La Gran Cadena del Ser

La Gran Cadena del Ser, una idea de origen platónico, es una de las que más han afectado al imaginario social de las sociedades europeas medieval, renacentista y moderna, pudiéndose notar su influencia también en plena edad contemporánea, en la teoría evolucionista por ejemplo. Es imprescindible pues conocerla para entender los orígenes de la cosmovisión occidental y su manera de entender el mundo.

El libro de Arthur Lovejoy, La Gran Cadena del Ser. Historia de una idea, es un análisis magnífico de la formación, evolución e influencia histórica de esta idea.

Resuminos y comentamos el contenido de este libro en el siguiente link:

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Modelos Complejos en Ciencias Naturales y Sociales

Este post es continuación de la entrada La evolución de la complejidad, donde discutimos algunas de las aplicaciones que se hicieron del paradigma de los sistemas auto-organizativos en distintas ciencias. En este artículo, publicado hace unos años, generalizamos el concepto de proceso autoorganizativo del siguiente modo: es un proceso que tiene lugar (i) dentro de un sistema abierto constituído por muchas partes o agentes constituyentes que interaccionan; (ii) tales constituyentes intercambian flujos de energía, materiales y señales; (iii) tales intercambios son locales, pero a veces, por azar, y siempre que los intercambios tengan una intensidad suficiente, se sincronizan de tal modo que generan correlaciones entre subsistemas muy lejanos («organización», aumento de orden estructural); (iv) tales correlaciones producen propiedades macroscópicas observables («estructuras» nuevas o «emergencias» nuevas), (v) algunas de las cuales facilitan probabilísticamente el mantenimiento del conjunto de intercambios que ha sido capaz de producir la estructura recienaparecida («auto-organización», «automantenimiento», «autocatálisis», «autocircumscripción»).

Discutimos algunas herramientas matemáticas útiles para modelar los procesos de auto-organización y auto-mantenimiento que se suelen dar en los sistemas complejos. Algunas de esas herramientas son la ecuación master y la ecuación de Fokker-Planck. El artículo puede descargarse en el siguiente link:

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Resumen del libro “Deconstruyendo a Darwin- Los enigmas de la evolución a la luz de la nueva genética”, de Javier Sampedro

La evolución de las especies

Sampedro comenta que, además de la selección natural, hay otros mecanismos que producen evolución en las especies y pone el ejemplo de la endosimbiosis seriada de Lynn Margulis. Pero la teoría original de Margulis ha sido ligeramente modificada por Gupta, un genetista que ha demostrado que la mitad de los genes eucariotas proceden de una antigua arquea (o Thermoplasma), como dice Margulis, pero la otra mitad, en lugar de venir de una espiroqueta viene de una bacteria gram-negativa, a la que se añadieron luego las mitocondrias y eventualmente los cloroplastos.

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El código genético

Luego comienza a desarrollar el tema del código genético.Recordemos que, enrollada en forma de cromosomas, dentro del núcleo de todas las células eucariotas (células complejas que constituyen a todos los seres pluricelulares) hay una larguísima molécula orgánica en forma de doble hélice llamada ADN (ácido desoxi-ribonucleico). Esta doble cinta helicoidal plegada debe ser separada en sus dos hebras dentro del núcleo, tal como muestra la figura que sigue.

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Todo comienza cuando una proteína llamada «factor de transcripción» reconoce un motivo estructural que le es afín dentro de la hebra doble de ADN y se une a ese motivo. Es el comienzo de una activación (o una represión) de la transcripción en una zona concreta del ADN. Esta zona donde se ensambla el o los complejos de transcripción se llama «promotor», y se localiza en el extremo 5′-terminal del gen (5′ presenta un grupo fosfato unido al carbono quinto del anillo de azúcar del nucleótido de ADN), antes del comienzo del gen. A ese factor de transcripción se unen sucesivamente distintas proteínas constituyendo un «complejo de preiniciación». Cuando a ese complejo se une la helicasa, las dos cadenas de ADN empiezan a separarse en ese sitio, pues ésta proteína rompe los puentes de hidrógeno que unen las bases nitrogenadas utilizando energía del ATP celular. Se abre entonces un hueco ó «caja TATA» donde puede entrar una molécula de ARN polimerasa, formándose entonces la «burbuja de transcripción» o «complejo abierto». La ARN polimerasa sintetiza una cadena de ARN-mensajero (ARNm) hecho con nucleo-bases o «letras», y que se corresponde, letra por letra, con las letras (o nucleo-bases) contenidas en el gen de ADN.

El código de dicha correspondencia se muestra en la figura siguiente.

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Así, las moléculas o «letras» C, G, A, T de la sección de cadena de ADN (gen) que está siendo «leída» o «transcrita», son convertidas en C, G, A, U, respectivamente, en la cadena de ARNm resultante. Todo el proceso se describe en mayor detalle en la Wikipedia (Transcripción genética).

El ARNm así formado atraviesa la membrana nuclear y, ya en el citoplasma celular, cataliza la formación de un polipéptido, o proteína construída a base de aminoácidos. Cada secuencia de tres letras de nucleótidos de ARNm corresponde a un aminoácido en específico o a un codón de terminación. El código de esta traducción final a aminoácidos se muestra en la siguiente figura.

Código Genético

Fig. Combinaciones de tres bases que codifican la construcción de los veinte aminoácidos codificados genéticamente: alanina, arginina, asparagina, aspartato, cisteína, fenilalanina, glicina, glutamato, glutamina, histidina, isoleucina, leucina, lisina, metionina, prolina, serina, tirosina, treonina, triptófano y valina.

Sampedro analiza el misterio de la existencia de intrones, o secuencias de letras que no valen para nada en el genoma, y el laborioso splicing que tienen que hacer todas las células eucariotas para eliminar tal información inútil de la copia (ARNm) para luego poder construir una proteína funcional.

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Fig. Eliminación de intrones en el procesamiento del pre-mRNA para obtener el RNA mensajero final, sin intrones. La región 5′ UTR  («5′ untranslated region» es una región del RNA que está justo antes de la secuencia de iniciación, normalmente «AUG». La región 3′ UTR es la región que sigue a la secuencia de «final de traducción»,  normalmente «UAG», «UAA» o «UGA».

 

Las bases genéticas de la evolución

Algunos han sugerido que los intrones dan a la célula “evolucionabilidad”. Los exones (segmentos entre intrones) pueden codificar según Sampedro “unidades funcionales” dentro de la proteína, por lo que el barajarlos y volverlos a ensamblar es un ensayo interesante para la evolución, pues no es lo mismo mezclar entre sí genes al azar (cuyo resultado es casi seguro un desastre) que bloques que tienen funciones (cuyo resultado puede ser una emergencia inútil o imposible, pero también una función nueva). Y esa “barajabilidad” es la que facilitan los intrones, haciendo a las células que los tienen más flexibles o adaptables rápidamente a los nuevos entornos, lo cual viene muy bien en principio tras las grandes catástrofes geológicas,   y la Tierra ha tenido bastantes, tres de las más grandes las glaciaciones que tuvieron lugar en el Precámbrico, dos de las cuales pudieron haber convertido a la Tierra en una “bola de hielo”, justo antes de la explosión cámbrica que generó las principales estructuras pluricelulares de las que evolucionaron los reinos de seres vivos que hoy conocemos (protistas, hongos, animales y plantas).

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Fig. Algunos de los taxones cámbricos reconstruidos a partir de los fósiles de Burgess-Shale, en Canadá. El número 15 corresponde a Pikaia, el posible antecesor de todos los cordados, esto es, nuestro más lejano abuelo. Imagen tomada de http://evolucionbiologica-apuntes.blogspot.com.es/2015/02/es-la-explosion-cambrica-un-fraude.html

Lo que no casa del todo en esta explicación es que el agregado molecular que hace el splicing, el spliceosoma, es muy complejo (unas 100 proteínas y seis moléculas de ARN), y muy parecido en todos los eucariotas, y por ello debió de inventarse antes de la ramificación cámbrica, esto es, hace unos 750 millones de años o algo así. Pero ningún procariota conocido de los que pudieron haberse ensamblado en la endosimbiosis que formó la primera eucariota tiene nada parecido a un spliceosoma.

Lo que sí tienen las bacterias son moléculas de ARN que catalizan la escisión de los intrones, que ellas también tienen. Estos ARN podrían haber pasado a la molécula posterior del spliceosoma. Habría que suponer que el resto de la gran proteína del spliceosoma no sirve para gran cosa.

Un problema aún mayor es el siguiente. El proceso de lectura del ADN en el núcleo por los ARN-mensajeros y la traducción de este código mensajero a una proteína en el citoplasma requiere varias máquinas multiproteicas exquisitamente acopladas en todos los eucariotas: una para iniciar la transcripción de ADN a ARN, otra para elongar la creciente molécula de ARN, otra para finalizar la elongación; en paralelo, otras sellan el extremo inicial del ARN, realizan el splicing, y añaden una etiqueta (AAAA…) de muchas adenosinas en el extremo final, para estabilizar al ARNm. Otras exportan el ARNm, liberado de intrones y acicalado en sus extremos, fuera del núcleo, allí otra (el ribosoma) lo traduce en aminoácidos alineados, y éstos se pliegan unos sobre otros bajo fuerzas de atracción y repulsión, adoptando la proteína su forma funcional, que le permite ensamblarse con moléculas específicas y catalizar reacciones químicas concretas en el citoplasma. El plegamiento obedece a: (i) las fuerzas electrostáticas entre las partes ionizadas de los aminoácidos (el pH intracelular ioniza ciertas cadenas laterales de los aminoácidos); (ii) a enlaces de hidrógeno entre cadenas laterales hidroxilo o amino; (iii) a interacciones de van der Waals; y (iv) a las partes hidrofóbicas de los aminoácidos, que buscan el interior de la proteína.

Sin embargo, estas máquinas multiproteicas que fabrican las proteinas funcionales mantienen contactos muy intensos unas con las otras, no actúan independientemente. Y el problema es que la máquina del splicing (el spliceosoma) está en el mismísimo centro de esa compleja red de relaciones entre todas las máquinas. No parece provenir de una modesta chapuza añadida secundariamente, ni de un accidente. Así que su aparición no puede provenir de una secuencia gradual (darwinista o de selección gradual). Debió ser inventado de una vez sin formas transitorias obvias.

Hay otro misterio interesante en esa endosimbiosis original entre archea y bacteria. Y es que hay 2136 genes fundamentales en las células eucariotas, que debieron proceder de los que poseía aquella primera simbiosis. Pero de ellos, 1789 proceden de una bacteria o una arquea, pero hay 347 que no tienen equivalente en ninguna bacteria ni arquea conocida y que, por tanto,  podría proceder de una tercera célula, que se ha venido en llamar un “cronocito”.

Lo curioso es que los genes que aportó la bacteria se encargan esencialmente del metabolismo, los que aportó la archea se encargan esencialmente del procesamiento y manipulación de la información genética, y estos 347 genes adicionales se encargan muy específicamente de la endocitosis (fagocitación) (91), la transducción, o comunicación de mensajes exteriores desde la membrana hacia el núcleo (108), y del sistema de puertas que comunican al núcleo con el citoplasma (47), y hay 101 genes restantes cuya función aún se desconoce. Pero estas tres funciones son la “marca de fábrica” de las eucariotas: ninguna procariota los tiene. Hay algo fundamental que se nos escapa, dice Sampedro. Lo más fácil es pensar que hubo una tercera célula, el cronocito, que aportó la “eucariotez”. Aunque no se ha descubierto ninguna célula moderna que pueda descender de ese supuesto cronocito, hay especies de bacterias, como Pirellula (por cierto, de las más arcaicas), que no tiene paredes celulares típicas de bacterias, que se reproduce por gemación (como muchas eucariotas) y que maneja grasas (ácido palmítico, oleico y palmitoleico) típicos de los eucariotas. Y para colmo, guarda su ADN en una estructura parecida a un núcleo, por lo que pudo necesitar genes para la comunicación entre el núcleo y el resto del citoplasma.

Luego Sampedro muestra que en las células las proteínas celulares que forman parte de una máquina multiproteica son prácticamente todas. Los 1400 genes analizados de la levadura de la cerveza (una tercera parte de su genoma) están constituyendo 232 máquinas celulares, la más pequeña tiene dos proteínas y la mayor 83, y algunas forman parte de varias máquinas. La mayoría de tales máquinas existen también en nuestra especie, y en las demás. Las máquinas se han conservado, pero sólo la mitad de las proteínas son exactamente las mismas en nuestra especie que en la levadura. La evolución parece haber jugado con las componentes respetando la estructura funcional. Ello puede obedecer en parte a que una proteína está implicada  en tantas interacciones con otras que no le suele quedar sitio en su superficie para añadir nuevas relaciones, pero siempre es posible sustituir un componente (proteína) por otro.

Las graduales sustituciones de letras en el ADN que han hecho las delicias de los darwinistas ortodoxos parecen ahora menos relevantes que nunca para generar novedades evolutivas, dado que los cambios en una proteína suelen ser compensados con cambios en las proteínas con las que interacciona de manera que se mantengan las funciones básicas de la máquina. Lo esencial de la explosión cámbrica fueron pues esas 232 máquinas que la endosimbiosis de (tres?) células aportó a la futura organización eucariota, y no los pequeños cambios de letras posteriores.

El equilibrio puntuado

Luego Sampedro describe la teoría del equilibrio puntuado de Gould y le da la razón, pues eso es lo que se observa en el registro fósil: las especies duran varios millones de años y están casi todo ese tiempo sin que la selección natural provoque cambios significativos, pero se modifican al principio de su aparición en tiempos del orden de unas decenas de miles de años. Por tanto, el tiempo eficaz a disposición de la selección natural en el que supuestamente ha modificado a una población aislada genéticamente y creado una especie nueva, sería únicamente esos momentos de rápida divergencia observados en el registro fósil. Pero tales momentos suman en total entre 40 y 400 millones de años en lugar de los 3000 millones de años o más que tiene la vida sobre el planeta; y suman sólo unos 600 mil años si contamos desde el Cámbrico hasta la aparición del Homo Sapiens. Gould consideró que hacía falta un mecanismo más rápido que la especiación alopátrica del neodarwinismo para explicar tales saltos y propuso que podía haber “reorganizaciones rápidas del genoma”, pero se le echó encima todo el establishment neodarwinista y se retractó oficialmente (aunque no íntimamente), en parte para que sus disensiones no dieran argumentos a los creacionistas. Para Gould, la clave macroevolutiva es considerar a las especies como unidades de selección de nivel superior, que tienden a amortiguar los cambios graduales de los genomas individuales, salvo cuando hay una reestructuración general de tales genomas, inducida probablemente por grandes cambios ambientales.

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Fig. La evolución observada de las especies a lo largo del tiempo se parece más al esquema de la derecha que al de la izquierda. Imagen tomada de https://laevolucionsencilla.wordpress.com/2013/02/23/capitulo-1-bis-profundizamos-en-la-evolucion-especiacion-como-resultado-de-la-evolucion/

 

El misterio del origen de los genes Hox

Luego Sampedro analiza los animales precursores de la explosión cámbrica, que se observan en estratos hasta 13 millones antes de la misma, consistentes en surcos de animales que reptaban, y de fósiles de tubos y conos.

Los primeros animales, conocidos como fauna de Ediacara, debieron ser las esponjas, anémonas, hidras y medusas. Y luego aparece en unas pocas decenas de millones de años la simetría bilateral de los gusanos planos, y todas las formas de la explosión cámbrica (artrópodos, cordados, etc).

