El amor y las emociones en la psicología transaccional de Steiner

Este artículo resume el libro de Claude Steiner (2010), en que éste discute el papel fundamental que juega el amor y las emociones en la interacción humana libre y cooperativa, la enorme capacidad terapéutica que tiene la expresión libre y amorosa de las emociones, empezando por la eliminación del Padre Crítico interior que todos llevamos dentro, y el papel fundamental del amor en una futura sociedad basada en la cooperación, la libertad y la autonomía humanas. Con ese análisis, Steiner completa de forma magnífica los principios terapéuticos del Análisis Transaccional, que resumimos en un artículo previo.

Steiner (2010) recoge la división funcional triádica que hace Paul MacLean del cerebro: cerebro reptiliano, sistema límbico y neocortex. El cerebro reptiliano, el primero que aparecería evolutivamente, soporta las funciones fisiológicas básicas: circulación, respiración, digestión, eliminación, apareamiento. También participaría en la defensa, la agresión, y las emociones de ira y miedo. En el ser humano se encuentra justo sobre la médula espinal. 

Steiner (2010) está de acuerdo con Lewis y otros investigadores en que “la protección de los jóvenes —normalmante por medio de un territorio asegurado por un macho poderoso— es el propósito del cerebro límbico. Esa protección requirió un vínculo afectivo (el amor en sentido amplio), basado en un hambre de contacto y reconocimiento mutuo. Estos contactos deseados son llamados «caricias» en el análisis transaccional y son los que mantienen el vínculo entre parejas, madre e hijos y en menor medida, entre el padre y los hijos. Ese deseo de contactos generó agrupaciones sociales unidas, que aumentaron grandemente la supervivencia de los jóvenes. Las emociones de amor, tristeza, celos, y esperanza tienen aparentemente su origen en el cerebro límbico de las llamadas especies «superiores» tales como gatos, perros, caballos, simios y otros mamíferos.

El cerebro límbico envuelve al cerebro reptiliano, y está envuelto a su vez por el neocortex. El neocórtex se ocupa de las funciones superiores de imitación: hablar, escribir, planificar, razonamiento simbólico y conceptualización. Según Steiner (2010), la evolución rápida de un cada vez mayor neocórtex y por lo tanto un cerebro más grande “excedió el tamaño del canal de parto de la madre y requirió que el humano naciera antes de alcanzar el pleno desarrollo del sistema nervioso. Esto a su vez exigió que se protegiera al recién nacido mientras el cerebro y sus funciones se desarrollaban a su mayor tamaño. La protección del entorno social generado por el cerebro límbico hizo esto posible”. El neocortex hizo posible el lenguaje y la evolución cultural, el juego de prueba y error con los conceptos, para seleccionar aquellos más útiles a las necesidades sociales.

La actitud y el concepto del amor tienen su origen en los cerebros límbico y neocortex, y parecen haberse mantenido presentes en la evolución humana, probablemente por su importancia para la convivencia y supervivencia de una especie tan social como la humana.

La excitación emocional procedente de los cerebros reptiliano y límbico dominan a veces al pensamiento de un modo exagerado y anti-social. La modulación de las emociones es la tarea más difícil del neocórtex, y es un objetivo primordial de la educación emocional, lo que Berne llamó el control a través del Adulto.

Vimos en el artículo anterior que la presencia interior del estado del yo llamado Padre Crítico es una fuente permanente de problemas psicológicos. El mensaje básico del Padre Crítico es:

NO ESTÁS BIEN
⦁ Eres malo (pecaminoso, vago, malvado, etc.).
⦁ Eres tonto (retrasado, incapaz de pensar ordenadamente, confuso, etc.).
⦁ Estás loco (mentalmente, emocionalmente, fuera de control, irracional, etc.).
⦁ Eres feo (feo de cara, tienes mal tipo, eres viejo, etc.).
⦁ Estás enfermo (débil, enfermo, estás contaminado, etc.).
⦁ Estás condenado (sin esperanza, eres autodestructivo, etc.).
POR LO TANTO
⦁ No serás amado y
⦁ Serás excluido de la tribu.

Steiner recoge las anotaciones que hizo en su diario el asesino adolescente Kipland Kinkel antes de sus asesinatos (en 1998), porque constituyen un ejemplo dramático de esto (los comentarios entre paréntesis sobre el Padre Crítico son de Steiner):

“Malditas sean estas voces que oigo en mi cabeza. Quiero morirme, quiero desaparecer […] soy ridículo. La gente se reiría de mí si leyera esto. Odio que se rían de mí […] Os odio a todos. Porque todo lo que toco se convierte en mierda (condenado) […] Si tuviera un corazón, sería gris […] Mi frío y negro corazón no ha sentido y nunca sentirá verdadero amor (condenado) […] ¿Por qué no soy normal? (enfermo, raro) Ayudadme. Nadie lo hará. Os mataré a todos, hijos de puta”.

¿De dónde proviene este Padre Crítico que ensombrece nuestros sentimientos de amor? La tesis de Steiner es que el Padre Crítico es producto de un proceso evolutivo que emana del instinto territorial y de dominación de nuestro cerebro reptiliano. Estos instintos reptilianos habrían persistido en nuestras diferentes fases evolutivas tanto de mamíferos como de homínidos, y habrían desembocado en el patriarcado, un sistema de dominio del hombre sobre la mujer, del poderoso sobre el débil, y de los individuos maduros sobre los niños, los ancianos y los discapacitados.

El Padre Crítico refuerza este sistema de dominación que es el patriarcado, y amenaza a quienes cuestionen este sistema con la exclusión de la tribu, la muerte y la pérdida del amor de aquellos que nos protegen. El amor es un objetivo específico del control patriarcal porque desafía y pone en peligro su dominación. En lugar de una cooperación afectiva y una negociación, de un amor directo y empático, el Padre Crítico insiste en mantener juegos de poder, mentiras y secretos.

