boca, el 70% de los bebés de un mes y medio de edad sacaron la lengua y giraron la cabeza 30 grados, alcanzando una orientación de lengua similar, aunque no exactamente el mismo gesto. Es como si su comportamiento estuviera dirigido a un objetivo.

Cuando un recién nacido ve una protrusión de lengua, su primera reacción es aquietar todas las partes del cuerpo menos la lengua, que se activa, sin hacer necesariamente una protrusión de inmediato, sino que la agita, la mueve o la levanta dentro de la cavidad bucal. Del mismo modo, cuando se les muestra una protrusión de los labios, lo primero que hacen es presionar fuertemente un labio contra el otro, antes de intentar la imitación. Es como si aislaran primero qué parte del cuerpo van a mover, antes de decidir cómo hacerlo. La identificación la realiza aparentemente el bebé sobre el conjunto de los órganos, independientemente de que pertenezcan a él o a otro.

Hay evidencias de que el bebé recién nacido reconoce un conjunto delimitado de órganos en función de su forma (`órganos como formas ‘). Varios autores han observado que los recién nacidos prefieren las caras a otros patrones sensoriales. A través de la evolución, la estructura de una cara podría haberse convertido en una unidad perceptiva distintiva a la que se responde ya de forma innata. Puede ser que el contexto perceptual de una cara ayude al bebé a identificar el conjunto, cuyas partes componentes pueden luego analizar. Algunas investigaciones sugieren que los órganos faciales pueden ser perceptualmente identificables por los recién nacidos humanos, aunque no hay acuerdo completo sobre el tema. Además, los datos neurofisiológicos muestran que las imágenes visuales de órganos particulares, especialmente partes de la cara y manos en los monos, activan sitios específicos del cerebro. De modo que hay órganos específicos que podrían estar representados ya al nacer en el cerebro del bebé.

La psicología cognitiva ha desarrollado modelos sobre cómo podría conceptualizarse la percepción visual de un cuerpo animal. Los grupos neuronales especialistas detectarían pautas que, conjuntamente, serían etiquetadas en forma de concepto no-verbal por algún área semántica del córtex, especialista en integrar y etiquetar (no verbalmente) pautas sensoriales de todos los especialistas de la percepción visual. Una etiqueta no verbal equivalente a un concepto abstracto del tipo, por ejemplo, de “pierna delgada”.

La construcción de objetos por la percepción visual

Desde el momento en que la retina convierte fotones luminosos en impulsos neuronales deja de tener sentido hablar de la información visual como si fuera una imagen. Se trata más bien de descripciones simbólicas que tratan de dar forma (in-formar) la percepción visual de forma que sea manipulable o significativa para el cuerpo. Esto lo realizan unas 30 áreas neuronales especialistas del sistema visual de los humanos (los herbívoros y otros mamíferos superiores tienen unas 12) que extraen rasgos significativos de la percepción. Áreas especializadas en reconocimiento del color, de diferentes formas, de los bordes y contrastes, del movimiento, de si se trata de una cara, etc. Las sinapsis neuronales que dejan la retina son unas 100 veces menos numerosas que las que tienen lugar en la propia retina, por lo que podríamos decir que ya desde la retina se empieza a producir una condensación de la imagen original en una serie de rasgos significativos que son enviados hacia las áreas visuales del cerebro para ser elaborados y depurados más aún.

Este proceso cerebral es activo e incluye prejuicios sobre lo que puede ser observado. Por ejemplo, en la figura siguiente parece claro cuáles son los círculos convexos y cuáles los cóncavos.

 

shading

Sin embargo, si ponemos esa figura horizontalmente, nuestra percepción visual oscila entre verlos de esa manera o de la manera complementaria.

shading

 

Lo más verosímil es imaginar que algún área especializada del cerebro está pre-suponiendo que, en la primera imagen, la luz ilumina a los objetos desde arriba (la iluminación desde abajo no ocurre en la naturaleza); en la segunda imagen, en cambio, no tiene ninguna predilección por suponer que la luz venga de la derecha o de la izquierda, y alterna entre ambos presupuestos cada cierto tiempo. Para ser más exactos, la suposición de nuestro cerebro es que la luz viene desde encima de la propia cabeza, y eso se ve claramente si contemplamos la última de las figuras poniéndonos nosotros horizontales, no la figura. Observaremos entonces que la ambigüedad desaparece, pues vemos irremisiblemente todas las figuras como si estuvieran iluminadas desde encima de nuestras cabezas (Ramachandran 2011, Cap. 2).

Otra característica notable del sistema visual es que a medida que subimos hacia las áreas especializadas del córtex cerebral desde la retina, pasando por el núcleo geniculado lateral del tálamo, las conexiones que van desde etapas superiores hacia etapas anteriores son mucho más numerosas que las que ascienden. Ello sugiere una dinámica bayesiana del procesamiento de la información (véase post 1 **), en la que el córtex superior está enviando alucinaciones todo el tiempo hacia abajo, hasta que la información que asciende desde la retina deja de ser incoherente con la última alucinación propuesta, y a ésta la seleccionamos y etiquetamos finalmente como el concepto percibido (Ramachandran 2011, Cap. 2; Dennett 2017).

Desde el punto de vista neurológico, hay dos caminos desde la retina hasta el área visual V1 del lóbulo parietal (área 17 de Brodmann). Un camino (que Ramachandran llama el “camino antiguo”) pasa por el colículo superior y acaba en V1.

Coliculo superior-Brainstem_and_thalamus

El otro camino (el “camino nuevo”) pasa por el núcleo geniculado lateral del tálamo, desde allí se dirige hasta V1, en el lóbulo occipital, y allí se bifurca en dos ramas: la rama del “donde” (también llamada del “como”) se dirige hacia el lóbulo parietal, y la rama del “qué” se dirige hacia el área 21 de Broadman, en el lóbulo temporal.

Nucleo geniculado lateral

La primera rama está especializada en las relaciones espaciales entre los objetos identificados; la segunda, en las relaciones entre las propiedades encontradas dentro de cada objeto y lo que significan para uno, lo cual permitirá etiquetar posteriormente al objeto dentro de una categoría lingüística.

areas-brodmann-numeros

El camino “antiguo” puede dirigir la mano de una persona hacia un objeto en el campo visual de forma automática sin que la persona sea consciente de que está viendo el objeto. El camino “nuevo” permite, sin embargo, la experiencia consciente de estar viendo un objeto (Ramachandran 2011, Cap. 2).

La primera estructura de la ruta del “qué”, el giro fusiforme, parece clasificar el objeto visual en distintas categorías conceptuales (diferencia un pájaro de un humano, o un cuchillo de un piano) pero con poca elaboración sobre el significado del concepto para el observador. Pero cuando esta ruta se adentra más profundamente en los lóbulos temporales, evoca no sólo la categoría cruda sino un conjunto difuso de recuerdos asociados y hechos y usos del objeto, es decir, su significado para el observador. Esta recuperación semántica implica la activación de conexiones con otras áreas del lóbulo temporal, con el área lingüística de Wernicke y con el lóbulo parietal inferior, que está especializado en poner etiquetas lingüísticas (nombrar), escribir, y en la aritmética. Tras el apoyo de estas regiones, los mensajes se transmiten a la amígdala, que se encuentra incrustada en la punta frontal de los lóbulos temporales, donde evocan sentimientos relacionados con lo que (o quien) estás viendo (Ramachandran, 2011, Cap. 2).

Sin embargo, si el objeto visual tiene una alta saliencia (es inhabitual) el camino 2 no sigue la ruta habitual, sino que abrevia desde el giro fusiforme, pasando por surco temporal superior, hasta entrar directamente en la amígdala. De esta manera, evita pasar por las áreas que enriquecen el objeto visual con significaciones, y entra rápidamente en la amígdala, en el corazón emocional del cerebro, el sistema límbico. Este camino rápido evolucionó probablemente para promover reacciones rápidas ante escenas inhabituales, ya sean innatas o aprendidas. La amígdala trabaja junto con recuerdos que ayudan a calibrar la importancia emocional de la escena visual. Si la respuesta emocional de la amígdala es intensa (con emociones de hambre, miedo, odio o lujuria, por ejemplo), influye en el hipotálamo, que induce una liberación de las hormonas necesarias para preparar el sistema nervioso autónomo para una próxima acción (alimentarse, luchar, huir, cortejar, etc.). Esto incluye aumento del ritmo cardíaco, respiración rápida y superficial, y aumento de la transpiración (que aumenta la refrigeración del sistema motor). Estas reacciones fisiológicas que van asociadas a los sentimientos son las que aprovechan los detectores de mentiras para saber si la afirmación de alguien es congruente o no con su reacción emocional. La amígdala está conectada también con los lóbulos frontales, que añaden matices a estas emociones primarias (v.g. arrogancia, prudencia, orgullo, admiración, magnanimidad, etc.).

Sistema Limbico

Cote transversal y vista lateral del cerebro, para ilustrar la posición del sistema límbico. De: http://www.facmed.unam.mx/Libro-NeuroFisio/06-SistemaNervioso/CNS-Overview/SistNervioso.html

El trabajo https://webs.ucm.es/info/pslogica/mente/cap3.htm resume muy bien las tres etapas principales del proceso de construcción conceptual de un objeto perceptual. (1) En un primer nivel de procesamiento neuronal, se hace un análisis del objeto visual que pretende detectar agrupamientos importantes de la imagen, los bordes o perfil de la misma, y los elementos constitutivos de la imagen desde el punto de vista del plano. Produce una representación primaria, o Bosquejo Primario. Sería algo similar a la detección de bordes que realizan algunos programas gráficos de ordenador.

(2) El segundo nivel de procesamiento, que toma como entrada el bosquejo primario, producirá un bosquejo en 2 dimensiones al que se ha añadido algo de información cruzada procedente de los dos ojos, que permite etiquetar qué objetos están delante de cuáles, pero aún centrado en el observador. Este proceso tiende a construir la superficie de la imagen, añadiéndola textura, profundidad y orientación, captando movimiento y color. Podría ser algo similar a la información que proporciona el cuadro siguiente.

Sombras corriendo

(3) El tercer nivel de procesamiento tiene como propósito lograr una representación en tres dimensiones que sea útil para el reconocimiento. Exige pasar a un sistema de coordenadas centrado en el objeto y no en el observador. También, incluir formas primitivas de diferentes tamaños en una organización modular que distinga la imagen como un todo con partes y finalmente, incluir esquemas de volúmenes que expliciten el espacio ocupado por los objetos que se supone componen la escena y no sólo sus superficies directamente visibles.

Si, por ejemplo, el nivel (2) ha obtenido la imagen de un burrito (a en la figura siguiente), la imagen es suavizada y dividida en secciones cóncavas y convexas (b). Después se identifican puntos de gran segmentación (c) que son conectados entre sí (d). A partir de ello, se definen los ejes componentes que aparecen en (e); y estos grupos se conectan como partes a un todo en (f) (figura siguiente). Este proceso de segmentación e identificación de las partes del objeto es clave para la capacidad de distinguir un objeto, incluso cuando una parte del mismo aparece ocultado por otro objeto que parece estar delante.

Burrito

Proceso de identificación de las partes de un objeto. De:  https://webs.ucm.es/info/pslogica/mente/cap3.htm

Los sistemas neuronales especializados en asignar a las imágenes del nivel 2 un fondo, y por lo tanto un volumen espacial, están categorizando las impresiones visuales básicas organizándolas en el espacio, algo que también hace el bebé dentro del útero cuando va formando el mapa sensorio-motor de su cuerpo, también organizado espacialmente. Esta pulsión, programada prácticamente en nuestra fisiología de inicio, a conceptualizar las sensaciones (tanto táctiles como visuales) en forma espacial, era para Kant (y para su discípulo Schopenhauer) una de los más importantes aprioris de la apercepción trascendental, aquellos que nos permiten percibir un mundo, entenderlo y actuar en él. Los grupos neuronales que realizan esta importante  transformación podrían ser también la clave de que un niño de mes y medio de edad haya aprendido en ese breve tiempo a asociar a las imágenes que percibe de cuerpos humanos, animales y objetos, conceptos espaciales análogos a los que inconscientemente está usando para concebir su propio cuerpo. Por ejemplo, diferencia la parte frontal de un cuerpo u objeto externo de su parte trasera; y va creando rápidamente conceptos espaciales para ellos, su entorno espacial y la relación entre ellos y nuestro cuerpo, conceptos que más tarde serán etiquetados lingüísticamente como cercano-lejano, delante-detrás, cabeza-piés, interior-exterior, sobre-debajo… Es posible que esa capacidad de identificar volúmenes y relaciones topológicas permita al bebé de mes y medio identificar conceptualmente los principales órganos del cuerpo de los adultos que lo rodean como los órganos análogos al que su mapa sensorio-motor le hace sentir en su propio cuerpo. La propia observación visual de sus miembros probablemente refuerza esa asociación, a lo largo de los primeros meses.

El blog citado sigue la explicación de D. Marr (1985) sobre cómo puede estar trabajando a nivel neurológico el sistema visual. El paso siguiente sería la organización de la información sobre la forma en un modelo 3-D, y con un sistema de coordenadas centrado en el objeto. Un esquema del proceso sería el siguiente.

Brazo humano

Para cada región significativa se construye un modelo tridimensional que se agrupan modularmente formando un todo. A cada módulo se la asigna también un sistema de coordenadas propio, pero bajo el entendido de que se trata de partes de una misma escena visual. Esto facilitará las tareas de reconocimiento, al permitir comparar la representación construida con el conocimiento conceptual previo que tenemos de los elementos de mundo. Por ejemplo, se identifica mejor un dedo si se relaciona con la mano de la que es parte, y así sucesivamente.

Brazo delgado

Hasta aquí https://webs.ucm.es/info/pslogica/mente/cap3.htm

La distinción entre percepción y acción no es absoluta para el cerebro, como lo demuestran las neuronas canónicas de los lóbulos frontales, un tipo de neuronas espejo que según Ramachandran (2011, Cap. 2) se disparan en acciones específicas como alcanzar una manzana o una ramita, pero también lo hacen cuando el sistema perceptivo identifica una manzana o una ramita. Es como si el concepto de agarrabilidad fuera añadido a los demás atributos del percepto.

Por último, el proceso de percepción termina colocando un nombre a la representación construida. Este proceso, bastante desconocido aún, sería semejante a una búsqueda en un catálogo de esquemas de imágenes, junto con conexiones al sistema conceptual y lingüístico. Las tres áreas del lenguaje están especializadas en estas funciones: el área de Broca (en lóbulo frontal), el área de Wernicke (en lóbulo temporal) y el giro angular (cerca del fondo del lóbulo parietal). Lakoff y Johnson (1999) (véase Las metáforas y la construcción imaginaria de la realidad) han analizado, de forma muy convincente, los procesos metonímicos y metafóricos que permiten construir conceptos complejos a partir de los primeros conceptos perceptivos, del mapa multi-modal del propio cuerpo, y de las primeras interacciones motoras entre el cuerpo del niño y el entorno habitual.

Volvamos ahora a la asociación que hace el niño entre el mapa sensorio-motor de su cuerpo y el mapa conceptual, que construye durante sus primeros meses, de los cuerpos familiares que observa.

Imaginemos, por ejemplo, que el bebé ha convivido con perros desde el nacimiento, algo que ha ocurrido realmente en algunos casos entre los llamados niños salvajes. Si el cerebro del bebé ha construido un mapa conceptual del cuerpo visual del perro que tiene delante, ese mapa conceptual es probablemente asociado, mediante la observación del cuerpo propio y mediante mecanismos de contigüidad topológica, al mapa sensorio-motor que el sujeto humano se ha construido de su propio cuerpo.

Una vez establecida la asociación conceptual entre las partes visuales de un cuerpo de la familia del mío y las impresiones sensorio-motoras que tengo en las partes correspondientes de mi propio cuerpo, esa asociación podría utilizarse para proporcionar información en cualquiera de los dos sentidos: el inicio del movimiento (o una sensación táctil o propioceptiva) en una de mis extremidades activaría la imagen de esa clase de extremidad; y viceversa, la imagen visual de una extremidad (mía o de un cuerpo de la familia del mío) moviéndose (o tocando algo) activaría el concepto propioceptivo-motor correspondiente a esa extremidad. También facilita el aprendizaje de lo que se puede hacer con el propio cuerpo, a partir de la imitación de los otros familiares, de ahí que los niños salvajes que convivieron desde casi el nacimiento sólo con perros, acaben caminando a cuatro patas, rascándose como los perros, etc.

Las acciones motoras

Según Meltzoff y Moore (1997), este aprendizaje propioceptivo-motor se realizaría mediante lo que llaman balbuceo corporal: ya en el útero, el bebé prueba al azar distintas acciones motoras y asocia los estados finales (propioceptivos) de las posiciones relativas de los distintos órganos con esos actos motores (y sus movimientos asociados). Por ejemplo, tres estados finales de la lengua tras movimientos de menor a mayor longitud podrían conceptualizarse de un modo no verbal pero señalando situaciones como las que designamos lingüísticamente con expresiones del tipo: “lengua a los labios”, “lengua entre los labios” y “lengua más allá de los labios”. Los recién nacidos podrían haber desarrollado en el útero un mapeo grosero entre estados finales de los órganos (sentidos propioceptivamente) y los movimientos necesarios para conseguirlos.

Experimentos de otros autores no han podido confirmar, sin embargo, que las observaciones de Meltzoff y Moore (1997) en niños de sólo mes y medio correspondan exactamente a imitación. Concluyen más bien que el bebé aumenta su excitación al reconocer la cara de su madre o de su padre, y saca continuamente la lengua, independientemente de lo que haga el adulto (Sticking the tongue out: Early imitation in infants) . Algunos investigadores sugieren que los bebés no tienen una predisposición innata a imitar, sino que aprenden a imitar siendo imitados. Los padres imitan continuamente al bebé cuando observan un gesto en él. Por ejemplo, cuando el bebé saca la lengua o produce un sonido bucal (“ah!”), es muy probable que el adulto que está en frente sacque su lengua o imite el sonido (“ah!”). Este comportamiento imitativo de los padres permitiría al bebé hacer las primeras asociaciones entre actos motores propios y el comportamientos visual de los demás.

Por tanto, el aprendizaje de los mapas corporales y la relación entre ellos podría no ser tan rápido como lo que sugieren Meltzoff y Moore (1997). Estos autores están de acuerdo en que los bebés no saben al nacer qué actos musculares consiguen reproducir un gesto particular de un órgano, y que esto se conseguiría por aprendizaje de prueba y error. Por tanto, la polémica está en (i) confirmar si el bebé nace ya con un mapa sensorio-motor de su cuerpo lo suficientemente detallado, y (ii) desarrolla en sólo mes y medio un mapa visual conceptual de los cuerpos familiares, de modo que a esa edad puede imitar gestos; o bien alguno (o ambos) de estos dos procesos es más prolongado en el tiempo de lo que sugieren Meltzoff y Moore.

Sí parece razonable suponer que los bebés interpretan el acto adulto que ven analizando las relaciones entre órganos que exhibe ese acto. Las relaciones entre los órganos proporcionan el marco común en el que se registran los actos propios y ajenos. ‘Lengua a los labios’, que es una relación entre órganos, sería una descripción conceptual (no verbal) que es isomorfa tanto con una percepción de un cuerpo observado como con unas sensaciones propioceptivas y táctiles en el cuerpo propio. Por lo tanto, las relaciones entre órganos harían que el acto facial observado pero no sentido del adulto sea comparable con el acto facial sentido pero invisible del niño.

Los experimentos muestran además que los bebés no se limitan a imitar actos bien practicados que pueden ser imitados en el primer intento. Lo que hacen aparentemente es intentar imitar el gesto, no quedan satisfechos muchas veces con el resultado motor inicial, y corrigen sus movimientos a lo largo del tiempo. Parecen intentar un buen ajuste de las relaciones entre órganos más que reproducir bien un acto motor ya ensayado. Por ejemplo, al ver al adulto sacar su lengua diagonalmente hacia su derecha, y recogerla también diagonalmente, muchos bebés de seis semanas mueven su lengua directamente a su derecha y la recogen; luego corrigen y la sacan en línea recta y luego la mueven a la derecha, recogiéndola diagonalmente; luego la sacan en línea recta y la recogen en un semicírculo; luego la sacan y la recogen en línea recta; finalmente, algunos bebés consiguen sacarla diagonalmente y recogerla diagonalmente; otros, se conforman con sacarla en línea recta, luego la mueven perpendicularmente a la derecha, y la recogen siguiendo los mismos pasos pero a la inversa.

Al ver el gesto de un adulto, un sistema de interpretación visual en el cerebro del bebé interpretaría la relación entre los órganos del adulto antes y después del movimiento gestual, y compararía el estado final con la relación entre los órganos de su propio cuerpo. Al no encontrar coincidencia, intentaría un acto motor que aproximadamente lleve a una relación mejor entre sus órganos. Encontrar una coincidencia indicaría que el acto motor visto y el acto motor realizado por uno mismo son equivalentes. Según estos dos autores, este reconocimiento de la equivalencia de los actos es motivo de la aprensión de los infantes de que el otro es, en cierto sentido primitivo y no consciente, ‘como yo’.

Neuronas espejo, aprendizaje y teoría de la mente

Leslie (1997) piensa que el ser humano nace con unas predisposiciones para procesar la información que se han desarrollado por selección natural. Son estructuras incluídas en la fisiología del sistema nervioso, y las califica de “teorías” por cuanto son como formas a priori, empleando terminología kantiana, para representar y categorizar la realidad.

Se darían dos tipos de teorías: Una teoría de objetos (TOB, abreviatura de Theory of body) y una teoría de la mente (TOM, Theory of mind). La teoría de los objetos proporciona los esquemas básicos para conocer el mundo de objetos físicos, sus propiedades y relaciones. La existencia de regiones especializadas del córtex que construyen propiedades básicas de objetos visuales sugieren que sí que existen estos esquemas a priori. Lakoff opina que son estos a-priori los que proporcionan esa fuerte convicción que tenemos en el realismo ingenuo cuando nos relacionamos con objetos de tamaño parecido a nuestro cuerpo, que pueden ser abarcados visualmente de una sola vez y que pueden ser manipulados (Las metáforas y la construcción imaginaria de la realidad).

La teoría de la mente posibilitaría la comprensión del otro y las relaciones interpersonales. La estructura neural que le corresponde debió de surgir de un afortunado ensamblaje entre la capacidad cerebral de crar mapas sensorio-motores del propio cuerpo, la capacidad para asociar unívocamente ese mapa con los mapas conceptuales de la forma corporal que surge de la observación visual, y la curiosa capacidad de las neuronas espejo para excitarse cuando usamos un miembro y cuando lo vemos usar. Para funcionar, necesitaría activarse mediante el aprendizaje de que hay formas visuales externas que, efectivamente son topológicamente similares a los mapas sensorio-motores que el bebé desarrolla (ya sea dentro del útero o en los primeros meses de vida).