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Fig. Recreación de algunos taxones de la fauna de Ediacara. Hay un par de formas identificadas que podrían haber tenido ya entonces simetría bilateral. La imagen es de  https://geofrik.com/2014/01/23/fauna-de-ediacara/

Luego explica Sampedro el descubrimiento de los genes Hox y sus espectaculares consecuencias, que en sus inicios se produjo en el grupo de García Bellido, del Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC) de Madrid.

Parece ser que hay unos 8 a 10 genes Hox que asignan a cada parte del cuerpo, de la boca al ano, una secuencia de desarrollo embrionario, mediante el control de un árbol de genes “ejecutores” que especializan cada segmento. Son comunes a todos los animales, de modo que si una mosca pierde su gen Hox “Deformed”, que especializa una parte de su cabeza, se le puede proporcionar el gen Hox correspondiente humano, y entonces es capaz de generar esa parte de su cabeza (de mosca, no de humano). Los genes Hox trabajan con las máquinas genéticas subordinadas especializadas en formas básicas que tienen a su disposición en el metabolismo, así que cuando están en un metabolismo de mosca, fabrican las partes de una mosca, pero cuando esos mismos genes se meten en un metabolismo de ratón, fabrican un ratón. Tal organización, al ser común a todos los animales, debió de estar en aquel antecesor común de todos los animales de la explosión cámbrica, un ser desconocido al que se ha llamado Urbilateria.

Complejo homeótico de Drosophila melanogaster

Fig. Complejo homeótico de la mosca del vinagre, Drosophila Melanogaster. Tomado de http://ramanujan25449.blogspot.com.es/2013/06/escultores-de-la-forma-corporal.html

 

Los animales somos en gran medida metaméricos: compuestos de metámeros, o estructuras que se repiten a lo largo del cuerpo: vértebras, costillas, músculos, nervios, y tales metámeros son fabricados por unos pocos centenares de genes específicos, con variaciones entre cada especie cuando el metámero es un poco especial (no se construye igual el ojo de un mamífero que el ojo compuesto de un insecto, aunque el comienzo es común, y por tanto hay bastantes genes comunes en ambas construcciones). Los genes Hox actúan sobre tales máquinas genéticas metaméricas.

El plan corporal de los vertebrados

Fig. Morfogénesis de un vertebrado. Imagen tomada de http://ramanujan25449.blogspot.com.es/2013/06/escultores-de-la-forma-corporal.html

Urbilateria también debió inventar las tres capas germinales de todos los embriones actuales (ectodermo, mesodermo, endodermo), la simetría bilateral, un cuerpo dividido al menos en cabeza, tronco y abdomen, una cuerda nerviosa central, un sistema digestivo que atraviesa el cuerpo de boca a ano, y las máquinas genéticas para especificar estructuras como las extremidades, los ojos, y los órganos internos. Debía ser ya pluricelular, evolucionado desde un antiguo diploblasto (con ectodermo y endodermo) los cuales no tenían aún simetría bilateral como Urbilateria, y todo en unos pocos millones de años antes de la explosión cámbrica. El gran salto debió ser entre los animales diploblásticos de simetría radial o sin simetría, y el primer animal bilateral, Urbilateria.

Origen según Simon Conway Morris

Figura tomada de la presentación «Y después de Darwin, ¿qué?», de José Aceituno (2010). https://es.slideshare.net/universidadpopularc3c/evolucion-ygenetica

¿De donde sacó Urbilateria los genes Hox que especializan su cuerpo bilateral por segmentos? De un diplobástico como la Hidra: La hidra tiene tres genes Hox. Uno fue probablemente el antecesor de “labial”, el primero de la fila (que define el segmento donde aparece la boca). Otro puede ser el antecesor de “proboscipedia” (el segundo de la fila) y otro el de “Abdominal-B”, el noveno o penúltimo. ¿Sus funciones? Al cortarle la cabeza a la Hidra, labial se activa muy rápidamente en las células cercanas al corte, luego se activa proboscipedia, y cuando el animal ya tiene cabeza, se activa Abdominal-B. Pero si se le corta el pie al animal, es también labial quien se activa cerca del corte, y los otros dos genes no hacen nada destacable.

Hox de la Hidra

Figura tomada de José Aceituno (2010).

El origen de los Hox se puede imaginar si tenemos en cuenta que son muy parecidos molecularmente unos a otros, hasta el punto de que se puede inferir que hubo un gen Hox original del que derivan Labial y Proboscipedia. Del precursor de labial se bifurcaron después Labial y el precursor de Abdominal-B. De éste, salió Abdominal-B y el precursor de Zen, y así sucesivamente, se puede rastrear por proximidad genética hasta el décimo gen Hox.

En los 600 millones de años posteriores, el Hox-4 del hombre por ejemplo ha acumulado mutaciones, pero sigue haciendo la misma función en cualquier animal, hasta en una mosca, y viceversa, el de una mosca funciona perfectamente en un cuerpo humano, pero un gen Hox-4 no hace lo mismo que el Hox-3.

Los genes realizadores tienen una parte codificadora, que fabrica la proteína o enzima metabólica, y  una parte reguladora, a la que se pegan, por ejemplo, las proteínas que vienen de genes Hox para activarlo o desactivarlo. La evolución pues parece haber respetado, no sólo a los genes Hox en lo esencial, sino también a buena parte de las zonas reguladoras de los cientos de genes realizadores controlados por ellos. Cuando un dinosaurio empezó a transformar sus patas delanteras en alas, debieron de alterarse las zonas codificadoras de los genes realizadores que construyen los apéndices, pero probablemente no se alteraron apenas las zonas reguladoras de esos mismos genes.

Por otra parte, una mutación de un gen hox, como Antennapedia, puede crear una estructura corporal diferente a la habitual en algunos sitios, como la aparición de patas en el lugar habitual de las antenas de una mosca (figura siguiente). Esta mutación parece que permite al gen Antennnapedia expresarse no sólo en el segundo segmento del animal, sino también en el primero, donde va la cabeza.

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Figura. Mutación Antennapedia de Drosophila melanogaster

Sobre el origen de los genes Hox en Urbilateria, probablemente tuvieron lugar cuatro o cinco  duplicaciones sucesivas de un gen Hox original de una Hidra primitiva que empezaron a actuar todos ellos sobre los mismos genes realizadores, que empiezan a obedecer, tras cada duplicación, a un nuevo gen Hox controlador además de a los previos. Aún hoy en día, los genes realizadores sobre los que actúan los diez genes Hox en un animal dado son casi los mismos. Es la activación de los realizadores en diferentes grados y en diferentes tiempos lo que genera una estructura u otra a partir de ese mismo conjunto de genes realizadores. Pero, si los diez genes Hox han surgido por copia simple duplicada de uno inicial, ¿por qué el cuerpo no es una ristra de estructuras repetitivas de boca a ano? ¿cómo se generaron los animales tan diversos de la explosión cámbrica? Incluso todavía hoy, los diez genes Hox son muy parecidos unos a otros. Las principales diferencias fucionales que hoy se observan entre los genes Hox es su mayor o menor afinidad por los (mismos) genes realizadores. Eso también se demostró en el laboratorio de Bellido en Madrid. Los genes Hox están alineados en la cinta genética en el mismo orden en que están los segmentos del cuerpo sobre los que actúan. Pues bien, la proteína reguladora producida por el gen Hox más posterior (que especializa al segmento más posterior del cuerpo) tiene siempre mayor afinidad por los genes realizadores que la que tiene el gen Hox inmediatamente anterior, si ambos actuaran al mismo tiempo en la misma zona corporal. O sea que el gen Hox “zen” (posición 3) cuando se bifurcó primitivamente, dio lugar a los genes Hox de las posiciones 4 y 5, que tienen una afinidad creciente, y así sucesivamente, hacia atrás. Una modificación de una sola letra del ADN podría dar lugar a una variación de la afinidad (facilidad del anclaje de la proteína en la parte controladora del gen realizador). El que las mutaciones que aumentaron la afinidad fueran las que han sobrevivido tiene un sabor a “selección de tipo Darwiniano”.

¿Cómo pueden esos genes repetidos, con afinidades crecientes por sus realizadores, generar algo distinto a una aburrida lombriz cilíndrica? No todo lo que vino con la explosión Cámbrica eran aburridas lombrices segmentadas. Es difícil saberlo, pero un mecanismo podría ser el siguiente: supongamos que hubiera una proteína (“BG”) en el metabolismo de las células que compitiera con las proteínas reguladoras de los genes Hox por sus mismos sitios reguladores en todos los cientos de genes realizadores (el razonamiento es análogo si hubiera varias proteínas BG). La proteína BG bloquearía el receptor o parte reguladora del gen, evitando así que las verdaderas proteínas Hox pudieran anclarse, con lo que el gen realizador permanecería inactivo. En esa situación, cuanto más anterior es el gen Hox que está actuando en una zona del cuerpo, más genes realizadores permanecen inactivos, pues están siendo inactivados por la proteína BG. Y una distinta distribución de genes realizadores activos en distintas partes del cuerpo implica la aparición de estructuras diferentes, aunque los genes Hox sean casi los mismos, los genes realizadores sean los mismos y lo único que varíe sea la afinidad de la proteína reguladora producida por cada gen Hox.

Esa proteína competidora de las de los genes Hox se ha observado, en Drosophila se llama “extradenticles”, y se parece mucho a ésta en otros animales. Hay distintas maneras de activar ordenadamente los genes Hox de un animal a lo largo de su cuerpo. Drosophila lo hace creando un gradiente de concentración en una proteína reguladora llamada hunchback.

Luego Sampedro estudia las varias estructuras oculares de los animales como ejemplos de productos de genes realizadores. Al parecer todos los genes realizadores de un ojo en cualquier animal tienen una parte compartida, lo cual podría ser coherente con el modelo que emplean los embriólogos evolutivos para explicar el origen del ojo: se construye inicialmente una capa de células fotosensibles, y se la conecta por detrás con terminaciones nerviosas. Luego esa capa se curva para mejorar la información sobre la dirección de donde vienen las luces intensas y las ausencias de luz, la curvatura crece para aumentar el campo de direcciones, hasta hacerse cóncava; la apertura de la concavidad, protegida por células epiteliales, aumenta de densidad creando rudimento de imágenes por el efecto lente; finalmente, la lente delantera se especializa.

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Fases en la evolución del ojo. (a) Sitio pigmentado. (b) Simple cúmulo de pigmentos.
(c) Una cavidad óptica, como la de los haliótidos. (d) Ojo complejo con lente, como en las caracolas y los pulpos. Tomado de https://es.wikipedia.org/wiki/Complejidad_irreducible

 

Pero la evidencia genética es más compleja que eso. De nuevo, no sólo parece haber selección gradual darwiniana como el modelo anterior sugiere: hay un gen (“eyeless”) con una homeobox, como los genes Hox, que controla toda la secuencia de construcción de un ojo completo controlando a centenares de genes realizadores. Cuando se activa en un lugar corporal extraño, genera un ojo parcialmente funcional en ese lugar.  El gen eyeless humano o del ratón es capaz de generar ojos en una mosca (ojos de mosca, no de humano ni de ratón), lo cual sugiere que su función se ha mantenido constante desde tiempos de Urbilateria, al igual que sus redes realizadoras asociadas. Se ha comprobado experimentalmente cómo eyeless comienza activando la conversión de células de piel en células de retina, luego activa al gen hedgehog, cuya proteína sale de la célula y activa a las células vecinas para que se conviertan en neuronas también y que activen nuevos genes hedgehog en ellas. El proceso crece como una onda desde una célula inicial superficial, hacia dentro y hacia los lados, hasta que se ha formado una retina completa conectada con nervios. Y este primer proceso ocurre igual en todos los animales, tanto los que construirán ojos humanos como los que construirán ojos compuestos. Los cristalinos, omatidios y otros dispositivos ya son invenciones evolutivas posteriores que se han desarrollado independientemente pero a partir de una misma estructura inicial, constante durante 600 millones de años. La misma estructura básica genética inicial se observa en la construcción de una pata de insecto y de una pata de un mamífero, basados en “genes de polaridad segmental” y otras estructuras genéticas comunes. Sólo los detalles finales divergen. Pero en esos detalles, por ejemplo, la diferenciación de los dedos de una mano, se usan también estructuras comunes, como los propios genes Hox, pero aplicados al eje transversal de la mano, para diferenciar segmentos en la misma cada uno con un apéndice (dedo). Ese uso (o no) de las mismas estructuras compartidas en diferentes partes del cuerpo, quizás junto con pequeños detalles genéticos añadidos, permiten explicar la mayor parte de la versatilidad que se observa en los animales. Hay otras estructuras genéticas compartidas, como la que establece el eje dorso-ventral (sugiriendo que Urbilateria tenía ya espalda y vientre).

Fila Hox como módulo genético en la evolución

Figura tomada de José Aceituno (2010).

La evolución modular parece pues tan importante como la selección natural. Módulos genéticos previos plenamente funcionales se barajan o se duplican y se reutilizan de otra manera, por azar quizás, y en muchas ocasiones se genera una emergencia que prospera y es seleccionable de forma darwiniana. Además de los módulos comentados hasta ahora, hay otros como el gen que controla la polaridad segmental que controla a otros muchos, y cuyo efecto es definir en una célula o en conjuntos de células ejes direccionales, como “anterior-posterior”.

Como resume muy bien José Aceituno (2010):  «Las principales innovaciones biológicas de la evolución no parecen haber seguido un proceso acumulativo de lentas mejoras por mutaciones de genes aislados. Tienen una naturaleza modular: Han consistido en la reutilización de módulos genéticos completos y previamente funcionales. Cada gen selector y su cadena de genes realizadores es un módulo con el que la evolución puede ensayar. La naturaleza es perezosa. La evolución prefiere plagiar, duplicar, reutilizar y recombinar unidades funcionales mucho más complejas que el solitario gen egoísta de las teorías ortodoxas.»

La evolución humana

Sampedro acaba repasando la evolución humana. Lo que más me ha llamado la atención de su exposición es que los antecesores de Neanderthal se cruzaron fértilmente con los Erectus; y los Homo Sapiens que invadieron Europa en la oleada de hace 50.000 años se cruzaron fértilmente con los Neanderthales, puesto que hay genes de las dos especies en el genoma humano. Por ello, no tiene mucho sentido seguir considerando a Erectus y a Antecessor como especies diferentes a Sapiens. Podrían ser razas humanas, aunque Erectus tenía un cerebro mucho menor, pero podía cruzarse con sapiens, o al menos con los sapiens arcaicos.

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Homo Erectus, Homo Antecessor y Homo Sapiens.

En los test de proximidad genética humana se detectan tres oleadas procedentes de Africa: una de hace 1,7 a 1,8 millones de años (los Homo Erectus), que se extendió por Eurasia con sus técnicas de tallar piedras; otra entre 700 mil y 800 mil años (Homo Antecessor), propaga un tamaño de cerebro ampliado y una técnica refinada de tallar piedras (Achelense); y la tercera oleada, hace 100 mil años (Homo Sapiens). Las tres habría que entenderlas como variedades sucesivas de Homo Erectus.

Cavalli-Sforza y el grupo de la Universidad de Stanford han reconstruido genéticamente la historia de la tercera oleada. Unos 10 mil hombres, ya con la anatomía actual, salieron de Africa hace 100 mil años, en la tercera oleada, por Egipto, Suez y Oriente Próximo. La mayoría se dirigió hacia el Este, hacia el sur de Asia, alimentándose de frutos silvestres y caza, y viviendo en cuevas y en campamentos. Una parte de ellos se quedó establemente en las praderas de caza que había entonces entre Paquistán e India (el actual desierto del Thar). Cuando empezó a secarse el Thar, en el máximo glaciar, aquel grupo regresó hacia el oeste y llegaron hace 40 mil años a Europa. La mitad de los europeos modernos son descendientes directos de ellos, homogéneamente entre Escandinavia y Andalucía. Los mismos genes pueden encontrarse aún en algunos ciudadanos de Pakistán y Norte de India. En Europa conocieron a esos otros homínidos llamados Neandertales, que les debieron parecer bastante bestiales y rudimentarios, aunque de su propia especie, dado que copularon fructíferamente con ellos o ellas. Las innovaciones culturales, técnicas y artísticas que trajeron los hombres de la tercera oleada se produjeron también en norte de India y los demás sitios por donde pasaron, igual que en Europa, pero este continente está mucho más estudiado arqueológicamente.