Los sistemas políticos más democráticos permiten, según Steiner, que los grupos más conscientes puedan horadar esta institucionalización de la territorialidad, la agresión, la dominación, la explotación y la anulación psicológica (el “descuento”). El libro que estamos resumiendo es un conjunto de recursos orientados a facilitar esta democratización de las actitudes psico-sociales. Podríamos considerar su programa como cercano al “humanismo socialista” que promovió Erich Fromm.

En esa línea, al final de la década de los 60, unos cuantos disidentes de la guerra del Vietnam y el propio Steiner, todos profesionales relacionados con la salud mental, crearon el Centro RAP (Aproximación Radical a la Psiquiatría) en la Berkeley Free Clinic. Trataba de formular una alternativa a las prácticas abusivas de la psiquiatría que se practicaba entonces. 

Como parte del programa del Centro RAP, organizaron grupos terapéuticos en los que se enseñaba a los participantes los principios del análisis transaccional tal como se aplica a las relaciones de cooperación. El grupo de contacto más popular que resultó de esta iniciativa fue el llamado «la Ciudad de las Caricias».

«La Ciudad de las Caricias» se reunía en el Centro RAP tres tardes por semana. Durante dos horas, una veintena de personas se reunían en un oasis emocional en el que podían «mandar a paseo la economía de caricias» (esto es, la escasez socialmente fomentada de caricias), intercambiando y procurándose caricias en un medio seguro y protegido. El líder del grupo examinaba cada transacción. Su trabajo consistía en asegurarse de que las caricias fueran positivas y no estuvieran ensombrecidas por ningún tipo de crítica, explícita o encubierta. En caso necesario, el líder ayudaba a los participantes a corregir sus transacciones para tener la certeza de que las caricias deseadas eran recibidas y aceptadas. Este seguimiento transaccional y proactivo fue una mejora importante sobre lo que estaba en boga en ese momento: talleres en los cuales se expresaba una sensiblería de amistad dudosa y poco cuidada. La mejora consistía en que las caricias que se intercambiaban quedaban despojadas de cualquier aspecto negativo, por sutil que fuera, y en que eran facilitadas, y aceptadas o rechazadas con total libertad.

Steiner observó un notable “efecto secundario” de estas reuniones: los participantes con frecuencia miraban a su alrededor y decían, como en trance, que «amaban a todos los que estaban en la sala». Muchos se iban de las reuniones con una sensación de ligereza, y radiantes de felicidad y amor, experimentando lo que Freud llamaba un sentimiento «oceánico». Según Steiner, este sentimiento casi religioso de calidez y apertura del corazón en el grupo era una manifestación de la llamada “resonancia límbica” emocional.

La resonancia límbica funciona a través de las neuronas espejo (ubicadas en el cerebro límbico) cuya función parece ser la de reflejar el estado emocional de otros. La resonancia límbica genera unanimidad emocional con los demás miembros de un grupo, sea respecto a sentimientos de amor, esperanza, enfado o miedo. Este mecanismo provoca, en algunas situaciones, que alguien generalmente pacífico puede volverse violento, o suspender sus inhibiciones éticas, cuando se encuentra en una multitud. 

“La Ciudad de las Caricias” trataba de suspender por completo la voz crítica interior que nos menosprecia, y que puede presentarse como una voz salvaje y brutal que ha sido llamada “el Padre Cerdo” en el Análisis Transaccional. Cuando se trata de una voz crítica pausada pero persistente e implacable, ha recibido el nombre de Crítico Interior; cuando aparece como una evaluación «racional» constante, el Padre Crítico; cuando se percibe como una presencia silenciosa y deprimente, es llamada “el Enemigo” por Steiner.

A la hora de poner en práctica los ejercicios de apertura del corazón, Steiner animaba a la gente a desafiar a la economía (escasez impuesta) de caricias de la siguiente forma:

⦁ Pidiendo permiso y
⦁ Entregando la caricia que quieren dar,
⦁ Pidiendo y aceptando las caricias que desean,
⦁ Rechazando las caricias que no quieren recibir y
⦁ Dándose caricias a uno mismo.

Los grupos de formación proporcionan la base de seguridad que estos procesos requieren, en la forma de interacciones escrupulosamente despojadas de hostilidad o coerción, mediante acuerdos de cooperación. Un formador capacitado lideraba estos ejercicios, y se aseguraba de que los acuerdos se mantuvieran, transacción por transacción. Además, el formador animaba a los participantes a tomar consciencia de la presencia del Padre Crítico, poniéndolo de manifiesto y desmontándolo de forma prioritaria para que sus mensajes no interfieran en ningún momento.

Esta clase de práctica grupal es el núcleo de la primera de las tres clases de ejercicios que Steiner recomienda para la educación emocional, y que llama Abrir el Corazón. Más adelante exploraremos la segunda: Examinar el Panorama Emocional, y la tercera, Asumir la responsabilidad.

El poder y sus siete fuentes

Según Steiner hay siete fuentes de poder: Equilibrio, Pasión, Amor, Comunicación, Información, Trascendencia y Control. La ideología culturalmente dominante reconoce, sin embargo, solamente el Control. Pero, para Steiner, el total del poder de una persona, o «carisma», depende del desarrollo de estas siete fuentes de poder, cada una de las cuales añade a la persona la capacidad de causar diferentes clases de cambios en el mundo.

El origen de estas ideas está en la antigua teoría del yoga Kundalini y los siete chacras: Tierra, Sexualidad, Poder, Corazón, Garganta, Tercer Ojo y Cosmos.