Catmur et al. (2008) entrenaron a adultos participantes para que imitaran los gestos del bebé de forma congruente en un grupo de ellos, y de forma no congruente en otro grupo distinto, y encontraron diferencias posteriores en las activaciones de los sistemas de neuronas espejo de los dos grupos de bebés. Ello sugiere que los sistemas de neuronas espejo son bastante flexibles para aprender nuevas conexiones, y no vendrían congénitamente pre-programados. O bien vienen pre-programados de nacimiento de una forma muy genérica, pero están abiertos al aprendizaje posterior. Pero Meltzoff y Marshall (2018) encuentran respuestas mayores cuando la imitación es congruente con el órgano propio movido en niños de pocos meses. Encontraron también que la excitación de las neuronas espejo del córtex somatotópico de los bebés cuando ven que alguien es tocado en la mano o en el pie, se percibe ya a los 7 meses de edad.

Para poder activarse como lo hacen, las neuronas (grupos neuronales) espejo deberían estar conectadas con un mapa corporal visual (intermediario entre la percepción visual y ellas mismas) que les informe de que la imagen observada corresponde al cuerpo de otro estirando su brazo derecho hacia una pelota; y el mapa conceptual del aspecto visual del cuerpo del bebé debería estar conectado con el mapa senso-motor del propio cuerpo del bebé que observa y reacciona.

Lo que harían las neuronas espejos pertenecientes al conjunto de neuronas involucradas en el movimiento de esa extremidad es activarse cuando se produce tal asociación entre visión de una acción por parte de una parte de un cuerpo externo y la parte correspondiente de mi propio cuerpo. Para evitar que esta activación lleve a un movimiento real de la propia extremidad, el cortex prefrontal envía señales inhibidoras a la zona motora cuando nota la activación de las neuronas espejo, aunque normalmente no es suficientemente rápida como para evitar una ligera iniciación del propio movimiento, casi imperceptible.

La activación de los grupos de neuronas espejo podría estar genéticamente programada en cuanto el bebé logra identificar fuera de él movimientos que están en el repertorio de los movimientos que él ha identificado como posibles para su cuerpo. Posteriormente, cuanto el bebé logre identificar contenidos mentales dentro de él (entre los 7 y 9 meses), como por ejemplo intenciones que anteceden a sus movimientos, estas mismas intenciones serán otorgadas automáticamente al otro, si le ve realizar el mismo movimiento. Todo ello, antes de que el niño aprenda a hablar.

Al ver el movimiento exterior de miembros corporales reconocibles, el córtex superior del bebé detectaría el output de las neuronas espejo y conceptualizaría la situación de un modo similar a esto: ”el mismo grupo neuronal se está activando en mi cerebro como lo haría si estuviera alcanzando una pelota; así que el otro debe estar intentando alcanzar esa pelota ahora”.

En un próximo post veremos que, entre los dos y seis meses, el bebé parece adquirir una consciencia creciente de que está físicamente separado de su madre y de otros cuerpos. Se forma un “sí mismo nuclear” en contraste con el otro nuclear. Veremos también cómo a partir de ese núcleo corporal logra generar una consciencia de sí mismo. El descubrimiento en el niño de que los demás cuerpos humanos son intencionales y mentales como él mismo, y que los contenidos emocionales y conscientes propios pueden ser compartidos con otros, se produce entre los 7 y los 9 meses. Al año el niño suele ser capaz de indicar a otro que le acerque un juguete. Pero esa “teoría de la mente” se va volviendo cada vez más compleja y detallada entre el año y los 5 años.

Se han encontrado neuronas espejo en muchas áreas cerebrales, incluida el área cingulada anterior, que se supone se activan al percibir dolor táctil. Algunas neuronas de esta área se activan también cuando el sujeto observa a otro siendo pinchado en la piel, lo que provoca una respuesta táctil esbozada en el propio sujeto cuando ve que otro es pinchado. Sentimos de modo esquemático en el mismo sitio de nuestra propia piel la sensación táctil del otro. Lo que parece evitar que la sensación sea tan intensa como la de algo real pinchándonos es la inhibición que producen nuestros nervios táctiles enviando señales hacia el córtex que son contradictorias con la que envían los sistemas visuales que ven el pinchazo. Sin embargo, Ramachandran (2011) informa de pacientes con síndrome de brazo fantasma, que sintieron que algo les pinchaba en su brazo inexistente, cuando vieron a otro siendo pinchado en su brazo. Aparentemente, la falta de señales procedentes del brazo fantasma, que pudieran contradecir a la percepción visual, permitió a las neuronas espejo del córtex sensorial del tacto generar una señal de contacto físico completo en la piel.

Según Ramachandran, en los cerebros humanos y sólo en estos, esta capacidad de las neuronas-espejo que ya existe en los monos se habría ampliado, de modo que cuando interpretamos intenciones complejas en las mentes de otros seres, habría neuronas espejo que se activarían en las áreas nuestras correspondientes a intenciones propias similares.

La anosognosia es un síndrome que tienen algunos pacientes que sufren de parálisis del lado izquierdo del cuerpo, por un trombo en el lado derecho, pero que niegan que sufran ninguna parálisis. Ramachandran comenta el sorprendente caso de algunos de estos pacientes que, cuando se les muestra otro paciente con parálisis en un lado del cuerpo, ellos niegan no sólo que ellos sufran parálisis, sino que el otro tenga tampoco parálisis alguna. Es como si el paciente, cada vez que trata de hacer un juicio sobre los movimientos de otra persona, tuviera que ejecutar “una simulación de realidad virtual de los movimientos correspondientes en su propio cerebro”. Pero como las neuronas espejo que simulan su propio movimiento del lado izquierdo están afectadas (de ahí que no perciba que su brazo no se mueve) no puede simular tampoco el movimiento o falta de movimiento del otro.

También sugiere que, en el aprendizaje, el núcleo dinámico en conjunción con el córtex prefrontal podría sistemáticamente inhibir todos los comportamientos motores imitativos que tienden a dispararse en la observación de la persona a imitar, y otros posibles que propondría el lóbulo parietal inferior, salvo el que sea más conveniente para alcanzar el objetivo asociado a la tarea.

Esta capacidad permitiría el imitar los  movimientos de otro capaces de producir un artefacto o una nueva técnica, posibilitando así la herencia cultural. También permitiría imitar los movimientos de labios y lengua de otros, facilitando el aprendizaje del habla. De hecho, una de las regiones donde abundan las neuronas espejo según Rizzolatti (uno de sus descubridores) es en el área ventral premotora de los monos, una región que podría ser la precursora de nuestra área de Broca (el área del cerebro humano asociada con la producción del lenguaje sintáctico).

De hecho, “Cuando los circuitos inhibitorios frontales están dañados, como en el síndrome del lóbulo frontal, el paciente a veces imita gestos incontrolablemente, un síntoma llamado equopraxia.” Grados menores de pérdida de esta inhibición podrían explicar comportamientos cotidianos en adultos como los que apuntaba Charles Darwin: nos percibimos doblando inconscientemente la rodilla cuando vemos a un atleta a punto de lanzar la jabalina, y apretamos y aflojamos las mandíbulas cuando vemos a alguien usando un par de tijeras.

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Orangután de Borneo usando una lanza para pescar

 

Los monos son capaces de imitar a otro mono en el uso de una piedra o un palo, pero sólo en el contexto de hacerse con comida. Un bebé, sin embargo, parece encontrar gran satisfacción en el mero hecho de imitar o ser imitado (Meltzoff y Marshall, 2018) y esto parece haber sido clave para el desarrollo de las culturas.

Referencias

Catmur, C., Gillmeister, H., Bird, G., Liepelt, R., Brass, M., & Heyes, C. (2008). Through the looking glass: counter-mirror activation following incompatible sensorimotor learning. European Journal of Neuroscience, 28(6), 1208–1215. doi: 10.1111/j.1460-9568.2008.06419.x

Dennett, Daniel C . (2017). From bacteria to Bach and back: the evolution of minds. W. W. Norton & Company.

Lakoff, G., Johnson M. (1999). Philosophy in the flesh. The embodied mind and its challenge to western thought. Basic Books, New York.

Leslie, A. (1997). The origins of Theory of Mid. Psychological Review. 94, 84-106.

Marr, D. (1985). La Visión, Alianza Psicología, Madrid.

Meltzoff, Andrew N. and Moore, M. Keith (1997). Explaining Facial Imitation: A Theoretical Model. Early Development and Parenting, Vol. 6, 179-192.

Meltzoff, A. N. and Marshall, P. J. (2018). Human infant imitation as a social survival circuit. Current Opinion in Behavioral Sciences, 24:130–136.

Ramachandran, V. S. (2011). The Tell-Tale Brain. W. W. Norton & Company.

 

Capitalismo crecentista, emergencias ambientales y expectativas post-capitalistas

Como incisivamente afirma Jorge Riechmann, las actuales emergencias climáticas, ecológicas, energéticas y sociales son sólo los síntomas de una enfermedad que se llama capitalismo. O, al menos, de la clase de capitalismo que ha dominado la economía global desde la Revolución Industrial: un capitalismo íntimamente ligado al crecimiento económico, en alianza con los estados nacionales occidentales (Weber).

La inercia de los hábitos mentales institucionalizados (García-Olivares, 2019), la debilidad de la planificación estatal frente a las decisiones cortoplacistas de “los mercados”, y la centralidad de los combustibles fósiles en la economía global, nos hacen ser pesimistas sobre la probabilidad de que logremos  una transición eco-social ordenada hacia sociedades que superen este sistema económico. A esto nos llevaría el pesimismo de la razón en las presentes circunstancias. Sin embargo, habría alguna posibilidad de lograr esa transición si las movilizaciones sociales fueran suficientemente amplias en la dirección de un cambio radical de nuestro sistema económico. O esto nos hace pensar el optimismo de la voluntad.

Las movilizaciones sociales son procesos altamente no lineales que sorprenden a todo el mundo produciéndose, la mayoría de las veces, en contextos en los que nadie o casi nadie fue capaz de predecirlas. Pero si las movilizaciones no se producen o no son lo suficientemente amplias, la inercia institucional, el cierre de intereses entre políticos profesionales y grandes propietarios, seguido de un posible eco-fascismo futuro (véase el análisis de las secciones siguientes), es una alternativa bien probable que conduciría a un colapso caótico y descontrolado.

El crecimiento continuo es en parte un efecto de la acumulación capitalista de capital, una locomotora desbocada que se alimenta de su propia dinámica interna si hay competencia entre empresas, aunque sea imperfecta. Pero el crecimiento y la acumulación de capital son alimentados también por el aumento continuo de la demanda agregada mundial, que en los inicios del capitalismo procedía de las necesidades militares de los estados, pero que hoy en día procede en gran parte de las demandas de mayor prosperidad que tienen los países en desarrollo. Pero esto vuelve especialmente difícil frenar la dinámica del capitalismo crecentista.

Como muestra DFC en su artículo “El huracán del Progreso” (http://dfc-economiahistoria.blogspot.com/2019/10/el-huracan-del-progreso.html#comment-form ), “las emisiones [de gases de efecto invernadero] de los países que no son de la OCDE suponen casi un 64% del total de las emisiones y creciendo cada vez más”, a pesar de que la tendencia en los países desarrollados es a disminuir ligeramente el consumo energético. Esta alta tasa de emisiones, especialmente en Asia, deriva del deseo ampliamente compartido en los países no desarrollados de crecer para acercarse a los estándares occidentales. Milanovic (2016) mostraba que la renta per cápita media de un ciudadano chino era en 2007 unas 8 veces y media inferior a la media norteamericana; también que el grupo del 5% más pobre de ciudadanos norteamericanos tiene una renta anual mayor que el 67% de los ciudadanos del mundo.

La figura 1 muestra la distribución mundial de ingresos del año 2013, en dólares normalizados por su capacidad local de compra (USD-PPP en inglés, $PPA en español). En ese año, la mitad de la población mundial ganaba menos de 2.010 $PPA al año (168 $PPA al mes, o 5,5 $PPA al día), aunque ese valor ha crecido en los últimos años según el último libro de Piketty. Esta gráfica muestra, además, la gran pobreza (en relación con los estándares occidentales) de la llamada “clase media global” que por simplicidad podemos definir aquí como el 25-30% de personas cuyos ingresos están alrededor del valor mediano que acabamos de comentar. Como referencia, en España, ganar un 60% de la mediana de los ingresos nacionales se considera estar en el umbral de la pobreza, y este valor umbral era en 2017 de 8.871 euros anuales (unos 821 $ mensuales, o 27 $ diarios), muy por encima del ingreso  mediano mundial (Instituto Nacional de Estadística 2019, https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259925455948&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout )

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Figura 1. Distribución acumulativa de ingresos globales en 2013. Imagen tomada de https://politicalcalculations.blogspot.com/2016/10/what-is-your-world-income-percentile.html#.Xagx6H9S8uV

 

En países occidentales, como España, tendemos a pensar que el 5% de los más pobres de nuestro país están en una situación de miseria absoluta limítrofe con el hambre crónica. Pero la situación habitual de la llamada “clase media mundial” y de los que son aún más pobres que ella es peor aún. En los países desarrollados, incluso los ciudadanos más pobres tienen habitualmente fuentes de ingreso que les colocan por encima de la media mundial. Una encuesta citada por el Equipo de Investigación Sociológica de Cáritas Española (1996, p. 114) mostraba que las familias pobres de Málaga y Melilla tenían ingresos que procedían en un 41,2% de trabajos esporádicos por cuenta ajena o autónomo; en un 34,3% de prestaciones y ayudas sociales; y en un 23% de actividades marginales y desconocidas. Estas fuentes de ingreso suelen proporcionar ingresos de unos pocos cientos de euros mensuales en países desarrollados, pero proporcionan ingresos mucho más limitados en los países no desarrollados.

Tomemos como ejemplo dos situaciones vitales habituales en un país como España: (i)un desempleado de más de 45 años que consigue, como única fuente de ingresos, una Renta Activa de Inserción del Estado, que en 2019 asciende a 430 euros mensuales (5.160 euros anuales). Esta renta es otorgada en tres programas de 11 meses de duración cada uno, separados por un año sin prestación. Durante los cinco años que este desempleado estaría recibiendo el subsidio, recibiría pues 14.190 euros, equivalentes a 2.838 euros disponibles para ser gastados cada año. Este ingreso medio parece modesto para los hábitos de consumo occidentales pero es superior al que recibe la mitad de la población mundial (Figura 1). (ii) Una persona mayor de 65 años que vive sola y nunca ha cotizado a la seguridad social. Puede recibir una pensión no contributiva de 5.488 euros anuales (477 euros mensuales), más de lo que percibe el 70% de la población mundial (Figura 1).

Hay pues unos 5.200 millones de personas en el mundo que considerarían una gran mejora el vivir como la media del 5% de los norteamericanos más pobres, o simplemente, acceder a una prosperidad similar a la de cualquier país occidental, donde conseguir unos pocos de cientos de euros al mes es algo relativamente accesible.

Debido a esta clase de evidencias, es muy probable que DFC acierte cuando afirma: “los países del Tercer Mundo y los emergentes van a quemar hasta el último trozo de carbón, van a rebañar hasta el último poso de petróleo del barril, van a quemar hasta el último metro cúbico de gas para acercarse un poco más a las condiciones de vida que disfruta Greta Thunberg y su familia en Suecia”.

En el contexto actual, tanto los países del grupo BRICS (que son también los más consumidores de combustibles fósiles) como los países exsocialistas, mantienen en alto la fe en el crecimiento económico y el Progreso, pese a las dudas que estos conceptos suscitan ya en Occidente. La actitud de muchos ciudadanos de estos países frente a la emergencia climática es en muchos casos parecida a ésta (oído en boca de un amigo de una exrepública soviética): “hemos sufrido tanta pobreza, colonialismo, injusticias sociales y catástrofes naturales en el pasado, que una posible catástrofe más (la climática) no nos produce ningún temor”.  Por su parte, los ciudadanos de los países desarrollados son conscientes (aunque sea sólo cualitativamente) de las grandes diferencias de ingreso que los separan de la mayoría de los ciudadanos del mundo y son reacios a luchar contra un sistema económico (el capitalismo) que les ha llevado a esa situación, sin tener nada claro (diría que con razón) que un sistema alternativo le vaya a garantizar el mismo nivel de prosperidad. Por ello, tienden a encuadrar su lucha en favor del clima en un contexto reformista, que no atente contra el funcionamiento económico capitalista.

El fin del crecimiento económico

El éxito de una futura transición a una economía sostenible post-capitalista está supeditada, en mi opinión, al abandono de la fe en el Progreso y el crecimiento económico a nivel global, y sobre todo en los “países en desarrollo”. Esta pérdida de fe podría producirse si el crecimiento económico mundial se estancara permanentemente por razones estructurales. No bastaría con que el crecimiento del consumo de recursos se estancara en el mundo desarrollado, pues como explica muy bien DFC, éstos son responsables únicamente de la emisión del 34% de todos los gases de efecto invernadero.

¿Qué factores podrían conducir a que el crecimiento económico global se estancara de modo permanente?

En primer lugar, como subrayó el economista ecológico Robert Ayres (2006), los principales motores históricos del crecimiento económico no pueden seguir creciendo indefinidamente y muestran signos de agotamiento, con una tendencia observable a que la economía se ralentice. En especial, Ayres observa signos de saturación en:

(1) La división del trabajo (o especialización laboral);

(2) El comercio internacional (globalización) ya que permite economías de escala y división internacional del trabajo;

(3) La monetización del trabajo doméstico y agrícola anteriormente no remunerado, como consecuencia de la urbanización;

(4) El ahorro y la inversión como motor tradicional del crecimiento;

(5) El tomar prestado del futuro (mediante la creación de nuevas formas de crédito no garantizado en cantidades masivas) y así aumentar el consumo presente sin crear nada nuevo;

(6) La extracción de recursos naturales irremplazables y de alta calidad y la destrucción de la capacidad de asimilación de los residuos por la naturaleza;

(7) El aumento de la eficiencia tecnológica para convertir los recursos (especialmente los combustibles fósiles) en “trabajo útil” y energía eléctrica.

La saturación de estos motores tradicionales tiende a ralentizar el crecimiento y a disminuir el dinamismo de la economía capitalista. Un factor aún más poderoso que los anteriores, es el previsible cénit de la energía total que la economía mundial obtiene de los combustibles fósiles, que Legget y Ball (2012) predijeron para 2028, con una incertidumbre de más/menos 8.5 años. En un artículo publicado (García-Olivares y Ballabrera (2015), estudiamos el efecto que podría tener ese cénit de energía fósil sobre el crecimiento de una economía como la de EEUU bajo varios escenarios de implantación de fuentes de energía renovable.

La función de producción utilizada en ese estudio, una versión mejorada de las propuestas por Kümmel y por Ayres, incluye el efecto de la energía útil disponible y de las tecnologías TIC, y reproduce con un 99% de precisión la evolución del PIB de EEUU desde 1900 hasta 2010, periodo que ha sido utilizado para la calibración de sus tres parámetros.

Se utilizó esa función de producción para estudiar tres escenarios en los que el input de energía fósil a la economía seguía la curva de Hubbert de la oferta esperada de carbón (línea a trazos), petróleo (línea a trazos en forma de plataforma), gas (línea a puntos y trazos) y total (línea continua) mostrada en la figura 2. Las curvas fueron ajustadas a partir de sus respectivas curvas de producción históricas entre 1900 y 2010, usando los valores respectivos de recurso finalmente extraíble dados por Laherrere. Para ser conservadores, se supuso que el actual nivel de producción casi estacionario de líquidos totales del petróleo se estiraría hasta el año 2040 gracias a las técnicas no convencionales. En el caso del carbón, se supuso que el cénit de su producción se estiraría hasta 2065 debido a la política de crecimiento de su uso de China y otros países en desarrollo. Ello da como resultado un cénit de combustibles fósiles totales en el 2038.

Hubbert-fossil-fuels

Figura 2. Curvas de producción de combustibles fósiles ajustadas a partir de sus datos históricos (líneas gruesas) y total de energía primaria de origen fósil (campana superior). Las líneas gruesas inferior, media y superior corresponden a la producción histórica de gas, carbón y petróleo, respectivamente. Las líneas a trazos que las prolongan, corresponden a los ajustes de dichas producciones con una (gas y carbón) y tres curvas de Hubbert sumadas (petróleo), respectivamente. Imagen tomada de García-Olivares y Ballabrera (2015).

La figura 3 ilustra la evolución del PIB de EEUU en cuatro escenarios muy diferentes, que podemos llamar “pesimista” (línea punteada), “intermedio” (línea a trazos) y dos escenarios “optimistas” (líneas trazo-punteada y continua).

En el escenario “pesimista”,  el mix energético está compuesto por combustibles fósiles y una producción constante de energía hidroeléctrica, nuclear y renovables al mismo nivel que en 2010. En ese escenario, el PIB (“GDP” en inglés en la figura) llega a un máximo, no en 2038, donde suponemos (conservadoramente) el cénit de la energía primaria global, sino cerca del 2070. Ello se debe a que el declive energético es compensado al principio por el fuerte crecimiento del stock de capital, esto es, maquinaria y equipos, incluyendo tecnologías de la información y comunicación (TIC) y por el aumento de las eficiencias tecnológicas. A partir de esa fecha, el PIB declina hacia valores inferiores a los del año 2010, siguiendo el agotamiento de la energía primaria disponible.

El escenario “intermedio” supone una instalación lineal de producción energética renovable de unos 0.5 EJ por año desde 2011 hasta el momento futuro en que alcance el nivel de 12 TWa/a. La simulación hasta tiempos tan distantes como el año 2200 la hacemos con propósitos meramente ilustrativos, pues ninguna predicción puede ser realista a tales plazos. La tasa de instalación de producción renovable que hemos utilizado coincide aproximadamente con el valor medio observado entre 2000 y 2010. En este escenario, el PIB no declina permanentemente tras su máximo, sino que se estabiliza ligeramente más abajo en un valor estacionario, debido a que la oferta de energía renovable llega finalmente a compensar el declive de los combustibles fósiles.

Los dos escenarios “optimistas” suponen que la producción energética renovable crecerá a la tasa necesaria para proporcionar unos 12 TWa/a 50 años después del 2038, para luego permanecer estacionaria. Los altos niveles del PIB derivan de la gran eficiencia de las TIC en la producción de servicios por unidad de energía consumida. Esta eficiencia es especialmente alta en la economía de EEUU debido en parte a la monopolización parcial de estas tecnologías por las empresas norteamericanas. Las predicciones para estos escenarios optimistas pueden ser consideradas como la expectativa de crecimiento máximo que cabría esperar si una transición 100% renovable pudiera tener lugar, solventando todos los problemas técnicos de eliminación de la intermitencia, electrificación de toda la economía, sustitución de todos los procesos basados en combustibles fósiles por procesos electrificados, etc., y la producción pudiera ser regulada hasta hacerla estacionaria.