La mitad de los europeos que no procede de esa tercera oleada procede de dos más tardías: una de hace 20 mil años, procedente de Oriente Próximo, que trajo las figuras de Venus prehistóricas, el arpón y la aguja de coser (cultura Gravetiense). El 30% de los europeos descienden de ellos.

El 20% restante desciende de la oleada que entró hace 10 mil años desde Oriente Medio, extendiéndose por el Mediterráneo de este a oeste: los pueblos neolíticos que traían la agricultura del trigo, la cebada, el guisante y el lino, y las primeras ciudades. Luego, se extendió hacia el norte hasta Escandinavia. Esta migración hizo que los pueblos actuales del Mediterráneo y de Oriente Próximo sean muy próximos genéticamente. En cambio, los habitantes del norte de Europa tienen relativamente más carga genética de las dos oleadas anteriores.

Aldea Neolítica

Fig. Vida en un poblado neolítico. Imagen tomada de: https://www.slideshare.net/sajomoes/abstraccin-estructura-de-las-aldeas-19326691

Luego Sampedro analiza la consciencia humana y su posible origen. La consciencia, dice, parece estar hecha de escenas o estados de consciencia unitarios. Y expone la teoría de Edelman y Tononi. De acuerdo con ella, la corteza cerebral está dividida en áreas especializadas: visuales, auditivas, olfativas, somatosensoriales, asociativas, implicadas en toma de decisiones, operaciones aritméticas, identificación y extrapolación del movimiento, etc. Parece haber cientos, hasta para procesos muy específicos, como reconocer disonancias tonales. Cada zona de estas genera un aspecto o componente de la consciencia que, si falta por culpa de una enfermedad neuronal, puede hacer que, por ejemplo, el sujeto empiece a ver las cosas en blanco y negro, y que también sus recuerdos se vuelvan de repente todos en blanco y negro. La “rojez” parece ser una de las muchas componentes de la consciencia. Pero cuando somos conscientes de una escena (la vemos, la recordamos o la imaginamos) no somos conscientes de cada uno de sus elementos componentes, sino que se nos aparece integrada como un todo, como un estado indivisible. Edelman y Tononi opinan que el cerebro establece redes de interacciones mutuas y simultáneas entre todas las áreas especializadas de ese tipo que duran unos 150 milisegundos antes de dejar paso a otras configuraciones distintas sucesivas en la red de interacción. De este modo, nuestra vida consciente consiste en una especie de película de unas seis escenas cada segundo. El tiempo de reacción para tomar una decisión, o para retirar un dedo de una llama es mucho más rápido que 150 ms.

Areas funcionales del cerebro

Las conexiones entre los “especialistas” del cortex se refuerzan cuando sus distintos componentes tienden a darse juntos en la experiencia, en el recuerdo o en la imaginación. Meses después, la aparición de uno de los elementos aislados de esa escena (la imagen de un violinista, un olor a madera…) tira de todas las demás asociadas y la red reaparece completa como un concepto. A un concepto se le puede poner nombre (como “nostalgia”, “mañana soleada”, “bosque húmedo”) o no hacerlo, pero la red estable de asociaciones automáticas está activa en el cerebro, etiquetada verbalmente o no. Y la capacidad verbal que evolucionó en el área de Broca parece haber traído una capacidad específica nueva que consiste en rastrear el cerebro buscando asociaciones estables (conceptos brutos activos) y asociarles un nombre.

Los animales de comportamiento rígido, como los reptiles, puede que no tengan consciencia en este sentido de conjuntos estables de asociaciones formadas de la experiencia, o quizás habría que decir mejor que estas asociaciones son muy básicas. Pero la aparición de cierta flexibilidad y variedad en esas asociaciones  tiene un sentido adaptativo claro en medio de un mundo de cazadores, presas y cambios ambientales típico de un animal. El aumento de la complejidad de la consciencia primaria (aumento del número de conexiones neuronales “de reentrada” y número de especialistas del cortex) pudo surgir gradualmente por selección natural, y así lo creen Edelman y Tononi. Los homínidos seguramente evolucionaron hacia ese tipo de consciencia primaria compleja. Y entonces es cuando aparece en Homo Erectus (hoy Sapiens) una especialización neural nueva que consiste en etiquetar con palabras las escenas conscientes primarias. Así lo creen, no sólo estos dos autores, sino también Daniel Dennett.

Según Sampedro, la manera de actuar de ese nuevo especialista del cortex situado en el área de Broca es generando asociaciones entre escenas y palabras, y ordenando las palabras en estructuras sintácticas universales tales como las que Chomsky ha esbozado. Y con este equipaje nacemos, de ahí la facilidad con la que todos los niños aprenden a hablar.

Pero ¿cómo pudo la selección natural darwiniana conducir a una estructura neuronal tan peculiar?

Según Sampedro, que se basa en la teoría del lenguaje como explorador de Dennett, Jackdendorff y otros, los Australopithecus ya disponían de un sistema complejo para formar escenas unitarias conscientes, gracias a la interacción paralela de especialistas del cortex. Los conceptos brutos ya existían pues antes que las palabras (“moverse hacia aquí”, “estar delante”, etc.). Cuando el lenguaje apareció no lo hizo como el sistema formal abstracto actual, sino como un sistema explorador de esos conceptos o escenas conscientes previos, a los que comenzó a poner nombre: mío, tuyo, ir, venir, entrar, tomar, dar,… Estas primeras palabras son las que tienen unas raíces etimológicas más profundas y exhiben unas estructuras más irregulares, reflejo quizás de que se inventaron mucho antes de que el lenguaje fuera un sistema formal, lleno de regularidades. Las primeras palabras se limitaron a etiquetar conceptos anteriores al lenguaje, los más importantes, los que se generan en la consciencia primaria de un mono o de un homínido.

¿Pero cómo pudieron orientarse los genes hasta generar una estructura cerebral generadora de estructuras sintácticas ordenadas como la que produce el lenguaje en un niño actual? El surgimiento del lenguaje moderno parece haber sido muy rápido y el lamarckismo, que es el único mecanismo capaz de provocar evoluciones rápidas, está desacreditado. Sin embargo hay un mecanismo “lamarckiano” dentro del darwinismo más estricto que es el “efecto Baldwin”, que puede ser clave en esta evolución súbita.

El efecto Baldwin se basa en que aprender algo no es más que reforzar ciertas conexiones y debilitar otras. Y un dispositivo innato del cerebro no es más que una serie de conexiones sinápticas reforzadas o debilitadas desde el nacimiento. Si una estructura de conexiones y reforzamientos sinápticos del córtex capacita a un grupo para asociar conceptos con fonemas (gruñidos estables o palabras) esta estructura particular se vuelve objeto de la selección natural, porque el nuevo comportamiento social que posibilita es relevante para la supervivencia del individuo y del grupo. De manera que en cuanto una especialidad neuronal nueva permite un comportamiento diferente, esa estructura neural nueva se vuelve objeto de la selección darwiniana. Esta idea la formuló también Jacob hablando de la rápida evolución de la inteligencia humana, aunque él lo expresaba en términos de aumentos de la presión de selección de estructuras genéticas motivados por el ensayo de comportamientos sociales específicos.  Es la otra manera de describir el efecto Baldwin, y el argumento lo utilicé yo también en un artículo que escribí en colaboración hace años (García-Olivares y Esteban, 1989).

Los primeros gruñidos exploraron los estados de consciencia previos, y la posibilidad de comunicar gruñidos estables permitió sincronizaciones mucho más precisas del comportamiento grupal en relación con las amenazas y posibilidades del medio. Y esa mejora se seleccionó de forma darwiniana. Un estado de consciencia duran 150 ms, pero la palabra nos permite congelarlo, manipularlo, combinarlo con otro, recordar sus efectos, predecir las escenas que se derivarán en situaciones similares. Y permite comunicar a otros esas mismas posibilidades de asociación y deducción.

Según Sampedro, la evolución modular mediante duplicaciones probablemente estuvo detrás del súbito aumento de tamaño del cortex del Australopitecus. Pero lo que hace especial a los sistemas nerviosos es su capacidad de aprendizaje que permite el efecto Baldwin, que permite que lo aprendido se convierta al final en instinto innato. Como dice Sampedro, si hay un dispositivo biológico que huele a adaptación darwiniana por todos los poros, éste es precisamente la mente humana.

Sampedro termina el libro comentando el gran misterio del origen de la primera célula, de la que han derivado todas las células actualmente vivas. Todavía más misterioso que su origen es por qué no hay rastro de ninguna otra forma organizativa diferente a aquella primera célula. ¿Es que es un suceso extremadamente improbable y sólo se produjo una vez? ¿Es que la primera célula acabó con todas las demás formas de autoorganización alternativas a ella misma? Esto último no parece verosímil, ninguna especie ha acabado con todas las demás en la historia de la Vida. La aparición de la primera célula eucariota no hizo desaparecer a las procariotas. La aparición de Urbilateria y sus descendientes no hizo desaparecer a los metazoos de simetría radial.  ¿Y por qué no hay cientos o miles de formas de transición entre la materia inanimada y la vida, aunque sean sepultadas en los sedimentos precámbricos? ¿por qué no hay seres vivos con ADN dextrógiro, o con otras formas de organizar el código genético, o con formas más simples de replicación? Es como si la transición a la vida sólo hubiera ocurrido una vez en este planeta.

Panespermia

Sampedro comenta la teoría de Francis Crick de la panespermia dirigida como una posibilidad. Dos premios Nóbel, Francis Crick y, antes que él, Svante Arrhenius, fueron sus principales defensores. Aunque reconoce que es desplazar el problema a otro lugar y no responde al fondo de la cuestión. Si alguna forma de vida superior (o un proceso natural, como un meteorito procedente de restos de un cometa) trajo la primera célula a la Tierra, ¿cómo evolucionó la vida fuera de la Tierra? La única ventaja que tiene esa teoría es que permite imaginar un planeta o lugar donde las condiciones para el surgimiento de formas vivas diferentes fueran mucho más favorables y la aparición de la vida muy probable. En la Tierra las condiciones no parecen favorables a la aparición de formas vivas, dado que aparentemente sólo ocurrió una vez, mientras que en otros sitios quizás las condiciones hayan podido ser mucho más favorables y entendibles. Este es el razonamiento de Crick.

 

Referencias

Aceituno J. (2010). Evolución: Y después de Darwin, ¿qué? https://es.slideshare.net/universidadpopularc3c/evolucion-ygenetica

García-Olivares A., Esteban J., 1989. Sobre la estabilidad estructural del capitalismo. Revista internacional de sociología, Nº. 2, págs. 27-41. ISSN 0034-9712

Sampedro J. Deconstruyendo a Darwin- Los enigmas de la evolución a la luz de la nueva genética. Editorial Crítica, 2007.

La ciencia en Al-Andalus y el primer renacimiento europeo

Antonio García-Olivares

Jose Antonio Jiménez Madrid

Pedro F. González-Díaz

 

Introducción

Esta entrada corresponde al seminario realizado el 27 de junio de 2014 en el ICM-CSIC de Barcelona, sobre el esplendor de la ciencia y la filosofía en Al-Andalus, que ha sido considerado por algunos historiadores como un primer renacimiento europeo, y su probable influencia en lo que fue el Renacimiento europeo posterior.

El concepto de primer renacimiento europeo se debe a Jerry Brotton (2002)  y a Emilio G. Ferrín (2007).

Pedro González-Díaz, profesor de investigación del Instituto de Física Fundamental del CSIC era también un gran amante de la historia de la ciencia y tenía preparada una interesante charla sobre este tema. Pero lamentablemente, falleció unas semanas antes de poder presentar su trabajo en un congreso.

Como yo tenía preparado otro sobre el mismo tema, he fusionado los dos, con ayuda de Jose Antonio Jiménez Madrid, y el resultado se presenta aquí, un poco como homenaje a Pedro. Y también como pequeña contribución para que se conozca mejor la historia de la ciencia Europea.

Según la interpretación tradicional que ha hecho siempre la Iglesia Católica, y que aún tiene bastante influencia popular, la identidad europea, esto es, aquello que debemos llamar Europa, es el producto de varias oleadas de cristianización del continente europeo, que partieron de Roma y de Bizancio tras la crisis del antiguo Imperio Romano. Estas oleadas cristianizadoras acabaron unificando el continente bajo una única religión dominante, tal como se resume en la figura siguiente.

oleadas cristianizadoras

Desde este punto de vista la península Ibérica fue una especie de anomalía, puesto que habría dejado de ser Europa en el 726, año de la invasión árabe, y habría vuelto a serlo completamente en 1492, año de la conquista por ejércitos cristianos de los últimos territorios árabes peninsulares.

Sin embargo, si definimos Europa como la cuna de lo que luego fueron las instituciones científicas, la libertad de pensamiento y el renacimiento, llegamos a la paradoja de que la parte más europea de Europa se encontraría en Al-Andalus entre el 900 y 1450, dado que la España islámica se convirtió en el centro cultural y científico de Europa tras el año 900. La figura siguiente, ilustra por ejemplo los centros económicos y de saber de la península. Todas las ciudades andalusíes eran más prósperas y cultas que las ciudades cristianas coetáneas de Europa occidental.

centros de saber

Juan de Salisbury, filósofo inglés, afirmaba por ejemplo en 1159: “la ciencia está en el más absoluto abandono, salvo en las tierras hispánicas, Norte de Africa y Egipto”, y su compatriota Morley escribe: “la pasión por el estudio me hizo abandonar Inglaterra y visitar París, pero no vi allí más que salvajes con grave autoridad en sus cátedras… Ya que hoy es en Toledo donde se enseña la ciencia árabe, basada principalmente en el Quadrivium [la lógica y el razonamiento] me apresuré a dirigirme allí para escuchar a los más sabios filósofos del mundo”.

La ciencia en el Islam

Según historiadores como Pirenne o Benoit, en Occidente la ciencia involucionó con la decadencia de las ciudades. Fue en el oriente mediterráneo y Medio Oriente, en los imperios bizantino y persa, donde los saberes griegos pudieron ser salvados del olvido y desarrollados.

Tras las conquistas musulmanas del imperio persa y de otros territorios en Africa y Europa, se produce también un florecimiento inédito de la ciencia en Oriente Medio y en Al-Andalus.

Podríamos esbozar una primera causa de ese florecimiento: La ciencia suele florecer en estados con altos excedentes. Entre el siglo VIII y el XV los estados más prósperos y de mayores excedentes fueron China, los sultanatos indios, y los califatos árabes.

Como esbozaba el economista egipcio Samir Amin, la economía árabe se basaba n el control del comercio marítimo y de caravanas entre grandes estados de regadío y grandes regiones productoras en general, entre las que intercambia productos como oro, marfil, seda, especias, orfebrería y productos de alto valor añadido. Ahora bien, al tratarse de comercio lejano, las grandes regiones productoras conocen los costes de producción de sus propios productos pero desconocen los costes de los productos de las otras regiones. De ello derivan importantes márgenes para el comerciante intermediario, tras el oportuno regateo que fija el precio. La prosperidad de los comerciantes árabes alimentó estados y fundaciones privadas muy ricas, que fueron capaces de acunar una cultura muy sofisticada.