El equilibrio o arraigo, como se lo llama a veces, es la capacidad de estar firme y cómodo cuando nos hallamos de pie, caminamos, subimos unas escaleras o corremos. Cuando tenemos equilibrio se dice que «sabemos qué terreno pisamos» y que somos capaces de «tener los pies sobre la tierra». Nuestro cuerpo estará firmemente colocado y nuestra mente se mantiene ecuánime. Si sabes qué terreno pisas, no será fácil que te muevan de tu posición, físicamente o en sentido figurado.

El nivel óptimo de desarrollo deseable para cada una de estas fuentes de poder está en el término medio. Respecto al equilibrio o arraigo, un desarrollo deficiente de ese poder provocará que seamos obedientes, tímidos, fáciles de desequilibrar y que estemos llenos de temores. Por otra parte, un desarrollo excesivo, nos hará testarudos, fríos, densos, inamovibles y aburridos, y no seremos capaces de tolerar o afrontar nada que nos haga perder ese equilibrio.

El poder de la pasión es un fuego interior capaz de darnos vigor como ninguna otra cosa. La pasión se revela contra el conformismo y la pasividad, y fuerza la confrontación y el cambio.

La pasión es capaz de unir a los opuestos, y también puede crear o destruir. Sin pasión sexual no habría Romeo ni Julieta, habría muy pocos matrimonios, y tampoco amores no correspondidos. Sin embargo, la pasión no es sólo sexual. Es lo que alimenta también el fervor de los misioneros, las empresas quijotescas, los inventos y las revoluciones.

Una persona poco apasionada será tibia, aburrida y cobarde, mientras que el exceso de pasión puede inducirnos al error, hacernos estar fuera de control y volvernos destructivos.

El Control permite manipular el entorno y a quienes lo habitan, sean objetos, máquinas, animales o personas. En la estructura social en que vivimos, una sorprendente simbiosis entre un programa de poder militar (el Estado) y otro de desarrollo económico mediante acumulación de capital, el control ha sido utilizado con frecuencia para la dominación, la explotación, y el asesinato de seres humanos. Pero Steiner enfatiza que es una fuente de poder esencial cuando se utiliza de forma equilibrada junto con las otras fuentes.

El Control, que puede ser físico o psicológico, también nos da poder sobre nosotros mismos. Es especialmente importante cuando, en forma de autodisciplina, nos permite regular otros poderes, como el amor, la pasión, la información y la comunicación. El Control es fundamental cuando el caos reina a nuestro alrededor y amenaza nuestra supervivencia. La educación emocional consiste, en parte, en controlar emociones; expresarlas o guardárnoslas en beneficio de los implicados.

Si carecemos del poder del Control podemos ser victimizado por nuestro propio torbellino interior y padecer de adicción, depresión, insomnio o pereza. O podemos ser victimizados por el mundo exterior: perder nuestro empleo, la casa, ser maltratados, perseguidos, amenazados, o padecer los efectos de la contaminación. Se nos verá como indisciplinados, incapaces de controlar lo que sentimos, decimos o hacemos, y también incapaces de controlar lo que comemos, nos inyectamos o fumamos. En el otro lado del espectro, Steiner advierte que si nos obsesionamos con el control, podemos vernos poseídos por la necesidad de controlar de forma absoluta cada situación y cada alma viviente.

Si nuestro poder del amor está poco desarrollado, seremos personas carentes de calidez o empatía con los demás, incapaces de cuidar o ser cuidados, incapaces incluso de amarnos a nosotros mismos. Si se encuentra desarrollado de forma excesivamente unilateral, estaremos en peligro constante de entregar el corazón en momentos inoportunos; es el caso, por ejemplo, del típico Rescatador, tendente a hacer sacrificios excesivos (y no solicitados) por los demás, incluso abandonándose a sí mismo.

Pasar de una cultura centrada en el Control a una centrada en el Amor es la tarea fundamental de nuestra era. Para propiciar un cambio semejante será necesario el apoyo de guerreros emocionales especialmente comprometidos que trabajen unidos por todo el mundo. Una sugerencia que recuerda la de las comunidades budistas Mahayana y sus bodisattvas y a los guerreros tántricos del budismo tibetano.

Una actitud amorosa guía al guerrero emocional, según Steiner. Esta actitud debe estar presente en tres ámbitos elementales: el amor hacia uno mismo, el amor a los demás y el amor a la verdad. Estos tres tipos de amor son necesarios para que nuestra vida esté centrada en el corazón. La aplicación del amor a la verdad en las relaciones se traduce en la «entrega radical a la verdad».

El poder de la comunicación es la capacidad de transmitir los propios pensamientos y sentimientos a los demás para que ellos los experimenten por sí mismos. La comunicación es un proceso transaccional: no funcionará sin la escucha atenta del receptor. Están implicadas dos operaciones: enviar y recibir, hablar y escuchar. Ambas son necesarias para transmitir conocimiento, para resolver problemas junto con alguien, para construir relaciones satisfactorias.

Si careces del poder de la comunicación, serás incapaz de aprender o de enseñar mucho. Si ponemos demasiado énfasis en la comunicación te puedes convertir en el típico charlatán compulsivo, un cotilla que presta poca atención a lo que dice o a su efecto en los demás. El defecto de comunicación nos hará enigmáticos, huraños y aislados.

El poder de la información consiste en reducir la incertidumbre y permitir que podamos tomar decisiones efectivas. Cuando poseemos información podemos anticiparnos a los acontecimientos, y precipitarlos o evitarlos.

La información nos llega de cuatro formas diferentes: ciencia, intuición, historia y visión. La ciencia reúne los hechos de forma metódica, mediante la observación empírica de las cosas tomando nota de cómo funcionan. La ciencia es como una cámara que toma fotografías nítidas y bien enfocadas de la realidad. Es una poderosa fuente de certeza.