GDPs

Figura 3. PIB de la economía norteamericana en cuatro escenarios futuros diferentes. Imagen tomada de García-Olivares y Ballabrera (2015).

Ayres (2014) considera que la economía global, y la norteamericana en particular, continuarán creciendo mientras se produce la sustitución de los actuales combustibles fósiles por fuentes y procesos renovables. Sin embargo, no considero probables los escenarios optimistas de la fig. 2 porque, como mostramos en otro artículo (García-Olivares 2015), la economía actual está muy cerca de los límites de las reservas de cobre, litio, níquel y platino, y el potencial global de suministro renovable (estacionario) de carbón vegetal y biogás es insuficiente para mantener un sector petroquímico tan abultado como el actual, y mucho menos los tamaños implícitos en crecimientos como los mostrados en los escenarios optimistas de la figura 1. Lo más realista es pensar que una futura economía estacionaria 100% renovable y máximamente electrificada podría tener un tamaño máximo del 40% de la economía de 2012 en su sector petroquímico,  del 50% de dicha economía en su transporte aéreo y marítimo, y un tamaño similar al de la economía del año 2012 en los demás sectores. Ello conduciría a proyecciones más cercanas a la del escenario “intermedio” que a los de los escenarios “optimistas”.

Realizar en la práctica los escenarios llamados aquí “optimistas” exigiría, no sólo una economía de guerra para impulsar la transición 100% renovable, integrada a nivel global, sino también redes eléctricas inteligentes interconectadas a escala continental, el desarrollo de generadores y motores eléctricos basados en aluminio en lugar de cobre, pilas de combustible basadas en platino y paladio y no sólo en platino, sistemas escalables para almacenar del orden del 20% de la electricidad consumida en cada país (algunos de ellos en escala estacional, tendrían que estar basado en la conversión electricidad a gas y de nuevo a electricidad), y baterías que no utilizaran metales escasos como el litio o el níquel. De momento, muchos de estos procesos no están disponibles comercialmente.

El escenario llamado “medio” parece más asequible técnicamente, pues no atenta inmediatamente contra los límites minerales, pero una implantación tan lenta de renovables y el crecimiento de la quema de carbón, petróleo y gas hasta tan lejos como 2038 pondría en riesgo el objetivo del IPCC de no provocar una subida térmica global de 2ºC y nos llevaría probablemente a 3ºC o más. Sin embargo, creemos que un escenario de este tipo sería lo mejor a que cabe aspirar en vista de la actitud de países como China, India y Brasil de no renunciar al crecimiento económico en los próximos lustros.

En este escenario, perturbaciones climáticas cada vez más extremas podrían hacer disminuir la producción cerealera mundial en una cantidad incierta y producir sequías y crisis alimentarias. Estas perturbaciones se añadirían en las próximas décadas a una serie de procesos que actualmente amenazan el crecimiento económico, a saber:

(i) Crisis agrícola:

La productividad de los granos tiende a saturarse en 7-8 t/ha por más fertilizantes que les añadimos. Esta saturación de la productividad agrícola será probablemente agravada por el cénit de la producción global de fósforo, esperado para la década 2040-2050 (Cordell et al. 2009), dado que el fósforo mineral es una de las principales fuentes para la producción de fertilizantes fosfatados.

Por otra parte, unas 10 Mha de tierra son abandonadas cada año debido al deterioro de suelos que provoca la agricultura industrial intensiva. Mientras, la población sigue creciendo, y el escenario intermedio de la ONU predice unos 9700 millones de personas para 2050. Si tomamos los datos que da https://en.wikipedia.org/wiki/Arable_land para superficie de tierra arable mundial en 2012 (13.96 x 106 km2 y la dividimos por la población mundial en 2018 (7.6×109 personas), la tierra arable por persona resulta ser de 1.8×10-3 Km2, o 0.18 Ha.

Por países, Australia disponía de 2 Ha/p, Kazakhstan 1.7, Canada 1.3, Argentina 0.93, Rusia 0.85, Ucrania 0.72, Uruguay 0.68, USA 0.48, España y Suecia 0.27, India 0.12, China 0.08, Bangladesh 0.05, Japón 0.03, y Maldivas 0.01.

Es obvio que no disponemos de mucho margen para extraer la comida suficiente para alimentar a cada persona con superficies per cápita tan pequeñas y decreciendo. La situación se podría aliviar si el 1% de la población mundial con más ingresos (la clase media y alta de los países desarrollados) cambiara sus hábitos alimenticios limitando su consumo de carne, dado que la ganadería utiliza una gran superficie de suelos para pastos. Pero a largo plazo, una agricultura sostenible exigiría una población estacionaria y un cultivo 100% orgánico, en simbiosis con una cantidad limitada de ganadería.

(ii) Crisis del agua dulce: unos 1.700 millones personas viven actualmente de acuíferos que declinan debido a su sobre-explotación (Gleeson et al. 2012), y la presión sobre ellos va a ir en aumento hasta que la población deje de aumentar.

(iii) Fragilidad de los ecosistemas: la pérdida de biodiversidad, los vertidos agrícolas ricos en nitratos, y el cambio climático antropogénico están volviendo a los ecosistemas cada vez más frágiles y menos resilientes ante perturbaciones. Barnosky et al. (2012) predicen que entre 2025 y 2045 podrían producirse puntos de no-retorno de muchos ecosistemas, con “sorpresas biológicas locales y globales” no precisamente agradables.

Todas esas crisis ambientales superpuestas detraerán recursos económicos para hacerles frente, recursos que se restarán de otras necesidades económicas.

Por tanto, alcanzar una economía estacionaria como la ilustrada por el escenario intermedio de la figura 2, en lugar de un colapso abrupto, requeriría esquivar o mitigar todas estas crisis ecológicas superpuestas, que las perturbaciones climáticas no supusieran un colapso de la capacidad de inversión de la economía, que la transición 100% renovable no se encontrara con imprevistos técnicos inesperados de importancia, y que durante los 50 años que durase la transición pudiéramos reformar o superar el actual sistema capitalista basado en el crecimiento, y sustituirlo con un post-capitalismo de estado estacionario.

El último punto es especialmente peliagudo, pues la capacidad social de superar el capitalismo es muy incierta. El actual consenso de las élites más reformadoras se limita a considerar la posibilidad de continuar con el crecimiento global pero de forma “sostenible”, sustituyendo el uso de combustibles fósiles por energía renovable y disminuyendo el uso de recursos sin dejar de crecer. Sin embargo, como argumenta Richard Smith (2015), el concepto de “capitalismo verde” o “capitalismo sostenible” se convierte en la práctica en un oxímoron, o imposibilidad lógica, debido esencialmente a los siguientes motivos:

  • En el capitalismo, el móvil microeconómico de la actividad económica es el beneficio. Esto, unido a la financiación de las iniciativas mediante préstamos con interés, produce a nivel macroeconómico un crecimiento continuo de la actividad agregada, lo cual demanda crecientes recursos materiales y energéticos. Esta demanda creciente de recursos es incompatible con un planeta finito.
  • Un crecimiento que fuera acompañado por una desmaterialización absoluta de la actividad (esto es, con un consumo decreciente de recursos) resolvería el problema anterior. Sin embargo, la desmaterialización absoluta no se observa globalmente, salvo en situaciones nacionales excepcionales. Lo que sí se consigue en la práctica con mayor frecuencia, en algunos países desarrollados, es una desmaterialización relativa (por unidad de PIB producido). Los países que tienen necesidad de un crecimiento rápido, como China o India, presentan una alta correlación entre crecimiento económico y aumento del consumo de combustibles fósiles.
  • Los directivos corporativos no son responsables ante la sociedad sino ante sus accionistas, por lo que anteponen sistemáticamente la productividad a la responsabilidad ecológica.
  • En un sistema con competencia entre empresas, aunque sea imperfecta, la empresa que anteponga la sostenibilidad a los beneficios, pierde competitividad frente a las que no lo hagan, por lo que ninguna se arriesga a ser la primera en hacerlo de forma sustancial (y no sólo retórica).
  • Los intentos de las autoridades para “internalizar” los costes ecológicos fracasan a medio plazo porque disminuyen la competitividad y hacen cerrar empresas que generan empleo. Por ejemplo, empresas mineras de carbón, o empresas automovilísticas.
  • Las industrias esencialmente insostenibles deberían cerrarse, y ello no lo van a hacer ellas mismas. Sería necesaria su nacionalización, pero ello choca con el consenso neo-liberal que las élites han impuesto como único capitalismo viable desde la década de 1970.
  • La cultura del despilfarro y el consumismo ha sido creada por el capitalismo y debe ser desmontada. Ello exigiría una intervención política sobre la economía global que, de nuevo, choca con el consenso neo-liberal.

A pesar de estas evidencias, hay economistas estudiosos de la transición ecosocial, como Juan Carlos Barba en España o como Lawn (2011), que argumentan que el capitalismo no es incompatible con una economía de crecimiento cero, si los estados se involucran en una regulación sustancial de su dinámica, bajo criterios de sostenibilidad. Lawn recomienda implementar restricciones institucionales del tipo de las sugeridas por Daly (2007, 1991, 1992) para un capitalismo de estado estacionario. Un capitalismo de estado estacionario podría funcionar a corto plazo, porque el imperativo del capitalismo no es el crecimiento en sí mismo sino las ganancias, y hay un amplio margen todavía para aumentar las ganancias mediante mejoras técnicas de eficiencia en el uso de los recursos. Sin embargo, los principios termodinámicos ponen un límite a estas mejoras de eficiencia y esto, con la competencia del mercado, disminuirá las tasas de beneficio a medida que la mayoría de las empresas se acerquen a los límites de eficiencia (García-Olivares y Solé, 2015). A largo plazo pues, es imposible concebir cómo podría seguir funcionando una economía capitalista en la que el beneficio medio de los propietarios del capital fuera cercana al 0% anual.

El Green New Deal como paraguas de nichos económico-políticos más radicales

Mientras se producen las condiciones estructurales apropiadas para un abandono general de la confianza en el progreso y el crecimiento capitalista, hay algunas iniciativas políticas surgidas dentro de la política tradicional de partidos, que pueden favorecer el desarrollo de nichos o centros de nucleación de prácticas económicas alternativas a las dominantes. Es el caso del Green New Deal propuesto por la izquierda del Partido demócrata norteamericano.

El Green New Deal no deja de ser una propuesta radical y ecologista de social-democracia, que no cuestiona el crecimiento (Burton y Somerville, 2019; Tejero y Santiago, 2019), por lo que acabará topándose en pocas décadas con los límites de las reservas minerales, de los suelos, de los acuíferos y de los ecosistemas planetarios, con una muy probable caída en las tasas de crecimiento y de beneficio capitalista (García-Olivares y Solé, 2015). Pero sus apoyos políticos proceden de los partidos social-demócratas, sectores social-liberales, de sus clientelas, y de los segmentos de población que los votan, que son más numerosos que los apoyos que reciben hoy en día las propuestas eco-socialistas o decrecentistas. Por ello, no es improbable que pudiera acabar implementándose en EEUU y países de la Unión Europea, como respuesta a corto plazo a las insuficiencias y oposición que generan el neo-liberalismo.

El Green New Deal no propone un modelo macroeconómico de economía que sea sostenible a medio y largo plazo, y por tanto es insuficiente como solución a los problemas de la sostenibilidad eco-social futura. Sin embargo, podría servir de paraguas a compañeros de viaje más radicales, tales como cooperativas de economía solidaria, agricultura orgánica o campos de restauración ecosistémica. Muchas de estas prácticas pueden constituir prototipos en pequeño de sistemas económicos que estarían mucho mejor adaptados que la economía convencional a una situación futura de crecimiento cero, podrían acabar volviéndose dominantes en tal situación, y convertirse en catalizadores de la transición post-capitalista.

Además, el programa del Green New Deal incluye iniciativas de transición eco-social que no apuestan necesariamente por el crecimiento económico, y éstas iniciativas constituyen un terreno común con el movimiento de transición eco-socialista, que favorece el programa de éste. Por ejemplo, las iniciativas contenidas en el “tercer objetivo” del GND, que tiene un componente de justicia social y política refiriéndose a la necesidad de parar y reparar la “opresión” a “comunidades vulnerables” que serían estas doce: gente indígena, comunidades de color, inmigrantes, comunidades desindustrializadas, comunidades rurales despobladas, pobres, trabajadores de bajos ingresos, mujeres, ancianos, sintecho, personas con discapacidades y jóvenes. Además, aparecen terrenos comunes cuando el programa detalla objetivos y proyectos para mitigar y adaptarse a los impactos del cambio climático, por ejemplo: financiación para la resiliencia ante los desastres del cambio climático; actualización y creación de nuevos edificios eficientes a nivel de agua y energía, saludables, confortables y durables; colaboración con granjeros que promuevan la agricultura familiar, prácticas que mejoren la calidad de los suelos y un sistema alimentario universal más saludable; reajuste de los sistemas de transporte con una infraestructura de vehículos de cero emisiones; acceso a transporte público; protección de los bienes públicos y comunes; promoción de proyectos comunitarios y estrategias para mitigar efectos adversos económicos y en la salud de la contaminación y el cambio climático; restauración de ecosistemas naturales a través de sistemas de baja tecnología probados, como la forestación o la protección de la tierra; restauración y protección de ecosistemas en peligro y frágiles a partir de proyectos guiados por criterios científicos que apoyen la biodiversidad y la resiliencia climática; limpieza de desechos contaminantes en lugares abandonados con criterios de desarrollo económico y sostenibilidad; identificación de otro tipos de emisiones y contaminantes creando soluciones para eliminarlos; acuerdos de intercambio internacional de tecnología, expertos, productos, financiación y servicios, orientados a la transición.

Otras medidas continúan fomentando el crecimiento aunque bajo una forma renovable en lugar de fósil. Por ejemplo, las de reparar y actualizar la infraestructura norteamericana; implementar el 100% de la demanda eléctrica con energía renovable en redes eléctricas inteligentes, distribuidas y eficientes; apoyar el crecimiento masivo de manufacturas limpias en la medida de lo tecnológicamente posible; y desarrollar redes de trenes de alta velocidad.

Estas medidas crecentistas tienen el riesgo de acercarnos en pocas décadas al agotamiento de las reservas de varios metales importantes, como comentamos anteriormente; pero a corto plazo, supondrían una sustitución creciente de emisores de CO2 por fuentes renovables. Dependiendo de la tasa de crecimiento económico que se persiga, ello puede conducir también a un aumento de las emisiones a corto plazo de CO2, aunque, si las tasas de crecimiento fueran moderadas y tendentes a alcanzar un estado estacionario final, ese aumento a corto plazo se vería compensado por una fuerte disminución del total emitido integrado en el tiempo, a medio y largo plazo. Los resultados obtenidos por el proyecto europeo MEDEAS así parecen confirmarlo (MEDEAS 2019). Por tanto, el enemigo a combatir por parte de los movimientos que luchan por la sostenibilidad es el crecimiento económico, no la instalación masiva de renovables. Las renovables van a ser imprescindibles en una futura economía de no-crecimiento, y tendrán que ser probablemente una combinación de autoconsumo local y grandes instalaciones, si queremos conservar muchas industrias que son socialmente útiles.

La lucha en favor del no-crecimiento y del decrecimiento en Occidente es fundamental. Aun así, es improbable que los movimientos eco-socialista y decrecentista vayan a poder convencer a las élites crecentistas, sobre todo a las de los países no desarrollados, de que es necesario dejar de crecer. El fracaso del IPCC a la hora de estimular una disminución de las emisiones de CO2 nos ilustran sobre la fuerza actual de la voluntad de crecer económicamente de la mayor parte de las élites frente a cualquier otra consideración ecológica. Lo más realista es esperar que el crecimiento continúe, en paralelo con protestas como la de los movimientos de jóvenes por el clima y otros, y acompañados con la retórica ecologista habitual de los políticos profesionales, pero sin medidas efectivas que se opongan a la dinámica capitalista. Esto implica que un Green New Deal crecentista es una alternativa mucho más probable a corto plazo que un decrecimiento económico. La dinámica crecentista continuará probablemente hasta que el crecimiento deje de ser posible debido a los factores económico-ecológicos anteriormente analizados.

En un contexto como ese, ¿qué deberíamos hacer los partidarios del no-crecimiento o el decrecimiento? ¿luchar contra cualquier iniciativa que no sea el decrecimiento, incluido el GND? Ello favorece a los que apoyan la continuación del crecimiento BAU fosilista, que es aún peor para el clima y la igualdad social. Me parece más inteligente la actitud que propone Richard Heinberg (2019): apoyar a un Green New Deal, aunque inicialmente no ponga en duda el crecimiento capitalista, y tratar de radicalizarlo, desde dentro y desde fuera, pues sería un primer paso en la dirección de una economía cualitativamente diferente: estacionaria, 100% renovable, y menos consumista que la actual.

Radicalizar un GND como el que propone la izquierda demócrata norteamericana sería más fácil que derrocar el BAU que promueven los republicanos unidos a las élites fosilistas y pronucleares. El empeoramiento continuo de todos los parámetros ambientales juega a favor de las ideologías que promueven una radicalización creciente de propuestas, y el GND es probablemente un paraguas más favorable, aunque sea, en su planteamiento actual, muy insuficiente.

Si consiguiéramos radicalizar el GND con medidas globales de decrecimiento (comenzando por Occidente y continuando con los países BRICS), con regulaciones económicas extremas del sistema financiero y capitalista, y de reestructuración de los sectores económicos, tal como lo plantea Richard Heinberg, probablemente seríamos capaces de alcanzar un estado estacionario de cierta calidad de vida, equilibrio con los ecosistemas, y también una industrialización más ajustada a las necesidades humanas, pero no al nivel aberrante que tenemos actualmente, sino a un nivel mucho más frugal.

Schwartzmann (2011) está de acuerdo con esta estrategia de apoyo al Green New Deal como un punto de partida para una transición que implementa medidas incrementalistas concretas a la vez que socava el capitalismo.

 

Fin del crecimiento como ambiente favorecedor del despliegue de  economías alternativas

Con Green New Deal o sin él, y si las presiones para parar el crecimiento no tienen éxito, no parece probable que el crecimiento económico global pueda sostenerse mucho más allá del cénit de los combustibles fósiles, que es probable que se produzca en la década de 2030.

En García-Olivares y Solé (2015) mostramos cómo en situación de competencia entre empresas, aunque sea imperfecta (oligopólica), una economía estacionaria tiende a hacer caer hasta cero la tasa de beneficios, de acuerdo con el principio que enunció Marx.

Ahora bien, una situación permanente de crecimiento cero y tasas de beneficio tendiendo a cero, beneficia a las empresas más eficientes, a la vez que tiende a seleccionar a las empresas cooperativas y a las de economía solidaria, pues éstas no tienen por prioridad el beneficio sino el mantenimiento de los puestos de trabajo y de los servicios suministrados. Si estos experimentos de economía alternativa entran en sinergia con los programas decrecentistas y eco-socialistas de remetabolización social, podrían multiplicarse exponencialmente fuera de sus nichos locales, en sustitución de las inútiles empresas del capitalismo oligopólico.

Esta tendencia puede verse abortada por otra de signo muy distinto: la tendencia de los actuales oligopolios a estrechar la cooptación de los estados, y promover la simbiosis entre sus propios intereses corporativos y los de los políticos profesionales. Si las movilizaciones sociales no consiguen romper el acceso privilegiado de las corporaciones al poder ejecutivo, el resultado puede ser un neo-feudalismo en el que los estados se especialicen en crear leyes favorables a los monopolios, fijar los precios junto con ellos, y abandonar la economía del 90% de la población a sus propios mercados auto-organizados para la mera subsistencia física. Se trataría de una sociedad enormemente polarizada, como en el feudalismo.

La movilización social y el control democrático directo van a resultar cruciales para que la transición pueda desembocar en algo similar a la primera alternativa, y no a la segunda. En particular, para impedir que la “memorable alianza” (Weber) entre gobiernos y capitalistas se convierta en una asociación oligocrática entre castas económicas y políticas de espaldas a la población (Fontana 2013: 34-36); y también para prevenir la deriva de la economía hacia un capitalismo catabólico que podría tratar de compensar la tendencia de la tasa de beneficios a caer alimentándose del capital natural y expoliando los bienes comunes (Altvater, 2011). La democracia directa, basada en parte en las Tecnologías de la Información y la Comunicación, puede ser clave para evitar estas derivas indeseables y abrir la puerta a una futura economía post-capitalisma simbiótica con sociedades y ecosistemas (García-Olivares y Solé, 2015).

Tal economía debería institucionalizar prácticas capaces de generar prosperidad sin necesidad de crecimiento (Tim Jackson), introducir medidas de prosperidad económica diferentes al PIB, basadas en la calidad de vida, y reestructurar profundamente la economía en la dirección de la sostenibilidad y la justicia.

La economía resultante está por ensayar, pero probablemente será una combinación de las principales propuestas de transición que ha analizado Corrochano (2019): sustitución del capitalismo crecentista por una economía que haga decrecer selectivamente ciertos sectores de la agricultura, la industria y la construcción, tal como proponen Burton y Somerville; reducción drástica del uso de combustibles fósiles mediante una instalación masiva de fuentes y tecnologías renovables, tal como propone Robert Pollin; regulación y control público de la economía estacionaria final y de la demografía, tal como propone Herman Daly; alejamiento de la economía de los conceptos capitalistas, recuperación de los ecosistemas naturales, fomento de prácticas de consumo equilibradas en todos los países del mundo, tal como propone Troy Vetesse.

Otras medidas que parecen imprescindibles son las que garanticen un mínimo de igualdad económica en la sociedad: Una Renta Básica Universal; trabajo garantizado a toda la población y reparto del trabajo; fomento de la economía real y no la financiera; y otras que hagan posible la prosperidad en condiciones de no-crecimiento: préstamos a interés cero en actividades socialmente útiles, mediante bancos con una reserva bancaria del 100% de los ahorros prestables; estímulo de la economía cooperativa y solidaria; fomento del consumo de bienes con una alta relación entre servicio suministrado y recursos consumidos, y restricción del consumo de bienes con un valor pobre de esta relación entre servicio proporcionado y total de recursos valiosos consumidos.

 

Referencias

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-CORROCHANO C. Más allá del Green New Deal. Ecopolítica, 23 junio 2019.

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-EQUIPO DE INVESTIGACIÓN SOCIOLÓGICA DE CÁRITAS ESPAÑOLA. Las condiciones de vida de la población pobre en la Provincia de Málaga y la Ciudad de Melilla. Madrid: Fundación Foessa, 1996.

-FONTANA J. El futuro es un país extraño. Barcelona: Ediciones de Pasado y Presente 2013.