Además, el comercio lejano y todos los problemas de ingeniería, logísticos, económicos,  geográficos, médicos, y antropológicos que conlleva, estimula saberes prácticos que estuvieron directamente relacionados con que grandes comerciantes árabes fueron ellos mismos geógrafos o antropólogos (León el Africano, por ejemplo) o financiaron a conocidos científicos.

Un tercer factor que también pudo tener su importancia en el renacimiento científico que trajeron los árabes es la cita 53:28 de su libro sagrado, el Qur’an, que dice: «La Opinión y la Especulación no pueden  ser sustitutos del Verdadero Conocimiento. Este sólo puede obtenerse mediante la Experiencia». Esta cita puede interpretarse de forma mística, pero también puede entenderse de forma literal. Y esto, probablemente, estimuló el amor que tuvieron por el conocimiento todos los califas históricos.

En particular, el V califa de Bagdad, Harún al-Rashid (786-809), fue el fundador de la Casa de la Sabiduría, financió los primeros libros de papel, y también el primer hospital. Allí, Al-Jwarizmi, al-Karaji, al-Samawal, Omar Khayyam, al-Tusi y otros hacieron avanzar la matemática muy por encima de la matemática griega de su época. En paralelo a sus propios trabajos, tradujeron las obras de Euclides, Diofanto, Menelao, Arquímedes, Ptolomeo, Apolonio, Diocles, Teodosio, Hipsicles y otros clásicos que sin ellos nos serían desconocidos.

Muchos de estos intelectuales investigaban y profundizaban en distintos campos del saber, por lo que presentan una imagen análoga a la que luego conoceremos en personajes del Renacimiento italiano como Leonardo da Vinci.

Además de científicos, muchos de estos sabios eran también teólogos o poetas, como en el ejemplo de Omar Khayyam.

Omar Khayyam

Omar Khayyam

 

Fue en Bagdad donde se comenzó a desarrollar el Álgebra, la Geometría Algebraica, y se resolvieron teoremas matemáticos atribuidos siglos más tarde al italiano Vieta.

El uso de cifras con decimales fué también una genialidad del “adelantado” Khashani (Irán, 1380-1429), y nunca mejor dicho lo del «adelantado», dado que lo hizo dos siglos antes  que sus descubridores oficiales, Vieta y Stevin (1585).

Khashani

Khashani

 

También en Bagdad, Al-Jwarizmi (Bagdad 780-850) fundó el álgebra y los algoritmos (a los que proporcionó su nombre) al separar la manipulación (operaciones) de objetos matemáticos (números, variables) de las interpretaciones geométricas, que es lo que impedía desarrollarse a la matemática griega.

Al-Jwarizmi

Al-Jwarizmi

 

Fué también el primero en introducir el número cero en la matemática occidental, y describió en toda su potencia la numeración posicional en base 10 y sus métodos de cálculo, que hoy son enseñados en todas las escuelas del mundo.

Dió con la solución general de las ecuaciones lineales y cuadráticas y de la raiz cuadrada, escribió tablas de senos y tangentes, y manuscritos sobre trigonometría esférica y astronomía. Y dentro de estos trabajos, estimó la circunferencia de la esfera terrestre en “39.400 km”, lo cual es correcto con un error de sólo el 1.7%.

Al-Samawal, que fue uno de sus principales discípulos dejó escrito explícitamente el potente principio que rompía las limitaciones de la matemática griega y fundaba el álgebra: “Hay que operar sobre las incógnitas por medio de todos los instrumentos aritméticos, como el artitmético opera sobre los datos”.

Otro importante matemático, astrónomo y físico fue Thabit ibn Qurra
(Harran, Turquía, 836). Inició el Álgebra geométrica. Inició también la Geometría No-Euclídea. Desarrolló la trigonometría Esférica en forma algebraica algebraica, lo cual aumentaba su potencial de desarrollo. Demostró también distintos teoremas en teoría de números.

Ibn Qurra

Thabit ibn Qurra

Tan importante como lo anterior fué que introdujo por primera vez el Cálculo Integral para cálculo de Volúmenes y Superficies, redescubierto (o copiado de alguna traducción) posteriormente por Newton en 1666.Y como físico, fue el fundador de la física estática moderna: su enunciación de la condición para que un cuerpo o una construcción se mantenga en equilibrio estático es equivalente a lo que hoy denominaríamos el «equilibrio entre los trabajos virtuales» que hacen las fuerzas sobre distintos puntos del cuerpo. Esto rompe con la formulación del equilibrio que empleaba Arquímides, que es un equilibrio puramente matemático, no físico. También reformó y mejoró el sistema astronómico de Ptolomeo.

Uno de los físicos más importantes del medievo fué Al-Hazen (Basora, 965-1039). Fué el primero en darse cuenta de que toda la luz procede del sol, y se refleja y refracta en los objetos que no tienen luz propia. Según su teoría, que se anticipó a la de Newton, la luz está compuesta por partículas que viajan en línea recta, salvo si se refractan. La vista es consecuencia de la incidencia de la luz en el ojo y no debida a un rayo que sale del ojo hacia los objetos visionados, que era la teoría de Ptolomeo, dominante en la Edad Media.

Al-Hazen

Al-Hazen

Se dió cuenta también de que la luz viaja a una gran velocidad pero no infinita, y que la refracción está causada por la diferencia en la velocidad de propagación de las partículas luminosas entre los distintos medios.

Esto ya de por sí debería haberle hecho conocido en todos los colegios y universidades de nuestro sistema de enseñanza. Pero es que, además,  Formuló el principio de inercia cinco siglos antes que Galileo, lo cual abre de nuevo la duda de si Galileo y otros científicos europeos posteriores conocieron las traducciones al latín de estos científicos árabes, procedentes de España, Italia y Bizancio.

Fué también el primero en enunciar las leyes geométricas de la formación de imágenes, con las cuales explicó el funcionamiento del cristalino humano. Y construyó la primera cámara oscura.

Optica Geometrica-Al Hazen

Óptica Geométrica de Al-Hazen

 

Ibn al-Shatir (1304-1375, Damasco) fué el primer astrónomo en demostrar trigonométricamente, dos siglos antes de Copérnico (1473-1543), que la Tierra no podía ser el centro del universo.

Ibn al-Shatir

Ibn al-Shatir

Construyó modelos en que la Tierra no era el centro, y es notable la identidad entre el modelo lunar que publicó Copérnico y el de al-Shatir. También se observa una enorme similaridad en los modelos del planeta Mercurio que publican estos dos autores. De nuevo surge la pregunta de si Copérnico usó los modelos de Ibn al-Shatir sin citarlos.

modelo lunar al-Shatirmodelo Mercurio al-Shatir

Modelos lunar y de Mercurio de al-Shatir

No hubiera sido la primera vez que se plagiaran obras árabes, pues Ibn Abdun (alfaquí y músico sevillano) escribía alrededor del 1100: «No deben venderse a judíos ni a cristianos libros de ciencia, salvo los que tratan de su ley porque después traducen los libros científicos y se los atribuyen a los suyos y a sus obispos, siendo así que se trata de obras musulmanas».

Avicena (980, Afsana, Persia) fue por su parte el creador de la medicina moderna. Sospechó el papel de las ratas como vector de la peste, y que debía haber organismos invisibles en el agua y el aire, que transmitían las enfermedades infecciosas. Fué el creador de la medicina preventiva; de la traqueotomía; y el descubridor de la circulación cardiovascular.

Avicena

Avicena.

Fué también físico, matemático, filósofo, jurista, músico y astrónomo. Escribió 276 libros. Como físico, formuló de nuevo el Principio de Inercia de Al-Hazen. Como filósofo, formuló por primera vez el llamado cogito cartesiano. Fué un ejemplo completo de “sabio renacentista” y de que el “renacimiento” se produjo primero en el mundo árabe, antes de pasar a Europa.

 

La Ciencia en Al-Andalus

Es en Al-Andalus donde aparecen los primeros centros de enseñanza e investigación científica de Europa, situados en las zawiyas de Córdoba, Sevilla, Toledo, Granada,           Murcia, Almería, Valencia y Cadiz (s. VIII y IX), y en las cortes reales de Córdoba y Zaragoza (siglos X y XI). También la Madrasa de Granada (1349) fue un importante centro de estudios. Las bibliotecas andalusíes fueron también famosas en su tiempo. La de Córdoba constaba de 400.000 libros.

madrasa en Al-Andalus

En Al-Andalus se produjeron importantes avances científicos que pueden resumirse en los puntos siguientes:

  • Primer cálculo europeo de: ángulo de la eclíptica, tamaño de la tierra y tasa de precesión de los equinoccios
  • Primeras explicaciones europeas de la refracción de la luz, la gravedad, la atracción capilar, la luz crepuscular
  • Primera prueba exitosa de vuelo libre (Abbas Ibn Firnas, Cordoba)
  • Primeros globos terráqueos, astrolabios y mapas de navegación
  • Hipótesis (Azarquiel) sobre las órbitas planetarias ovoides
  • Primeros observatorios astronómicos europeos
  • Primera aparición europea de: hospitales, anestesia, higiene médica, disección
  • Técnicas agrarias: injerto, fertilización, irrigación moderna
  • Descubrimiento de la potasa, el alcohol, el nitrato de plata, el ácido nítrico, el sulfúrico, el cloruro de mercurio…
  • Alto desarrollo de las técnicas textiles, cerámica y metalurgia.
  • Formulación del método científico experimental y primera separación entre ciencia y fe (Averroes)

Tras la división del califato en reinos de taifas, las cortes de las distintas taifas se convierten en centros de saber que compiten entre sí. Saraqusta, por ejemplo,se convierte en el centro más importante de Occidente en matemáticas, astronomía y filosofía entre 1017 y 1118. Allí escribieron literatos como ar-Ramadi, al-Bagdadi, al-Qastalli, Ibn-Gabirol, at-Taqanah, Ibn Hasday, al-Bayi, Abenámar, ibn-Jafaya; y desarrollaron sus trabajos matemáticos como al-Saraqusti, Ibn Daud, o Ibn Idris at-Tuyibí. El mismo rey Al-Muqtadir fue filósofo y matemático, lo cual ayuda a entender que convirtiera su corte en un centro científico de primera magnitud.

Aljafariya de Saraqusta

Aljafería («Aljafariya» o palacio de Yaáfar al-Muqtádir) de Zaragoza

En medicina y ciencia destacaron al-Kirmani, que escribió una enciclopedia comparable a la de Diderot, e ibn Buqlaris. En Filosofía, Ibn Paquda, y Avempace, que fué el filósofo más importante de su tiempo.

Al-Mutaman (que reinó entre 1081 y 1085), fué otro rey matemático, y demostró varios teoremas de trigonometría. Un ejemplo es el llamado Teorema de Giovanni-Ceva, atrbuído a este matemático que vivió entre 1648 y 1734, pero que fué demostrado por Al Mutaman 600 años antes. Establece la condición necesaria y suficiente para que tres segmentos interiores a un triángulo, que parten de sus vértices, se corten en el mismo punto, y la condición se muestra en la figura siguiente:

Teorema de Giovanni-Ceva

Todo esto contrasta agudamente con el hecho de que muchos  nobles cristianos eran analfabetos, y se tenían que valer de escribas para redactar sus mensajes escritos.

Casi contemporáneo suyo fué Ibn al-Jayyani (Jaén, ? – 1093), quien escribió el primer tratado conocido de trigonometría esférica. Resolvió todos los problemas de triángulos    esféricos cuando se conocen 4 de sus elementos (dos ángulos y dos lados, un ángulo y tres lados, etc.). Demostró el teorema del seno, y calculó los valores de la tangente trigonométrica. Hizo un cálculo de la altura de la atmósfera basado en el tiempo que dura el crepúsculo, estimándola en “83,86 km”; una estimación notablemente precisa teniendo en cuenta sus medios, y el hecho de que, efectivamente, a esa altura la presión es ya de sólo una dizmilésima de atmósfera.

teoremas de al-Jayyani

 

Otras importantes aportaciones a la matemática fueron las de la trigonometría esférica de Jabir ibn Aflah (Sevilla, 1100-1150) presuntamente plagiada por Regiomontano (1436-1476), y que fué también el constructor del torquetum, el primer ordenador analógico, mostrado en la figura:

Torquetum

Torquetum

 

También la notación algebraica, usada por Al-Yasamin en el siglo XII y por Ibn al-Banna en el siglo XIII, fue habitual entre 1350 y 1492 en Al-Andalus y Marruecos. Este es un ejemplo de ecuación cuadrática (2×3+3×2-4x+5 =0), tal como la escribió Al-Qalasadi, de Baza (1450):

ecuacion Al-Qalasadi

Curiosamente, la introducción de la notación algebraica se atribuye al italiano Vieta.

Al-Andalus fué también la cuna de Abbas Ibn Firnas (Ronda, s. IX), otro auténtico «sabio renacentista» que fué músico, poeta, agrónomo, médico, físico, astrólogo e inventor.

Ibn Firnas

Abbas Ibn Firnas

Entre otras aportaciones, desarrolló y documentó la fabricación del cristal artificial, construyó el primer Planetario (en una sala de su propia casa), inventó el reloj anafórico (o reloj de agua) seis siglos antes que Grand, su inventor oficial, y construyó la primera esfera armilar europea, que era útil para realizar cálculos y estimaciones astronómicas aproximadas.

Esfera Armilar Ibn Firnas

Esfera Armilar de Ibn Firnas

Pero es aún más conocido por sus invenciones aeronáuticas. En efecto, en el  año 852 realizó el primer salto en paracaídas conocido, desde el minarete de la mezquita de Córdoba. No contento con esa experiencia, se dedicó a observar durante años el vuelo de los pájaros y debió de concluir que los pájaros basan esencialmente su vuelo en el planeo (hecho que pasó por alto Leonardo da Vinci) puesto que en el año 875 construyó un artefacto volador a base de seda en una estructura de madera, con forma similar a lo que hoy conocemos por un ala delta. Con dicho artefacto se lanzó del alto de la Ruzafa, en las afueras de Córdoba. Un testigo escribió que “Se ató unas alas al cuerpo y se lanzó al vacío desde una gran altura. Voló una gran distancia, como si de un pájaro se tratara”. Sin embargo, el aterrizaje fue violento y se dañó las lumbares, y puede que una pierna.

Ala Delta de Ibn Firnas

Ala Delta de Ibn Firnas

Tras la experiencia, aseguró que no había tenido en cuenta que las aves abren su cola para estabilizar el aterrizaje, y su invento carecía de esta posibilidad.

Todo esto ocurrió 600 años antes que Leonardo.

Uno de los mayores astrónomos medievales fue Azarquiel (1029, Toledo;
1087, Sevilla). Fundador de la astronomía y de las tablas astronómicas, fué el primer europeo en demostrar que las órbitas de los planetas son elípticas, y no circulares.

Azarquiel

Además de desarrollar los relojes de agua, su mayor aportación fué la Azafea, el primer astrolabio que podía ser usado en cualquier lugar geográfico para calcular la latitud y otros parámetros astronómicos. Este instrumento fué usado por los portugueses en sus viajes alrededor de África, así como por Colón y Magallanes, y resultó clave para la navegación oceánica.

Azafea

Azafea de Azarquiel

 

Alídade de Azafea en navegación

Uso de la alídade de la azafea para apuntar a la polar y calcular la latitud

El astrolabio podía ser usado tal como muestra la figura, para calcular la latitud, y era estable ante las oscilaciones del barco.