La intuición capta el flujo de la realidad. Produce conjeturas acerca de cómo son las cosas. La intuición es borrosa, sin la exactitud de la ciencia, pero es una guía poderosa hacia la verdad probable. Por esta razón, la intuición es a menudo vital en los comienzos de importantes descubrimientos científicos.

El conocimiento histórico proviene de la consciencia que tenemos de acontecimientos pasados, sea a través de la experiencia personal o mediante el estudio de la historia. La perspectiva histórica puede ser una poderosa herramienta para prever acontecimientos venideros.

Finalmente, Steiner llama visión a la habilidad de ver lo que está por venir mediante sueños y visiones. Todos tenemos visiones del futuro pero se necesita una gran seguridad en uno mismo para ser un visionario. La visión, cuando sabemos reconocerla, es una fuente de información muy valorada.

La información, al igual que el control, ha sido mal utilizada durante mucho tiempo. Ha estado al servicio del control, para hacer la guerra, para conquistar tierras y para imponer ideas políticas y religiosas. Hoy, en la Era de la Información, el mal uso de la misma se presenta bajo la forma de desinformación, publicidad engañosa, anuncios dañinos sobre política y otras formas modernas de propaganda. Todo esto se usa para manipular a millones de personas —a través de la radio, televisión e Internet— para persuadir a la gente de que vote en un sentido u otro, para que adopte un determinado estilo de vida y para que compre los productos que lo acompañan. Sin embargo, el reciente desarrollo de las llamadas «redes sociales digitales» tiene, según Steiner, el potencial de mitigar en parte esa manipulación centralizada, pues facilita la comunicación directa entre grupos, libera la información de su control exclusivamente central y concede un poder bastante universal para usar la información en beneficio propio en lugar de ser manipulado por ella.

Steiner identifica una Información al servicio del Amor completamente diferente de la Información al servicio del Control. Libremente disponible en Internet, se nutre del esfuerzo desinteresado de millones de personas que quieren compartir sus conocimientos gratuitamente y se puede usar de hecho para empoderar a las personas; para facilitar su vida diaria mediante conocimientos prácticos; para el auto-cuidado a través de conocimientos médicos y psicológicos; para aumentar la sabiduría mediante la educación; y para mejorar las relaciones a través de la educación emocional.

La Trascendencia es el poder de la ecuanimidad, de dejar que los acontecimientos sigan su curso. La Trascendencia es un estado mental conocido en otros ámbitos como Estado de Gracia, Nirvana o La Nada, consistente en la capacidad de desvincularse de lo terreno y material. Como fuente de poder, la Trascendencia es el poder de la calma y la felicidad sin temor, el poder de permitir que los acontecimientos sigan su curso, de no dejarnos dominar por las emociones negativas, las ataduras y las aversiones, de permitir que la risa nos eleve por encima de las nubes.

La Trascendencia nos deja ver claramente en medio de los cambios fundamentales, al darnos cuenta de lo corta que es la vida antes de volver al polvo cósmico, lo efímero de nuestros éxitos y fracasos, de cuán mayores que nosotros es el mundo y el universo. Cualquiera que sea nuestra situación, es posible afrontarla si somos conscientes de que no somos más que un punto diminuto en la inmensidad del tiempo y del espacio. Cuando comprendemos esto, perdemos el miedo al futuro o a la muerte, porque nuestra existencia no puede verse afectada por hechos cotidianos. El poder de la Trascendencia nos da esperanza y fe en que la vida tiene un sentido, aunque no logremos aprehenderlo con nuestra limitada inteligencia.

Si no desarrollas suficientemente tu capacidad para trascender, te verás como el centro de las cosas y te agarrarás desesperadamente a tus creencias y deseos, aversiones y ansias, éxitos y fracasos, a cualquier precio. Errarás en ver el efecto que produces en otros seres humanos y en el entorno, porque todo lo que te importa eres tú. Por otra parte, si la trascendencia se convierte en un método usado en exceso para relacionarnos, nos desvincularemos de temas mundanos y «levitaremos» ajenos a lo que ocurra a nuestro alrededor sin intención ni capacidad de poner los pies en la tierra.

Esto sugiere que una persona que quiera maximizar su poder personal —carisma—, debería cultivar las siete fuentes de forma óptima. Para que esto funcione bien en un grupo, sea una pareja, una familia, un vecindario, un grupo de trabajo o un electorado, es necesario que cada uno de los miembros sea tan poderoso y carismático como sea posible. La gente es más efectiva cuando ejercita sus poderes individuales centrados en el corazón de forma concertada y cooperativa con los demás.

Los juegos de poder

En su búsqueda de poder, la gente intenta controlar toda clase de situaciones mundanas. Cuando tratamos de dominar a otros, usamos una familia de transacciones a las que Steiner llama “juegos de poder”. Los juegos de poder son transacciones diseñadas para llevar a otros a hacer algo que preferirían no hacer, o para evitar que otros hagan lo que quieren hacer.

Tras vivir nuestros primeros años bajo la sumisión rutinaria al poder de otros, adoptamos de forma natural roles opresivos cuando crecemos. La aceptación de los desequilibrios y abusos de poder está inserta en nosotros por la experiencia de una vida de jerarquías y competencia.

El mayor antídoto contra el control de muchos por unos pocos está en que la gente desarrolle poder individual en sus formas multidimensionales (no sólo en el aspecto del control) y en que ellos mismos se dediquen a traspasar poder a cuantos puedan encontrar a lo largo de la vida.