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-GARCÍA-OLIVARES, A., SOLÉ, J. End of growth and the structural instability of capitalism—From capitalism to a Symbiotic Economy. Futures, 2015, no. 68, pp. 31-43. Special Issue on Futures of Capitalism. http://dx.doi.org/10.1016/j.futures.2014.09.004

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-MILANOVIC B. Los que tienen y los que no tienen. Madrid: Alianza Editorial, 2016.

-SCHWARTZMAN, D. Green New Deal: An Ecosocialist Perspective. En: Capitalism Nature Socialism, 2011, no. 22(3), pp. 49–56. https://doi.org/10.1080/10455752.2011.593886

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-TEJERO, H., SANTIAGO, E. ¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal. Madrid: Capitán Swing, 2019.

 

Crisis ambientales, fin del crecimiento y futuro del capitalismo

Este es el video de una presentación de media hora que hice en la Mesa Redonda ‘Crecimiento ¿solución o problema? Modelos sociales alternativos’ en el II Congreso Internacional “Más allá del pico del petróleo: el futuro de la energía”, celebrado en la UNED de Barbastro los días 9 y 10 de octubre de 2014.

La presentación resume mi opinión sobre las consecuencias que las presentes y próximas crisis ambientales y energéticas pueden tener sobre el crecimiento económico, el funcionamiento del capitalismo, y su posible transición hacia dos alternativas posibles: (i) un capitalismo de estado neo-feudal; (ii) una economía simbiótica con las poblaciones humanas y los ecosistemas.

Las movilizaciones sociales que se produzcan a medida que el fin del crecimiento se vuelva estructural serán cruciales para determinar si la transición post-capitalista se asemeja a una del tipo (ii) o se queda en una del tipo (i).

Ensamblajes socio-técnicos y complejidad social

Pre-print del artículo de Antonio García-Olivares enviado a la revista Intersticios en julio de 2019.

Resumen

El paradigma de los sistemas complejos constituye un marco fructífero para describir y explicar procesos de cambio social integrando ideas procedentes del funcionalismo, el materialismo cultural, la sociología de las organizaciones, y las teorías de las redes de agentes. En este trabajo analizamos el mecanismo que convierte la acción social desordenada en ensamblajes socio-técnicos y en instituciones. La formación y persistencia de las instituciones deriva de que las emergencias de la acción colectiva produce una atracción hacia comportamientos pautados capaces de re-producirla. Este planteamiento ayuda a explicar el principio de primacía de la infraestructura social defendido por el materialismo cultural, el que la estabilidad de las instituciones sea siempre provisional y el que muchas emergencias de una institución sean no intencionales. Usamos estos conceptos para explicar la aparición de algunos sistemas (y redes de sistemas) socio-técnicos que han tenido una importancia especial en la historia de las sociedades, tales como las redes de dominación a distancia, o el Estado. Este análisis sugiere que, si la desigualdad va a constituir un problema a evitar en una futura sociedad sostenible, habría que institucionalizar que los puestos de autoridad política fueran impermanentes y que la propiedad privada no pueda ser heredada familiarmente.

Palabras clave

Sistemas complejos adaptativos; Emergencia Social; Cambio social; Teoría Sociológica; Atractores de conducta; Origen del Estado

1. Introducción

Todos los sistemas naturales de interés para la supervivencia de los humanos sobre el planeta Tierra (por ejemplo, los ciclos biogeoquímicos complejos, las células vivas que realizan la fotosíntesis, los sistemas ecológicos, o los sistemas humanos cuando se analizan en diferentes niveles de organización y escalas por encima de la molecular) son “sistemas disipativos”. Esto es, son sistemas atravesados por flujos de energía, lejos del equilibrio termodinámico, y afectados por procesos auto-organizativos.

Además, los seres vivos, las sociedades humanas y los ecosistemas son generados por procesos que operan en varios niveles jerárquicos sobre una cascada de diferentes escalas. Esto significa que se pueden encontrar en el sistema procesos que tienen tasas de cambio con diferente orden de magnitud temporal (O’Neill, 1989).

Los sistemas jerárquicos tienen subsistemas o partes cuyos elementos constituyentes tienen una red de relaciones muy densa y frecuente de unos con los otros, mientras que están menos relacionados con elementos de fuera de estos subsistemas, con los que sus relaciones son más infrecuentes. Por ello, los sistemas jerárquicos son casi-descomponibles en subsistemas independientes (Simon, 1962).

Muchos sistemas complejos, además de jerárquicos, son sistemas autónomos, o que se auto-mantienen. Los sistemas que se automantienen son sistemas constituidos por sistemas auto-organizativos cuyos atractores mantienen a sus variables macro emergentes en cierta (meta)estabilidad (García-Olivares, 1999: 112; García-Olivares y García Selgas, 2014). De este modo, los sistemas auto-organizativos componentes pueden permitirse mantener cierta persistencia en la interacción de sus propiedades (variables) emergentes con las de otros componentes. Pero además, y este es el rasgo esencial de los sistemas que se automantienen, los sistemas componentes producen flujos de energía, materiales e información que alimentan a otros componentes en forma operacionalmente cerrada (Hejl 1984). Esto es, una parte de los materiales y energía requeridos por cada componente proceden de los materiales y energía liberados por otros componentes y otra directamente del medio. Para resaltar y modelar la materialidad de esos flujos en red entre los ingredientes de un ensamblaje que se automantiene, el concepto de red metabólica o hiperciclo puede ser de gran utilidad. Se trata de un esquema de flujos materiales (y energéticos) entre los componentes del sistema, tal como el de la Figura siguiente. Las flechas entrantes y salientes de esa figura ilustran el hecho de que muchos materiales metabolizados (transformados y distribuidos) por el sistema, así como la energía útil (de baja entropía) que alimenta al sistema, proceden del medio y vuelven al medio en forma de materiales de desecho y energía no-útil (de alta entropía). Todo hiperciclo es una combinación de flujos abiertos y cíclicos. El nuevo paradigma de análisis del metabolismo socio-económico está aplicando esta clase de perspectiva a las sociedades industriales contemporáneas y su relación con los ecosistemas y la sostenibilidad (Giampietro et al. 2014; Pauliuk y Hertwich 2015).

hiperciclo con entradas

Los sistemas que se auto-mantienen, o sistemas autónomos, son la consecuencia de un bucle de retroalimentación constructivo (organización) que permite la regeneración continua de los componentes (Varela 1974). La diferencia esencial entre un sistema autónomo y un sistema autopoiético (como una bacteria o un cuerpo humano) sería, según Varela, que el segundo es un sistema autónomo que crea además físicamente a sus propios constituyentes, mientras que en el primero los constituyentes son producidos físicamente en procesos no controlados por el propio sistema.

Los sistemas complejos generan propiedades emergentes que muchas veces dependen más de la forma de organización (o hiperciclo) que de las propiedades concretas de sus componentes. Esto ha inducido a algunos autores a considerar las sociedades como sistemas complejos constituidos por seres humanos y artefactos. De este modo, algunas propiedades observadas en los sistemas biológicos y ecológicos y en los sistemas complejos abstractos (simulaciones de ordenador) pueden resultar útiles para entender también las sociedades humanas.

Por ejemplo,  Simon (1962) argumenta que los sistemas anidados son la norma en biología debido a que la selección natural puede explorar escalas diferentes en mucho menos tiempo si puede seleccionar nuevos ensamblajes de sistemas que ya funcionan establemente; mientras que el tiempo que tardaría en crear desde cero un nuevo sistema es muy superior. Además, la probabilidad de que un sistema de muchos elementos construido al azar desde cero tenga funciones útiles es ínfima; en un ensamblaje al azar de partes que ya creaban funciones útiles, esa probabilidad es mucho mayor. Podría darse un mecanismo similar cuando una sociedad cambia su estructura productiva o política. En tales casos suelen aparecer sistemas socio-técnicos nuevos, pero éstos se ensamblan con sistemas socio-técnicos e instituciones previamente conocidos, quizás re-ensamblados entre sí de una manera nueva.

Otro rasgo de los sistemas complejos biológicos, tales como los ecosistemas y la biosfera, es que la diversidad de componentes y de interacciones ha tendido a crecer con la evolución, porque parece favorecer la adaptabilidad o resiliencia de los ecosistemas ante las perturbaciones ambientales que se han dado a lo largo de las eras geológicas. Por tal motivo, el número de especies y de relaciones entre especies tiende a aumentar, pero no lo hace indefinidamente; lo hacen hasta que el comportamiento del ecosistema está muy cerca de volverse caótico (frontera del caos) (Kauffman 1995; 2000). Quizás un mecanismo similar actúe dentro de los sistemas sociales. Cuando todos los elementos tienden a estar conectados con todos, las emergencias sociales pueden volverse caóticas y por tanto impredecibles. El orden, la predictibilidad y los hábitos son propiedades que los actores humanos suelen considerar valiosas a la hora de asociarse en comportamientos coordinados. De modo que los individuos evitan tener un número exagerado de relaciones dentro de las instituciones, y éstas a su vez tienen relaciones frecuentes sólo con un número limitado de otras instituciones.

Giampietro y Mayumi (2018) consideran a las sociedades como sistemas complejos adaptativos. Estos sistemas se adaptan a los cambios del entorno explorando algún cambio de estructura suficientemente moderado para no romper el auto-mantenimiento del sistema pero que pueda generar emergencias diferentes a las habituales. Tras comprobar si las nuevas emergencias proporcionan alguna mejora en la relación con el entorno, el sistema es capaz de conservar los cambios, o rechazarlos y volver a la estructura anterior, para recomenzar la exploración. Cadwallader (1984, Cap. 19) denominó ultraestables a estos sistemas adaptativos. Algunos sistemas complejos adaptativos poseen un modelo interno de su entorno y de ellos mismos. Esto les permite convertirse en lo que Rosen (1985) denomina sistemas anticipativos, es decir, en sistemas que contiene un modelo predictivo de sí mismo y / o su entorno, que le permite cambiar su estado actual de acuerdo con las predicciones que hace para un instante posterior.

Epstein y Axtell (1996) y Arthur (1997) han utilizado modelos de sistemas complejos adaptativos para describir el comportamiento de mercados financieros y otros fenómenos evolutivos en los mercados (Arthur, 1997). Schweitzer (2003) los ha utilizado en la simulación del crecimiento urbano. Érdi (2008) los ha aplicado a una variedad de temáticas incluyendo teoría de juegos, cooperación social, y eventos extremos. Algunos modelos y programas útiles de este tipo pueden encontrarse en Gilbert y Troitzsch (2005), Schweitzer (2003), Miller y Page (2007) y Mainzer (2007).

Nuestro estudio replantea algunos conceptos del funcionalismo, de la teoría de la organización, de la teoría de redes de actantes, y de la teoría sociológica de Margaret Archer, en términos de la teoría de sistemas complejos, y muestra cómo este replanteamiento puede ser útil como marco explicativo del cambio social. En particular, en la sección 2 relacionamos los niveles de descripción que usa la teoría de sistemas con la descripción que algunos científicos sociales hacen de la estructura social. En la sección 3, describimos los ensamblajes socio-técnicos y las instituciones sociales como sistemas socio-técnicos. En la sección 4, analizamos el mecanismo de la formación y persistencia de las instituciones usando el concepto de atracción hacia comportamientos pautados. En la sección 5, analizamos el origen de la conflictividad y estabilidad parcial de las instituciones. En la sección 6 mostramos la utilidad heurística de estos conceptos como marco explicativo para describir la génesis del estado en Sumer. En la sección 7, resumimos las conclusiones principales del estudio.

2. Las tres escalas o niveles de descripción

Geels (2011), al igual que Verbong y Loorbach (2012), caracterizan un sistema social en evolución o transición como un sistema complejo adaptativo, y lo describen en tres niveles: nichos, régimen socio-técnico (o sistema socio-cultural) y ambiente. Los nichos serían entornos locales donde se desarrollan ensamblajes socio-técnicos de humanos y artefactos que aún no se han institucionalizado, pero no han entrado en abierto conflicto con las instituciones. El ambiente es el conjunto de parámetros biofísicos, geológicos y ecológicos que caracterizan a los ecosistemas con los que el sistema socio-cultural interacciona.

Geels distingue tres clases de cambios ambientales, que pueden afectar a la estabilidad de las instituciones del régimen:

(1) factores que cambian muy lentamente, como el clima físico, o la producción primaria bruta de la vegetación.

(2) cambios a largo plazo en cierta dirección (tendencias), tales como cambios demográficos, tasas de alfabetización, extensión de los suelos cultivables, o el cambio climático antropogénico.

(3) choques externos rápidos, como guerras o fluctuaciones en el precio del petróleo. Aquí podríamos incluir eventos como el cénit de producción de combustibles fósiles, o de metales económicamente esenciales.

Este tercer tipo de cambio ambiental es lo que Nisbet (1970) denominaba acontecimientos. Incluiría también la aparición (debido a invasiones, apertura de contactos comerciales, o migraciones) de nuevas ideologías, artefactos industriales o militares, o sistemas socio-técnicos externos previamente desconocidos para el propio régimen.

El régimen socio-técnico es un sistema que podemos identificar con el concepto marxiano de formación social y con el concepto de sistema socio-cultural del materialismo cultural (Harris 1968; 1975). Ambas tradiciones distinguen tres sub-estructuras en este sistema: infraestructura económica, estructura jurídico-política y super-estructura ideológica. El materialismo cultural ha dado una base empírica antropológica a esas tres subestructuras.

Según Weber, la historia la mueven a corto plazo los intereses de los grupos sociales, y a largo plazo las cosmovisiones. Estas cosmovisiones, a su vez, pueden ser el producto de un equilibrio o componenda entre valores y conceptos procedentes de distintos grupos y clases sociales que han llegado a una situación de tregua. El interés de un grupo dominante en conservar su autoridad y privilegios les lleva frecuentemente, según Marx y también Mannheim (citado por Rex, 1961), a tener una visión ideológica de la realidad. Dejan de ser capaces de ver ciertos hechos sociales que socavarían la legitimidad de sus privilegios y autoridad. El “inconsciente colectivo” de estos grupos oscurece para sí mismos y para otros la situación real de las instituciones sociales y de este modo las estabilizan.

En contraste, los grupos dominados se hallan a veces tan interesados en la destrucción y la transformación de determinadas instituciones que, sin darse cuenta, sólo ven las emergencias y efectos indirectos de aquellas que tienden a desprestigiarlas. Esto lleva al nacimiento de utopías o cosmovisiones utópicas.

Tanto el marxismo como el materialismo cultural piensan que las cosmovisiones tienden a largo plazo a volverse coherentes con las formas de vida infraestructurales, por lo que defienden el principio de primacía de la infraestructura: (i) las innovaciones que surgen en el sector infraestructural serán preservadas con mayor probabilidad cuanto más adaptativas sean para la relación de la infraestructura con un entorno ecológico determinado; (ii) A corto plazo, puede haber una incompatibilidad entre una innovación infraestructural adaptativa al entorno y las características preexistentes de la estructura o la superestructura. Sin embargo, a escala secular, tal incompatibilidad se resolverá probablemente mediante cambios (no siempre intencionales) en estos últimos sectores.

Algunas evidencias empíricas de estos procesos de adaptación a largo plazo entre estructuras y rasgos culturales fueron discutidos por Marvin Harris (1975). Los sistemas sociotécnicos de la infraestructura productiva deben ajustar sus tasas de producción de energía y materiales a los recursos energéticos y materiales que los ecosistemas son capaces de suministrar por unidad de tiempo a la sociedad (con las tecnologías que ésta conoce). Ello supone una restricción biofísica inflexible a la que el metabolismo productivo debe adaptarse permanentemente para que el sistema social como un todo sea factible o implementable (Giampietro et al. 2014). Las tasas de natalidad no están tan rígidamente condicionadas por tales restricciones ambientales, pero pueden poner en peligro la viabilidad del sistema social si el tamaño de la población no mantiene cierto equilibrio con la disponibilidad de recursos. Si el hiperciclo productivo-reproductivo debe adaptar permanentemente sus prácticas a la disponibilidad de materiales, energía y servicios ecosistémicos, tiene restringida su libertad para adaptarse a demandas de otras partes del sistema (e.g. la estructura jurídica y política) que pudieran desviarlo de aquellas restricciones biofísicas. Esto podría explicar la observación de Marx y del materialismo cultural de que a largo plazo la infraestuctura no suele adaptarse a los cambios de la estructura, sino a la inversa.

3. Ensamblajes y sistemas socio-técnicos

Según Archer (2009), hay hechos sociales emergentes, que son partes de la estructura social, que fueron producidas por la agencia de personas ya muertas, y por tanto, no están siendo producidas por los actores actuales, pero aun así condicionan su agencia. Ejemplos de tales partes estructurales serían: casas, artefactos, técnicas de uso escritas, leyes escritas, saberes transmitidos oralmente, entornos ecológicos modificados, y estructuras demográficas. Pero conviene matizar este planteamiento de Archer, pues las estructuras persisten en dos sentidos diferentes según a qué hechos sociales emergentes nos refiramos. Por un lado, tenemos artefactos y otros hechos sociales materiales, que fueron producidos por personas que ya no están presentes (los artefactos son trabajo muerto, como decía Marx (Lindeman, 2010)). La materialidad de estos artefactos tiene una inercia física que les permite persistir sin intervención humana en escalas a veces seculares, pese a la oxidación, sublimación, degradación entrópica y otros procesos físicos desorganizadores. Por otro lado, tenemos instituciones, organizaciones, creencias y lenguaje, que requieren ser utilizados por humanos de forma recurrente y frecuente para que puedan generar sus emergencias características, entre ellas la de ser percibidas como un hecho social  (Sawyer, 2005).

Csanyi (1989 b) considera a la cultura humana como un sistema cuyas componentes son tres tipos de estructuras complejas: seres humanos, artefactos, e ideas (conceptos). A partir de diferentes ensamblajes de elementos de esas tres clases, se pueden construir lo que Quintanilla (1998) llama sistemas socio-técnicos. Son “organismos de segundo orden”, ensamblajes de artefactos, materiales, energía y seres humanos que, a través del entrenamiento y la disciplina, adquieren la habilidad suficiente para realizar tareas de acuerdo con un plan.

Los sistemas socio-técnicos son ensamblajes sinomórficos (o de adecuación mutua) de artefactos, normas de uso, ideales-guía y sujetos humanos. Las reglas de uso e ideales-guía son transmitidos por padres y maestros, y luego son reinterpretados por los sujetos de acuerdo con sus experiencias vitales e ideologías. La escuela del actor-red ha proporcionado interesantes descripciones de la génesis de algunos de estos sistemas socio-técnicos. Hughes (1979), por ejemplo, analiza el sistema tecnológico que puso en práctica Edison  para generar y distribuir electricidad, en el cual la capacidad organizativa de Edison y las interacciones sociales fueron tan importantes como los artefactos. Por su parte, Law (1987) describe la formación de estos sistemas como una ingeniería heterogénea que  asocia artefactos, seres humanos e ideologías en forma de redes que se auto-sustentan, esto es, que son capaces de resistir la disociación en un ambiente hostil o indiferente.

En línea con Law, definiremos un sistema socio-técnico como un ensamblaje socio-técnico, en forma de red de flujos informacionales, energéticos y materiales, entre agentes y artefactos, que se auto-sustenta. Todos los sistemas socio-técnicos fueron ensamblajes socio-técnicos que se han institucionalizado en este sentido de Law.

Estos sistemas socio-técnicos son los bloques de construcción, según Csanyi, de los sistemas sociales. Pueden haber sido en sus orígenes sistemas autónomos (como puede serlo, por ejemplo, una aldea campesina), pero cuando llevan tiempo reproduciéndose dentro de hiperciclos (o redes) sociales más amplias muchos descuidan los procesos que los hacían autónomos y se vuelven heterónomos, dependientes para automantenerse y re-producirse del sistema social más amplio que los suele acompañar. Un proceso similar se observa en biología cuando dos especies simbióticas coevolucionan juntas, y en la evolución de algunos parásitos.

Un ensamblaje socio-técnico nuevo puede acabar convirtiéndose en un sistema socio-técnico, o puede ser un ensamblaje efímero, que genera una serie de emergencias perturbadoras para el sistema social, pero que no acaban integrándose en la dinámica de dicho sistema. Ejemplos de lo último fueron las muchas revueltas campesinas armadas que no consiguieron ensamblar sus dinámicas de poder dentro de la formación social feudal, las comunas hippie como modelos de familias que no triunfaron dentro de las sociedades capitalistas, o los falansterios que Fourier diseñó como modelos de comunidades autosubsistentes, que tampoco fueron adoptados institucionalmente.

Cuando los sistemas socio-técnicos realizan ciertas funciones sociales reconocidas conscientemente por la mayoría de los grupos sociales (y que tienen utilidad para al menos algunos grupos sociales) los llamaremos instituciones. Merton (1987: 96) cita la definición de función de Kluckhohn: “una parte de la cultura es ‘funcional’ en cuanto define un modo de reacción que es adaptativo desde el punto de vista de la sociedad y acomodativo desde el punto de vista del individuo”, y subraya que este concepto alude a efectos objetivos observables de la acción colectiva, y no a disposiciones subjetivas como propósitos, motivos o finalidades. Además, estas funciones pueden ser manifiestas o latentes. Las primeras serían consecuencias objetivas intencionalmente buscadas, mientras que las segundas serían consecuencias inintencionadas de la acción colectiva que, sin embargo, generan efectos útiles para algunos de (o todos) los grupos sociales. Subrayó además que: (i) no todas las estructuras son funcionales para la sociedad en su conjunto; algunas prácticas sólo son funcionales para un grupo particular, y son anti-funcionales para otros grupos; (ii) hay efectos objetivos de la acción colectiva que son afuncionales, esto es, ni funcionales ni anti-funcionales; y (iii) una institución casi nunca es imprescindible, casi siempre, existen alternativas funcionales, o en nuestro lenguaje: sistemas socio-técnicos alternativos que podrían realizar las mismas funciones que la institución existente.

Según Malinowski (1944), todas las instituciones suelen tener estatutos, personal, normas, aparato material, actividades y funciones. Las normas son: a) criterios técnicos; b) las reglas a las que el personal debe ajustarse para que la coordinación con los otros sea fructífera para la realización de las funciones. El personal es un conjunto de actores participantes en la actividad colectiva normativamente guiada por roles apropiados a la institución. Malinowski clasifica a las instituciones en tres tipos según satisfagan  necesidades psicobiológicas humanas (instituciones primarias); conserven, administren y reproduzcan las instituciones primarias (instituciones secundarias); o respondan a necesidades integradoras, de conservación del sistema estatutario de otras instituciones, y simbólicas (instituciones terciarias). La magia, por ejemplo, es una institución terciaria que: “aparece siempre en aquellas fases de la acción humana en las que el conocimiento falla”  (Malinowski 1944: 223). Cuando los trobriandeses pescaban en la laguna interior del arrecife de coral no practicaban la magia, y sí lo hacían en cambio en las circunstancias no controlables del mar abierto.