El principal geógrafo de la Edad Media fué Al-Idrisi (Ceuta, 1100-1166).Recopiló una enorme cantidad de información en sus mapas, y escribió que «la tierra es redonda como una esfera, y las aguas se adhieren a ella y se mantienen en ella a través de un equilibrio natural que no sufre variación».

Al Idrisi

Al-Idrisi

Dividió el globo terrestre en siete regiones climáticas. Conocía bien el diámetro de la Tierra de las obras de Eratóstenes, de lo cual dedujo que el Océano Atlántico debía ser frío e interminable, aunque fantaseó en sus escritos con posibles viajes atlánticos hacia el oeste.

Mapa esférico de Al Idrisi

Fueron sus escritos, y los de otros geógrafos árabes, los que tenían en mente algunos geógrafos de la Universidad de Salamanca que advirtieron a Colón de que su viaje atlántico a las Indias era mucho más largo, y por tanto arriesgado, de lo que Colón presumía. Pero Colón parece ser, confundió no se sabe si por ignorancia o conscientemente, la milla árabe de estos mapas (de 1.8-2 km, la antecesora de la milla náutica) con la milla italiana, un 25% más corta.

Estos desarrollos se unieron con otro invento que resultó clave para la navegación oceánica: la vela latina. Esta vela fué utilizada por primera vez en el Mediterráneo por los dhows árabes en el siglo VII. Estas embarcaciones con mástiles de hasta 20 metros fueron traidas del Océano Índico o el Mar Rojo por los árabes.

Dhows arabes

Dhow árabe

Se piensa que la carabela, un barco de borda alta y aparejo latino completo o parcial (cuando incluye una vela cuadrada en alguno de sus mástiles), deriva del qarib, un buque andalusí parecido al dhow, y también con vela latina.

Se puede decir, por tanto, que las primeras exploraciones portuguesas y españolas en el Atlántico se basaron en gran medida en conocimientos y técnicas andalusíes.

En cuanto a la filosofía, Averroes (Córdoba, 1126-1198) figura entre los grandes filósofos de la historia, tal como muestra el cuadro «La escuela de Atenas», de Rafael.

Averroes

Averroes

La escuela de Atenas-Rafael

Filósofo, teólogo, jurista, matemático, astrónomo, físico, médico y poeta, es sin duda otro «sabio renacentista». A pesar de ser ninguneado durante siglos como “simple comentador de Aristóteles”, introdujo conceptos que parecen modernos en una época dominada por la superstición religiosa y que anteponía la revelación a la razón. Véase por ejemplo, este impresionante comentario de sus Comentarios al Opus Aristotélico:

“Los partidarios de la creación arguyen que el agente [Dios] produce un ser sin necesitar, para su producción, ningún material preexistente. Son tales imaginaciones lo que ha conducido a los teólogos de las tres religiones existentes en nuestros días a decir que algo puede salir de nada. [Sin embargo] la moción [acción y resultado de moverse o ser movido] es eterna y continuada; toda moción tiene su causa en una moción precedente. Sin movimiento no hay tiempo. No podemos concebir la moción como algo que tenga principio o fin”.

Este párrafo suena a filosofía renacentista o moderna, no a filosofía medieval. Averroes es el primero en Europa en distinguir entre fe y razón, y poner a la razón por delante de la fe.

Los místicos andalusíes se piensa que tuvieron amplia influencia en el cristianismo, en especial en autores como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Ibn Arabi (Murcia, 1165-1240) es el místico sufí más conocido de Al-Andalus. Su concepto de fusión con Dios es recogida por los místicos cristianos citados.

Ibn ArabiÉxtasis de Santa Teresa

Ibn Arabi.                                         Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini

También inspiradoras fueron sus ideas de que el universo esta construido sobre infinitos centros y es por eso «una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna», y de que existe una pluralidad de mundos habitados. Estas ideas fueron recogidas posteriormente por Giordano Bruno, con consecuencias personales fatales como es sabido, mientras que Ibn Arabi pudo escribirlas sin problemas en el oasis cultural que fué Al-Andalus. Un oasis cultural que acabó sin embargo aplastado entre el fanatismo de los Almohades del sur y el fanatismo de los cristianos del norte. Sin embargo, mientras el Reino de Granada resistió, los jardines de la Alhambra presenciaron muchas noches diálogos entre sabios sufíes y el propio monarca nazarí.

En cuanto a la medicina medieval, había un contraste notable entre la medicina árabe y la cristiana, en Al-Andalus y en todo el mundo árabe. No me resisto a citar este conocido texto del manuscrito «Kitab al-Itibar» («Libro de las Reflexiones»), descubierto en la Biblioteca Árabe de El Escorial por el arabista Hartwig Derenbourg, y publicado en francés en 1889. Se trata de un manuscrito autobiográfico en el que Usama Ibn Múrxid, emir, caballero, poeta y hombre de letras (1095-1188) recoge un incidente de las cruzadas que ilustra la diferencia en el conocimiento médico entre islam y cristiandad, representada en ese momento por los invasores «franÿ» (Francos). Este mismo párrafo es citado por Amin Maalouf en su libro «Las Cruzadas vistas por los árabes».

Un día —cuenta Usama—, el gobernador franco de Muneitra, en el monte Líbano, escribió al Sultan, emir de Shayzar (aliado de los cruzados), para rogarle que le enviara un médico para tratar algunos casos urgentes. Mi tío escogió a un médico cristiano de nuestra tierra, llamado Thabet. Éste solo se ausentó unos días y luego regresó entre nosotros. Todos sentíamos gran curiosidad por saber cómo había podido conseguir tan pronto la curación de los enfermos y lo acosamos a preguntas. Thabet contestó: «Han traído a mi presencia a un caballero que tenía un absceso en la pierna y a una mujer que padecía de consunción (gastritis o úlcera). Le puse un emplasto al caballero; el tumor se abrió y mejoró. A la mujer le prescribí una dieta para refrescarle el temperamento. Pero llegó entonces un médico franco y dijo: ‘¡Este hombre no sabe tratarlos!’ Y, dirigiéndose al caballero, le preguntó: ‘¿Qué prefieres, vivir con una sola pierna o morir con las dos?’ Como el paciente contestó que prefería vivir con una sola pierna, el médico ordenó: ‘Traedme un caballero fuerte con un hacha bien afilada.’ Pronto, vi llegar al caballero con el hacha. El médico franco colocó la pierna en un tajo de madera, diciéndole al que acababa de llegar: ‘¡Dale un buen hachazo para cortársela de un tajo!’ Ante mi vista, el hombre le asestó a la pierna un primer hachazo y, luego, como la pierna seguía unida, le dio un segundo tajo. La médula de la pierna salió fuera y el herido murió en el acto.

En cuanto a la mujer, el médico franco la examinó, y dijo: ‘Tiene un demonio en la cabeza que está enamorado de ella. ¡Cortadle el pelo!’ Se lo cortaron. La mujer volvió entonces a empezar a tomar las comidas de los francos, con ajo y mostaza, lo que le agravó la consunción. ‘Eso quiere decir, que se le ha metido el demonio en la cabeza’, afirmó el médico. Y, tomando una navaja barbera, le hizo una incisión en forma de cruz, dejó al descubierto el hueso de la cabeza y lo frotó con cal. La mujer murió en el acto. Entonces, yo pregunté: ‘¿Ya no me necesitáis?’ Me dijeron que no, y regresé, tras haber aprendido muchas cosas que ignoraba sobre la medicina de los franÿ»»

¿Qué les parece? La primera conclusión que podríamos sacar de este texto es que la medicina cristiana era efectivamente tal como nos temíamos. La segunda conclusión es queun sano empirismo con un mínimo de teoría parece más eficaz que mucha teoría abstracta sin apenas observación. Este principio, aristotélico, había sido enunciado por Al-Hazen (965-1039). La medicina árabe, como toda su ciencia, era fundamentalmente aristotélica, y por tanto empirista, se basaba en la observación práctica. Mientras que la medicina cristiana parecía guiarse por grandes abstracciones platónico-cristianas, que ellos se tomaban muy en serio, y donde la cercanía a lo observable no era lo importante.

Por otra parte, en el texto citado, el lenguaje, el estilo, la fina ironía, todo ello parece renacentista, sin embargos estamos en pleno siglo XII ! El mismo estilo cosmopolita se puede leer en las obras de León Africano, Idrisi o Ibn-Batuta. Todo esto ha llevado a algunos historiadores a señalar que el primer renacimiento se produjo en Oriente Medio y Al-Andalus, antes que en Italia.

Recuerdo una conferencia sobre Al-Muqradir y la taifa de Saraqusta, del historiador Jose Luis Corral, donde éste fué acusado por un colega de universidad de estar describiendo al rey de Saraqusta como una especie de Lord Bacon. A la luz de lo que están arrojando las investigaciones sobre Al-Andalus y la cultura árabe medieval (en las cuales el Instituto de Estudios Islámicos, y la Escuela de Estudios Árabes, ambas  del CSIC, juegan un papel importante), se podría hacer perfectamente la reflexión opuesta: tanto Roger Bacon en el siglo XIII como Francis Bacon (Lord Bacon) en el siglo XVI fueron de los primeros filósofos en defender el empirismo dentro del mundo cristiano; sin embargo, ese empirismo formaba parte del aristotelismo dominante dentro de la cultura árabe, y es parte del legado que esta cultura dejó en Europa, de la que bebieron los Bacon y luego la transmitieron en la Europa del Norte.

Para terminar, me gustaría mostrar el escudo de Aragón, en el cual aparecen la cruz de San Jorge y cuatro cabezas cortadas en Alcaraz (supuestamente, cuatro reyes musulmanes de Huesca y Saraqusta).

Escudo de Aragón

Aparte de la credibilidad que pueda tener que en la batalla de Alcaraz se apresaran y ejecutaran cuatro reyes musulmanes, que es poca, lo mínimo que podríamos decir de esta «fermosa» imagen autonómica es que los más cercanos a un europeo contemporáneo en mentalidad eran las cuatro víctimas, que eran gente ilustrada, y no los sujetos, probablemente analfabetos, que les cortaron las cabezas. Pese a sus nombres aparentemente familiares, Pedro I o Jaume I tenían mucho menos que ver con la mentalidad de un europeo actual que aquellos otros, casi desconocidos, a los que vencieron.

La pobre historia de estos reinos y condados medievales del norte peninsular es llamada europea sin discusión, mientras que la que tenía lugar al sur, mucho más relevante para la cultura europea contemporánea, es tradicionalmente tratada como si no fuese parte de Europa.

Como los institutos del CSIC se supone que son Centros difusores del conocimiento, estamos en deuda de filiación con aquellos que promovieron por primera vez esta clase de centros en Europa. Así que con este seminario hemos querido hacer un poco de justicia y reconocimiento de aquellos a los que les debemos una gran parte de la cultura europea actual y de su ciencia.

Referencias

Brotton J. (2002).  Bazar del Renacimiento, Paidos, 2002.

Ferrín E. G. (2007), Historia General de Al-Andalus, Córdoba: Almuzara, 2007.

 

La evolución de la complejidad

Esta publicación de hace algunos años puede ser útil para el lector interesado en los mecanismos que hacen surgir sistemas complejos, en la naturaleza y en los grupos humanos.

Se describe la crisis del paradigma determinista, que tuvo lugar entre mediados y finales del siglo XX debido a las aportaciones de Poincaré,  Von Foerster y otros investigadores en «cibernética», la Mecánica Cuántica, y las aportaciones en termodinámica del no-equilibrio de Ilya Prigogine. Este autor muestra que en sistemas atravesados por un flujo de energía suficientemente intenso, las interacciones entre las fuerzas termodinámicas y las fluctuaciones microscópicas azarosas generan estructuras disipativas que autoorganizan su estado en el espacio y en el tiempo. Herman Haken, y su escuela de la sinergética, sistematizaron las principales ideas de Prigogine. Un proceso de autoorganización exige la presencia de un flujo de energía que atraviesa el sistema y lo aleja del equilibrio termodinámico, muchas partes componentes en interacción, y la aparición de fluctuaciones microscópicas o perturbaciones externas aleatorias. La descripción matemática de estos procesos une los desarrollos de Prigogine en termodinámica lejos del equilibrio con la descripción que hace la matemática de las formas universales que tiene un sistema dinámico de desestabilizarse.

Hay dos formas principales en que un sistema puede desestabilizarse y pasar a un estado de mayor (o de menor) complejidad: (i) por cambio en los parámetros externos que controlan los flujos, fuerzas termodinámicas, o interacciones entre componentes (inestabilidad sinergética), o (ii) por inestabilidad estructural ante la aparición de nuevos componentes y/o intracciones. Esta última puede ser importante, sobre todo, en procesos evolutivos.

En el artículo que se linka se comentan algunas aplicaciones de estos formalismos, que fueron los primeros que se propusieron en la actual teoría de sistemas complejos, en campos como la química, ecología, biología, evolución, y las ciencias sociales.

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Resumen del libro “En Deuda- Una Historia Alternativa de la Economía”, de David Graeber

Este libro de 720 páginas es imprescindible para los que buscan entender la economía más allá de las simplezas liberales y neoclásicas, y desde lo que nos dice la antropología actual sobre los intercambios, la reciprocidad, las jerarquías y las formas económicas comunistas, en distintas épocas y sistemas sociales reales.

Para facilitarles el trabajo a los que no deseen leerse el texto original, he resumido aquí el libro a partir de notas tomadas de los conceptos y descripciones que me parecieron más importantes. Espero que lo disfruten.

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Tensión entre las dos formas occidentales de conocer el mundo

El alma de los occidentales está en una tensión permanente entre una forma de mirar las cosas que podemos llamar racional y una perspectiva que nos enseñaron los románticos. Ambas perspectivas están en tensión, pues son cualitativamente distintas, y tomar la actitud necesaria para una de ellas todo el tiempo implica hacer imposible la otra. Por ello, tal como afirmaba Charles Taylor, muchos hombres modernos que reconocen ambas capacidades como valiosas están constitucionalmente en tensión, y esa tensión entre dos modos de conocer es una parte esencial de nuestra cultura y de nuestro imaginario.

A continuación, incluyo el contenido de un artículo que publiqué en la revista Arbor sobre este tema, que me parece clarificador.

 

Tensión en el sistema de metáforas epistemológicas de la cultura contemporánea

                                            Antonio García-Olivares

Revista Arbor 621, 1997. Pagina 25 – 45.

 

Resumen

En este trabajo tratamos de analizar de una manera unificada, a medio camino entre un análisis filosófico y otro sociológico, varias de las líneas de evolución del pensamiento contemporáneo que en general suelen ser analizadas como autónomas. En particular, la articulación social de los sistemas de metáforas epistemológicas denominados racionalista y romántico respectivamente, resulta clave a la hora de entender la tensión, no sólo ética como Charles Taylor se ha encargado de demostrar, sino también epistemológica de la cultura occidental contemporánea. Permite también identificar las líneas de continuidad y de ruptura de los distintos desarrollos filosóficos contemporáneos en relación con su herencia cultural y su contexto social.

 

Introducción

Gran parte de la antropología de este siglo, como gran parte de la sociología, la filosofía y el arte, serían incomprensibles sin el racionalismo socrático e ilustrado y sin la revolución romántica y modernista, formas principales en las que las relaciones y esperanzas que hemos elegido vivir expresan sus metáforas esenciales. La tensión entre ambos sistemas de metáforas está generando aún las principales líneas de evolución de nuestra capacidad creadora de mundos habitables.

Es conocida la descripción que hace Nietsche de los orígenes de la actitud racional en la Grecia de Sócrates y Eurípides [Nietsche, El Nacimiento de la tragedia]. Para el griego de tiempos de homero, el cuerpo estaba animado por una fuerza vital que salía del cuerpo cuando éste moría, sin embargo, este aliento vital era algo aparentemente no unificado por una pulsión principal. Era propio de los estados superiores de ánimo el estar como infundido de energía superior, a la que se daba procedencia divina (“Era Marte que me cegó”). La ética homérica exaltaba un estado de inspiración maníaca, que era también aquella en la que los poetas creaban.