Practicar las transacciones que enaltecen el amor puede resultar difícil en un entorno que aborrece el amor, dominado por el Padre Crítico y fieramente competitivo. Steiner aboga por movilizar a la sociedad para que genere prácticas que alienten la interacción amorosa, estimuladas por un impulso genético y límbico. Steiner identifica cuatro actitudes sociales que son útiles para establecer un entorno que anime al amor:

Cooperación: Evitando los juegos de poder, pedimos el 100% de lo que queremos, y negociamos con generosidad, hasta conseguir una satisfacción mutua.
Igualdad de Poder: Renuncia del poder por los poderosos, y empoderamiento de los carentes de poder.
Honestidad Radical: Evitación de las mentiras, ya sean por acción u omisión.
Gentileza: Respuesta empática a las necesidades de los demás.

Parte II: La Teoría centrada en el corazón

El entrenamiento en educación emocional es una manera efectiva de perseguir el objetivo de reemplazar las caricias negativas de los juegos por las positivas del amor. La segunda parte del libro de Steiner trata del entrenamiento de la intuición, la empatía y la consciencia del panorama emocional.

En particular, con el fin de inspeccionar el Panorama Emocional que nos rodea de una manera sistemática, así como para familiarizarnos y sentirnos cómodos con él, Steiner diseñó dos transacciones específicas, cada una compuesta de un estímulo y una respuesta: 1) La transacción Acción/Sentimiento, y 2) La transacción de Validación.

TRANSACCIÓN ACCIÓN/SENTIMIENTO.

Steiner considera que la declaración «No te puedo hacer sentir», que se puso de moda en los últimos años en ciertas técnicas de coaching, induce al sujeto al analfabetismo emocional, al auto-engaño y a una actitud artificial y fingida en la relación con los otros. En contraste con esa actitud, Steiner propone usar la transacción de acción/sentimiento en la que A dice a B: «Cuando tú (describir una acción), me sentí (nombrar una emoción)» como por ejemplo «Cuando me interrumpiste hace un momento, me sentí enfadado».

La respuesta necesaria y emocionalmente educada a esa declaración acción/sentimiento es un reconocimiento del hecho de que una acción específica de B causó de facto un sentimiento en A, como en el mensaje «Entiendo que te sintieras enfadada cuando te interrumpí».

TRANSACCIÓN DE VALIDACIÓN.

Cuando una sospecha paranoica o una corazonada se nos hace consciente, usamos la transacción de validación en la que A dice a B:

«Tengo la corazonada, o fantasía paranoica, de que (describir la corazonada intuitiva)».

B entonces responde validando la intuición o aportando un grano de verdad que pueda explicarlo, como en el siguiente ejemplo:

Diego: «Me preocupa que ya no me ames».
Silvia: «Bueno, estoy decepcionada contigo —triste y enfadada—, pero te quiero mucho». O quizá:
Silvia: «Lamento decir que tienes razón, he dejado de amarte».

Cualquiera de estos dos diálogos, en última instancia, serían una mejora con respecto a las complicaciones y la ansiedad causadas por la incertidumbre.

Las dos clases de transacción enunciadas constituyen conjuntamente el proceso de Examinar el Panorama Emocional, lo que, añadido a las transacciones de la Primera Parte “Abrir el Corazón” y de la Tercera Parte “Asumir la Responsabilidad”, constituyen los elementos de la Educación Emocional.

Hay cuatro categorías de dificultad creciente en los intercambios transaccionales de Educación Emocional:

1. Obtener el permiso para interactuar (preparando el terreno).
2. Dar y aceptar caricias (abriendo el corazón).
3. Información (acciones, sentimientos, motivos).
     a) Declaraciones de Acción/Sentimiento (asociando sentimientos con acciones).
     b) Temores y sospechas (validando la intuición).
4. Responsabilidad (pedir disculpas y reparar daños emocionales).

Las habilidades básicas de educación emocional se pueden enseñar en un grupo (lo ideal es de dieciséis, pero no mayor de veinticuatro personas) durante un período de dos o tres días. Cada una de esas cuatro etapas se detalla con la ayuda de unas notas repartidas a los asistentes. Esto permite a la gente comprender, a la vez que lo experimenta, el proceso de educación emocional y usarlo y reproducirlo en su familia o en situaciones de trabajo.

Parte III: Desactivando al Padre Crítico

El Análisis Transaccional llama Padre Crítico al sistema de normas, actitudes y conductas alojadas en nuestra mente, que han oprimido a la gente desde tiempos inmemoriales. Steiner afirma que el Padre Crítico se ha cristalizado institucionalmente en la Inquisición, la Sharia, el Nacionalsocialismo, el Comunismo Soviético o Camboyano y una lista interminable de «ismos», e induce a matar, torturar y mutilar a la gente que se aparte de sus deseos. Eliminará a los que disienten, violará a las mujeres que no respondan a una determinada imagen, arrojará ácido en la cara de las que se atrevan a mostrarse sin velo, lapidará a las adúlteras; y toda una serie de atrocidades sin fin. Según Steiner, estos comportamientos salvajes serán atribuidos más a la Bestia Interior que al, en cierta medida, civilizado Padre Crítico con el que estamos familiarizados, pero se originan exactamente en el mismo lugar en la mente, en los mismos circuitos neuronales que nos dicen todos los días, en nuestros colegios, en la iglesia, en los dormitorios, en la cocina y en las calles, que tanto nosotros mismos como los demás somos malos, locos, tontos, enfermos o feos. Por eso debemos privarlo radicalmente del poder que tiene en nuestras vidas.