4. La atracción hacia comportamientos que reproducen el sistema socio-técnico

La  persistencia de los sistemas socio-técnicos (y la de sus emergencias) exigen la persistencia de sus artefactos, la de las reglas de uso escritas o transmitidas oralmente, y también la acción humana que utiliza esas reglas de uso para interaccionar con esos artefactos y con otras personas en forma cercana a los roles del sistema socio-técnico. Esos sistemas socio-técnicos son reproducidos (la morfoestasis en términos de Archer (2009)) porque la mayoría de los agentes, la mayoría del tiempo, actúan en forma cercana a roles en sus ensamblajes con artefactos y otros sujetos. En efecto, para que se mantenga en el tiempo la realización de una tarea que caracteriza un rol, para periodos de observación suficientemente largos, la probabilidad de transición del comportamiento del actor hacia comportamientos cercanos a esa tarea debe ser mayor que las probabilidades de transición hacia la mayor parte de comportamientos alternativos posibles. Esta regla parece una perogrullada, pero es lo que convierte un comportamiento individual desordenado, arbitrario e impredecible de interacción con los artefactos (el que podría tener, por ejemplo, un artista que enfrenta por primera vez un objeto material) en un comportamiento ordenado y predecible de uso de los artefactos, sincronizable con otros comportamientos individuales.

Esta formulación además, permite la descripción matemática de los sistemas complejos naturales o sociales, mediante ecuaciones de evolución de la probabilidad de tipo master (García-Olivares, 2000). Esta asimetría en las probabilidades de transición puede interpretarse como una atracción hacia comportamientos particulares, que compensa la pluralidad de acciones disponibles al actor individual. Debido a esa atracción, la iteración repetitiva de la conducta mayoritaria se produce empíricamente, y es detectada como un hecho social por los agentes participantes, por los externos a la institución, y por los que conocen por primera vez la existencia de la institución. En términos de Latour, podríamos decir que la atracción “cajanegriza” los ensamblajes y los convierte en sistemas sociotécnicos que mantienen cierta estabilidad y persistencia incluso en situaciones de crisis estructurales de la formación social más amplia. Por ello, suelen estar disponibles para nuevas re-estructuraciones de la estructura social. O, en términos de Archer (2009), esa atracción es la que hace que la mayoría de los actores actúen morfoestáticamente dentro del ensamblaje, haciendo que los comportamientos cercanos a roles se repitan día a día en los actores participantes (incluido eventualmente uno mismo) y que la interacción repetitiva se vea empíricamente confirmada; ello hace que la misma se vuelva un hecho social con emergencias propias, independientemente de la acción incoherente o desviada de actores particulares.

La estabilidad del ensamblaje así lograda, genera propiedades emergentes de la acción colectiva, entre ellas la propia identidad como participante en la institución (si es que participo en ella), los bienes colectivos perseguidos por los participantes de base y por los miembros con autoridad de la misma, y efectos no planeados que condicionan el funcionamiento de otras instituciones. La acción colectiva coordinada dentro de la institución puede también producir determinados productos materiales o artefactos. Ahora bien, conviene denominar a estos últimos productos para distinguirlos de las emergencias o propiedades emergentes, citadas en primer lugar. Los productos (en los que incluimos también las estructuras demográficas) tienen una inercia material propia, asociada a los principios de conservación de la materia y a la estabilidad de los agregados moleculares y atómicos en fase sólida y líquida; las emergencias, en cambio, carecen de inercia propia, pues su persistencia depende por completo de que el ensamblaje que las está permanentemente produciendo se mantenga.

Archer (2009) no distingue entre ambas clases de resultados, y además concede a las emergencias la misma cualidad de persistencia empírica que tienen los productos materiales (cualidad que no tienen, aunque frecuentemente aparentan tenerla). Por ello, no se siente obligada a explicar el mecanismo mediante el cual se produce la persistencia de las emergencias.

Es útil distinguir, con Archer (2009), entre seres humanos, actores y agentes. En cada generación, la enculturación construye actores a partir de seres humanos con una naturaleza biológica. Estos seres humanos biológicos, como subraya Archer (2009) nacen en un mundo no diferenciado en que la tarea primaria tiene que ser la diferenciación de objetos, en particular los que son nutritivos y sacian la sed. La supervivencia biológica exige que estas distinciones sean experimentadas sin esperar a su definición social. Archer cree que en la capacidad humana general de hacer distinciones debemos incluir la división entre el yo mismo y el resto del mundo. El proceso de génesis del yo está lejos de entenderse y puede que en él intervengan también influencias culturales tempranas. Pero operativamente puede ser suficiente como modelo de partida suponer que la continuidad de la conciencia y el sentimiento de individualidad física (corporal) y mental, son rasgos que el ser humano debe a su naturaleza biológica más que al entorno social. Los actores son seres humanos enculturados. Estos actores construirán la sociedad de la nueva generación (i) morfoestáticamente, al ser su comportamiento atraído a participar en ensamblajes con artefactos y esquemas conceptuales de actuación (sistemas socio-técnicos); (ii) morfodinámicamente, al construir, intencionada o inintencionadamente, nuevos artefactos, ideas, ensamblajes socio-técnicos, y los ensamblajes colectivos llamados movimientos sociales. Los agentes serían pues los mismos actores, pero mostrando emergencias causales colectivas, v.g. reaccionando del mismo modo porque comparten unas mismas expectativas de vida, o coordinados en estos ensamblajes colectivos que tratan de modificar la estructura social.

¿Por qué algunos ensamblajes se auto-sustentan? Porque las emergencias del ensamblaje aumentan la atracción hacia los roles que definen la actividad de los agentes. Este mecanismo de atracción es lo que nuestra perspectiva de sistemas complejos añade a la formulación de Law (1987). Esta auto-sustentación significa a la vez la aparición de cierta estabilidad en el ensamblaje pese a la variabilidad de las perturbaciones del entorno, y la organización del ensamblaje en forma de sistema autónomo que se auto-mantiene. Aunque, como en casi cualquier sistema autónomo, sus componentes no reciben todos sus recursos de otros componentes, sino que obtienen una parte de ellos directamente del entorno.

La atracción del comportamiento de los sujetos humanos hacia una acción pautada (rol) en coordinación con artefactos dentro de un sistema socio-técnico, podemos decir (siguiendo a Etzioni (1975)) que se produce mediante tres mecanismos: (i) atracción normativa, (ii) atracción coercitiva, y (iii) atracción utilitaria.

Una forma de atracción normativa se produce cuando el niño imita a sus padres o a su maestro para lograr realizar tareas de forma similar a como aquellos les enseñan, y de tal imitación se generan hábitos mentales en la forma de esquemas conceptuales útiles para lograr resultados prácticos concretos, como los hábitos del autocontrol y de la buena educación.

Esta clase de atracción normativa crea un  hábito  irreflexivo de adaptar nuestro comportamiento a esquemas conceptuales de comportamiento de referencia (o normas). Tales normas son muchas veces implícitas, otras veces verbalmente definidas, otras han sido detalladas en forma explícita por escrito, en forma de reglamento o leyes (consuetudinarias o sancionadas coercitivamente). La mera predictibilidad de la forma de vida y sus bienes, que surgen de la repetición, parecen suficientes para reforzar el hábito. Crea una forma de vivir a la que el sujeto se apega.

Otra forma de atracción normativa se produce debido a la “atracción ejercida por el grupo” (Lapassade, 1985: 71).  Creemos que la institución satisfará alguna de nuestras necesidades (Shaw, 1989: 21), ya sea personal o colectiva, sobre todo si además el grupo realiza tareas que individualmente no somos capaces de realizar (Shaw, 1989: 103). Esta atracción se ve facilitada cuando las finalidades que persiguen la mayoría de los miembros son claras, relevantes, y aceptadas por la mayoría. También cuando las actividades del grupo resultan atractivas para los miembros (Shaw 1989: 113). Otra fuente de atracción es la capacidad del grupo de satisfacer necesidades de seguridad y relación social de sus miembros (Lapassade 1985: 72). Como dice Mayntz (1987: 166), el contacto humano y la convivencia pueden proporcionar un sentimiento de seguridad.

Podemos resumir estas observaciones empíricas diciendo que la consciencia en el actor de que el objetivo o las actividades del grupo son buenas para él o para todos, atraen al actor a aceptar unas reglas culturalmente heredadas de participación en una institución (o unas reglas recién creadas de interacción en un ensamblaje socio-técnico nuevo); y la confirmación empírica, durante la participación personal, de que se cumplen las expectativas, genera un apego que atrae al actor a la repetición de dicha participación.

Si el ensamblaje logra cierta persistencia, ésta genera predictibilidad, y ésta puede convertirse entonces en una fuente adicional de satisfacción para el sujeto, pudiendo éste convertir incluso las actividades de la organización en definitorias de una parte de la propia identidad.

Como subraya Nisbet (1970), la mayoría de nosotros tratamos pre-conscientemente de mantener los modos de comportamiento habituales, hasta el punto de utilizar “ficciones” (marcos metafóricos, ideologías religiosas, justificaciones, racionalizaciones) para convencernos de que un cambio de comportamiento no es necesario en una situación de crisis. La inercia del hábito y de la costumbre se fundamentaría en que nos ahorra la utilización, más costosa, de la atención y del pensamiento. Éstos se emplean sólo en momentos muy especiales, la mayor parte del tiempo nuestros cuerpos sólo repiten lo que saben hacer y no somos siquiera conscientes de ello, pues nuestra atención está adormecida. Cuanto más viejos somos, la mayoría de nosotros nos limitamos más y más a repetir lo que sabemos, salvo pequeñas modificaciones según el caso. El atractivo del hábito, según Nisbet, es la posibilidad que ofrece de suspender el pensamiento consciente, dejándolo disponible para transferirlo, si hiciera falta, a otras esferas que aún no han sido reducidas al hábito.

La mayoría de estos hábitos proceden de las convenciones de la propia cultura compartida y en su aceptación hay también una pulsión sociable básica, la confianza en que las normas que acepta la mayor parte de la sociedad son buenas para casi todo el mundo y son probablemente buenas para nosotros. Esas normas culturales incluyen reglas de educación y reglas éticas. La delegación de nuestra ética particular en la ética social permite reservar de nuevo nuestra atención para los casos particulares en que nuestra conciencia ética consciente sea imprescindible.

Tanto el lenguaje como los marcos metafóricos que utilizamos sistemáticamente para concebir el mundo (Lakoff y Johnson 1999) proceden de la cultura en la que somos enculturados y de los grupos de referencia a los que hemos otorgado autoridad en esos campos conceptuales. Debido a esos instintos genéricos de imitación y de delegación de la atención en los hábitos y rituales aprendidos dentro de los programas de acción de su enculturación, al hombre le es muy fácil ser social, como decía Locke frente a Hobbes.

Muchas normas se producen en la propia interacción social. Según Moya (1971), dado un conjunto de individuos en interacción, y dada una cierta duración de la interacción (que supone alguna necesidad más o menos recurrente que vincula a esos sujetos), la propia interacción tiende a producir una regulación de los comportamientos mutuos, o sea, un sistema de normas que hacen predecible el cumplimiento de las satisfacciones que derivan de la interacción para todos los participantes. Posteriormente, puede ocurrir que tal sistema de normas se racionalice mediante un concepto o una ideología, y los grupos acaben pensando que tal sistema es natural, o debe ser respetado por algún motivo.

Las normas sociales actúan en los individuos particulares no sólo porque éstos las han incorporado mediante el aprendizaje; también actúan a través de artefactos y técnicas aceptados mayoritariamente. Un ejemplo son los badenes colocados en las calzadas por los ayuntamientos para que los conductores disminuyan su velocidad, aunque hayan olvidado las virtudes de un tráfico lento (Latour 2001). Otro ejemplo sería el dinero, un “medio generalizado de comunicación” (Luhmann, 1997: 245 y ss.) que contiene una parte material y una técnica de uso, y que aumenta la probabilidad de intercambio entre dos humanos sin necesidad de recurrir a la deuda mutua de reciprocidad, ni al lenguaje, ni a la ética de ambos.

La aceptación de la norma puede variar entre total (uno internaliza y usa tal norma como referencia controladora de la acción eficaz de su propio cuerpo) y el extremo opuesto, en que la norma es percibida como una obligación impuesta por el entorno, con el que no hay más remedio que convivir. En este extremo, la atracción normativa pasa a ser coercitiva.

En el extremo puramente normativo se encuentran lo que Weber (1922: 258) llama convenciones: “conducta típicamente regular, que gracias únicamente a su ‘carácter usual’ y a la ‘imitación irreflexiva’, se mantiene en las vías tradicionales”. Para la mera imitación irreflexiva de roles convencionales heredados de la tradición cultural no es necesaria siquiera que haya consciencia en el sujeto de la acción. Weber diferencia costumbre de consenso pero la diferencia es casi inapreciable. En la segunda categoría hay, además de imitación y costumbre, un vago sentimiento de obligatoriedad de las formas habituales de actuar. Se pasa de la costumbre al consenso mediante una toma de conciencia de dichos actos habituales y un intento de conceptualizarlos, analizarlos, racionalizarlos y entender su utilidad. Ello posibilita además discutirlos públicamente e incluso fiscalizar posteriormente dichos actos. La ley es un ejemplo de tal fiscalización.

Como dice Weber, “ya el simple hecho de la repetición regular de fenómenos –tanto naturales como actividades condicionadas orgánicamente o condicionadas por imitación espontánea o por adaptación a las circunstancias exteriores de la vida– favorecen en gran medida que tales fenómenos adquieran la dignidad de algo normativamente ordenado, ya se trate del curso habitual de los astros, ordenado por los poderes divinos, o de las inundaciones del Nilo, o del modo habitual de retribuir las fuerzas de trabajo serviles que, jurídicamente, se hallan a merced del señor” (Weber, 1922: 264).

El paso desde la convención hasta la norma jurídica consuetudinaria implica la entrada en escena de una coacción jurídica. La norma jurídica añade una fuerza coactiva al atractor normativo. El efecto que resulta de ello (o su función) es elevar a un valor muy alto la probabilidad de cumplimiento del rol normado por la costumbre o por el consenso (Weber, 1922: 252). Pero puede haber sanción normada por el consenso sin que haya un aparato sancionador especializado, con el mismo efecto de asegurar la validez empírica de ciertos roles sociales. Es el caso de la venganza de sangre en las sociedades tribales, o la persecución de toda la tribu contra el que ha sido declarado indeseable (por el brujo o por los ancianos en consejo).

Las componentes de un ensamblaje social pueden interaccionar mediante flujos físicos (de materiales, energía, o momento) o mediante flujos informacionales. Típicamente, las informaciones producen reacciones catalíticas en el receptor. Los olores, sonidos o colores que utilizan los animales territoriales, por ejemplo, desencadenan respuestas en animales rivales así como en parejas potenciales, los cuales deben poseer sistemas nerviosos complejos para poder ser afectados de esta manera. El lenguaje humano también suele desempeñar un papel catalizador que se basa en que: (i) tanto los oradores como los oyentes tienen organizaciones internas complejas; y (ii) la capacidad humana de ser afectados por disparadores linguísticos (que crean motivos para actuar). Además, los sujetos pueden tener razones para actuar que no son respuestas a un estímulo linguístico pero que involucran procesamiento interno de informaciones sobre la situación, tales como la sensación de legitimidad de una norma, la actitud de solidaridad con un grupo externo, la búsqueda del prestigio o la intuición del comportamiento que conviene a una situación determinada. Tal como subraya DeLanda (2006: 24):

Los mecanismos que atraen a un sujeto humano hacia una norma siempre son combinaciones de causas materiales, razones y motivos. Por ejemplo, las actividades sociales en las cuales los medios se combinan exitosamente con los fines se denominan tradicionalmente “racionales”. Pero esta etiqueta oculta el hecho de que estas actividades involucran habilidades de resolución de problemas de diferentes tipos (no una sola facultad mental como la ‘racionalidad’) y que la explicación de la solución exitosa de problemas prácticos implicará la consideración de eventos causales relevantes, como las interacciones físicas con los medios para lograr un objetivo, no solo cálculos en la cabeza de un actor. De manera similar, al dar rutinas tradicionales como explicaciones, se pueden reducir a rituales y ceremonias (y etiquetarlas como “irracionales”), pero esto oculta el hecho de que muchas rutinas heredadas son, de hecho, procedimientos de resolución de problemas que han sido refinados lentamente por generaciones sucesivas. Estas rutinas prácticas pueden ser superpuestas por el simbolismo ritual, mientras que al mismo tiempo pueden conducir a interacciones causales exitosas con entidades materiales, como plantas y suelos domesticados.

Esta doble función de muchas rutinas heredadas culturalmente ha sido subrayada también por Marvin Harris. Discutiendo la institución  del Kula, en la que los isleños trobriandeses arriesgan su vida en largos viajes por mar para obtener unos pocos moluscos y conchas marinas de otros isleños, comenta Harris (1968:487) que Malinowski nos presenta:

una descripción sumamente elaborada de los aspectos rituales de los preparativos para las expediciones de ultramar, en una etnografía dominada en todos los aspectos por las motivaciones subjetivas de los participantes en términos de prestigio y de aspiraciones mágicas. Sólo incidentalmente y nunca con detalle nos enteramos de que entre esos extravagantes viajeros, además de brazaletes y de collares, circulan cocos, sago, pescado, vegetales, cestas, esteras, espadas, piedra verde (antes esencial para fabricar los útiles), conchas (para hacer cuchillos) y enredaderas (para hacer cuerdas).

Por su parte, la atracción coercitiva exige una enculturación previa en conceptos como la importancia de la propia vida, la existencia de las autoridades, de las órdenes, y del castigo. También requieren el aprendizaje previo de la obediencia, y de los comportamientos punibles y no punibles. Sin ellos no se produciría el miedo al castigo o la muerte. Los grupos budistas indios que se dejaban matar ante los mongoles en lugar de obedecer sus imperativos (Kolm, 1989) eran inmunes al poder coercitivo de encauzamiento de las conductas, gracias al desapego a la persistencia de sus cuerpos y de sus recurrencias mentales.

Las sociedades estatales que se basan en la conquista comienzan normalmente usando la coerción, pero con el tiempo encuentran más eficaz combinarla con la producción de ideologías racionalizadoras que apoyen alguna atracción normativa, como los mensajes del tipo: “nuestra capacidad (estatal) de coerción es natural” (o “sagrada”, “útil para el Orden”, “útil para el Progreso”, etc.). Es verosímil pensar que la mera persistencia en el tiempo de una capacidad estatal de coerción tiende a ser interpretada por muchos sujetos como inevitable e inflexible, rasgos que también tienen las fuerzas de la naturaleza, lo cual induce a muchos actores a concebir una capacidad de coacción que se prolonga en el tiempo como legítima (Weber, 1987). Sin embargo, la legitimidad percibida psicológicamente en la norma puede ir desde la completa internalización hasta el cumplimiento formal de la misma mientras no vea oportunidades de violarla (situación de tregua en la terminología de Rex); y cabe también la posibilidad de una comprensión difusa e inexacta de la misma.

La atracción utilitaria exige la formación previa de una identidad propia (algo que algunas culturas como la budista mahayana consiguen difuminar, pero no impedir en general), de las necesidades asociadas al propio cuerpo, de una serie de necesidades abstractas categorizadas como imprescindibles o deseables (para un sujeto que pertenece a una determinada clase o grupo social) y de los comportamientos útiles e inútiles para satisfacerlas. También deben existir bienes, entes con una naturaleza material y otra conceptual, producidos socialmente y que son adquiribles a través de la acción del sujeto, mediante distintos medios legítimos e ilegítimos.

La adquisición de un bien en el mercado es un ejemplo de atracción utilitaria. El comportamiento del vendedor se vuelve voluntariamente previsible ante la amenaza potencial del comprador de acudir a otro vendedor diferente (Rex, 1961). Presupone por tanto una libertad de elección y fines compartidos como la utilidad del bien ofertado y la búsqueda pacífica del intercambio. En este contexto, y aparte de las normas culturales que rodean el escenario de intercambio, el comprador tiene interés en tener un comportamiento previsible para inducir al vendedor a tenerlo también en el futuro (Weber, 1922: 265-267).

Cualquiera de los tres tipos de atracción puede ser suficiente para la constitución de un sistema socio-técnico. El proceso podría consistir simplemente en:

(1) Un encuentro, casual en su origen, de sujetos humanos, artefactos, e ideas. En general, en esta fase inicial, no tiene por qué haber intencionalidad en los sujetos: ante situaciones ambiguas, complejas y contradictorias, los sujetos generan muchas veces vislumbres, teorías, tentativas y apuestas (en el sentido de Pascal), las cuales se concretan en conducta que acaba siendo innovadora pero que no buscaba algo bien definido (Giner, 1978).

(2) La sincronización de los elementos componentes del encuentro (acción colectiva) resulta producir un conjunto de propiedades emergentes significativas para los participantes.

(3) Alguna de las propiedades emergentes retroactúa sobre los artefactos (dándoles una nueva utilidad), y retroactúa sobre los sujetos influyendo en sus hábitos, en su interés particular, o en su miedo al castigo.

(4) Esta influencia resulta aumentar la probabilidad de mantenimiento de la sincronización inicial.

(5) Las propiedades emergentes (entre ellas, las que han inducido al mantenimiento de la sincronización) son interpretadas post-hoc como un bien colectivo.

La división en tres clases de los mecanismos atractores se hace con fines de análisis, pero en la realidad muchos sistemas socio-técnicos combinan los tres. Malinowski subrayó que el hombre tribal de Melanesia no imita mecánicamente las normas colectivas, pero tampoco actúa como el hiper-consciente homo economicus de los economistas occidentales; más bien, “es, como el hombre en general, una mezcla de ambas cosas” (Malinowski, citado por Moya 1971: 138-139). Hay en el hombre tribal una consciencia de las ventajas personales (en seguridad, nutrición, y otras necesidades psicobiológicas) que el cumplimiento de la norma de la reciprocidad traerá en todo momento. A estas fuerzas psicológicas se añade la sanción social del cumplimiento de la norma: la gratificación en términos de prestigio, amistad y reconocimiento. Esto es, el sentimiento de la necesidad del “toma y daca” recíprocos y de la necesidad del trabajo conjunto van a la par con la experiencia del interés particular.

Por otra parte, el cuartel militar o la plantación esclavista, utilizan la atracción coercitiva y la utilitaria o, en otras palabras, sus autoridades utilizan a la vez “el palo y la zanahoria”, para mantener la acción de los sujetos ligada a una práctica instrumental (normativa) orientada a los fines. Las técnicas cuartelarias de organización del trabajo humano se remontan a tiempos de los primeros grandes estados y es plausible que fueran una extrapolación de las técnicas que posibilitaron la domesticación de los primeros rebaños animales (Childe, 1941: 134).