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El giro de la época de los sofistas consistió en la invención del alma [Escohotado 1975]. Para Platón, que articula filosóficamente ese concepto y actitud, el alma es la Idea de la vida en cuanto el viviente participa de ella, e incluye facultades racionales, facultades apetitivas y facultades pasionales. Pero la experiencia de estar constituidos por una pluralidad de lugares es una experiencia de error e imperfección. Por el contrario, hay una capacidad en el espíritu humano que es la de verse a sí como uno, a pesar de la multiplicidad de sus determinaciones y experiencias. Esta capacidad es interpretada por Platón como un signo de su afinidad en naturaleza con lo eterno y uno, que para él es superior a lo cambiante y efímero. Esta capacidad es la facultad racional del alma. Al igual que el cuerpo tiende a la salud, el alma tiende a un estado de orden donde la razón está en primer lugar. La razón es la capacidad de ver el Orden de las cosas.

La persona no-racional está en stasis (guerra civil) en su interior, con sus deseos en conflicto perpetuo, mientras que el racional es uno consigo mismo. El primero está angustiado, el segundo calmado. El primero es arrastrado desordenada e imprevisiblemente por sus deseos sin fin; el segundo no trata de saciarse con objetos finitos y cambiantes y por tanto es capaz de establecer objetivos realmente superiores y llevarlos a cabo sin dispersarse. Platón hace explícitos pues varios de los rasgos principales de lo que constituirá la actitud racional contemporánea: tomar una actitud desapasionada y distante frente a las cosas y actividades posibles y mantener la suficiente serenidad y autocontrol como para realizar hasta el final lo decidido. También explicita la actitud de temor que se debe tomar frente al caos y a la libertad pulsional del cuerpo.

Como enfatiza Taylor [Taylor 1989], la ética aristocrática-guerrera del noble aqueo valoraba la fuerza, el coraje, la capacidad de concebir y ejecutar grandes empresas, la vida orientada a la gloria y la fama. Estos valores son integrados en la filosofía de Platón, cuando éste introduce entre la razón y el deseo ese espíritu capaz de emprender y llevar a cabo (thumos), que está subordinado a la razón pero es un auxiliar de ella. Su modelo de alma está concebido a imagen de la estructura de clases básica que los propios griegos veían en sus polis: El liderazgo político, que controla la actividad de un cuerpo de guerreros, el cual garantiza la dominación e intercambio ordenado con un hinterland de agricultores. La descripción que hace Aristóteles de lo que es necesario para la ciudad (Política, 128) es elocuente en este sentido.

Lo que San Agustín añadirá a esta actitud es la idea de que no basta con entender cual es el Bien para perseguirlo. La voluntad puede ser débil frente a la naturaleza corporal, y puede ser perversa, prefiriendo el bien particular al universal. La única manera de luchar contra esto es volviéndose hacia la luz interior que se revela cuando nos serenamos y recogemos dentro de nosotros mismos y que sólo puede proceder de Dios. Esto le pone en el camino del cogitare (recolectar y ensamblar) los recuerdos innatos que le permitirán discernir el Orden general sin esa permanente desviación de las pasiones.

Cartesianismo

Fig. Racionalismo cartesiano

Tras el agustinianismo puritano y la nueva ciencia, el Orden Universal y teleológico de las Ideas empieza a ser visto como inverosímil a medida que el modelo dominante del Cosmos pasa a ser el de un sistema mecánico muerto y, por tanto, sin sentido en sí mismo. Para Descartes la Razón es más bien nuestra capacidad (dada por Dios) de dar un Orden significativo e indudable para nosotros y por tanto instrumental y funcional a ese Cosmos. Las cosas del mundo están ahí fuera, como en las teorías platónicas o aristotélicas, pero sus cualidades no son todas intrínsecas a ellas: algunas han sido asignadas por el observador racional, en sus representaciones, con el fin de que nuestro uso de ellas ofrezca certidumbre. Como la racionalidad es ahora una propiedad interna del pensar subjetivo (razón procedimental) podría conducirnos a conocimientos desviados o falsos, si un Dios no engañador no garantizara la correspondencia de ese orden interior con un orden universal, cuya existencia demuestra Descartes mediante el paralogismo de que una idea a priori como la de Dios debe tener una causa proporcional a ella. Sin embargo, lo más duradero de la propuesta de Descartes fue lo que éste compartió con el neo-estoicismo de su época: el ideal de un agente humano que tiene la habilidad de tomar una actitud distanciada hacia sus propiedades, deseos, inclinaciones, tendencias, hábitos de pensamiento y sentimiento, de modo que puedan ser trabajados a conveniencia, eliminando unos, fortaleciendo otros. Esta actitud, cuyos frutos más sorprendentes eran proporcionados por los victoriosos ejércitos permanentes de los primeros Estados absolutistas [García-Olivares, 1997], influyó en las técnicas disciplinares de muchas instituciones de la época, tal como ha sido investigado por Foucault.

La actitud cartesiana fue un precipitante para la que acabó siendo la ciencia institucionalizada, del conocimiento distinguible y claro en términos universales, que donde fue posible, constituyó la base para el control instrumental. Sin embargo, ya antes que él, un autor como Montaigne estaba proponiendo usar la introspección para el auto-descubrimiento. Su aspiración fue la de relajar la obligatoriedad de tales categorías y procedimientos “normales” y liberar al propio auto-entendimiento del peso  de las interpretaciones universales, de modo que nuestra propia originalidad pueda aparecer a la vista y lo particular, fuente se belleza y de conocimiento, no pase desapercibido ante una atención centrada en exclusiva en lo general. Mientras Descartes invita a un radical distanciamiento de la experiencia ordinaria, Montaigne invita a un compromiso más profundo con nuestra particularidad.

 

La recuperación de la naturaleza como fuente del bien

El rechazo naturalista de la existencia de Dios, producto final de la crítica ilustrada a las instituciones y creencias del antiguo Régimen, tuvo como uno de sus efectos el cargar sobre el concepto de naturaleza muchas de las funciones desempeñadas por las antiguas metáforas teístas y deístas.

Charles Taylor ve a Hume explorando una posible respuesta a la pérdida de la visión providencialista del mundo. La actitud utilitarista era que si ya no podemos dar significado a nuestras actividades y logros cotidianos como partes de un diseño divino, debemos dejar de creer en su significado y ver el dominio natural simplemente como un instrumento a usar para maximizar la eficacia de nuestra búsqueda de la utilidad, porque siguiendo nuestros instintos de conservación y sensualistas, creamos familias, buscamos la procura existencial e intercambiamos, todo lo cual redunda en un Bien General. Sin embargo, Hume explora otra posibilidad: la de considerar nuestros logros cotidianos como significativos aún en un mundo no-providencial. El significado descansaría simplemente en el hecho de que son nuestros; de que los seres humanos no podemos sino, por nuestra propia constitución natural, otorgarles significado a nuestros actos, y que el camino de la sabiduría pasa por aceptar esta naturaleza nuestra. En otras palabras, si debemos rechazar a los dioses no es para convertirnos en distantes autodidactas sino para ser capaces de tomar nuestras vidas como son, sin miedos. En esto, Hume es más auténticamente Epicúreo de lo que decían ser los utilitaristas ilustrados.  La liberación no lleva a una maravillosa, útil, optimizadora y lucrativa autoeducación de la propia alma, sino a “una especie de retorno al jardín casero, agradecida aceptación de un espacio limitado, con sus propias irregularidades e imperfecciones, pero dentro del cual algo puede florecer” [Taylor 1989, p. 346].

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El paso del deísmo al naturalismo desequilibró el antiguo sistema de metáforas aún en otro sentido, como muy bien muestra Taylor: En el dualismo cartesiano por ejemplo, la idea dominante es la de la pureza de los seres pensantes y su radical heterogeneidad con respecto a la ciega e inerte naturaleza física, y la de su trascendental estatus superior. Sin embargo, en el naturalismo, la creencia de que los seres pensantes son parte de un vasto orden físico puede despertar una especie de temor reverencial, misterio e incluso compasión. El modelo dominante desde Diderot es el de que los pensamientos, sentimientos, aspiraciones morales, todos los vuelos intelectuales y espirituales de los logros humanos, surgen de las profundidades de un vasto universo físico que es, en la mayor parte de su inmedible extensión, sin vida, insensible en modo extremo a nuestros propósitos, y que sigue su curso por inexorable necesidad. “El respeto reverencial es despertado en parte por el tremendo poder de este mundo que nos empequeñece; pero también lo sentimos ante el extraordinario hecho de que de este vasto silencio ciego, el pensamiento, la visión, el habla, han podido evolucionar” [Taylor, p. 347].

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Foto de https://palmiraalvarez.wordpress.com/tag/universo/

Este triple estremecimiento que acompaña a la conciencia del inmenso vacío que nos rodea, del poder misterioso de generación de la naturaleza, con la que estamos en relación de filiación, y de nuestra excepcionalidad radical, acompañarán al hombre naturalista y post-naturalista, y es claramente una fuerza creadora de nuevas metáforas, como se verá con los románticos.

Otro de los precursores del romanticismo, en lo que hace a su expresivismo es Juan Jacobo Rousseau. Contra Descartes, afirma que no somos transparentes a nuestro yo, y en particular, a los factores que mueven nuestra voluntad. Acusa a los ilustrados de haber abanderado una visión demasiado simplista tanto de la razón como de la voluntad humana. Simplificando un tanto su propuesta podríamos decir: el hombre no sólo busca el placer, también puede buscar la soberbia, y ésta no es la clase de cosa que desaparece con sólo aumentar la instrucción y la actitud racional. Es más: la Razón y su Verdad son el primer alimento de esa soberbia, y cuando la benevolencia está presente en nuestra personalidad, no suele ser nuestro interés (bien o mal entendido) la causa de dicha benevolencia. “La gente desapegada y guiada por la Razón abstracta suele ser mala”, viene a decir.

En su Emilio, Rousseau parece recuperar además ciertos modelos estoicos. La malevolencia surge de una orientación mala de la voluntad. Cuando se investiga el origen de esa orientación se descubre que deriva de haber centrado la atención en la apariencia y la opinión de los otros, en lugar de en nuestras auténticas necesidades de nuestra personalidad y sentimientos íntimos. Cuando uno se concentra en sí mismo y olvida “el qué dirán” descubre que sus necesidades son mucho más sencillas de lo que se suele decir y que es fácil estar contento tal como uno es. Es esta conciencia personal la que nos redime por encima de las bestias, no la actitud racional. Así, la antigua distinción agustiniana entre conciencia buena y conciencia depravada ha sido asociada con la distinción entre dependencia de uno mismo y dependencia de los otros, una perspectiva que tendrá gran influencia hasta nuestros días. La libertad subjetiva que institucionalizó la cultura de la reforma es propuesta ahora como fuente moral. Lo que añadirán los románticos a esto es solamente lo siguiente: la voz interior de mis sentimientos verdaderos define lo que es el bien. Rousseau no dio este paso: para él, la voz interior debe ser escuchada en tándem con el reconocimiento intelectual del orden objetivo de la providencia, como en Hutcheson.

 

El giro expresivista. El romanticismo

Contra el énfasis clásico en el racionalismo, la tradición y la armonía formal, los románticos afirmaron los derechos del sentimiento, lo individual y la imaginación.

Si consideramos a la naturaleza como un conjunto de fuerzas o de flujos que atraviesan y constituyen todo el mundo y que emergen en nuestros propios impulsos interiores, y si estos impulsos son una parte indispensable de nuestro acceso a esa fuerza, tal como proclamaron Montaigne, los neo-platónicos de Cambidge, Rousseau y Hume, escuchar a la voz de la naturaleza dentro de nuestros sentimientos se convierte en algo de gran importancia intelectual y moral. Esto conecta con otra idea cercana, que es el expresivismo: la encarnación de la naturaleza dentro de nosotros es también una forma de expresión.

Expresar algo es hacerlo manifiesto en un medio dado. Pero hacer manifiesto no implica que lo que es así revelado estuviera completamente formulado antes. Esto puede ser el caso algunas veces, pero no lo es en el caso de una obra de arte, o en el juego, o en la creación de una teoría, o de una nueva metáfora. En todos estos casos la expresión misma será parte de “lo que tengo que decir”, que estaba previamente sólo parcialmente formado, por lo que la distinción entre medio y mensaje es poco útil.

William Wordsworth

William Wordsworth, uno de los más grandes poetas románticos

 

Mientras en Aristóteles la naturaleza siempre muestra lo que ya tenía en potencia, en el modelo expresivista la expresión a la vez manifiesta y define. En este sentido, para los románticos, los hombres somos seres capaces de auto-articulación, idea que se prolongará hasta Heiddegger. Para el romántico cada individuo es diferente y original, y esa originalidad determina como él o ella debe de vivir. Se puede encontrar un antecedente de esta actitud en el concepto puritano de “vocación”, pero, primero, el romanticismo no considera al contenido de la vocación predefinido, sino siendo definido por el sujeto con su propia vida, y segundo,  cada individuo es original e irrepetible, por lo que tiene cada uno su propia medida o forma de sentir y ver las cosas. La naturaleza que encarnamos nos impulsa a mostrarla, pero no sabemos qué estamos mostrando antes de haberlo hecho. Y tras hacerlo, la descripción conceptual de lo que hemos mostrado no agota nunca completamente lo creado, tal como se evidencia en las obras de arte. La persona, como el artista, hace de su vida su propia obra de arte. Una posible línea de desarrollo de esta idea es la idea de que nadie tiene derecho a decir a otro cómo debe comportarse, y  debe de concentrarse en lo que considera que debe hacer él. Esta posibilidad se ha plasmado de hecho en la decadencia moderna de la valoración de la Moral y un paralelo aumento de la valoración del concepto de Ética.

Otra línea de desarrollo de la actitud expresivista es la que culmina en nuestro siglo con la generación de las flores de los años 60: Nuestros logros sensuales se interpretan como conteniendo una significación más alta que en el racionalismo y la buena vida se define como una perfecta fusión de lo sensual y lo espiritual. Como corolario, se considera que la benevolencia surge de modo natural de esta actitud.

Otra de las grandes aspiraciones heredadas de la era romántica es la de la reunificación con la naturaleza, superando de algún modo las divisiones entre razón y sensibilidad, entre cuerpo y mente y entre la gente entre sí, denunciadas por Schiller en su sexta carta estética. Esta aspiración es visible en las actuales controversias sobre política ecológica.

La revolución expresivista indujo un desarrollo prodigioso de la interioridad post-agustiniana, en su sentido auto-exploratorio. El agustinianismo racional de Descartes, la auto-exploración religiosa y moral de los puritanos y la actitud distanciada y (auto)manipuladora de Locke y el racionalismo posterior fueron también prácticas que constituyeron un dominio interior. Pero sólo con el expresivismo vemos aparecer un dominio interior que es concebido como teniendo profundidad insondable, esto es, que se prolonga, no se agota, más allá de nuestras expresiones más logradas.

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Al final del s. XVIII esta característica se ha incorporado al sujeto moderno, que ya no se define sólo por su capacidad de control racional distanciado sino por esta nueva capacidad de auto-articulación expresiva también, capacidad que desde el romanticismo ha sido adscrita a la imaginación creativa. El subjetivismo es así más profundo, pero, como dice Taylor, las dos capacidades que lo constituyen están en tensión, pues son cualitativamente distintas, y tomar la actitud necesaria para una de ellas todo el tiempo implica hacer imposible la otra. Por ello muchos hombres modernos que reconocen ambas capacidades como valiosas están constitucionalmente en tensión [Taylor, p. 390].