Todos los ejercicios del programa de entrenamiento de educación emocional que propone Steiner están diseñados para desafiar los mandatos del Padre Crítico contra las caricias positivas, contra la sinceridad acerca de nuestros sentimientos y sobre la vergüenza de asumir nuestra responsabilidad cuando hemos cometido un error. Esta última parte implica que si nuestro propio Padre Crítico se ha activado inadvertidamente en contra de otra persona, admitimos la propia responsabilidad, pedimos disculpas, y reparamos los daños emocionales causados. Esta parte o corolario de los ejercicios formaría el tercer bloque de educación emocional enumerado al principio con el nombre de “asumir la responsabilidad”.

El ejercicio específico orientado a desactivar al Padre Crítico tiene lugar en grupo, pues requiere varios participantes además de un líder de grupo. Silvio, un miembro de uno de los grupos de Steiner, expresó por ejemplo su deseo de trabajar los efectos derivados de que su Padre Crítico lo había minado moralmente durante años; un hecho que no había puesto de manifiesto en los seis meses en que había participado en los grupos. El ejercicio terapéutico que propuso Steiner consta de tres partes: La puesta en escena, el exorcismo y el cierre.

La Puesta en Escena

El terapeuta y sus ayudantes piden a Silvio que recuerde el mayor número posible de mensajes de su Padre Crítico y los escribimos en una pizarra. Al principio sólo puede pensar en uno: «Eres un fraude, la gente acabará dándose cuenta». Profundizamos algo más y se le ocurre una larga lista: «Estúpido»; «Incapaz de pensar con claridad»; «Perdedor»; «Nunca tendrás éxito; nunca serás tan bueno como tu hermano»; «No tienes cerebro y no llegarás a ninguna parte». Cuando hemos apuntado todas estas afirmaciones, Silvio y el terapeuta, con las sugerencias del grupo, las reducen a su esencia. Los mensajes redundantes se borran y el resto es agrupado en categorías hasta llegar a una lista concentrada de unos seis, que esencialmente dicen: «Eres estúpido», «No vales nada» y «Eres un fraude».

Pedimos a Silvio que elija a una persona del grupo para hacer el papel de Padre Crítico Perseguidor. Si esa persona declina la invitación, debe elegirse a otra. El terapeuta no debe bajo ninguna circunstancia ofrecerse a hacer este papel ya que eso podría interferir gravemente con su papel de Adulto como líder del ejercicio. A continuación pedimos a Silvio que escoja a alguien para hacer el papel de Padre Nutricio (o protector). El Padre Crítico se sienta frente a Silvio a una distancia adecuadamente agresiva y el Padre Nutricio se sienta o se pone de pie en silencio detrás del hombro de Silvio. Ponemos la pizarra detrás de Silvio para que la vea el Padre Crítico, el grupo y el terapeuta, que se sienta en un lado, entre Silvio y el Padre Crítico, a la misma distancia de cada uno.

El exorcismo

El terapeuta da instrucciones al Padre Crítico de que lea los mensajes en silencio, cierre los ojos y organice un ataque verbal en el que lance todos los mensajes de la pizarra sin limitarse de ninguna manera. El Padre Crítico puede gritar o susurrar, o hablar con calma; lo importante es que no se contenga.

Al principio Silvio se aturde, como los demás miembros del grupo. Con el apoyo del terapeuta, y en caso necesario, de las respuestas que éste le sugiere, Silvio comienza a contestar a los ataques. Primero sus respuestas son débiles e incoherentes; en otras empieza a llorar o se queda completamente callado. Paulatinamente, con el apoyo del terapeuta y mientras los demás observan en silencio, Silvio comienza a concentrase en su defensa. El Padre Crítico dice: «Eres estúpido, no piensas con claridad» Silvio responde con voz trémula «No, no soy estúpido». El terapeuta le insta a que lo repita de forma más convincente. Así lo hace y añade «Sé que el estúpido eres tú. Cállate la puta boca». El terapeuta le susurra «¡Bien!». El Padre Crítico grita: «Nunca triunfarás Silvio, eres un fraude, un fraude, ¿me oyes?». Silvio se queda callado y el terapeuta le sopla «tú eres el fraude». Silvio lo capta y responde «¡Sí!, tú eres el fraude, ¡haces como que lo sabes todo y no tienes ni idea de nada!».

El Padre Crítico vuelve a la carga: «Nunca triunfarás y lo sabes». Silvio: «Ya he triunfado, tengo una titulación, he criado a dos hijos y me desharé de ti. Ése será mi mayor triunfo». Después de diez o quince minutos así el Padre Crítico empezará a quedarse sin ideas y tácticas, momento en el que el terapeuta puede sugerir nuevos insultos basados en lo que pone en la pizarra: «No tienes lo que hay que tener para deshacerte de mí. No eres tan bueno como tu hermano».

El diálogo continúa así y finalmente el Padre Crítico se quedará literalmente sin fuerzas y no tendrá nada más que decir. No debe tratarse de una actuación ni de una retirada por compasión, sino de una verdadera pérdida de energía. El ejercicio refuerza el concepto de que el Enemigo Interno es una persona real que ha sido introyectada y cuyo único poder es la desinformación agresiva y llena de prejuicios a la que Silvio no sabía cómo enfrentarse. Con el apoyo activo del terapeuta y del grupo, y el apoyo físico y callado del Padre Nutricio, Silvio ha adquirido el aplomo y los argumentos necesarios para derrotar al corpulento Padre Crítico que reside en su interior. Cuando parece que Silvio ha ganado argumentos contra el Padre Crítico, que ahora se ha quedado sin palabras, el terapeuta da por finalizado esta fase del ejercicio.