Los individuos participan en acciones sincronizadas con otros individuos, atraídos por las tres fuentes de atracción principales (utilitaria, normativa y coercitiva) y haciéndolo aceptan de facto unas técnicas y reglas de uso de herramientas, interacciones, reglamentos, estándares, prácticas normalizadas, organigrama de responsabilidades y de comunicación de problemas, vocabulario de términos, sistema de autoridad y división del trabajo (Simon y March, citados por Charles Perrow, 1990: 146 y ss.).

5. La conflictividad en los sistemas socio-técnicos

En cualquier sistema socio-técnico hay siempre presente un proceso de desestructuración y de conflicto (la morfogénesis en terminología de Archer 2009) que es paralelo a su re-producción (la morfoestasis de Archer). Ello es posible porque los actores (y agentes) se comportan también en formas que tienen significado para su estado interno pero que no se adecúan a su rol (Giner, S, 1978: 465-500; Giampietro y Mayumi, 2018: 3).

Rex (1961) considera que hay un conflicto normativo dentro del personal de una institución cuando dentro de éste hay modelos alternativos: (i) de expectativas de rol y de expectativas de evolución de los roles, en particular, las expectativas de recompensa económica, de poder y de estatus;  (ii) de la función de la institución; o (iii) de la evolución deseable del estatuto. Si hay conflicto dentro de las instituciones primarias, entonces lo que las instituciones secundarias hacen es reproducir el conflicto: reproducen dos sistemas primarios en lugar de uno solo. Cuando la división se produce dentro de las instituciones secundarias, Rex (1961) habla de contracultura.

Según Dahrendorf (1957), la sociedad es a la vez un sistema integrado y un sistema en conflicto, debido a la existencia de instituciones que mantienen en el tiempo jerarquías de autoridad. Este autor usa la definición de autoridad que da Max Weber: la autoridad es “la probabilidad de que un orden poseedor de un cierto contenido específico obtenga la obediencia de un grupo dado de personas” (Dahrendorf 1957: 210), y estaría asociada al rol desempeñado, a diferencia del poder, que estaría asociado a determinadas personas. La autoridad implica siempre una relación de dominación-sujeción, y un sujeto sólo puede estar en un rol (el de dominador) o en el otro (el de dominado). Según Dahrendorf (aunque la idea procede de Marx), la existencia de instituciones que mantienen estructuras de autoridad fomenta la polarización de la sociedad en dos bandos: aquellos que se sienten cómodos con la permanencia de la desigualdad de autoridad y aquellos que quieren que ese status quo cambie.

El funcionamiento del conjunto de instituciones genera, como uno de sus efectos emergentes, que los sujetos humanos del colectivo social tengan expectativas desiguales de acceso a la propiedad privada y a los roles con autoridad de las distintas instituciones. Por ejemplo, el uso reiterado de algunas leyes escritas en el pasado, en conjunción con instituciones coercitivas que sancionan su cumplimiento, generan clases sociales entre la población. Piénsese en las leyes que garantizan a cada niño el derecho de ser cuidado por sus padres hasta la mayoría de edad, y a heredar las propiedades de éstos; pero les impide irse a vivir (temporalmente por ejemplo) con otras familias y les niega el derecho a heredar las propiedades de éstas. Las leyes de herencia de la propiedad de los estados liberales contemporáneos producen, como uno de sus efectos sistemáticos, que cualquier desigualdad en la propiedad familiar (producida inicialmente por desigualdades ecológicas, guerras, o cualquier otro motivo) sea transmitida de padres a hijos, perpetuada e incluso agudizada, en forma de clases económicas.

Los conflictos más básicos se dan entre estas clases caracterizadas por la “propiedad” y la “falta de propiedad”, aunque Weber considera que “los significados que las personas asignan a la utilización de su propiedad” son importantes, además de la objetiva existencia (o no) de esa propiedad.

Por otra parte, una vez estabilizada una institución, la desigual distribución de autoridad que suele generarse en ella conduce a una desigual distribución de poder entre grupos sociales. Esto hace que se institucionalice que parte de las futuras normas que van surgiendo en esa situación institucionalizada se decidan como resultado del conflicto entre los grupos componentes. Así, según Coser y Rex, muchas normas emergen como solución intermedia entre las demandas de grupos con diferente autoridad y poder dentro de las instituciones. Esa solución intermedia se alcanza en general porque, para ambos grupos en conflicto, el beneficio de no llevar el conflicto hasta sus consecuencias más extremas supera el costo de renunciar al logro total de los objetivos y valores del grupo.

En una situación de tregua como esta, si la clase dominante ha hecho concesiones frente al poder de las dominadas,  el debilitamiento del espíritu de lucha de éstas durante la tregua puede hacer que la clase dominante retome sus antiguas pautas de conducta. Esto es lo que parece haber ocurrido con el rearme neoliberal de las clases dominantes capitalistas tras la desmovilización de los partidos comunistas y de las masas de trabajadores en las tres últimas décadas del siglo XX.

Las asimetrías de autoridad son una fuente potencial de conflicto en las instituciones políticas, como la división en clases sociales lo es en las instituciones económicas. La cultura asigna, además, asimetrías de status a diferentes roles sociales, en particular cuando tienen asignados diferente autoridad. El status, según Weber, es: (i) una estimación específica del prestigio social, positiva o negativa, vinculada con el desempeño de un rol, que (ii) sirve para segregar un grupo de otro y para facilitar diferentes modos de vida (Rex, 1961). La asimetría de status es una fuente potencial de conflicto ideológico en todas las instituciones.

En las grandes movilizaciones y revoluciones, los sujetos descontentos con las asimetrías de clase y los descontentos con las asimetrías de autoridad política se coordinan en contra de unas mismas élites, ya sean económicas o políticas, o ambas. Un conjunto de actores puede estar distribuido entre diferentes instituciones y tener roles diferentes. Pero si comparten un mismo status bajo, una misma falta de autoridad en sus roles, y una similar situación de acceso a la propiedad (baja, o media) es más probable que se asocien en grupos de presión o en movimientos sociales. Denominaremos ensamblajes técnico-agenciales a estos sujetos que comparten similares intereses frente a, por ejemplo, una clase dominante, o una élite gobernante, o ambas, y utilizan su acción colectiva sincronizada, en conjunción con recursos materiales, armas o influencias, para obligar a la élite dominante a aceptar una mejor satisfacción de los propios intereses o una mejora de sus condiciones económicas, políticas o profesionales. La atracción hacia esta clase de coordinación colectiva es utilitaria (bienes colectivos esperados) y normativa (conocimientos técnicos, políticos y militares sobre cómo obtener concesiones o debilitar el poder de las autoridades con los recursos con que se cuenta).

Acontecimientos externos diversos, guerras, crisis financieras, divisiones dentro de la élite, o nuevas alianzas políticas grupales pueden cambiar en cualquier momento la oportunidad de la acción colectiva (beneficios conseguibles movilizando al personal y los recursos con que se cuenta). Ello puede reactivar la movilización de un ensamblaje de este tipo en un tiempo relativamente rápido, como ha analizado Charles Tilly (1978).

Las situaciones históricas en que hay incompatibilidades entre instituciones de la estructura o entre marcos metafóricos distintos en el sistema cultural facilitan el éxito de tales movilizaciones. También la aparición de novedades en la estructura o en el sistema cultural que cambian el menú de oportunidades de los distintos estratos sociales y agentes corporativos. Por ejemplo, descubrimiento de nuevas materias primas, guerras, prácticas económico-políticas nuevas como el mercantilismo o el colonialismo europeos, nuevas alianzas políticas, la urbanización. Y en el campo cultural: aparición de ideas que ofrecen oportunidades nuevas a los grupos de interés material, como con el humanismo renacentista, la ilustración, las revoluciones científicas, o el feminismo (Archer 2009: cap. 9). La lucha ideológica es utilizada también por las élites dominantes. Por ejemplo, la actual ideología neoliberal trata de minar la legitimidad de cualquier acción política colectiva y sustituirla por la búsqueda de la utilidad individual (Rodriguez Victoriano, 2003), dentro de un marco que legitima la racionalidad de los motivos utilitarios frente a la irracionalidad de los normativos y coercitivos.

Están también los sistemas socio-técnicos que tuvieron en algún momento una función política dentro de una sociedad. Por ejemplo, las monarquías, los parlamentos o las aristocracias. Una monarquía está formada por grupos sociales como los monarcas, sus familias y sus servidores, cuyas prácticas se han ensamblado dentro de las prácticas de un estado, junto con artefactos e ideologías, generando funciones útiles o significativas. Tanto las monarquías, como los parlamentos y las aristocracias tienen orígenes históricos distintos, cumplieron en su momento de creación funciones diferentes a las actuales, y en la actualidad tienen relaciones parcialmente coherentes y parcialmente conflictivas dentro del régimen.

Las emergencias de un ensamblaje socio-técnico A, en general, son recursos materiales, energéticos o informacionales útiles para sus participantes y para otros actores. Estos recursos pueden ser útiles también para el funcionamiento de una institución B, y ello facilita que los miembros de B (sobre todo, los miembros con autoridad de B) apoyen, como mínimo ideológicamente, la existencia de A; y también que algunos de los recursos generados por B se adapten con el tiempo de manera que sean útiles también a A. De este modo, la persistencia de A le permite encontrar con el tiempo otros sistemas socio-técnicos con quienes establecer relaciones de reciprocidad, colaboración y reforzamiento mutuo. Este reforzamiento mutuo entre sistemas socio-técnicos puede ser el germen de hiperciclos (o redes) más largos de auto-mantenimiento entre sistemas de esta clase.

Schuster (1981), en su teoría de la selección natural de moléculas autocatalíticas que se mantienen las unas a las otras en hiperciclos cerrados, afirma implícitamente que los componentes de tales sistemas que se auto-mantienen tienen la siguiente propiedad P: la probabilidad de supervivencia del componente, condicionada a la pertenencia al hiperciclo, es mayor que su probabilidad de supervivencia fuera del hiperciclo. Es razonable pensar que si de un hiperciclo de ensamblajes socio-técnicos y sistemas institucionalizados emerge esta propiedad, las componentes se reforzarán mutuamente y el hiperciclo tenderá a estabilizarse e institucionalizarse. Sin embargo, P puede dejar de cumplirse debido a la conflictividad interna, a un cambio en los parámetros ambientales que controlan el metabolismo social, o a la aparición de ensamblajes socio-técnicos desestabilizadores. En estos casos, el hiperciclo tiene más posibilidades de disgregarse en sus componentes que de mantenerse unido pues, frecuentemente, estos componentes mantienen cierta autonomía o capacidad de auto-mantenerse fuera del sistema social (o aisladamente o entrando quizás rápidamente en relaciones con otra clase de componentes diferentes).

Los sistemas socio-técnicos que tienen alguna función útil para otras instituciones reciben parte de sus recursos e informaciones de esas otras instituciones, por lo que con el tiempo tienden a auto-definirse y ser definidas mediante unos estatutos que subrayan esas funciones útiles para otras. Pero en cualquier momento pueden utilizar los recursos para producir emergencias colectivas que favorezcan los intereses corporativos de sus miembros, en lugar de las funciones sociales generales que sus estatutos oficialmente proclaman. Esta ambigüedad en su comportamiento colectivo aumenta en momentos en que los beneficios obtenidos habitualmente de su ensamblaje con otras instituciones se vuelven inseguros. Un ejemplo fue el comportamiento levantisco de las legiones romanas cercanas a Roma durante los años 235 a 284 d.C., que obedecieron en muchos casos a sus propios intereses corporativos antes que a las órdenes del emperador, ayudando incluso a cambiar emperadores cada uno o dos años.

El análisis de Tainter (1988) del colapso y descomposición del Imperio Romano en unidades económico-políticas más simples (1990: 23-24) sugiere un mecanismo de este tipo. Sin embargo, el Imperio Romano en crisis no estaba sometido únicamente a una dinámica de aumento de recursos y de complejidad para resolver sus problemas defensivos, como afirma este autor, sino también a una desviación de recursos para la realización de intereses corporativos en instituciones semi-autónomas del régimen. El contexto histórico brindó al ejército romano la oportunidad de hacerlo, lo cual encaja con más precisión en el modelo de Tilly de movilización grupal que en un modelo tan genérico como el del rendimiento decreciente de la complejidad, que no puede explicar en qué momento una institución concreta del Estado decide traicionar los intereses gubernamentales.

6. Los sistemas socio-técnicos como medios de resolver problemas y el origen del Estado

Los mecanismos comentados pueden ser un marco adecuado para explicar el origen de uno de los sistemas socio-técnicos más influyentes de la Historia: la organización política estatal. Las sociedades dominantes en la prehistoria eran bandas cazadoras-recolectoras igualitarias. Estas bandas eran grupos auto-organizados estables y autónomos y, por tanto, pueden considerarse sistemas socio-técnicos. ¿Qué secuencia de eventos, cambios estructurales y cambios culturales pudo convertirlas en sociedades estatales, con fuertes desigualdades políticas y económicas? Las distintas respuestas se pueden agrupar en teorías funcionalistas y teorías del conflicto (Tainter 1988). En nuestra perspectiva, las primeras explican mejor las primeras fases del proceso, y las últimas las fases más avanzadas.

Las sociedades igualitarias otorgan prestigio o status especial a personas con habilidades especiales en la caza, la comunicación social, la sabiduría vital, la intuición profética o la supuesta comunicación con poderes sobrenaturales (Service 1975: 314; Redman 1990: 258; Fried 1960). Por ello, no son completamente igualitarias, sino que contienen cierto grado de jerarquización, pero esta jerarquización no incluye normas que concedan a las personas de alto status un acceso privilegiado a los recursos, o la obediencia obligatoria.

Según Fried (1960) y Harris (1975), la institucionalización del líder redistribuidor o big man, ocurre en modos de producción que son intensificables y donde la intensificación y la redistribución entre aldeas vecinas mejora la seguridad económica. Algunas de estas sociedades jerárquicas con líderes de tipo big men institucionalizaron como permanente ese liderazgo, creando el rol de jefe.  Service (1975: 314-317) sugiere que la institucionalización de la jefatura permanente (un nuevo sistema socio-técnico) derivó de la conveniencia de estabilizar las funciones redistributivas y coordinadoras que tenían los big men carismáticos, convirtiéndolas en hereditarias. Pudo haber ayudado a esta institucionalización la creencia de que el carisma, las virtudes sociales y los poderes mágicos del big men podrían heredarse de padres a hijos.

De acuerdo con la perspectiva de Mann, pero también con las perspectivas funcionalista y materialista-cultural, los sistemas socio-técnicos y las instituciones serían medios que los agentes aceptan para resolver problemas que se le presentan a la colectividad, aunque sin ser plenamente conscientes de los efectos inintencionales de la acción colectiva, sobre todo a largo plazo. Un huerto agrícola adjudicado a (o “propiedad de”) una familia, un ejército liderado por un jefe de la guerra, y el templo (o almacén de excedentes) administrado por un grupo gestor de los excedentes o por un big man, son ejemplos de tales sistemas socio-técnicos en muchas sociedades preestatales. Una de las primeras sociedades igualitarias, parcialmente jerarquizada, que evolucionaron hasta una sociedad estratificada estatal fue la sumeria, y lo hizo sin pasar por esa fase intermedia de la jefatura.

De acuerdo con la descripción que hace Mann (1991) es plausible que la sociedad sumeria de la época de El Ubaid (5.000-3.700 a.C.) pueda haber aceptado el reparto de una parte de las tierras colectivas en forma de parcelas de propiedad o usufructo privado cerca de las casas familiares, como una fórmula económica práctica que inicialmente no perturbaba el igualitarismo cultural tradicional. Estas primeras granjas familiares pudieron generar asimetrías de excedentes entre familias, debido a su diferente posición geográfica respecto al río y a los canales de riego, y porque los intercambios lejanos de mercancías valiosas se realizaban a través de los ríos (Mesopotamia, Egipto, cuenca del Río Amarillo, cuenca Indo-Gangética). Esto pudo haber producido, como consecuencia no prevista, las primeras diferencias de riqueza entre familias extensas. Los cambios en los edificios residenciales y en las prácticas de entierro del Período Ubaid reflejan que la jerarquización de la sociedad en clases y géneros estaba ya en marcha (Forest, 2005: 188-190; Sundsdal, 2008: 35-38; Xianhua, 2019: 202). Sin embargo, en aquella época estas diferencias no se auto-reforzaron mediante mecanismos como la acumulación de capital y el aumento de poder político derivado del poder económico. La evolución de Sumeria parece sugerir, por el contrario, que las mayores diferencias económicas surgieron, junto con los estratos de autoridad política, del sistema de administración de obras públicas, comercio y redistribución, que ensayó la institución del templo (Service, 1975; Liverani, 2006), aunque Liverani (2006: 88-89) reconoce la existencia paralela de una actividad artesanal y comercial privada.

En la época de Uruk, los estratos sociales y la subordinación de la mujer aparecen claramente establecidas (Bernbeck, 2009). Según Jacobsen (1957), Uruk estaba gobernada por un consejo de ancianos y una asamblea de todos los hombres de la ciudad. Estas asambleas debieron proceder del periodo Ubaid y elegirían a los lugal, jefes de guerra por un tiempo provisional, y a los llamados en, que se ocupaban de asuntos internos. Las cámaras parecían tener el poder último legislativo y ejecutivo para asuntos importantes, con la asamblea teniendo la última palabra, mientras que los burócratas del templo, encabezados por un “primero entre iguales” llamado ensi (“administrador del dios”) tenían el poder ejecutivo en los asuntos ordinarios (Jacobsen, 1957; White, 2008).

Una coyuntura de guerras frecuentes puede haber inducido a algunas de estas sociedades a aceptar como conveniente que el rol de jefe de guerra recayera permanentemente sobre la misma persona (un jefe exitoso en guerras previas), y que esa misma persona asumiera también el papel de administrar la economía de los excedentes colectivos en esas épocas turbulentas. Según White (2008) la monarquía independiente del templo, que en algunos casos llamativos asume un carácter militarista (Akkad) o mercantilista (Ebla), fue una suerte de revancha de las élites gentilicias nacientes, que habían estado antes marginadas por la administración impersonal de los templos. White cita a Jacobsen, quien llegó a la conclusión de que, alrededor de la época del episodio de Gilgamesh, las figuras políticas “en lugar de buscar su legitimación en la asamblea y el consejo de ancianos, empezaron a pretender que habían sido elegidos por la deidad patrona de la ciudad”. Esto se puede considerar uno de los primeros usos históricos de la lucha ideológica con efectos morfodinámicos en la estructura social. Según estos dos autores, “la creencia en la elección divina disminuyó en gran medida el poder político y la influencia de la asamblea”. Pero la subordinación del templo y de las asambleas por el rey fue aparentemente conflictiva. En Lagash, por ejemplo, el poder del trono había convertido a su rey en un megalómano sanguinario con intenciones de arrebatar a sus ciudadanos sus libertades políticas, produciéndose entonces una “… amarga lucha por el poder entre el templo y el palacio, la” iglesia “y el” estado “, con los ciudadanos de Lagash tomando el lado del templo” (Isakhan (2006: 6), citando a Kramer).

No sabemos hasta qué punto las leyendas de la epopeya de Gilgamesh (1.800 a.C.) incluyen algunos hechos históricos de un rey real de circa 2.500 a.C., pero su narración concuerda con la siguiente descripción: Gilgamesh era inicialmente el en de Uruk, pero es elegido para liderar la defensa contra un ataque de la ciudad de Kish. Al principio necesita del permiso de las dos asambleas de la ciudad para tomar decisiones. Pero sus éxitos militares, el reparto del botín, y su inversión en murallas y fortificaciones para la ciudad, aumentaron su autoridad e hicieron creíble su pretensión de que sus victorias obedecían a un favor divino. En paralelo con ello, parte de los nuevos excedentes bélicos parecen haber sido usados para aumentar un poder coercitivo y económico propio (Mann 1991). Así, el poder último tanto legislativo como ejecutivo cambió de la asamblea y de los burócratas sacerdotales a los lugal o “hombres grandes” (reyes), que en sumerio “tiene el significado general de dominación o propiedad” (White, 2008).

Lo que probablemente desequilibró el igualitarismo dominante en todas las sociedades preestatales no fue tanto la aceptación general de la necesidad de organizaciones como el ejército o el templo-almacén, sino la aceptación de que los roles de mayor autoridad (dirección o liderazgo) de tales instituciones fueran permanentes y hereditarios. Toda institución tiene una organización con sus roles. En tal contexto organizacional, y en presencia inevitable de información y racionalidad limitadas en los sujetos, incluso una desigualdad pequeña y pasajera en información o recursos, puede convertirse en una ventaja grande y duradera para ciertos subgrupos de la organización. Por ejemplo, los grupos situados más altos en la jerarquía de la información ascendente pueden conocer primero qué objetivos tendrían una función de poder (Tilly, 1978) más favorable en la coyuntura dada, pueden utilizar el conjunto de informaciones ascendentes en contra de otros grupos internos o externos a la organización, pueden hacerse una idea más clara de qué objetivos propios pueden pasar por fines organizacionales ante los ojos del resto de los miembros, o pueden aprovechar su rol coordinador para que sus subordinados trabajen, tanto para los objetivos de la organización, como para los intereses de la élite. Por ejemplo, pueden estimular a sus subordinados a producir informaciones que justifica sus propios privilegios y a la vez pueden ser interpretadas como recomendaciones técnicas. Finalmente, dada su información privilegiada, a las autoridades se les suele conceder mayor poder que al resto en la asignación de recompensas utilitarias a los miembros de la organización.

Estas desigualdades de acceso a la información son suficientes para crear desigualdades de poder político y, con ello, élites de mayor poder relativo que el resto de agentes. La asimetría también se produce en el grado de control que tienen los agentes de esas organizaciones sobre el flujo de energía, de elementos materiales, de recursos, y de acciones sociales necesarias para el funcionamiento de la institución o sistema socio-técnico. Como subraya Tainter (1988: 36), citando a Haas, una autoridad que proporciona bienes y servicios tiene poder coercitivo por añadidura, por la amenaza latente de retirada del servicio.

El proceso que hace que las organizaciones tiendan a volverse oligocráticas fue analizado por Gaetano Mosca y también por Robert Michels (1911). El argumento de éste es que cuanto más grandes se hacen las organizaciones, más se burocratizan, ya que tienden a especializarse y, además, van aprendiendo a tomar decisiones cada vez más complejas y de una forma más rápida. Los individuos que están en la parte alta de la jerarquía tienden a monopolizar la experiencia de qué respuestas son más eficaces ante los temas a los que se enfrenta habitualmente la organización y se van volviendo imprescindibles, lo cual facilita que no sean sustituidos, y ello genera una élite.