Uno de los modos en que se plantea esta tensión es en el hecho de que para la actitud racionalista la verdad es un valor por encima de la libertad, mientras que para la actitud romántica la libertad es un valor por encima de la verdad. Para conseguir esto segundo, la Verdad es rebajada de su pedestal y se contempla como una perspectiva más entre otras, un modelo o metáfora útil de los muchos posibles, como se llegará a decir desde el marco del pragmatismo ya en nuestro siglo. A la vez que la Libertad deja de ser definida como potencial realización de la capacidad racional del hombre, o sea, realización de su “auténtica libertad” que es la de comportarse óptimamente en el cálculo de beneficios futuros versus actuales dentro del Orden Racional de las cosas, y pasa a ser contemplada como una capacidad creativa, no sólo causa eficiente disparadora de lo que estaba en potencia: también la capacidad de crear órdenes presentes eventualmente indiferentes a los fines y razones del pasado propios de la libertad racionalista. Esto es dar a la libertad una capacidad poiética: la de generar órdenes en cualquier momento del presente dentro de los cuales los fines y razones del pasado no tienen sentido. Esta interpretación y valoración ascendida de la libertad llevaron a algunos herederos del romanticismo, como Bergson y Thomas Mann, a hablar de la existencia de distintos niveles de temporalidad, aparte del transcurso de los relojes de la objetividad oficial.

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Salvador Dalí. La Persistencia de la Memoria (1931).

 

La discusión contemporánea acerca de la posibilidad de que los computadores puedan o no llegar a alcanzar la inteligencia humana se enmarca en esta tensión entre las dos contenidos más valorados del alma occidental. La metáfora del ordenador ha tenido tanto éxito para describir el propio alma humana porque los ordenadores tienen precisamente alma racional. Esto es, la estructura de von Neumann de la mayoría de los computadores actuales incorpora en su diseño lo esencial de lo que el racionalismo socrático e ilustrado cree que es el alma humana: Un buscador iterativo de máximos y mínimos dentro de unas restricciones definidas a priori, cuya obtención dentro de unos criterios de éxito/fracaso constituye la solución del problema, la certeza, y el Bien Racional. La optimización de los propios recursos internos con vista a la obtención de la solución va siendo también paulatinamente incorporada en algunas máquinas.

Lo fundamental de la disputa entre los que creen que los ordenadores llegarán a pensar y los que creen que la inteligencia humana nunca podrá ser alcanzada por los ordenadores estriba en que para los primeros mente humana es esencialmente racionalidad en el sentido ilustrado, mientras que para los segundos mente humana es algo más que racionalidad. Si prescindimos de los deístas en esta discusión, que piensan que el alma humana dispone de un poder de iluminar lo material que no puede surgir de lo material, ese “algo más” es el alma romántica: capacidad de epifanía expresiva, de contribuir al despliegue del mundo, de poiesis. Para este último grupo, los ordenadores tienen alma socrática, pero no alma romántica, luego son cualitativamente distintos de los humanos. Aunque a diferencia de los deístas, muchos de ellos dejan abierta la posibilidad de que el alma romántica pudiera aparecer asociada a estructuras distintas a la de von Neumann, como pretenden algunos investigadores que aplican el paradigma de sistemas autoorganizativos en Inteligencia Artificial.

 

La recuperación del tiempo distenso

Algunos autores no occidentales recomiendan no hacer Zen o Yoga como un medio para quitar el estrés o para conseguir cualquier otro fin. Esto es casi una recomendación paradójica para un occidental, porque nuestra cultura valora en extremo las decisiones optimizadas. En ello se trasluce la duradera influencia de la actitud racionalista propuesta por Descartes, Locke y los ilustrados, y que los estados y empresas burocráticos han fomentado sistemáticamente.

La actitud de etiquetar y valorar toda pulsión o movimiento del cuerpo y de la mente como una “capacidad” y un “medio” potencialmente útil para fines superiores es la actitud instrumental característica del racionalismo socrático. El agustinianismo cristiano y luego laico, de Descartes, los protestantes, Locke y Bacon, añade a ella la actiud ascética de “poner a trabajar” (con el “sudor de la frente”) a esos medios con vistas al fin superior llamado “salvación de la comunidad de creyentes” o “bien en la Tierra” o “bien común”. En la práctica, ha sido la organización estatal conducida por sus dos programas (del poder y de desarrollo del capital) el que ha definido, propagado y promovido esos fines superiores. Los análisis de Weber [Weber 1987], Carlos Moya [Moya 1977] y Sánchez Ferlosio [Sanchez Ferlosio 1992], deberían ser suficientes para demostrar esta afirmación. La actitud racionalista, siendo tan arbitraria como otras muchas (por ejemplo la taoísta; o en occidente, la cínica, la epicúrea, la de Montaigne, por poner algunos ejemplos de actitudes “no triunfantes”) se ha propagado y mantenido sin embargo a lo largo de generaciones en amplios grupos sociales. Una de las razones principales de ello es porque ha sido simbiótica desde el principio de su formulación (Descartes) y expansión (siglo XVI y ss.) con los citados programas promovidos por las elites estatales.

En general, la actitud de “poner a trabajar” a la potencialidad instrumental del ser de las cosas-percibidas-por-un-sujeto con vistas a fines predefinidos, es la que produce el “tiempo tenso” que Sánchez Ferlosio achaca a la mayoría de los occidentales [Sanchez Ferlosio 1992]. Desde una actitud que atiende exclusivamente a fines e impulsos definidos desde la experiencia propia y de grupos cercanos, tales fines superiores pueden carecer de valor. Y tal es el caso en la actitud romántica, que recoge y sintetiza las propuestas actitudinales y éticas del epicureísmo antiguo y de Montaigne y en parte Hume [Taylor 1989]. Un “tiempo distenso” es también posible sin embargo, y los románticos y post-románticos vuelven a recuperar esa posibilidad dejada de lado progresivamente desde San Agustín.

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Las causas del éxito social de la actitud racionalista parecen claras tras los trabajos citados. Sin embargo, ¿qué condujo a las metáforas románticas a su amplia propagación social y a su incorporación en la cultura contemporánea? Nuestra hipótesis provisional, que dejamos para una posterior investigación es: Los grupos situados fuera de posiciones dirigentes de los dos programas que constituyen el Programa del Progreso no consiguen interpretar todas las consecuencias que perciben como emergiendo de la racionalización de la sociedad, como un Bien General. Consecuencias como por ejemplo la división en clases sociales en lucha y la monopolización de la expresión política y cívica por grupos muy minoritarios de las clases superiores y medias. El romanticismo surgiría pues como una ideología de grupos instruidos pero no triunfadores, y se extendería a clases medias y bajas, así como a grandes sectores de las antiguas clases aristocráticas desbancadas por los nuevos programas de desarrollo social conducidos por las nuevas elites. El mismo concepto de tutelaje de un proceso de desarrollo natural o social es reinterpretado por el romanticismo y post-romanticismo en un sentido desvalorativo. En la misma línea, la fácil identificación oficial entre manera racional de hacer las cosas, tal como se encarna en las instituciones, y progreso automático hacia el Bien General, dominante desde la Revolución Puritana, es atacada y desacreditada por los románticos.

 

Verdades particulares versus universales

Una importante consecuencia de la valoración romántica dada al expresionismo y a la libertad frente a la verdad, considerada como meramente instrumental, ha sido la revalorización de las verdades particulares de grupo, en contra de la actitud derivada del racionalismo, que ha sido siempre reluctante a las verdades particulares y ha valorado los saberes válidos universalmente.

Para la actitud romántica que trata de incorporar el racionalismo a su expresivismo, supeditándolo a éste, los saberes universales, instrumentales, se pueden implementar pragmáticamente como series de gestos prácticos sin pretensión de que ellos desvelen una verdad universal e independiente de esa epifanía particular que es la relación instrumental con las cosas. Esta epifanía particular que es el saber objetivo puede ser amada por su belleza, por ejemplo, por la hermosa manera como organizan las expectativas de percepciones futuras de nuestro ego en distintas circunstancias.

Se crea pues un amplio hueco para otros saberes grupales, cuya única legitimación es estética (su belleza) y pragmática (la utilidad de su uso práctico). Esto ha conducido a una creciente valorización del relativismo cultural y a la proliferación de movimientos sociales subculturales que en la cultura cristiana de hace unos siglos hubieran sido interpretados como una amenaza al orden por parte de las elites estatales. Incluso los irracionalismos encuentran su lugar como un tipo de epifanía más grupalmente organizada, que se tolera mientras no entre en conflicto con valores más centrales como la Libertad, el Progreso o las prácticas instrumentales.

 

El interés por las epistemologías orientales y la recuperación del Ser

La tensión que caracteriza al sistema de metáforas ontológicas del hombre occidental desde el romanticismo ha generado también una mayor tolerancia hacia la idea de que hay múltiples bienes y no un único Bien. Ello ha derivado de la dualidad, a veces multiplicidad, de las fuentes del bien en el alma occidental contemporánea y de la conciencia de que ninguna de las actitudes básicas que la componen puede ser sacrificada sin una pérdida. Esta nueva tolerancia posibilitó un acercamiento a las filosofías orientales, que rápidamente se tornó en interés, dados los evidentes puntos de convergencia que se establecen con éstas filosofías tras la revolución romántica.

En efecto, la ontología dominante en occidente durante siglos, el platonismo cristiano, había tendido a fundamentar el Bien sobre la Verdad, y no sobre el Ser. La ecuación sería: Bien igual a Verdad, y Ser (auténtico) fundado sobre la Verdad. Por el contrario, las principales filosofías chinas e hindú tienden a fundamentar la Verdad, así como el Bien, en el Ser y su despliegue. En el taoísmo por ejemplo, es el desplegarse de la vida, como un ser vivo que crece, el que nos va diciendo en cada momento cómo merece la pena vivir, y no el adecuarse a un orden verdadero establecido desde el principio por un Dios trascendente. Estas metáforas ontológicas han lastrado también al teísmo, el deísmo, y las filosofías occidentales secularizadas posteriores, en la forma por ejemplo de la gran máquina universal ilustrada que debe obedecer a unas Leyes de la Naturaleza dictadas a priori.

Desde Montaigne y luego el romanticismo se asiste en cambio a una recuperación de las filosofías que vuelven a fundamentar el Bien y la Verdad en el desplegarse de la vida, y no este desplegarse en los dos primeros. Este cambio de metáforas ontológicas ha sido esencial para la historia de la cultura. En el caso romántico, la nueva importancia ética y epistemológica del desplegarse de la vida va unida a la centralidad que tiene el concepto de sujeto individual, heredado del agustinianismo de los reformistas. Ambas metáforas convergen en la metáfora romántica del expresar la propia profundidad interior. La dignidad del hombre individual no procede sólo de su radical heterogeneidad con respecto a la naturaleza inanimada que le rodea, como pretendía el racionalismo, deísta o naturalista. Más fundamentalmente, deriva de que cada uno de nosotros, con nuestras vidas, somos formas en las que lo vivo tantea e investiga modos de vivir que podrían merecer la pena, y que previamente estaban indefinidos. El Bien y la Verdad son pues revelados por el Ser en su desplegarse, pero ese desplegarse se hace y se entiende a sí mismo como valioso a través de los individuos particulares.

Este fundamentar el Bien y la Verdad en el Ser en su desplegarse, en lugar de fundamentar el Ser en una verdad preestablecida, tiene derivaciones importantes: Una de ellas es que la historia de la humanidad no puede ser ya interpretada con la misma facilidad a partir de un conjunto de reglas de interpretación, o verdades, dadas a priori. Sentimos minadas estas reglas debido a su propia producción histórica y social. Más bien, tendemos a interpretar estas reglas y verdades vigentes en cada momento cultural como producto de ese desplegarse del ser. Ello permite por ejemplo, que estilos de vida del pasado muy diferentes del vigente, dejen de ser interpretados como un caso particular de lo que dice nuestro actual sistema de razones y valores, y tratamos más bien, de entender y encarnar lo que de únicos y entrañables, y por tanto de valorables, tuvieron (o tienen) aquellas formas de vida. Ello ha posibilitado reinterpretaciones como las de Polanyi [Polanyi 1989],, Sahlins [Sahlins 1983],o P. Clastres [Clastres 1981],, de las formas económicas y sociales del pasado, no como formas incompletas de la economía y sociedad actual, ni como formas particulares de lo que hoy entendemos por economía, sino como formas originales y valorables de vivir, en circunstancias distintas de las actuales, cuyos valores culturales y parámetros de felicidad son irreducibles a los nuestros y deben ser entendidos desde sus propios esquemas generadores de su mundo, o dicho de otra manera, desde sus propias posibilidades epifánicas.

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Vida en el Paleolítico Superior según http://silviacelia00.blogspot.com.es/2016/10/paleolitico-superior.html

 

El post-romanticismo

A lo largo del s. XIX, y debido a las contribuciones de las ciencias biológicas y físicas, la naturaleza cuyo impulso percibimos en nuestro interior y la naturaleza que vemos en el exterior aparecen como cada vez más distintas. Esta última es presentada por la ciencia como lejana e indiferente, pero también amoral y a veces cruel para con los deseos e ideales de sus criaturas vivas y de los hombres. La descripción científica y la concepción de naturaleza como fuente de belleza y fundamento moral parecen cada vez más lejanas. La gran corriente de la naturaleza a la que nosotros pertenecemos no se ve ya como algo comprensible, familiar, cercanamente relacionado al yo, y benigno, y es vista cada vez más como vasta, indomable, extraña y amoral. Ese impulso interior en el que Rousseau nos invitaba a concentrarnos deja de ser contemplado como bondadoso.

Hay una tensión hacia un romanticismo menos cercano al providencialismo, y menos panglosiano, bucólico e ingenuo. El pensamiento de Baudelaire y la filosofía de Schopenhauer son para Taylor ejemplos de respuestas a esta tensión. Salvando las distancias, ambas respuestas pueden considerarse formas nuevas de reeditar la respuesta que daba el agustinianismo radical al humanismo cristiano.

Baudelaire, profundamente influido por la idea agustiniana de una naturaleza caída, se rebela de los románticos llamando fea a la naturaleza y a los impulsos corporales, y se vuelve hacia la naturaleza creativa del espíritu humano como salvación de esa fealdad. Afirma un expresivismo cuyos resultados son sometidos siempre a la evaluación de una estética y una razón individual siempre arbitrarias pero que nos permiten construirnos islas de pureza artificial en medio del caos de la naturaleza orgánica.

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Paraísos artificiales baudelerianos.

 

Schopenhauer reinterpreta también el expresivismo romántico de una manera poco complaciente. La naturaleza sigue concibiéndose como una energía que se expresa en nosotros, pero deja de ser fuente del bien. En su obra El mundo como voluntad y representación, nos muestra a la naturaleza como una fuente o Voluntad que se expresa en las cosas, objetivizándose en los difererentes entes percibibles, muchos de ellos capaces de percibir. Esta compulsión cósmica a la actividad y a la interacción, la Voluntad, “se nutre de sí misma” sin contemplaciones para con sus formas momentáneas, que se destruyen unas a las otras mientras tratan de realizar su propias voluntades parciales. Salvaje, ciega e incapaz de satisfacción definitiva, como en el incendio con que la parábola budista identifica a nuestras vidas, nos arrastra al igual que a los demás entes, consumiendo nuestra energía, hacia objetivos arbitrarios en el mejor de los casos, que nunca merecen el esfuerzo sacrificado y que perpetúan el sufrimiento en uno mismo y en los otros.