El cierre

El grupo aplaude y celebra, y se comenta el proceso. Normalmente algunos habrán llorado, otros han pasado un mal rato e incluso algunos están escandalizados por la aparente brutalidad del proceso. El terapeuta da las gracias al voluntario que ha hecho el papel de Padre Crítico y se asegura de que está bien. Silvio agradece el buen trabajo hecho por el Padre Crítico y se les anima a darse un abrazo. Se anima a todo el grupo a que dé caricias a Silvio, a los voluntarios que han hecho de Padre Crítico y de Padre Nutricio y al terapeuta. Se insta a Silvio a que repita al grupo los argumentos más convincentes que le han merecido la victoria y a que los ensaye a diario mientras se arregla antes de ir a trabajar.

Esta clase de terapia grupal practicada por Steiner mantiene que recuperamos nuestros poderes alienados por medio de tres procesos coordinados: contacto, toma de consciencia y acción. En resumen:

Poder en el mundo = Contacto + Consciencia + Acción

El Padre Crítico minaba no sólo la autoestima sino también nuestras relaciones con los demás, con sus constantes interferencias y juicios de valor. El Contacto es en este caso el apoyo del grupo. La Consciencia es la documentación detallada de la influencia opresiva del Padre Crítico, y finalmente la Acción consiste en los pasos que Silvio ha dado para acorralar al Padre Crítico y todos sus prejuicios, mayormente irracionales. 

Entrenamiento en educación emocional

Daniel Goleman en su libro Inteligencia emocional (1996) trajo las emociones al centro de la atención después de un largo olvido. Cuando apareció el libro de Goleman, Steiner había desarrollado su propia perspectiva sobre el tema de las emociones y la educación emocional.

Con las técnicas del análisis transaccional, una persona puede participar con éxito en procesos de comunicación esenciales para poder desarrollar una consciencia elaborada y diferenciada de las emociones. Para Steiner, la consciencia de las emociones es una destreza que se puede educar y que, a medida que crece en capacidad, se mueve desde el embotamiento, la capacidad de percibir sólo sensaciones físicas y las experiencias emocionales pre-verbales, esencialmente caóticas, hacia la diferenciación emocional, la consciencia de las conductas externas que disparan nuestras emociones (causalidad), la empatía, la interactividad, y otras posibles formas superiores de consciencia emocional.

La diferenciación es el proceso de reconocimiento de las diferentes emociones y de sus intensidades. Desde el caos emocional y primario de nuestra complicada experiencia, vamos siendo capaces de extraer emociones componentes como el temor, la ira, el amor, la alegría, la tristeza o la esperanza. Aprendemos a darnos cuenta, por ejemplo, de que a veces sentimos emociones sueltas y otras veces como combinaciones de amor y tristeza, odio y miedo, alegría y tristeza, o ira, miedo y esperanza en complicadas combinaciones de emociones primarias. Además de aprender lo que son las emociones, también reconocemos que aparecen en diferentes intensidades; de la ansiedad al terror, de la tristeza a una profunda depresión, desde una leve felicidad a una intensa alegría, del afecto a un apasionado amor, de la irritación a la furia. Aprendemos a verbalizar estas experiencias de manera que podemos decir por ejemplo: «Me siento muy triste, pero tengo esperanza» o «Te amo profundamente y tengo miedo», o «Estoy furioso». Aprendemos que como mucho hay un puñado de emociones (tristeza, felicidad, enfado, amor, temor, culpa, vergüenza, esperanza o desesperanza) y nos damos cuenta de que mucho de lo que va bajo la firma «emoción» en realidad no lo es (como por ejemplo en las expresiones: confuso, humillado, descontado, no amado, y otras que no especifican una emoción).

Descubrimos cómo las acciones de la gente se combinan con nuestra tendencia a reaccionar emocionalmente. Finalmente somos capaces de investigar y comprender por qué sentimos lo que sentimos. Aprendemos a expresar este conocimiento con frases como «Estoy furioso por la forma en que me interrumpes» o «Te quiero porque eres un amigo leal, pero tengo miedo de confiar en ti porque me has mentido en repetidas ocasiones» o «Estoy triste por mi ruptura con Javier, pero tengo la esperanza de que mi próxima relación será buena».

A medida que aprendemos a diferenciar nuestras emociones, la intensidad con la que las sentimos, y las razones para ellas, nuestra consciencia pasa a ser estructurada y sutil, y empezamos a percibir así como a intuir esas texturas y sutilezas similares en las emociones de quienes nos rodean. En este nivel de educación emocional llegamos a saber intuitivamente los sentimientos de otras personas. Nuestras intuiciones emocionales pueden no ser fiables al 100%, pero en un entorno cooperativo donde pueda asumirse la veracidad interpersonal podemos verificar nuestras intuiciones, chequeándolas con la ayuda de los otros. Por ejemplo:

Juan: «Tengo la sensación de que ya no te gusto».
Juana: «En realidad todavía me gustas porque eres un buen amigo, pero tengo miedo de confiar en ti porque me has mentido en repetidas ocasiones».

La intuición de Juan (que él ya no le gusta a Juana) fue parcialmente correcta. Este proceso de verificación mejora enormemente nuestras competencias acerca de la empatía; hablando con Juana sobre su intuición, Juan está aprendiendo a afinar sus percepciones intuitivas. De este modo podemos aprender a ser conscientes de los sentimientos de otras personas, cómo son de intensos y por qué se producen, de una manera tan clara como lo seamos de nuestros propios sentimientos.

Recibimos de otras personas señales emocionales en dos niveles: Uno, leemos las señales emocionales procedentes de los músculos faciales y tonos de voz. Dos, recibimos información emocional mediante un canal emocional intuitivo por medio del sistema de neuronas espejo (Las bases neuronales y psico-sociales de la consciencia auto-reflexiva), que informa a nuestra consciencia automáticamente. Cuando se empatiza, no comprendemos ni pensamos en las emociones de otras personas, sino que sentimos las emociones ajenas directamente, como si fueran las nuestras.