En segundo lugar, se suele desarrollar según Michels una dicotomía entre eficiencia y democracia interna; de modo que para que la organización sea eficiente la población puede apoyar un liderazgo fuerte, a costa de una menor democracia interna.

En tercer lugar, las masas se inclinan al hábito más que a la acción consciente y tienden a delegar sus decisiones en sus líderes.

Finalmente, la casta de los líderes (oligarquía) tiende a cerrarse corporativamente, pues se ayudan mutuamente para evitar la competencia de nuevos líderes surgidos de la masa (trust oligárquico). Lo único que puede hacer la masa a esas alturas, según Michels, es sustituir un líder del trust oligárquico por otro. El efecto final de la institucionalización de una organización jerárquica es que si un mismo grupo social (de guerreros, de sacerdotes o de especialistas) consigue el consentimiento de las masas para ocupar permanentemente los puestos altos de la institución, “las masas acaban siendo rebasadas desde el punto de vista de la organización” (Mann 1991).

Las teorías funcionalistas del origen del estado (por ejemplo, Service (1975)) argumentan que éste apareció durante el proceso en el que los grupos sociales consintieron en organizarse jerárquicamente con el objetivo de resolver problemas organizativos tales como la gestión del agua de regadío, el reparto de excedentes y el mantenimiento de un ejército cada vez más permanente. Independientemente de que haya factores ambientales que favorecieron esos contextos, el modelo funcionalista es verosímil para explicar una parte importante del proceso. Cuando una estructura institucional concreta es aceptada de mejor o peor gana por la mayoría de los grupos sociales, un conjunto de ocupaciones son aceptadas. Con ellas, un conjunto de roles y sus distribuciones económicas, y ciertas asimetrías de poder y estatus, son aceptadas implícitamente. Estas asimetrías, pueden amplificarse posteriormente mediante los mecanismos antes mencionados.

En el caso del nacimiento del Estado, la promoción de ciertos jefes carismáticos a una posición de liderazgo permanente del ejército y de los excedentes pudo ser facilitada, no sólo por una coyuntura de guerras permanentes, sino también por el apoyo económico de una familia extensa previamente más próspera que la mayoría.

El modelo de la génesis del Estado, y de sus clases sociales permanentes en conflicto potencial, sería el siguiente:

Origen del Estado

Un corolario de este análisis es que, si la desigualdad va a constituir un problema a evitar en una futura sociedad sostenible (y lo será probablemente) convendría institucionalizar que los puestos de autoridad política sean impermanentes o rotatorios. La prohibición de los políticos profesionales es por tanto una iniciativa política necesaria. Además, la propiedad privada puede tener funciones útiles y deseadas colectivamente, pero deberíamos institucionalizar la imposibilidad de heredarla familiarmente, con el fin de evitar asimetrías económicas de nacimiento que tienden a aumentar con las generaciones. Un sistema como éste acercaría, por cierto, las posturas del liberalismo clásico y la de la izquierda socialista y comunista.

La tabla siguiente resume las funciones principales y los mecanismos de atracción de algunos de los primeros sistemas socio-técnicos que, de acuerdo con Mann (1991), tuvieron una importancia clave en la historia de las sociedades humanas.

Sistema Socio-técnico Funciones buscadas e inintencionadas Clase de atracción Mecanismo
Granja de plantas y animales domesticados Ayuda mutua, protección mutua, producción de alimentos en ecosistemas con caza-recolección limitada, intensificación mediante el trabajo, relajación del control de natalidad Normativa y utilitaria El trabajo agrícola coordinado de hordas permitió excedentes nuevos no accesibles con caza-recolección. Los excedentes produjeron mayores bienes colectivos. Los excedentes eran intensificables mediante más trabajo y relajaron la presión psicológica que provocaba el control de natalidad e infanticidio femenino
Taller de fundición del bronce (luego, del hierro) Producción de herramientas y útiles metálicos Normativa y utilitaria Aprendizaje (casual o por difusión) de la técnica, que genera bienes útiles y con más valor de intercambio que los bienes agrícolas
Sistemas de regadío Asegurar la producción agrícola independientemente de la lluvia. Aumentar la superficie de tierras cultivables Normativa y utilitaria Aprendizaje (casual o por difusión) de la técnica, que genera excedentes utilizables privada y públicamente
Villas agrícolas Ayuda mutua, protección mutua y administración de los excedentes colectivos Normativa y utilitaria Las normas tradicionales de reciprocidad, los servicios públicos derivados de la inversión de los excedentes, y el intercambio de servicios entre especialistas, atrae hacia una división del trabajo en oficios y autoridades políticas
Ejército Defensa de la forma de vida habitual, defensa de los excedentes colectivos, extracción de excedentes de otras sociedades, botines de guerra para los propios soldados Utilitaria El botín de guerra convierte a los soldados miembros en clientes dispuestos a aceptar y defender la autoridad del jefe guerrero. La utilidad de las funciones proporciona status a los soldados
Villas militarizadas (Estados) Administración de los excedentes colectivos, extracción externa de excedentes, y desviación de una parte de los mismos hacia un ejército cada vez más permanente y mayor. Utilitaria, normativa y coactiva La población consiente autoridades permanentes para asegurar la estabilidad de las funciones manifiestas. La circunscripción (Carneiro) convierte la atracción coactiva en eficaz.
Producción esclavista Aumento de los excedentes a bajo coste Coercitiva Una parte del excedente se invierte en vigilancia y castigo. El desarraigo y temor a la muerte del prisionero de guerra convierte a la coerción en eficaz.
Empresa comercial Producir para el intercambio mercantil Utilitaria Los beneficios del intercambio mercantil son distribuidos entre los participantes de la empresa

 

En las sociedades preestatales, el uso de atarctores normativos para generar ensamblajes colectivos está muy extendido.

Las jefaturas militares y sus ejércitos parecen haber sido los primeros sistemas socio-técnicos en aplicar a gran escala y eficazmente la coerción a terceros. Los aparatos de estado aplican esa coerción también a la disensión interna, y fomentan la ideología de que la coerción es legítima cuando es administrada por el propio estado.

La producción esclavista parece haber surgido en las primeras sociedades estatales tras la derrota militar de pueblos a los que se prefiere perdonar la vida a cambio de utilizarlos como fuerza de trabajo barata; también como forma sancionada por el estado de restitución de deudas no pagadas (Graeber, 2011).

Bajo patrocinio de los primeros estados y también bajo patrocinio privado, las empresas comerciales descubren la eficacia de la atracción utilitaria para organizar el trabajo colectivo orientado al comercio lejano.

Obsérvese que las tres clases de atracción comentadas son capaces de producir sincronización del comportamiento de conjuntos de individuos a lo largo del tiempo (de acuerdo con roles por ejemplo dentro de una empresa), y coordinación de estos individuos en forma de redes de interacción espaciales. Estas “redes de organización y control de personas, materiales y territorios” (Mann 1991) pueden coordinarse hasta escalas geográficamente globales, como ilustra la red de dominación militar y comercio entre Europa y la India establecida por los portugueses (Law 1987). Tal red de interacciones y artefactos, generadora de control a distancia, intercambio y coerción, puede considerarse como un sistema socio-técnico en sí mismo, pues sus emergencias producen beneficios políticos y económicos a las autoridades gubernamentales y buenos sueldos y prestigio a los marineros participantes, lo cual los ligan a la empresa. Pero también puede considerarse como una red (o hiperciclo) que combina las emergencias de varios sistemas socio-técnicos independientes (la carabela artillada, el cuerpo de marina instruido en el reglamento de navegación y en el uso de mapas, la intendencia militar, y el Estado empresario), dado que cada uno de estos componentes es capaz de producir funciones (que producen atracción) en otros ensamblajes distintos.

7. Conclusiones

El ensamblaje de sujetos, artefactos e ideas (tales como reglas de uso e ideales-guía) constituyen sistemas socio-técnicos, los cuales pueden ensamblarse a su vez en forma de redes o hiperciclos que se autosustentan. Estas redes pueden ser seleccionadas y evolucionar en escalas seculares si tienen emergencias importantes para la colectividad, tales como las funciones enumeradas por Malinowski.

Los artefactos que componen los sistemas socio-técnicos contienen en forma solidificada intenciones y valores de humanos anteriores, como ilustra el ejemplo de los badenes en las calles de las urbes modernas, o el dinero-moneda.

La selección colectiva de los sistemas socio-técnicos y redes que mejor resuelven problemas humanos se realiza a lo largo de varias generaciones. Pero cada generación no parte de cero cada vez, sino de conjuntos de artefactos que condensan aspiraciones y valores previos, modificándolos para añadir a ellos las aspiraciones, objetivos e intenciones que la actual generación encuentra necesarios realizar colectivamente en su interacción con el presente entorno. Esto genera una deriva secular en las funciones manifiestas y latentes emergentes de los sistemas (y redes de sistemas) sociotécnicos, y hace que estas funciones no hayan sido intencionalmente buscadas por nadie en cada momento histórico concreto.

Los sistemas socio-técnicos pueden ser ensamblados unos con otros en forma de redes con funciones útiles para algunos grupos sociales y anti-funcionales para otros, lo cual genera conflictos latentes y manifiestos. Estos conflictos conducen a veces a la generación de nuevos ensamblajes socio-técnicos que pueden llegar a desestabilizar la estructura social e institucionalizar sistemas socio-técnicos nuevos.

La capacidad que tienen los ensamblajes y sistemas socio-técnicos de re-ensamblarse en forma alternativa proporciona adaptabilidad y resiliencia a las sociedades, a la vez que una conflictividad latente.

La dinámica de los sistemas (y redes de sistemas) socio-técnicos, como el Estado o las redes de dominación a distancia, pueden ser analizadas fructíferamente dentro del marco de la teoría de sistemas complejos. En particular, investigando los mecanismos que han producido o debilitado las tres clases de atractores de los agentes hacia comportamientos sincronizados.

Salvo en el uso de una topología y una terminología algo diferentes, los planteamientos basados en redes (de Mann (1991) y de la escuela del actor-red) no parecen esencialmente contradictorios con el de los sistemas complejos que aquí esbozamos. Geels (2011) compara la perspectiva de la escuela del actor-red y la de los sistemas complejos basados en varios niveles (o escalas) de interacción. Su conclusión es que ambas son perspectivas útiles para estudiar la aparición de emergencias colectivas, pero que la primera está bien adaptada para describir la heterogeneidad, la contingencia, la fluidez, la imprevisibilidad y el desorden, mientras que la segunda está mejor capacitada para identificar mecanismos relevantes en los cambios sociales e identificar patrones recurrentes.

La teoría de sistemas complejos (con sus conceptos de niveles-escalas de interacción, autoorganización, redes que se auto-mantienen, emergencias, y atractores) constituye pues un marco que puede integrar ideas importantes procedentes de escuelas diferentes de investigación como el funcionalismo, el materialismo cultural, la sociología de las organizaciones, y las teorías de las redes de agentes.

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La desigualdad económica en el mundo

 

Este artículo resume los principales resultados del análisis sobre la desigualdad mundial que hace Branko Milanovic en su libro: Los que Tienen y los que No Tienen, Madrid, Alianza editorial, 2016. En lo sucesivo, abreviaremos las citas a este libro con la letra M, seguido del número de la página citada. He añadido algunos comentarios propios, así como un capítulo final en el que se proponen algunas medidas legales que podrían implementarse si quisiéramos disminuir realmente la alta desigualdad interna de muchos países.

La desigualdad entre países y el fracaso de la teoría neoclásica

Los países del mundo tenían rentas bastante similares hasta el siglo XVI. En este siglo, las aventuras comerciales de larga distancia de esos comerciantes aventureros que empezaron a acumular capital, en colaboración con los estados absolutistas a los que empezaron a prestar dinero, generó una fórmula económico-política de dominación estatal, que permitió a algunos estados acumular mayores rentas per cápita que otros estados que no ensayaron esa fórmula, se retrasaron en imitarla, o fueron dominados por ellos.

En cualquier caso, las diferencias de renta per cápita entre países antes de la revolución industrial no eran todavía aberrantes. En 1820, Gran Bretaña y Países Bajos, los países más ricos del mundo, eran sólo tres veces más ricos que China y La India, que estaban entre los más pobres del mundo. La Revolución Industrial y la política colonialista de las potencias industriales hicieron que estas diferencias divergieran exponencialmente, hasta la actualidad en que la renta per cápita de los países ricos es más de 100 veces mayor que la de los países más pobres.

Para comparar rentas per cápita de diferentes países se utiliza la renta nominal per cápita de cada país, pero modificada para tener en cuenta el nivel de los precios de los productos básicos que contribuyen al coste de la vida (una cesta de unos 100 productos). Ello conduce a dólares norteamericanos (USD ó $) pero expresados a paridad de niveles adquisitivos ($PPA). Así, una renta anual de 1225 $PPA es el ingreso capaz de adquirir la misma cantidad de bienes que se pueden adquirir con 1225 USD en la ciudad de Nueva York. Esta renta (1225 $PPA) era la renta media anual de la población mundial en 2005. Equivale a 3.3 dólares diarios per cápita, algo menos de la cuarta parte de la línea oficial de pobreza en los países ricos. Esta pobreza, absoluta y relativa, de la población media mundial implica que no tenga mucho sentido hablar de una “clase media mundial”, aunque esta categoría tenga sentido para los países individuales.

En el 2007, el PIB per cápita de EEUU fue de 43.200 $PPA, mientras que el de la India era de 2.600 $PPA, el de China de 5.050 $PPA. El enlace siguiente de Wikipedia muestra tres estimaciones diferentes del PIB (PPA) per cápita de los países del mundo. Puede observarse que el país más pobre de Africa y del mundo (Congo) tiene un PIB per cápita de 300 $PPA, que podríamos considerar igual al nivel mínimo de subsistencia, un nivel que debió de ser común entre las masas de agricultores más pobres de la antigüedad, desde los imperios antiguos a China y el Imperio Romano; los países más ricos de Africa subtropical están entre 1500 y 2300 $PPA;  Asia es enormemente diversa:  de los 1.000 $PPA en Nepal y Bangladesh, a los 47.000 $PPA de Singapur y los 40.000 $PPA de Hong Kong, o los 32.000 $PPA de Japón. Los países occidentales están en la cumbre de ingresos. Latinoamérica oscilaba en 2007 entre los 2.400 $PPA del país más pobre, Nicaragua, y los 13.000 $PPA del país más rico, Chile. Países muy poblados como India, Pakistán, Vietnam y Birmania tienen niveles de renta similares a los de la nación latinoamericana más pobre, Nicaragua.

Si tomamos la renta per cápita media de España como referencia (unos 30.600 $PPA), observaremos que es sólo el 57% de la de Noruega, y el 81% de la de Alemania. Pero es aproximadamente el doble que la de Uruguay y México; el triple que la de Cuba; siete veces la de Honduras; 18 veces la de Kenia; y 100 veces la del país más pobre, Congo.

Durante la época de la Guerra Fría se clasificaba frecuentemente a los países en tres bloques denominados “primer mundo”, “países socialistas” y “tercer mundo”. El primero estaba formado por países cuyo PIB per cápita oscilaba entre los algo menos de 10.000 $PPA de Portugal y los 27.000 $PPA de Suiza; el segundo oscilaba entre los menos de 2.000 $PPA de las repúblicas del centro de Asia de la Unión Soviética y los 14.000 $PPA de la República checa. El tercer mundo estaba formado por países con una renta cercana al nivel de subsistencia, por debajo de los 500 $PPA, entre los que estaban China y muchos países subsaharianos, mientras que en su extremo superior estaban Argelia y Corea del Sur, con 4.000 $PPA y los algo más ricos, como México y Brasil, con unos 7.000 $PPA. En resumen, el primer mundo tendría una renta en el rango 10.000-27.000 $PPA, el segundo mundo en el rango 2.000-14.000 $PPA, y el tercer mundo en el rango 400-7.000 $PPA.

Esa división estalló en la década de los 90, primero porque los países socialistas adoptaron el capitalismo y diez de ellos se integraron en la Unión Europea. En segundo lugar, porque las naciones del arco del Pacífico asiático crecieron mucho más deprisa que los demás países del Tercer Mundo, convirtiéndose muchos de ellos en países del Primer Mundo. En tercer lugar, China e India dejaron de lado las luchas ideológicas de los “Países no alineados” del Tercer Mundo y se centraron en hacer crecer su economía. Por su parte, los países árabes se dividieron entre ricos y pobres según el accidente geográfico de poseer subsuelos con reservas de petróleo o no.

Actualmente, el bloque socialista ya no existe, pero Rusia parece interesada en ejercer sobre los países euroasiáticos que no se han integrado en el primer mundo un rol análogo al de Francia en sus antiguas colonias africanas. Por su parte, Latinoamérica se sigue pareciendo bastante a lo que fue el Tercer Mundo, porque cosechó muy pocos beneficios de la globalización, y sigue tratando de ensayar políticas económicas alternativas a los del consenso de la Trilateral y otras instituciones internacionales de poder. Africa subsahariana, por supuesto, sigue siendo Tercer Mundo, por el crecimiento económico prácticamente nulo de muchos de sus países durante la globalización.

Debido a las diferencias iniciales, si el PIB per cápita de EEUU crece un 1%, el de China necesitará crecer un 8.6% para evitar que las diferencias de PIB per cápita se incrementen. Esto explica que en 1980 la diferencia entre las rentas por persona en EEUU y China fueran de unos 25.000 $PPA, mientras que en 2007 subiera hasta los 37.000 $PPA.

Este ensanchamiento continuo entre los niveles de renta per cápita de los países occidentales y los países menos desarrollados contradice la teoría neoclásica dominante. Según esta teoría, la globalización debería haber producido un crecimiento mayor de los países pobres que de los ricos, y una convergencia de renta de todos los países. Ello debería producirse porque, supuestamente: (i) con la globalización, los países pobres deberían ser los principales receptores de la inversión extranjera procedente de los países ricos, debido a los salarios reducidos y al alto retorno de capital; (ii) los países pobres deberían poder acceder a la tecnología previamente desarrollada en los países ricos a un coste bajo, utilizando ingeniería inversa (es más barato copiar que inventar); (iii) un entorno comercial más abierto debería permitir a los países pobres el invertir sólo en aquellas ramas productivas en las que hay más demanda, importando los demás productos; (iv) gracias a la libre circulación de información, los países pobres deberían poder imitar las instituciones y políticas de los países ricos que se han mostrado mejores para crear riqueza.

La realidad es que las cosas no han ocurrido como supuestamente deberían. Primero, no ha habido un gran flujo de capital desde los países ricos a los pobres. El capital ha fluido, esencialmente, de los países ricos a los ricos. La inversión extranjera directa en China, por ejemplo, fue equivalente a la que reciben los Países Bajos, inferior a la que reciben Francia o UK, y 1.7 veces inferior a la que se dirigió a EEUU, y eso que China es uno de los países no-desarrollados que más inversión reciben. Los países ricos recibieron entre 2000 y 2007 unos 800 dólares por persona, mientras China recibía 45, Africa 20, o India 6. Las ¾ partes de la inversión extranjera de ese periodo recayó en las naciones ricas. Hay países pobres en los que, incluso, el capital fluye desde ellos hacia los países ricos, porque sus ricos locales temen por su dinero e invierten en el extranjero (“Paradoja de Lucas”).

La transferencia de tecnología tampoco se ha producido tal como se predijo. Según las nuevas fórmulas de intercambio impuestas por los oligopolios y los estados ricos a los acuerdos internacionales de comercio, la tecnología es “excluyente”. Esto es, se puede exigir a las personas que paguen por utilizar la tecnología, protegidas por derechos de “propiedad intelectual”. De este modo, por ejemplo, Disney Productions tiene derechos de “copyright” contra la piratería de sus DVD, mientras algunas de sus películas más exitosas se basan en historias creadas en los mismos países a los que se denuncia por “piratería”. Pero Las mil y una noches nunca tuvieron derechos de propiedad, mientras que Disney Productions sí.

 

La desigualdad entre las personas del mundo y la ruptura del internacionalismo obrero

La desigualdad de renta entre personas se debe en un 60% a las grandes diferencias de renta que tienen los países donde pueden nacer, en un 20% a la clase social de la familia donde nace, y en un 20% a factores como el género, la raza, la edad, la suerte y el esfuerzo (M, p. 141). Esto permite inferir que la importancia del esfuerzo individual es relativamente baja, del orden del 4% (M, p. 140-141). Por ello, un individuo medio sólo puede esperar  mejorar probablemente su condición económica si la renta per cápita de su propio país crece a ritmos apreciables, o si puede trasladarse desde un país pobre a un país más rico.

En la época en la que Marx escribió El Capital, los trabajadores vivían cerca del nivel de subsistencia, mientras que los empresarios acumulaban fortunas cada vez mayores. Todos los países occidentales, no sólo UK, aumentaron su desigualdad interna durante el siglo XVIII y la mitad del XIX. Una creciente desigualdad interna unida a una desigualdad entre países acotada a una relación 3:1 entre la renta per cápita de los países más ricos y más pobres, implican que en aquella época las diferencias internas en cada nación, esto es, las diferencias de clase, tenían mucha más importancia para explicar la desigualdad global que las diferencias entre países. La agudización de esta diferencia entre clases que observó Marx en su época le indujo a predecir que los trabajadores se convertirían en una clase revolucionaria que acabaría con el capitalismo.

Sin embargo, a partir del año de publicación de El Capital (1867), la paga real de los trabajadores comenzó un ascenso continuo que, con pequeñas fluctuaciones, continuó hasta nuestros días. Además, entre finales del XIX y la primera mitad del siglo XX, empezó a divergir exponencialmente la renta per cápita del mundo rico respecto al resto del mundo. A partir de 1900, el mundo dejó de estar dividido entre proletarios similarmente pobres de todo el planeta, y capitalistas, igual de ricos en todo el globo. La distancia entre los trabajadores occidentales y los trabajadores del llamado “tercer mundo” empezó a crecer, y en paralelo, la solidaridad entre todos los proletarios del mundo, que habían presupuesto Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, empezó a desvanecerse. Ya hacia finales de la vida de Engels (1895) surge el concepto de “aristocracia de los trabajadores” , que el propio Engels utilizó a veces, para referirse a los obreros de los países capitalistas desarrollados.  Poco antes de la Revolución Rusa, Trotsky comentaba despectivamente que el Partido Socialdemócrata alemán no dirigiría la revolución proletaria mundial porque no quería arruinar los jardines impecablemente diseñados de Alemania.