Como único modo auténtico de escape Schopenhauer propone explícitamente la actitud budista: soslayar en cierto modo la urgencia de la Voluntad, tal como se objetiva en la voluntad de nuestro yo, apagando la pulsión de yo. Lo que queda según el budismo es la presencia plena de una conciencia que percibe sin apegarse a nada.

Otro modo de aquietar la voluntad que Schopenhauer propone es la transfiguración a través del arte. La contemplación artística es aquella capaz de olvidar las relaciones de manipulación que tiene el objeto contemplado con el yo propio. Lo que de este modo captamos según Schopenhauer son  las Ideas platónicas, o formas eternas que subyacen bajo los ejemplos particulares que vemos en el mundo de objetivaciones de la voluntad, en sus varios niveles, inorgánico, orgánico o humano. La contemplación artística es análoga para Schopenhauer a la que establece la memoria sobre muchos recuerdos lejanos de infancia que aparecen como idealizados y recubiertos por tintes dorados. Ello sería consecuencia de que sólo recordamos ya la relación pura de percepción de un objeto por un sujeto, pero no la manera concreta como en aquel momento nos tensaba y angustiaba la relación de esos objetos con la propia voluntad, pues otras múltiples expectativas, caprichos y soberbias han constituido a nuestro ego desde entonces. Reproducir en el presente esa relación con las cosas es para Schopenhauer, como para las tradiciones budistas, la clave de la felicidad.

A pesar de la respuesta de Baudelaire y Schopenhauer, mucho ha sobrevivido del expresivismo romántico original. La naturaleza, eso sí, ha dejado de ser la reserva y el origen de lo bueno y de lo bello. Es salvaje, caótica, amoral y arbitraria. Pero sigue siendo la fuente de todas las voluntades, incluida la nuestra, que es lo único con lo que podemos contar cuando actuamos. Y para muchos después de Schopenhauer, renunciar a la naturaleza, separarse de ella, lleva fácilmente a la alienación, al aletargamiento, a una vida insustancial y vacía, al egotismo y a la cobardía.  Tal como lo expresa Nietzsche, el principal discípulo -luego renegado- de Schopenhauer, no podemos separarnos de lo “dionisiaco”, tal como fácilmente hacemos en nuestra civilización basada en la razón socrática y cristiana, sin convertir nuestras vidas en insignificantes.

Bergson con su filosofía de la irreductibilidad de la experiencia a la explicación externa y de la duración al tiempo “espacializado” de la explicación física; Heiddegger con su fenomenología y sus influencias diltheianas; Wittgenstein con sus influencias schopenhauerianas; todos ellos hablan desde el alma expresivista del modernismo cuando rechazan la hegemonía de la razón distanciada y el mecanismo universal. Por su parte, Nietzsche no sólo mantiene el concepto de auto-expresión, sino que considera tanto al racionalismo socrático-cartesiano como a las virtudes de origen puritano de la benevolencia y la solidaridad, como estorbos para una autoexpresión no-reactiva de lo viviente, que para él es la clave de una vida más libre y plena.

 

Las derivaciones contemporáneas de la tensión en el sistema de metáforas

El realzamiento de la importancia de la interioridad, de la atención sobre ella y de sus productos tras el romanticismo y el modernismo lleva asociada una tentación permanente, que es la celebración autocomplaciente de mi profundidad interior, de mi voluntad que la explora, de mi expresión creativa. Tendencialmente eso podría conducir a una cultura de engolados en las que todos se ven y tienden a actuar como dioses. Algo de esto es perceptible en la cultura contemporánea.

Sin embargo, en un mundo cada vez más poblado de otros dioses individuales obligados a establecer relaciones burocráticas entre sí, el choque múltiple de voluntades parciales y el control burocrático de todos por todos, se encarga de deshacer las expresiones individuales de cada uno en particular, por lo que el mantener largo tiempo y en una misma dirección una voluntad expresiva acaba provocando una segura frustración. La dificultad de conciliar el individualismo expresivo con las prácticas racional-burocráticas ha conducido al ensayo de varias actitudes alternativas: (i) Un mantenimiento de la valoración de la voluntad individual de expresión unido a un realzamiento de lo efímero, como en el caso de muchos seguidores de la moda y de las nuevas modas urbanas, entendidas como ética y estética vital; o bien, (ii) ha conducido, en algunos grupos minoritarios, a una relajación de la valoración dada a la voluntad de expresión y a su producto, la expresión, en tanto que mías, y a un realzamiento de una expresión y sus productos más descentrada, grupal y cultural.

Dentro de esta última actitud, que trata de concurrir en y hacia una expresión, los propios objetos materiales pueden ser entendidos como voluntades parciales contribuyendo a la expresión colectiva de nuevas formas de vivir, de sentir y de percibir. Es lo que Taylor [Taylor 1989] identifica en la actitud estética y epistemológica de post-románticos como Ezra Pound o Rainer María Rilke con la denominación de marcos epifánicos.

Como resultado de esta segunda solución, “el centro de gravedad epifánico comienza a ser desplazado desde el yo al flujo de la experiencia, a nuevas formas de unidad, al lenguaje concebido en una variedad de modos” [Taylor 1989].

Ezra Pound

El ensamblaje de pensamientos, fragmentos culturales, imágenes, recuerdos históricos, que Ezra Pound nos ofrece en sus Cantos con el fin de revelar y hacer surgir una nueva característica oculta, una nueva forma de sentir y entender la realidad, es coherente con la actitud citada.

Heredero del realismo y la anticomplacencia schopenhaueriana, el hombre modernista va tendiendo a ver la propia voluntad de expresión como análoga a cualquier otra voluntad parcial, esto es, como arbitraria y cambiante, como en la imagen de un niño que juega con un insecto, o en la del cuento contado por un idiota de Shakespeare; esta clase de analogía impide apegarse excesivamente a ninguna de sus manifestaciones. Y sin embargo y a la vez, tal voluntad parcial es la contribución de mi existencia única, insustituible e irrepetible, a la epifanía que realizan colectivamente lo viviente y lo inorgánico.

En mayor grado aún, el hombre contemporáneo, tras la experiencia de todo el siglo XX, no es ya tan ingenuo como para confiar en las consecuencias de dejar campar a las voluntades de los yoes individuales ni colectivos, ya sean éstos modelados como almas racionales o románticas; y sin embargo éstas son las dos actitudes básicas con las que cuenta cuando actúa.

La solución de la situación no es fácil. La inconsistencia parcial a la que han derivado las metáforas epistemológicas básicas de nuestra cultura dejan al sistema de metáforas en una situación abierta, y por tanto, potencialmente muy creativa, a diferencia de sistemas metafóricos cerrados como el clásico y el cristiano.

Al menos cuatro líneas de desarrollo son visibles en la actual cultura contemporánea. Algunos contemporáneos se han inclinado por una actitud racional de grupo, como la compartida por la comunidad científica, como guía menos mala de sus vidas, aún aceptando su falta de fundamento definitivo, y la falta de garantía acerca de que sus productos institucionalizados vayan a traer realmente el Bien, esto es, un progreso deseable; pero valorando en especial la capacidad de la Razón de crear mundos artificiales ordenados, un poco a la manera de la actitud de Baudelaire. Otros, como hemos visto, se inclinan hacia formas de epifanía más colectivas y descentradas. Para los sectores más radicales de este grupo, ésto implica la conveniencia de alejarse de la metáfora, hasta hace poco central, de la propia identidad como algo básico, centralmente valioso e imprescindible. Esto implica una exploración de formas de vida y acción que abandonan, aunque sea intermitentemente, la identidad unitaria. Nietzsche fué uno de los primeros en mostrar que el yo puede verse también como una multiplicidad de pulsiones. La narrativa de Joyce puede considerarse un ensayo en esta línea. D.H. Lawrence dió voz también a la propuesta dionisíaca de Nietzsche. Hulme, Musil y Proust ensayaron también posibilidades en esta línea, como ha mostrado Taylor  [Taylor 1989]. Y la obra de Proust por su parte, nos muestran cómo la epifanía y su producto, la Verdad que se expresa en ella, no surgen de un objeto en su percepción por un sujeto, sino entre ese acontecimiento y su recurrencia a través de la memoria. Finalmente, una cuarta actitud, socialmente minoritaria, se acercaría al concepto oriental de no-acción como solución del problema o a lo que Nietzsche llamaba nihilismo schopenhaueriano.

Varias de las líneas de desarrollo en filosofía y ciencias humanas más interesantes de las últimas décadas muestran rasgos claramente tributarios de las cuatro posibles líneas de resolución comentadas.

En particular, la Sociología del Conocimiento Científico de Latour [Latour 1991], con sus redes de actantes , o las redes de traducción de Callon [Callon 1994]  o la ingeniería heterogénea de Law [Law 1987],y Hughes [Hughes 1987] pueden enmarcarse en lo que hemos descrito como análisis de lo que constituyen los marcos epifánicos, en los que el sujeto individual participa como un contribuyente más junto con artefactos, fuerzas materiales e ideas-guía.

Social construction of technological systems

Por otra parte, analizábamos una posibilidad aún más radical, que era la de analizar lo que constituye el proceso epifánico sin centrarse en la contribución unitaria de los yoes participantes, sino más bien en la contribución de las fuerzas que constituyen a los yoes, y a otras (meta)estabilidades objetivas, tal como el proceso del habla. Pues bien, el psicoanálisis lacaniano, el deconstruccionismo sistémico de Mony Elkaïm [Elkaïm 1996], gran parte de los análisis del discurso y deconstructivismos continuadores de Foucault, y que culminan en el post-modernismo, el paradigma autoorganizativo en ciencias humanas y el enactivismo de Varela, todos ellos pueden ser considerados tributarios de esta posibilidad de investigación creativa.

Varela Embodied Mind

En tercer lugar, la actitud partidaria de explorar hasta sus últimas consecuencias la actitud desapegada racional sigue siendo la más numerosa, pero debe de contar sin embargo con las actitudes alternativas que hemos analizado. Ello se traduce en las llamadas insistentes de este grupo hacia una demarcación de los saberes obtenidos por vía racional con respecto al resto de lo considerado saber. Atlan por ejemplo, enfatiza la necesidad de ser conscientes en cada caso del juego que se está jugando, con el fin de no confundir las ventajas e inconvenientes de los productos obtenibles de distintas actitudes cognitivas. La actitud racional pertenecería a la clase de los games, o juegos de reglas fijas y bien definidas; mientras que la mayoría de las actitudes que hemos llamada con Taylor epifánicas, pertenecerían a la clase de los playing, o juegos no estructurados, en los que las reglas van siendo descubiertas sobre la marcha, en el mejor de los casos.

Atlan-A tort et a raison

En efecto, lo importante en la forma de pensar del racionalismo, en su versión cartesiana, es descomponer el problema en proposiciones cada vez más simples hasta llegar a la certeza en cada una de ellas: ello se produciría cuando todas las proposiciones hubieran sido construidas de forma coherente y consistente con las metáforas básicas de la propia cultura, esa “moral superior” de la que hablaba Nietzsche. Como ha mostrado de forma fructífera Lakoff y Johnson [Lakoff y Johnson 1991], los indemostrable últimos en los que puede fundamentarse un constructo teórico axiomatizado pueden ser considerados también como metáforas, pero antes de que existan teorías todo sistema cultural cuenta con metáforas ontológicas y relacionales de todo tipo. Lo que el racionalismo hace es dar por bueno el sistema cultural de metáforas y proyectar cualquier experiencia personal en muchas proposiciones que combinen esas metáforas. Esto se puede hacer aleatoriamente y sin reflexión, pues hay muchas metáforas básicas y muchas maneras de combinar y de seleccionar lo que va a ser combinado. A continuación, la reflexión racional, tal como la propone Descartes, va modificando el conjunto de proposiciones (modificando los modalizadores “si”, “cuando quiera que”, adverbios, adjetivos, …) para ir haciendo al conjunto lo más coherente posible con el sistema de metáforas inicial. El usar una y otra vez el método racional permite explorar todas las posibilidades que tiene un sistema de metáforas dado para guiar nuestra experiencia siempre ambigua hacia certezas.

Sin embargo, en las actitudes que hemos llamado epifánicas, que se vienen utilizando en toda la historia del saber, pero conscientemente sólo desde los románticos, lo más importante no es el jugar únicamente a eso, sino jugar a establecer nuevos marcos: sistemas nuevos de metáforas que relacionen de forma estética y sorprendente experiencias hasta entonces lejanas o disconexas, permitiendo una nueva base para un proceso de descripción de experiencias alternativo, descripción que se podrá hacer al modo racional o de otros modos. El contexto de descubrimiento de Popper se podría ver como una de las formas que asumen las epifanías cuando su producto es una nueva teoría científica o un nuevo paradigma de investigación para describir un campo de fenómenos.  La voluntad que mueve esta búsqueda no es la de generar formulaciones que produzcan certeza en cualquier otro “yo” racional que comparta los mismos presupuestos culturales que nosotros, sino más bien generar un nuevo marco de metáforas, dentro de un campo de experiencias por ejemplo, que genere en otros la misma atracción estética hacia “una nueva forma de ver lo mismo” que hay indicios para pensar que merece la pena usar, y dentro del que, intuimos, por algunas de sus consecuencias más visibles, merecerá la pena construir teoremas y saberes mediante procesos racionalizadores y de otro tipo.

Es detectable una demanda social general de obtener soluciones a los problemas, que deriva de las esperanzas despertadas por el programa del Progreso. Ahora bien, esta demanda planteada sobre los especialistas del conocimiento presiona a éstos en la dirección de ensayar nuevos contextos de descubrimiento además de repetir la clase de soluciones habituales. Pero las actitudes tipo playing, que pueden ser consideradas formas de epifanía, son una guía más fértil hacia nuevos sistemas de metáforas potencialmente fructíferos que la construcción de sistemas de metáforas isomorfas con las que han sido ya ensayadas.

Los marcos epifánicos aparecen pues instalados en el corazón mismo, no sólo de la cultura, sino de la propia racionalidad occidental.

 

Referencias

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· García-Olivares, A., 1997, Sobre el cambio de metáforas en la transición feudalismo-capitalismo, a ser publicado. Véase: García-Olivares 2011, El Programa del Progreso en Occidente, Intersticios 5 (2), 63-84.

· Hughes, T.P., The evolution of Large Technological Systems, en Bijker, E., Hughes, T.P. and Pinch, T. (eds.), The Social Construction of Technological Systems. The MIT Press, London, England, 1987.

· Lakoff, George y Johnson, Mark, 1991, Metáforas de la vida cotidiana, Cátedra, Madrid.

· Latour, B., Nunca hemos sido modernos. De. Debate. Madrid 1991.

· Law, John, Technology and Heterogeneous Engineering: The Case of Portuguese Expansion, en Bijker, E., Hughes, T.P. and Pinch, T. (eds.), The Social Construction of Technological Systems. The MIT Press, London, England, 1987.

· Moya, Carlos, De la Ciudad y de su Razón, Cupsa Ed., 1977

· Polanyi, K., La gran transformación. De. La Piqueta. Madrid, 1989.

· Sahlins, M., Economía de la Edad de Piedra. De. Akal, Madrid, 1983.

· Schopenhauer, A., El mundo como voluntad y representación. Ed. Porrúa, Mexico 1987.

· Taylor, Charles, Sources of the Self, Cambridge University Press, 1989. La edición traducida ha sido publicada en 1997 por Paidós, con el título: Fuentes del yo.

· Sanchez Ferlosio, Rafael, 1992, Mientras no cambien los dioses nada ha cambiado, en Ensayos y artículos II, Destino, Barcelona

· Weber, M., Economía y Sociedad. De. Fondo de Cultura Económica, Mexico 1987.