Las emociones se fusionan, se desvanecen, crecen y encogen en la presencia de otras emociones y a lo largo del tiempo. En consecuencia, la consciencia de cómo las emociones interactúan unas con otras en las personas y entre las personas ofrece un nivel adicional de sofisticación emocional. Steiner lo llama Interactividad. Cuando somos interactiva y emocionalmente conscientes, somos conscientes no sólo de nuestras emociones y de las de otros, sino del clima emocional de grupos de personas y de cómo este clima afecta a los individuos en el grupo así como a nosotros mismos.

Finalmente, Steiner incluye una categoría adicional de consciencia emocional, de nombre aún desconocido , para incluir la posibilidad de que seamos capaces de desarrollar niveles de consciencia que hasta ahora en general no son explícitamente reconocidos. Podría ser, por ejemplo, una sensibilidad inconsciente al estado de las situaciones, de los ambientes naturales, o de los otros seres vivos. Esta categoría fue añadida para indicar que no sabemos qué más puede ser posible en el desarrollo de la consciencia emocional.

El analfabetismo emocional se manifiesta en dos extremos emocionales; demasiados sentimientos, fuera de control o insuficientes sentimientos, o quizá ningún tipo de sentimiento. Ambos, embotamiento emocional e incapacidad para controlar las emociones caóticas, pueden perjudicar seriamente el potencial de una persona. Cuando una persona está emocionalmente embotada no puede tomar decisiones que requieran de motivación emocional. Por otro parte, una persona emocionalmente caótica será continuamente interrumpida por erupciones incontrolables de ira, tristeza, desesperanza, temor o culpa, o incluso de amor, alegría y esperanza y está en peligro de tomar decisiones irracionales e impulsivas.

La educación emocional requiere de la consciencia emocional, pero va más allá de ésta y requiere la gestión competente de nuestras emociones. Los principios básicos serían los siguientes:

I. Establecimiento de un contrato de cooperación: La comunicación honesta de sentimientos requiere una atmósfera de confianza y aceptación desprovista de juegos de poder. Sin un entorno cooperativo, de resonancia límbica, no se puede enseñar ni aprender educación emocional de manera eficiente.

II. Hay cuatro categorías de intercambios transaccionales que implican un nivel cada vez más alto de educación emocional:

1- Permiso (preparación del terreno)
     ⦁ Pedir permiso para proceder en una transacción con carga emocional.
     ⦁ Estar de acuerdo en proceder a una transacción con carga emocional.

2- Caricias (apertura del corazón)
     ⦁ Dar a otros o a nosotros mismos caricias positivas.
     ⦁ Pedir caricias.
     ⦁ Aceptar caricias que queremos o rechazar caricias no deseadas (aprender lo que queremos y lo que no queremos).

3- Información (acciones, sentimientos, motivos)
     ⦁ Transacciones Acción/Sentimiento
          ⦁ Relatar a otra persona, sin juicios ni acusaciones, los sentimientos que sus acciones han provocado en nosotros.
          ⦁ Aceptación, sin actitud defensiva y sin sentimientos de vergüenza, culpabilidad o enfado, que nuestras acciones han provocado ciertos sentimientos en otra persona.
     ⦁ Temores y sospechas:
          ⦁ Decir a otra persona, sin acusaciones ni juicios, los temores y sospechas (intuiciones, fantasías paranoicas) que sus acciones han generado en nosotros.
          ⦁ Dar validez a estos temores y sospechas sin actitud defensiva y buscar el «grano de verdad» que podría ser fuente legítima de dichas sospechas.

4- Responsabilidad (hacer enmiendas)     
     ⦁ Reconocer que hemos actuado de una manera que requiere disculparse y pedir perdón.
     ⦁ Aceptar o rechazar la disculpa, perdonar o no perdonar, o requerir un cambio de comportamiento.

Una sociedad en la que esta clase de transacciones fueran normalmente realizadas con absoluta naturalidad sería infinitamente más humana y acogedora que la pocilga de agresión, jerarquía, y dominación en la que nos revolcamos actualmente. Realizaría de alguna manera el ideal de psicólogos humanistas como Karen Horney, Fritz Perls, Carl Gustav Jung, Wilhelm Reich, Erich Fromm, Eric Berne o Abraham Maslow, y de pedagogos defensores de la autonomía, como Francisco Ferrer Guardia, Célestin Freinet, Paulo Freire, Alexander S. Neill o Iván Illich.

La salud de Claude Steiner disminuyó visiblemente durante sus últimos 10 años, debido a un cáncer de próstata y a la enfermedad de Parkinson, unido a la medicación que tomaba para tratarlos. Debido a su carácter estoico, pocas personas sabían lo enfermo que estaba, y siguió realizando talleres periódicos, aunque un poco más breves y menos exigentes físicamente que en años anteriores. En el último año de su vida, habló de querer morir con dignidad, y gracias a la ley estatal de California, fue capaz de hacerlo con medicación oral líquida autoadministrada, médicamente prescrita. Murió como vivió: con autoconciencia, honestidad, valentía y sin mentiras. Después de haber bebido sin temor el medicamento «Ayuda en la muerte», seguido de un trago de tequila, y en el abrazo de su familia, sus últimas palabras, pronunciadas mientras miraba el agua del lago frente a su casa, fueron: «El amor es la respuesta.»

Referencias

-Claude M. Steiner, El Corazón del Asunto: Amor, Información, y Análisis Transaccional. Editorial Jeder, Sevilla, 2010.

-Daniel Goleman, Emotional Intelligence: Why It Can Matter More Than IQ. Bantam Books, 1996. 

Un comentario sobre “El amor y las emociones en la psicología transaccional de Steiner

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