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Con el paso de las décadas, cada vez fue más difícil encontrar puntos comunes de interés entre los obreros relativamente ricos de Occidente y los que trabajaban como esclavos en los países colonizados por la burguesía de los países ricos, sobre todo porque esta burguesía compartía parte del botín con la clase obrera de sus respectivos países. Por este motivo, Mao Tse Tung pudo afirmar que el tercer Mundo era el nuevo proletariado, y que las clases a las que había que derribar eran  las de los países ricos, incluyendo implícitamente en ese grupo a los trabajadores del primer mundo. El concepto de una hermandad universal proletaria había quedado descartado. Y, podríamos añadir, Lenin pudo afirmar también que el Imperialismo de los países capitalistas desarrollados sobre el resto era la fase superior del capitalismo.

Subyaciendo a este proceso ideológico está, según Milanovic, (i) el enorme crecimiento de la desigualdad entre países, y (ii) la composición de esta desigualdad, que cambió desde estar relacionada esencialmente con la clase a estar relacionada principalmente con el país de nacimiento (que hoy explica el 80% del coeficiente de Gini global). Hoy en día posee mucha mayor importancia el haber tenido la buena suerte de nacer en un país rico que el hecho de pertenecer a la clase alta, media o baja de ese país rico.

Las distribuciones de renta dentro de los diferentes países

Dentro de los países occidentales de final del Antiguo Régimen, y en el siglo XIX, la diferencia de renta anual de una persona perteneciente al 0.1% de los más ricos y la renta media debió de estar cerca de una relación 200 a 1, al menos si nos atenemos a lo que Milanovic deduce de su análisis de la novela Orgullo y Prejuicio, de Jaune Austen, escenificada en la Inglaterra de 1810-1815. El análisis de Anna Karenina, de Tolstoi, que transcurre alrededor de 1875, le permite concluir que en esa época en Rusia, la relación era de unos 150 a 1.

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Escena de la película Anna Karenina, de Joe Wright

Una desigualdad similar se entrevé en la Venecia de 1750 que Giacomo Casanova describe en sus memorias. Un regalo de Casanova a la madre de la joven a la que acababa de seducir, bastaba para mantener a ambas durante un año. Los regalos de las personas acomodadas actuales a sus amantes suelen ser diez o veinte veces más modestos.  Esas diferencias tan altas de desigualdad interna debieron ser similares o crecer durante el siglo XIX, llegaron al máximo en 1928, y disminuyeron durante el resto del siglo XX, hasta finales de los años 70, y desde entonces han empezado a subir de nuevo. Aun así, Milanovic deduce que, en 2004, la relación entre las rentas del 0.1% rico y las de la media en Inglaterra era de alrededor de 34 a 1, y no de 200 a 1 como entonces.

Como corolario curioso de las dos novelas que analiza, Milanovic deduce que, en sociedades más igualitarias, como las actuales, cuando se toman decisiones sobre el matrimonio, lo más habitual es que el amor triunfe por encima del dinero que tiene el pretendiente; mientras que, en sociedades muy desiguales, como las citadas, el amor se suele dejar para fuera del matromonio.

Una visión más fina de la distribución mundial de rentas la proporciona el comparar las distribuciones de renta de países particulares del mundo. Milanovic propone utilizar gráficos como el de la figura siguiente, que compara el percentil de la distribución mundial de la renta en la que están colocados todos los grupos de riqueza de un país (20 grupos en este caso, desde el 5% más pobre al 5% más rico) con esa misma distribución pero correspondiente a otros país diferente. La figura compara las distribuciones de renta de EEUU, Brasil, China e India.

Se observa que el grupo del 5% más pobre de ciudadanos norteamericanos tiene una renta anual mayor que el 67% de los ciudadanos del mundo; y que el 5% de los indios más ricos acumula una renta anual inferior al 5% de los norteamericanos más pobres. Sin duda, muchos ciudadanos indios ricos, individualmente tienen rentas mucho mayores que cualquiera del grupo inferior de pobres americanos, pero su número es muy pequeño, de ahí que no se basten para sumar una renta superior a la renta agregada del 5% de norteamericanos más pobres.

También se observa que hay grandes diferencias entre ser del grupo de pobres de un país desarrollado como EEUU y serlo de un país como Brasil, China o India; mientras que la diferencia entre los más ricos de esos países no es tan grande.

Milanovic hace la misma comparación para Alemania, España, Argentina, México y Costa de Marfil. El resultado es que el 5% de alemanes más pobres acumula más renta anual que el 15% de españoles, 75% de argentinos, 80% de mejicanos, y que prácticamente el 100% de los ciudadanos de Costa de Marfil. El grupo más pobre de españoles se sitúa en el percentil 54 del mundo, mientras que el de alemanes pobres alcanza el percentil 78. Sin embargo, la diferencia de rentas entre sus ricos es casi nula. La distribución de rentas de Argentina es sólo ligeramente superior a la de México, y casi con la misma forma.

Tales gráficas nos permiten concluir que una renta media en EEUU es cercana al percentil 90 mundial, esto es, supera a la que tienen casi el 90% de la población mundial; o que una renta media en España supera a la que tienen el 83% de la población mundial. Aunque esto es una conjetura mía, es posible que, de una manera sólo aproximada, estos hechos sean intuidos por los ciudadanos de los países desarrollados; y que ello tienda a volverlos políticamente conservadores, en el sentido de que prefieren evitar los cambios políticos radicales, incluso los que buscarían una mayor igualdad interna, si tales cambios pueden afectar a la prosperidad relativa que disfrutan como ciudadanos de un país desarrollado.

Desde finales de los años 70, en EEUU el 1 por ciento más rico de la población duplicó su participación en la renta nacional desde el 8% entonces hasta el 16% a principios del siglo XXI. Este repunte de la desigualdad interna durante los últimos 30 años ha sido típica también de los demás países desarrollados. La figura siguiente muestra la participación de los salarios en la renta total de España, Francia e Italia desde 1960 a 2018.

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Como comenta Milanovic, la creciente concentración de riqueza en el pequeño número de ricos no podía utilizarse exclusivamente en un aumento del consumo. Hay un número limitado de comida y bebida ostentosa y vehículos de lujo que un individuo puede consumir. En el Antiguo Régimen (antes de la Revolución Francesa), por ejemplo en Florencia, una parte de la clase alta se dedicó a invertir sus enormes excedentes en arquitectura suntuosa y obras de arte, para ganar prestigio social (Piketty). A principios del siglo XXI, los grandes propietarios de capital decidieron invertirlo en lo que los asesores financieros de los grandes bancos les aconsejaron. Sobrecargados por el exceso de fondos, estos intermediarios financieros se volvieron cada vez más temerarios, limitándose al final a dar dinero a cualquiera dispuesto a tomarlo.

No hay ninguna receta económica demostrada que permita deducir un valor tope de capital por encima del cual los recursos a invertir están superando las oportunidades de inversión seguras y rentables. Esto se debe a que nadie conoce a priori cuántas oportunidades buenas de inversión existen y dónde se encuentran. De manera que los intermediarios financieros siguieron colocando dinero mientras los inversores les siguieron pagando por sus servicios.

Por otra parte, los salarios reales de la clase media y baja se mantenían estancados, lo cual indujo a los gobiernos a facilitar créditos amplios y accesibles para todos, en colaboración con los bancos. Toda esta burbuja se desinfló cuando la clase media empezó a incumplir el pago de sus deudas e hipotecas, que alimentó una reacción en cadena de desconfianza de los acreedores. Según Milanovic, una parte fundamental de la explicación de la crisis del 2008 y 2009 reside en ese aumento de la desigualdad de los últimos 30 años, con acumulación de una parte importante del crecimiento de la renta en las manos de una élite muy reducida.

 

¿En qué lugar de la distribución global de la renta se encuentra usted?

Para calcular nuestra posición en la distribución global de rentas, hace falta la siguiente información: (i) cuantos miembros conviven en su hogar; (ii) calcular los ingresos anuales totales de la unidad familiar; (iii) imputar el beneficio neto de la propiedad de la vivienda menos los cargos pagados por alquiler o hipoteca.

Los miembros del hogar familiar son las personas que generalmente comen y duermen en la casa de usted. Incluye a parientes que residen un tiempo prolongado pero excluye a asistentes domésticos o inquilinos. Excluye también a los hijos que viven fuera de casa, aunque usted pague la mayoría de sus gastos.

La renta familiar suma los salarios y pensiones de todos los miembros de la unidad familiar, las rentas de todos los activos que posean dichos miembros (propiedades que produzcan alguna renta, intereses de cuentas bancarias, beneficios de actividades empresariales, dividendos de acciones o bonos…). Luego, deberá restar los impuestos que pagan todos los miembros de la unidad familiar. Si uno recibe un salario con nómina, en el que se ha retenido directamente las contribuciones obligatorias a la Seguridad Social, el cálculo es más sencillo, pues el salario que se lleva a casa ya excluye los impuestos directos.

Si uno es propietario de su vivienda habitual, al resultado anterior hay que sumar  el coste anual de alquiler que tendría su vivienda, pues se trata de un coste que no está pagando debido a que es propietario de su vivienda. Si dicha vivienda tiene aún una hipoteca, restaremos al resultado el coste anual de dicha hipoteca. El resultado deberá dividirse por el número de miembros del hogar familiar.

La renta así calculada deberá ajustarse ahora al nivel de precios del país en el que viva, con respecto al nivel de precios de la ciudad de Nueva York. Si no tiene disponibles estadísticas detalladas del nivel de precios de su ciudad o de su país, Milanovic propone los siguientes ajustes cualitativos:

Si vive en Europa Occidental, Nueva Zelanda o Australia, reducir la renta calculada entre un 10 y un 20%, por los precios más altos de esos países respecto a Nueva York. Si vive en países meridionales europeos, más baratos, deberá aumentarla entre un 10 y un 20%. Si vive en Europa del este (incluyendo Rusia) o Latinoamérica, multiplíquela por un factor 2. Si vive en China, Indonesia o África, multiplíquela por 2.5. Si vive en la India, multiplíquela por 3. Si vive en Egipto, Bolivia o Etiopía, multiplíquela por 4.

Escriba el resultado final obtenido para su situación. Si su renta es superior a 1.225 dólares PPA, usted pertenece a la mitad superior de la distribución global de renta. Para estar en el 40% superior, su renta debe ser mayor de 1.770 $PPA por cabeza. Para estar dentro del 30% más alto, debe ganar 2.720 $PPA. Para estar en el 20% más alto, debe ingresar más de 5.000 $PPA al año.  Para estar en el 10% más rico, debe ingresar más de 12.000 $PPA. Para estar en el 5% superior, 18.500 $PPA. Para estar en el 1% superior, más de 34.000 $PPA por año.

Las personas del 1% superior son unos 60 millones y viven, 29 millones de ellas, en EEUU; hay también 4 millones de alemanes, 3 millones de franceses, de italianos y de británicos (9 millones en total), dos millones de canadienses, de coreanos, de japoneses y de brasileños (8 millones en total), y alrededor de un millón de suizos, de españoles, de australianos, de holandeses, de taiwaneses, de chilenos y de singapurenses (7 millones en total). El resto, unos 3 millones, están repartidos entre muchos otros países.

Pertenecer al 0,1% más rico (unas 6-7 millones de personas) es mucho más exigente, pues requiere ingresar más de 70.000 $PPA anuales.

 

La desigualdad interna entre regiones y la inestabilidad de los países

La relación entre la renta per cápita del estado más rico y más pobre de Alemania, es de 1.4 a 1 (Berlin frente a Turingia, en la antigua Alemania Oriental). En EEUU, es de 1.5 a 1. En Francia, es de 1.6 a 1 (Ile de France, cerca de París, frente a Nord-Pas-de-Calais). En España, es de 1.7 a 1 (Madrid frente a Extremadura). En Italia, de 3 a 1 (Valle de Aosta, fronterizo con Suiza frente a Calabria, en el sudeste). Sin embargo, en la antigua Unión Soviética, en el año de la ruptura, 1991, la brecha entre la república más rica (Rusia) y la más pobre (Tayikistán) era de 6 a 1. Esta diferencia era probablemente de 4 a 1 en 1958, luego las diferencias fueron creciendo con los años. Las tres repúblicas bálticas tenían también rentas per cápita muy superiores a la media de la Unión Soviética. Todas las demás repúblicas (once) eran más pobres que la media.

Así, justo antes de su ruptura, la Unión Soviética incluía repúblicas con niveles de renta ran diferentes como los de Corea del Sur y Costa de Marfil. Las repúblicas más ricas estuvieron pagando transferencias a las más pobres, que no parecieron disminuir las distancias entre las rentas per cápita medias de las repúblicas. Según Milanovic, cuando Boris Yeltsin llegó al poder lo que se manifestó fue que éste se hizo portavoz de las repúblicas ricas que se habían cansado de hacer contribuciones subsidiarias para las pobres. Rusia, junto con los países bálticos, fueron las repúblicas que más decididamente decidieron marcharse, y las repúblicas pobres no tuvieron más remedio que aceptarlo.

Tayikistán aldeanos

Familia de una aldea de Tayikistán

El caso de Yogoslavia es todavía más llamativo porque las diferencias entre regiones eran de 8 a 1, siendo un país mucho más pequeño que la Unión Soviética: en la parte más rica Eslovenia, al noroeste, con una renta similar a la de España; en el extremo opuesto, Kosovo, al sudeste, con una renta similar a Honduras. Esas diferencias se habían duplicado a lo largo de 40 años, desde 1952 a 1991.

Milanovic concluye que buena parte de la causa del derrumbamiento de las federaciones comunistas de la posguerra derivan de la incapacidad de las autoridades para reducir las grandes diferencias regionales de renta, a pesar del éxito de sus políticas para contener la desigualdad interpersonal. En efecto, el índice Gini de los países del Este estaba entre veintimuchos y treinta y pocos, por lo que se puede concluir que el “socialismo real” era 6-7 puntos Gini más igualitario que el capitalismo.

Una pregunta que inquieta a Milanovic es si podrá China sostener su unidad territorial futura frente a las diferencias de renta que se observan entre sus regiones. En 1990, al inicio de las grandes reformas industriales, la relación entre la renta per cápita de la región más rica (el Este costero) y la más pobre de China (Guizhou, si no contamos a Tibet) era de 7 a 1; en 2006, había aumentado hasta 10 a 1, mayor aún qu la existente al final de la Unión Soviética.

El índice Gini

El coeficiente Gini compara la renta de cada individuo con las rentas de cada una de las demás personas individualmente, y la suma de esas diferencias bilaterales se dividen entre el número de personas que forman parte del cálculo y la renta promedio del grupo. El resultado final varía entre cero (todos los individuos reciben la misma renta y no hay, por tanto, ninguna desigualdad) y 1 (toda la renta de una comunidad es percibida por un solo individuo, y la desigualdad es máxima). El último caso es imposible, porque todos los individuos menos uno morirían de inanición; el primero no se da en la práctica, porque siempre hay diferencias entre salarios en cualquier país.

En los países más igualitarios, como los países nórdicos, la República Checa y Eslovaquia, este coeficiente está entre 0.25 y 0.30. En los menos igualitarios, como Brasil y Sudáfrica, es de 0.6. El Gini de EEUU supera los 40 puntos porcentuales (0.40), tras haber subido desde finales de los 70 de su valor de 35 de entonces. Rusia, todavía acosada por sus oligarcas, que se repartieron las principales empresas públicas de la Unión Soviética, también tiene un Gini de 40 puntos., al igual que China. La desigualdad en todos estos países ha aumentado en las últimas décadas. Latinoamérica está en contados casos por debajo de 50, al igual que Africa.

Cualitativamente, la desigualdad regional está encabezada por Latinoamérica, seguida de cerca por África, luego Asia (sobre todo Malasia y Filipinas), y por último los países ricos y los post-comunistas, con la excepción de EEUU y Rusia, que tienen una desigualdad relativamente alta.

Christian Morrison, historiador económico francés, estimó que en 1820 la desigualdad global era de 50 puntos Gini; luego aumentó hasta 61 puntos en 1910, a 64 en 1950,y a 66 en 1992.

El coeficiente de Gini global se ha mantenido aproximadamente constante desde los años 80. Las fuerzas tendentes a aumentar la desigualdad han sido las progresivas diferencias de renta dentro de las naciones más importantes y también de las pequeñas, que han aumentado. Una segunda fuerza que tendió a aumentar la desigualdad fue la divergencia entre las rentas medias nacionales de los países ricos con respecto a los pobres,  que han crecido más lentamente que los primeros. Sin embargo, una tercera fuerza ha actuado en sentido contrario a las dos primeras: el rápido crecimiento de China e India, que crecieron desde una gran pobreza inicial, a tasas mayores que los países ricos. Desde la década de los ochenta, esta tercera fuerza ha equilibrado aproximadamente a las dos primeras.

La división de la renta global en cinco tramos del 20% de la renta es mostrada en la figura siguiente. La anchura de cada rectángulo (y por tanto, su área) es proporcional al número de personas del mundo que ocupan ese tramo de renta.

Desigualdad de rentas globales en 5 tramos del 20% de la renta

Pirámide global de rentas. Porcentajes de habitantes del mundo necesarios para generar los sucesivos 20 por cientos de la renta global (basado en Milanovic, Cap. 3).

 

El índice Gini puede usarse también para cuantificar el grado de explotación al que la élite está sometiendo al resto de la población de un país. Para ello, Milanovic propone calcular primero el coeficiente Gini máximo que es compatible con la renta per cápita media del país.

En efecto, si un país tiene una renta media muy baja, el indicador Gini no puede ser muy alto, por más pequeña que sea la élite, pues en el 99,99% de los casos (todas las personas con sueldos ínfimos), las comparaciones por parejas entre estos individuos darán cero. A medida que aumenta la renta media, se relaja esta restricción y el máximo Gini alcanzable puede ser mayor.

Por ejemplo, si la renta media de un país es el doble que la de subsistencia, el máximo Gini es de 50. Si es tres veces la de subsistencia, el máximo Gini es de 66. Si la renta media es 100 veces mayor que la de subsistencia, como es el caso en los países ricos actuales, el máximo  Gini posible es de 99.

Ahora bien, si un país tiene un Gini cercano a su máximo posible, eso puede interpretarse como que su élite es altamente explotadora, capaz, por la fuerza o por la ideología, de apropiarse de casi todo el excedente sobre el mínimo de subsistencia. Si el Gini real está lejos de su frontera máxima, la élite es moderada, o se le impide de alguna manera que extraiga mayores excedentes. Milanovic estudió 30 economías preindustriales que iban entre el primer Imperio Romano y la India de 1947, y observó que la tasa media de extracción era aproximadamente del 75%, casi el doble de alta que la de EEUU en el año 2012, donde el coeficiente Gini es de 40 y la frontera Gini casi de 100.

La figura siguiente resume los resultados obtenidos para gran parte de esas 30 sociedades.

historic-inequality-Milanovic

Hay seis sociedades con una tasa de extracción cercana al 100%: la Moghul (India) de 1750; Nueva España (México) en 1790; Magreb en 1880; Kenia en 1914 y 1927; e India en 1947. Son seis de las nueve colonias estudiadas. Estas sociedades coloniales parecen haber llevado “el arte de la explotación” a su extremo y, concluye Milanovic, todas las sociedades que mostraban tasas de explotación muy altas eran colonias, independientemente de si eran colonias dominadas por españoles, mogoles, británicos o franceses.

 

La desigualdad en un contexto de crisis democrática, climática, energética y ecológica

La alta desigualdad es un problema económico, pues las sociedades igualitarias como las nórdicas funcionan mejor que las poco igualitarias; y es un problema político, pues tiende a disminuir el consenso social, y amenaza con degradar irreversiblemente a la democracia, al permitir que los estados sean cooptados por los grandes propietarios.

Por otra parte, las próximas décadas, y especialmente el periodo entre 2030 y 2050, van a ser probablemente testigo de la concurrencia de varias crisis globales superpuestas que pondrán sobre la mesa la urgencia de pasar a un sistema económico realmente sostenible. En nuestra opinión (García-Olivares y Solé, 2014) tal sistema no será propiamente capitalista, aunque pueda conservar algunas instituciones como el mercado para ciertas actividades. Otros autores consideran que una economía sostenible sí puede ser compatible con un capitalismo estacionario y bajo control estatal. En cualquier caso, un sistema realmente sostenible es poco consistente con altas tasas de desigualdad.

Thomas Piketty (2014) ha propuesto dos medidas que podrían reducir eficazmente la alta tasa de desigualdad que sufren muchos países actualmente, dentro del actual contexto capitalista.

-Imponer por ley un impuesto del 0% a los patrimonios netos inferiores al millón de euros, del 1% a los patrimonios entre 1 y 5 millones y del 2% a los patrimonios superiores. Es una forma de reducir la deuda pública alternativa a la austeridad, que sería especialmente eficaz en países ricos en capital acumulado, como Europa o EEUU. En estos países desarrollados, los estados son pobres, pues han sido empobrecidos por el neoliberalismo dominante desde los 80, pero el capital privado acumulado es muy grande y se debería recurrir a él para resolver los graves problemas que nos aguardan.

-Imponer por ley un impuesto muy progresivo sobre las rentas anuales en la línea del ya implementado en EEUU y Reino Unido tras la II Guerra Mundial): un impuesto que llegue al 75-80% para rentas mayores de un millón de euros.

Otras medidas legales podrían complementar a éstas en la misma dirección igualitarista:

-Establecer por ley que toda empresa con más de 250 empleados deberá ceder un 10% de sus participaciones a los trabajadores (propuesta de 2019 del partido laborista británico). Probablemente, esto se puede hacer de forma proporcional al tiempo que el trabajador lleve trabajando en la empresa.

-Crear un cuerpo especializado de inspectores de hacienda especializado en perseguir defraudación de las grandes empresas.

-Establecer por ley que cualquier empresa que defraude a hacienda más que una cierta cantidad, o que tenga sedes, filiales o empresas intermediarias en paraísos fiscales tendrá prohibido el acceso al mercado español durante diez años.

-Implementar una renta básica universal financiada con impuestos muy progresivos sobre la renta, el consumo ostentoso y las emisiones de CO2.

-Promover leyes que estimulen y faciliten las empresas cooperativas y de economía solidaria.

-Crear agencias de alquiler públicas en todas las ciudades, orientadas a personas con bajo nivel adquisitivo. Obligar por ley a los bancos con viviendas vacías a cooperar con las autoridades municipales en este sistema público de alquiler.

-Crear un banco público que financie inversiones de interés social.

-Favorecer la construcción de centrales solares y eólicas de propiedad cooperativa o municipal.

 

Referencias

-García-Olivares, A. and Solé, J. (2014). End of growth and the structural instability of capitalism- From capitalism to a symbiotic economy. Futures 68, p. 31-43.. Special Issue on Futures of Capitalism. http://dx.doi.org/10.1016/j.futures.2014.09.004

-Milanovic, Branko (2016). Los que Tienen y los que No Tienen, Madrid, Alianza editorial.

-Piketty, T. (2014). Capital in the Twenty-First Century, Cambridge, MA: Belknap Press.